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El aturdimiento somnoliento de Qi Yueran se desvaneció al instante al oír el nombre de —Wu Kai—. Sus ojos se abrieron por completo. La noche anterior había escuchado a He Jian hablar sobre adquirir las empresas de la familia Wu, y ahora, de pronto, volvía a oír sobre ellos de boca de su hermano mayor.
Aunque las familias Wu y Qi tenían contacto, y se podía decir que incluso eran familias cercanas, en el mundo de los negocios las buenas relaciones distaban mucho de ser genuinas. Se construían sobre intereses, y cuando el dinero entraba en juego, era difícil mantener el equilibrio y no codiciar más. Al fin y al cabo, un comerciante desapasionado y sin ambiciones difícilmente triunfaría.
Qi Yuexin había coincidido con Wu Kai en algunas ocasiones previas, pero sin mayor profundidad. Qi Yueran nunca lo había oído mencionarlo antes, y ahora, de repente, parecían tener una relación bastante cercana.
Con sentimientos encontrados, Qi Yueran vaciló, abrió la boca y finalmente preguntó: —¿Seguro que no prefieres que vaya yo? No deberíamos molestar tanto al señor Wu.
—No hay problema —insistió Qi Yuexin. —Dice que él también regresa a Quanlin, así que haremos el viaje juntos. Wu Kai ha sido muy atento conmigo estos días. No debería haber inconveniente.
Esto solo inquietó más a Qi Yueran. Por la forma en que su hermano hablaba, la relación entre ambos parecía ser notablemente cercana. Y ahora que He Jian planeaba adquirir las empresas de la familia Wu, la situación se volvía incómoda: por un lado, la creciente familiaridad; por el otro, la oposición frontal. No sabía qué postura tomar.
Qi Yueran no tuvo oportunidad de decir o preguntar más. Al parecer, escuchó la voz de Wu Kai al otro lado de la línea; aunque muy débil, pudo reconocerla. Acto seguido, Qi Yuexin colgó apresuradamente.
He Jian, ya completamente vestido, entró y al ver a Qi Yueran despierto, comentó: —¿Despierto tan temprano? Iba a traerte el desayuno primero. ¿Quieres que bajemos juntos ahora?
Qi Yueran asintió mecánicamente, para luego darse cuenta de que no había escuchado bien. Avergonzado, preguntó: —¿Qué decías hace un momento…?
He Jian no pudo evitar reírse, atribuyéndolo al sueño. —Vamos a desayunar juntos —repitió.
Qi Yueran lo siguió escaleras abajo. Aunque sentado a la mesa, su mente estaba en lo de su hermano y apenas tenía apetito.
Al notar su actitud, He Jian preguntó: —¿No dormiste bien? ¿O es que no te acostumbras?
—No… —respondió Qi Yueran, dudando. No estaba seguro si las cosas eran como imaginaba, ni si debía hablar del tema con He Jian. Pero este se había sincerado con él el día anterior; ocultarle algo ahora se sentía incorrecto.
—Mi hermano mayor llamó hace rato—, comenzó al fin. —Dice que su pierna está casi recuperada…
Los palillos de He Jian se detuvieron en seco. Lo miró con incredulidad, y tras dos segundos de silencio, exhaló aliviado, como si un peso acumulado por dos vidas se hubiese liberado. —Eso es magnífico, —dijo.
La recuperación de Qi Yuexin no solo lo beneficiaría a él; para He Jian y Qi Yueran también era una enorme noticia.
—También dijo que volverá con el señor Wu, que no hace falta que vaya a recogerlo—, continuó Qi Yueran. Tras una pausa, añadió: —Por su tono, parecía tenerle mucha confianza.
—Wu Kai —afirmó He Jian sin vacilar, como si ya lo supiera de antemano. En realidad, estaba sorprendido, pero al mismo tiempo sentía que era algo esperable.
—Así es —asintió Qi Yueran. —No logro entender bien qué está pasando.
—No te preocupes —dijo He Jian, sonriendo mientras acariciaba el cabello de Qi Yueran. —Déjame ocuparme de este asunto. El proyecto de la base te mantendrá ocupado un tiempo; lo de la familia Wu, déjamelo a mí.
Sabía que Qi Yueran tendía a sobrepensar las cosas, meditando cada detalle, y que su hermano mayor era una de sus mayores preocupaciones. Esta situación sin duda lo pondría en un aprieto.
Para cuando terminaron el desayuno, eran casi las nueve y media. Afuera, el rodaje ya había comenzado. Qi Yueran expresó interés en observar y He Jian, decidido a acompañarlo ese día, accedió a ir con él.
La presencia de He Jian en la base no pasó desapercibida. Muchos reconocían al tercer hijo de la familia He, frecuente figura en los titulares, y aprovechaban la oportunidad para congraciarse. Pero He Jian parecía ajeno a las adulaciones, concentrado en conversar con Qi Yueran a su lado, proyectando una imagen de gran complicidad entre ambos.
El equipo de filmación estaba dividido en varios grupos, cada uno dirigido por un asistente, filmando escenas de menor importancia.
Aún no habían recorrido toda el área cuando un alboroto adelante llamó su atención: un grupo de personas apiñadas, en medio de lo que parecía una discusión acalorada.
Qi Yueran lanzó una mirada casual. Normalmente evitaba inmiscuirse en los asuntos del rodaje. A menos que involucraran la base, prefería mantenerse al margen de problemas.
Pero en ese vistazo rápido, reconoció a una figura familiar: el joven An Xun. Frente a él, una actriz, flanqueada por tres acompañantes, lloraba desconsoladamente.
A Qi Yueran, en su rol de “niñero”, se le encogió el corazón. —¿Ese es An Xun? —preguntó con preocupación. —¿Habrá llegado a las manos?
He Jian, distraído, siguió su mirada y confirmó que, efectivamente, era An Xun.
Qi Yueran se apresuró hacia el grupo. Antes de llegar, ya se oían los gritos de la mujer, secundada por varios miembros del equipo y extras, aunque la sinceridad de su apoyo era cuestionable.
El director, consciente del estatus de An Xun, intentaba mediar: —Basta. ¿Van a seguir interrumpiendo el rodaje? Arreglen sus problemas personales afuera; no afecten la producción.
La que lloraba era Ren Zhi, la actriz del tercer papel femenino, rumoreada de tener ciertos contactos. Al sentir que el director no tomaba su parte, lloró aún más. Su asistente, sosteniéndola, no cesaba de consolarla como si en cualquier momento fuera a desplomarse entre sollozos.
Qi Yueran frunció el ceño, se acercó y tiró suavemente del brazo de An Xun, preguntando: —¿Qué pasa aquí?
An Xun, con el rostro helado y claramente furioso, respondió: —Nada.
—¿Cómo que nada? ¡Para ti no será nada! —protestó Ren Zhi al instante, lloriqueando mientras se sujetaba el codo. —¡Tengo el brazo raspado! ¿Cómo voy a actuar así? Necesito ir al hospital, quizá hasta requiera una vacuna antitetánica.
Por supuesto, Ren Zhi había oído que Qi Yueran solía cuidar de An Xun y sabía que no podría contar con su apoyo. Al volver la cabeza y ver al tercer heredero de la familia He acercarse, añadió de inmediato: —Señor He, debe hacerme justicia. An Xun me guarda rencor. Durante la escena, aprovechó que estaba desprevenida y me empujó con todas sus fuerzas. ¡Mi brazo está herido! Señor He, mi padre ha colaborado con su familia y tienen una buena relación. Debe decir algo al respecto.
Inicialmente, Qi Yueran no entendía bien la situación, pero al oír su tono lastimero y notar que incluso mientras se quejaba, aún intentaba coquetearle a He Jian —llegando a volver ambigua hasta una acusación —sintió antipatía instantánea hacia ella.
He Jian esbozó una leve sonrisa. La familia He tenía innumerables socios comerciales, y esa mujer no le resultaba familiar en absoluto. ¿Quién sabía si decía la verdad? Comentó: —Lo lamento, pero el joven Qi y yo nos acercamos solo porque parecía haber un altercado. Como no presenciamos lo ocurrido, no nos corresponde opinar.
Las palabras templadas pero firmes de He Jian dejaron a Ren Zhi sin argumentos. Había quedado públicamente en evidencia. Aunque He Jian aún sonreía, sus palabras no le ofrecían el más mínimo apoyo.
An Xun soltó una risa fría. —Si tú no quieres actuar, perfecto: yo tampoco —dijo, y acto seguido se abrió paso entre la multitud para alejarse.
El director, paralizado un instante, lo llamó, pero no se atrevió a detenerlo físicamente. No había nada que pudiera hacer.
Al ver la escena, a Qi Yueran le empezó a latir la cabeza de impotencia. El joven había plantado a todo el equipo de rodaje. Sin otra opción, se fue tras él.
An Xun, acostumbrado desde niño a que lo mimaran, estaba más enfadado que nunca y avanzaba en silencio.
La raíz del conflicto se remontaba al día anterior. An Xun ni siquiera conocía a Ren Zhi; podría tener frente a sí a una superestrella y probablemente ni la miraría. Después del rodaje, agotado, regresó al hotel para bañarse y dormir. Acostumbrado a la privacidad de su casa, no tenía el hábito de cerrar la puerta con llave. Al salir del baño, encontró a una mujer con ropa provocativa sentada en su cama: era Ren Zhi.
Ella interpretó que la puerta abierta era una invitación. En el ambiente actoral, algunos artistas menos conocidos buscaban ascender relacionándose con colegas, y lo llamaban —sexo entre amigos— en lugar de trueques por favores.
Pero An Xun no tenía ningún interés en esos juegos. La instó con irritación a que se fuera, y su actitud desdeñosa —propia de su carácter— hirió el orgullo de Ren Zhi. La discusión escaló.
Justo cuando An Xun estaba a punto de echarla sin miramientos, ella tocó fibras sensibles. Él había ido a Quanlin únicamente por Xia Hang, y Ren Zhi, alzando la barbilla con arrogancia, le soltó que había estado con hombres mucho más influyentes que él, incluso insinuando que tenía —conexiones— con el señor Xia de Huaying y que él siempre había quedado satisfecho.
Así comenzó la enemistad entre ambos, y de paso, An Xun arrastró a Xia Hang a su malentendido. Al día siguiente, durante el rodaje, Ren Zhi —tropezó— y cayó sobre un terreno irregular, raspándose el brazo hasta hacerlo sangrar.
Qi Yueran llegó hasta la habitación de An Xun, pero el joven ya había cerrado la puerta, esta vez con seguro. He Jian, que lo había seguido, comentó: —El joven Xia sí que da dolor de cabeza.
Dicho esto, no pudo evitar reírse y añadió: —En comparación, eres mucho más maduro.
Qi Yueran notó que se burlaba de él con afecto, y contestó evasivo: —A An Xun lo malcriaron. A mí, no.
Al oír esto, He Jian, que conocía bien su historia, asintió en silencio. Tenía razón: cuando An Xun se enojaba, su familia acudía a consolarlo. Pero Qi Yueran nunca tuvo ese lujo; quizá hasta lo tachaban de inmaduro o egoísta.
He Jian le acarició suavemente el cabello y dijo: —En el futuro, seré yo quien te mime.
“En el futuro seré yo quien te mime”, esas palabras tocaron las fibras sensibles de mi corazón