Capítulo 27

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—¡Ustedes! —Loren se tapó la boca con expresión emocionada. Parecía que iba a romper a llorar en cualquier momento.

«¡Por fin han vuelto!».

Su corazón latía de alegría, pero la emoción no duró mucho.

—[Ya que hemos visto a Ren, ¿nos vamos?]

Fue porque vio a los espíritus preparándose para irse cuando apenas acababan de llegar.

—[Sí, parece que Ren está ocupado.]

—[No debemos molestarlo.]

Aunque su parloteo era adorable, lo que decían le dolía. Pensó que tal vez era una broma, pero no lo era. Los espíritus se movían como si fueran a salir corriendo en cualquier momento, levantando sus lindos pies.

—¡No pueden hacer esto! —Loren agarró rápidamente a uno de los espíritus con la mano.

—[¿Hmm?]

—¡Díganme! ¿Es él o yo? —preguntó con voz jadeante.

—[Bueno, sí, nos gusta Ren.]

—¿Entonces?

—[Ren ya es un adulto, ¿no?]

—¿Y acaso él no lo es?

—[No, no. Es más pequeño que Ren.]

El espíritu dijo algo que habría enfurecido a Richt si lo hubiera escuchado.

—[Exacto. Además, es demasiado débil.]

Dios mío. Resulta que ser pequeño y débil era lo que hacía que los espíritus lo favorecieran. Pensar en todo lo que Loren sufrió para hacerse amigo de ellos al principio la hacía temblar de rabia.

—¡Yo también era pequeño y débil! —Ante sus palabras, los espíritus miraron hacia otro lado como si lo hubieran acordado. Uno incluso empezó a silbar.

—¡Oigan! —Al verlos así, Loren se llevó instintivamente la mano a la nuca—. ¡Son malvados!

Loren contuvo sus lágrimas.

~ ◊◊◊ ♦♦ ◊◊◊ ~

Richt abrió la puerta y echó un vistazo cauteloso al exterior. Solo cuando comprobó que no había nadie, salió de la habitación. Últimamente, evitaba abiertamente a Ban. Sabía que tal vez sería mejor simplemente ordenarle que no se le acercara, pero no podía hacerlo. Para hablar con él, tenía que acercarse.

«Lo siento».

Hasta que no se calmaran los vestigios de violencia y deseo que quedaban del pasado, en él, no tenía intención de encontrarse con Ban. Caminaba sigilosamente cuando, de repente, una voz sonó a su lado.

—¿Qué estás haciendo?

Por suerte, no era Ban, sino Abel.

«¿Bueno, debería considerar esto una suerte?». Richt miró a Abel, que se le había acercado, con ojos molestos.

—¿Qué quiere?

—Como últimamente no sales de tu habitación, vine a buscarte. Es mejor no saltarse ni un día de ejercicio.

Ese maldito bastardo. Aunque su resistencia había aumentado un poco de tanto correr en el patio todos los días, aún no tenía sentido alguno: no podía vencer a monstruos como él. Richt soltó un suspiro, y Abel le acarició la cabeza.

«¿Qué hace este bastardo? ¿Acaso soy un niño?» Sin dudarlo, Richt apartó su mano.

—No me toque sin permiso.

—Qué quisquilloso.

—Usted es el grosero aquí.

Al principio, Richt actuó con cortesía para ocultar su identidad, pero su verdadera personalidad comenzaba a salir a la luz. Y él mismo lo sabía.

—Como sea. En realidad, hoy no vine por el ejercicio.

—¿Entonces por qué?

—Como el paciente ya se ha recuperado, es hora de movernos.

—¿Puedo quedarme?

—No. —Abel respondió con una sonrisa radiante—. Serás mi subordinado, así que debes venir conmigo.

—No quiero.

—¿No quieres?

—No.

—Hmm, entonces te daré opciones.

«¿Opciones?». Richt lo miró con ojos fríos.

—¿Quieres que te arrastremos o prefieres caminar por tu cuenta? ¿Qué prefieres, joven maestro Devine?

Se había descuidado. Hasta ahora, Abel se había divertido molestándolo y no había mencionado nada sobre su verdadera identidad. No sé qué estaba pensando, así que ¿debería negarlo o confirmarlo? Por ahora, decidió negarlo.

—No sé de qué está hablando.

—¿De verdad no lo sabes? —Abel se acercó y lo miró a los ojos.

Al ver esos ojos azules dorado, Richt supo que no lograría hacerle cambiar de idea con palabras. Se irguió y levantó el mentón. Era hora de dejar de actuar como un plebeyo y volver a ser el señor de un noble linaje ducal.

~ ◊◊◊ ♦♦ ◊◊◊ ~

Siendo sincero, Abel subestimó a Richt desde el primer momento en que lo conoció. Poseía la habilidad de escapar, pero ¿y qué con eso? Un hombre verdaderamente fuerte no corre. Simplemente persigue.

Si le falta el aliento solo por correr unas vueltas en el patio de una posada, claramente eres débil. Haber nacido en una posición noble y segura solo le había traído suerte. Eso pensaba… hasta que Abel lo escuchó pronunciar su apellido por primera vez y cambió de opinión.

Solo por enderezarse y mirarlo, el ambiente cambió. Su cuerpo era pequeño y débil, sí, pero también era una fiera. Tenía esa aura de quien está hecho para gobernar.

Un ligero escalofrío recorrió el cuerpo de Abel. Incluso cuando Richt se escondía, lo encontraba bastante atractivo. Era joven y guapo, aunque un poco neurótico, pero ahora le gusta aún más que entonces.

—¿Debo elegir yo?

Incluso su voz helada era encantadora. Sus malos hábitos reprimidos empezaban a manifestarse. Quería derribar a esa persona orgullosa y noble. Hacerlo llorar de desesperación, lamer esas lágrimas de ojos verdes.

«No».

El padre de Abel sabía que su hijo tenía esas tendencias. Por eso lo educó estrictamente, para que no se revelara tal naturaleza. A medida que crecía y se fortalecía, se preguntaba:

“Soy noble y poderoso. ¿Por qué no puedo obtener lo que deseo?”

Muchos nobles necios hacían cosas similares. A medida que su padre se debilitaba, esos pensamientos se intensificaban, pero se contuvo.

Cuando su padre, el emperador murió, ya nadie pudo frenarlo. Durante un tiempo, vivió a su manera. Pero después de herir a algunos, se dio cuenta: No era entretenido.

Nada le divertía. Desde lejos parecía entretenido, pero fue un error de juicio. Luego, fue enviado al norte, donde luchó contra las tribus bárbaras. Sin embargo, por más enemigos poderosos que derrotara, su deseo no se saciaba. Hasta que…

«Valdrá la pena que pueda derribarlo».

Quería atrapar ese cuello delgado y hacerlo llorar como un canario. Al ver su piel pálida y ese cuello esbelto, la ropa le estorbaba.

«Quiero ver ese cuerpo desnudo».

El deseo se encendió de inmediato.

—Deja de mirarme de esa forma tan repugnante.

Abel deseaba taparle la boca a esa lengua que solo soltaba veneno.

—… Qué manera tan educada tiene de hablar.

Richt frunció el ceño ante el tono más grave y áspero de Abel. Aunque sentía ansiedad no quería retroceder.

«Incluso eso es adorable», pensó Abel.

«¿Debería soportarlo o no?»

Mientras se debatía, apareció un intruso. Ban se interpuso frente a Richt y miró a Abel.

—¿Qué está sucediendo?

—Solo vine a informar que nos vamos.

—¿Es así?

—Sí, pero tu amo aún no ha elegido.

—¿Elegir qué?

—Si caminará por su cuenta o si será arrastrado como un perro. —Eligió palabras más agresivas a propósito, para provocar a Ban.

Pensaba que sería bueno quebrarlo un poco aquí. Aunque con otros no funcionara, insultar a su amo seguramente lo haría reaccionar. Y así fue.

Ban apretó los dientes y dio un paso al frente. Estaba listo para desafiarlo a un duelo. Solo faltaba un poco más para provocar la pelea, pero Richt se interpuso.

—Ya basta, Ban.

—¡Pero!

—Está bien. —Richt lo calmó y miró fijamente a Abel—. El duque Graham no es como pensaba.

—¿Cómo pensaba que era?

—Superficial y salvaje. Dígame, ¿tiene usted la autoridad para llevarme por la fuerza?

—Dicen que tomaste al príncipe heredero como rehén.

—¿Quién dice eso?

—Sir Alex.

—Ese hombre se comporta de forma impropia para su cargo. —Richt criticó sin titubear al capitán de la primera división.

—Entonces, ¿lo niegas?

—Solo cuidé al hijo de mi hermana fallecida.

—¿Tú?

—Sí, soy humano. Tengo compasión al menos.

Claro que para el original Rich sería imposible. Era una persona codiciosa que miente con tanta facilidad.

—No te creo.

—Créalo o no, eso es cosa suya.

—Sí, pero tendrás que hacer que confié en ti.

—¿Por qué?

—Porque creo que intentaste hacer una rebelión, y tengo la intención de actuar en base a eso. —Diciendo eso, Abel le torció la muñeca a Richt.

Por primera vez, había encontrado a alguien que despertaba su deseo, y no pensaba dejarlo ir. Ban atacó de inmediato, pero Abel usó a Richt como escudo. Al ver eso, Ban detuvo su ataque apresuradamente.

—¿Qué cree que está haciendo?

—Lo escuchaste todo hace un momento, ¿no?

Abel era sangre imperial. Tenía suficiente poder para acusar a Richt de traición y detenerlo.

—Le dije que no era cierto.

—Eso lo sabremos cuando veamos al príncipe heredero.

Richt intentó zafarse, pero fue en vano. Hasta ahora, Abel solo había jugado, pero ahora usaba fuerza real. A menos que se cortara la muñeca, no podría escapar.

—Si valoras a tu amo, deberías tener más cuidado.

Ban apretó los dientes, pero quizás por la advertencia, no atacó de nuevo. Abel se rio alegremente y alzó en brazos a Richt, que lo miraba con asco. Pero eso también le divertía.

—Entonces, ¿nos vamos? —Abel bajó directamente al primer piso con él en brazos.

~ ◊◊◊ ♦♦ ◊◊◊ ~

Gracias por la ayuda~

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