No disponible.
Editado
Desde que ingresó a la academia, You XiaoMo le había arrebatado el protagonismo en innumerables ocasiones, pisoteando una y otra vez su orgullo.
Si no fuera porque estaba en la Academia Daoxin, hace tiempo que habría movido los hilos del clan Teng para hacerle la vida imposible a You XiaoMo en la ciudad Yan. Así que no le quedó más remedio que contenerse, una y otra vez.
Ahora, You XiaoMo volvía a aparecer ante ella y, para colmo, le había arrebatado la técnica que ella llevaba tiempo queriendo canjear. Ya no podía reprimir su furia. Por eso lanzó aquella oferta.
En opinión de Teng Zixin, no había nadie que pudiera resistirse a cinco mil puntos.
Sin embargo, sus cálculos estaban condenados al fracaso, porque quien estaba frente a ella era You XiaoMo.
A You XiaoMo solo le hacía falta esforzarse un par de meses para ganar cinco mil puntos. Probablemente, en toda la academia no había nadie más capaz que él en eso. No todo el mundo poseía un espacio donde cultivar hierbas espirituales de alta calidad. Así que cinco mil puntos eran, para él, como un buen trozo de lomo: apetecible, sí, pero no hasta el punto de hacerle babear.
Ante el tono condescendiente y la superioridad con que Teng Zixin le ofrecía aquellos puntos, You XiaoMo no sabía muy bien qué cara poner. «¿Acaso tengo cara de avaricioso?»
Pensando esto, volvió a mirar a Teng Zixin y, con rostro serio, preguntó: —¿Y tú quién eres?
El semblante de Teng Zixin se ensombreció aún más.
Ling Xiao, por su parte, lo encontró divertidísimo. Esas tres palabras eran mucho más hirientes que cualquier insulto.
Si Teng Zixin quería que You XiaoMo le hablara con seriedad, primero tendría que admitir que lo conocía y, de paso, darse una bofetada a sí misma. Ella misma cayó en la cuenta y sus ojos parecían echar chispas.
—You XiaoMo, déjate de juegos. ¿Vas a aceptar mi oferta o no?
Teng Zixin, sin más rodeos, rompió la farsa y admitió, por fin, que conocía a You XiaoMo.
La bella mujer a su lado, al oír ese nombre, comprendió al instante por qué Teng Zixin había dicho antes que no los conocía. Como su amiga íntima, el nombre de You XiaoMo le era más que familiar, y su curiosidad hacia él no era poca. Pero jamás imaginó que Zixin terminaría llevando la peor parte en este encuentro.
—Teng Zixin, he ahorrado cuatro mil puntos con todo mi esfuerzo para conseguir esta técnica de alto nivel. ¿Crees que voy a cambiarla? La verdad, aunque me ofrecieras diez mil puntos, no lo haría. —No es que You XiaoMo quisiera ofenderla, sino que la actitud de Teng Zixin era sencillamente menospreciable.
La joven, consciente de lo mucho que le había costado a la orgullosa Teng Zixin rebajarse a hacer una oferta así, y viendo la altanería de You XiaoMo, no pudo contenerse por más tiempo.
—Entonces, ¿Qué hará falta para que renuncies al pergamino?
You XiaoMo negó con la cabeza. —Creo que ya lo he dejado muy claro. No pienso renunciar a esta técnica. No se molesten.
—Está bien. Ya que te niegas a entregarlo, te reto a un duelo. —El hermoso rostro de Teng Zixin desbordaba una furia incontenible.
Era la primera vez que alguien lo desafiaba. You XiaoMo no pudo disimular su sorpresa.
Los niveles de ambos no habían cambiado: él seguía siendo de grado inferior, y ella, al parecer, aún era de grado medio.
Teng Zixin, al ver que él no respondía, levantó su Tarjeta Púrpura y dijo: —Si pierdo, esta Tarjeta Púrpura y todos los puntos que contiene serán tuyos. Si gano, me entregarás esa técnica de alto nivel que has tomado. ¿Qué dices? ¿Te atreves a aceptar mi desafío?
You XiaoMo, que en un principio iba a rechazarla, sintió un leve cosquilleo de tentación ante aquella apuesta. Cinco mil puntos, y además una Tarjeta Púrpura. Si lograba ganar, los próximos meses podría descansar sin tener que matarse trabajando.
Pero, tras pensarlo bien, negó con la cabeza. —Lo siento, no me interesa tu desafío.
—You XiaoMo, ¿eres un cobarde? ¿Ni siquiera te atreves a aceptar el desafío de una mujer? —Los ojos de Teng Zixin se helaron. No esperaba un rechazo tan rotundo.
—Eso no tiene nada que ver. Las normas de la academia establecen que el desafiado tiene todo el derecho a rechazar cualquier desafío. No quiero aceptar, y punto. Si te molesta, ve a reclamarle a la academia. —Tras soltar estas palabras con tono de indiferencia, You XiaoMo tomó a Ling Xiao del brazo y se marchó.
Aunque las condiciones ofrecidas por Teng Zixin eran tentadoras, no quería buscarse problemas. Teng Zixin era, sin duda, una fuente inagotable de conflictos. Si aceptaba su desafío, quién sabe qué clase de líos le ocurrirían. Sin embargo, parecía olvidar que, aunque no lo aceptara, los problemas no serían menores; de hecho, quizás serían aún mayores.
Al salir del Pabellón de Técnicas de Alma, You XiaoMo dirigió la mirada hacia el Pabellón de Técnicas de Cultivo, al otro lado. Negó con la cabeza y reanudó la marcha.
Su plan inicial era, después de canjear una técnica de alto nivel de calidad superior, aún le sobrarían suficientes puntos para visitar el Pabellón de Técnicas de Cultivo y buscar alguna técnica más poderosa que la Escritura del Alma Celestial. Pero ahora, con solo nueve puntos en su tarjeta, pensó que era mejor no entrar a atormentarse.
Poco después, ambos regresaron al pabellón. Ling Xiao, que necesitaba ganar puntos, se marchó al poco rato.
You XiaoMo, suspirando, tomó el pergamino y subió a la segunda planta a cultivarse.
«Me ha costado todos mis ahorros. Si no lo cultivo, será una ofensa a mis cuatro mil puntos.»
Sacó el pergamino de su espacio, rompió el sello que lo protegía y lo extendió lentamente en el suelo.
Era un rollo de unos cincuenta centímetros de largo. Los caracteres, grabados como si fueran esculpidos, brillaban con un resplandor dorado que danzaba sobre la superficie. En el borde del pergamino, You XiaoMo divisó el nombre de la técnica: Sello Sumeru.
El Sello de Sumeru constaba de seis sellos: Sello Huang, Sello Xuan, Sello Di, Sello Tian, Sello Xu y Sello Mi. Cada sello aumentaba en poder de forma progresiva, y la diferencia de potencia entre ellos era abismal.
Según la introducción, cuando se dominaban el Sello Xu y el Sello Mi, incluso los poderosos del Reino Emperador tenían que guardar las distancias. Esto bastaba para comprender la increíble destreza del Sello Sumeru. No era de extrañar que Teng Zixin hubiera estado dispuesta a darse una bofetada a sí misma con tal de obtener esta técnica.
You XiaoMo no pudo evitar sentirse aliviado por no haber aceptado el desafío de Teng Zixin.
Si hubiera permitido que una técnica tan poderosa cayera en manos de esa mujer, se habría arrepentido toda la vida. Hacerle el trabajo sucio a alguien que ni siquiera le caía bien era algo que jamás haría.
Sin embargo, precisamente porque el Sello Sumeru era una técnica casi divina, dominarla era una tarea extremadamente ardua.
El pergamino indicaba de forma muy clara que, sin una voluntad firme y una paciencia inquebrantable, incluso quien obtuviera este rollo sería incapaz de dominar las técnicas más poderosas del Sello Sumeru.
You XiaoMo reprimió la emoción en su pecho y, siguiendo las instrucciones, liberó su fuerza del alma. En el instante en que esta entró en contacto con los caracteres dorados, su cuerpo experimentó una sacudida. De inmediato, todas las inscripciones áureas cobraron vida, como notas musicales que danzaban y se precipitaban una tras otra hacia el entrecejo de You XiaoMo, fundiéndose en su espíritu. Así, hasta que el último de los caracteres desapareció.
You XiaoMo abrió los ojos. Algo nuevo habitaba ahora en su mente. Su consciencia, una vez más, fue arrastrada al interior de su mar de conciencia. Allí descubrió que la superficie de aquellos diminutos puntos blancos se había teñido de un tenue resplandor dorado. Ignoraba qué era aquello, pero intuía que debía estar relacionado con la práctica del Sello Sumeru.
Retiró su consciencia del mar interior. No se apresuró a comenzar el entrenamiento del Sello Sumeru.
Guardó el pergamino, ahora completamente en blanco, y bajó las escaleras. Al ver que Ling Xiao aún no había regresado, fue a buscar a Baili Xiaoyu para pedirle hierbas espirituales prestadas.
Aunque sabía que Ling Xiao era bastante fiable la mayor parte del tiempo, por si acaso, You XiaoMo prefirió refinar algunas píldoras. No fuera a ser que al día siguiente tuvieran que volver a mudarse a las habitaciones gratuitas. Eso sí que sería una vergüenza.
Baili Xiaoyu ya sabía que You XiaoMo estaba ahorrando puntos para conseguir una técnica. No le sorprendió en absoluto que se hubiera quedado sin puntos. Al contrario, con gran generosidad, le ofreció veinte conjuntos de materiales de hierbas espirituales y le dijo que no se los devolviera. Sin You XiaoMo, él no sería quien era ahora.
Ya no dependía en absoluto de sus hermanos mayores. En poco más de un mes, había ganado casi mil puntos por sí mismo. Aunque no era tanto como You XiaoMo, él estaba más que satisfecho. Además, gracias a su perseverancia en la alquimia, había logrado romper el cascarón y convertirse en un alquimista de cuarto grado de nivel medio.
—¿Seguro que no quieres que te los devuelva? —insistió You XiaoMo.
—¡Qué pesado! He dicho que no hace falta, y no hace falta, —respondió Baili Xiaoyu, fulminándolo con la mirada.
«Joven Maestro Xiaoyu, ¿dónde ha quedado su imagen, su elegancia?»
You XiaoMo sintió que, tal vez, él había sido una mala influencia para Baili Xiaoyu. Aquel joven de sonrisa ingenua y aire despreocupado de hacía un mes ya no existía. Había sido reemplazado por alguien que escondía un puñal tras una sonrisa.
No podía negarlo: en este mes habían ocurrido muchas cosas. La fiebre de la alquimia que ellos habían desatado había hecho que las ventas de las Cinco Grandes Facciones se desplomaran. Y, por supuesto, los responsables de aquel caos se convirtieron en el blanco de todas las miradas. Conspiraciones y artimañas, unas más descaradas que otras, habían llovido sobre ellos sin descanso. Y todo ello había templado al pequeño joven maestro Baili hasta convertirlo en lo que era ahora.
Pero ya que Baili Xiaoyu insistía, You XiaoMo aceptó el regalo sin más remordimientos.
De regreso al pabellón, subió a refinar píldoras. Sin embargo, antes de que pudiera terminar, Ling Xiao regresó, trayendo consigo un botín de guerra de doscientos puntos.
«Vaya velocidad». You XiaoMo solo atinó a guardar silencio.