Capítulo 27

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A-Chong se comió la última rebanada de pizza, ignorando a San-jie que estaba frente a él maldiciendo incesantemente, y comenzó a revisar su teléfono con aburrimiento.

Encontró un pequeño video que Ning Yu le había enviado hacía dos semanas, que mostraba el departamento que Ning Yu alquilaba. La habitación se veía bien, espaciosa, muy limpia, y además había comprado plantas en macetas.

Ning Yu, usando su tailandés de pronunciación extraña, decía en el video: Si tienes tiempo, ven a quedarte, la habitación es grande. La cámara se detuvo deliberadamente unos segundos más frente a la cama.

Justo cuando iba a salir, resultó que del otro lado llegó un nuevo mensaje, preguntándole a A-Chong si hoy tenía planes, ya que quería venir a entregarle una cosa, el mensaje estaba escrito en tailandés.

A-Chong, con el rostro inexpresivo, corrigió el error gramatical en la frase en tailandés de la otra parte, pero evitó responder si lo vería o no, lo envió, y solo entonces alzó la cabeza y le dijo a San-jie: —Si ya estás cansada de maldecir, bebe un poco de agua.

San-jie le dio una palmada en el hombro y le regañó: —Tu genio no sé de quién lo habrás sacado, cada vez es peor, ¡crees que eres un príncipe! Con lo consentido que estás.

A-Chong no le hizo caso, el celular vibró, Ning Yu envió otro mensaje: “Prepare algo esta mañana, y quiero dártelo. Ya estoy en el auto, en cuarenta minutos llegaré a tu casa, ¿podemos comer juntos?”

San-jie asomó la cabeza para mirar, A-Chong esquivó, pero San-jie soltó una risa burlona: —Aparte de andar todos los días en malos pasos, no tienes nada mejor que hacer.

—Sí, me enseñaste bien.

A-Chong había estado evadiendo a Ning Yu por casi medio mes, él mismo ya estaba fastidiado, pero Ning Yu aún no se rendía, su perseverancia era conmovedora. Por suerte, aunque se aferraba con fuerza, no era del tipo que crea escándalos sin razón.

Pero parecía…ser una desgracia en otro sentido.

San-jie señaló su celular con la barbilla: —¿Quién es la pequeña zorra?

—¿Controlas el cielo, controlas la tierra, y ahora controlas cuando cago y cuando me tiro pedos, ¿Qué no tienes nada que hacer?

San-jie continuó cotilleando: —¿Es el que la otra vez en el restaurante te echó jugo de sandía encima, el de los ojos muy grandes? ¿O el que llegó borracho y corrió debajo de tu edificio a hacer locuras?

—Ninguno—. A-Chong se encogió de hombros. —Es el chino que traje a conocerte, el que dijiste que era bastante guapo.

San-jie pareció recordar algo de repente: —Ah, él vino a verme, se me olvidó contártelo.

A-Chong arqueó una ceja mirándola: —¿En la tienda? ¿Cuál?

San-jie tenía una cadena de restaurantes en Bangkok, Pattaya y Phuket. Hace unos años se había enganchado con un tipo rico, lo siguió con sentimientos honestos durante unos años y sacó algunas propiedades. A-Chong sentía que esta mujer, desde que se convirtió en la jefa, se había vuelto mucho más mordaz y sarcástica.

—Al principio llamó al teléfono de reservas del restaurante en Pattaya, al que tú lo llevaste, y el empleado transfirió la llamada y dijo que yo estaba en Bangkok —dijo San-jie. —Él, supongo, buscó la dirección por su cuenta y vino.

La expresión de A-Chong se volvió un poco extraña: —¿Tú lo viste?

—Cada vez que viene, es solo a comer—. El tono San-jie sonaba como si estuviera diciendo que A-Chong estaba siendo presuntuoso. —Y tampoco me ha mencionado nada sobre ti, cuando yo estoy, solo me pregunta cómo se hacen algunos platos. Ah, y también me regaló un juego de tazones y palillos de madera que él mismo hizo.

A-Chong guardó silencio un momento, y entonces preguntó: —¿Los aceptaste?

—Por supuesto que los acepté—. San-jie, completamente indiferente, señaló el tazón, los palillos y la cuchara de madera frente a A-Chong. —¿Acaso no los estás usando?

A-Chong soltó la cuchara de madera que tenía en la mano.

—Ese chico parece un poco mejor comparado con esos que mencionaste antes—. Comentó San-jie mientras jugueteaba con sus uñas. —Me pregunto si en el futuro te tirará jugo en la cara. Lo espero con ansias.

—No lo hará—. A-Chong suspiró. —Debí saberlo y no haberlo provocado, esta persona es terriblemente terca.

San-jie arqueó una ceja: —Es la primera vez que te veo tan fastidiado. Pero igual es mejor no involucrar sentimientos, ya deberías haber pasado la edad de andar con amoríos.

—¿Ah, sí?—. A-Chong dijo las palabras con tono leve. —Si, gracias a ti, no creo mucho que en este mundo exista el amor verdadero.

San-jie, restándole importancia, respondió: —Es mejor no creer.

Por alguna razón, A-Chong se sentía incómodo, y le dijo a San-jie: —Me voy.

San-jie asintió: —Vete.

Al salir, A-Chong vio que había varias personas fotografiando su motocicleta, así que se detuvo a un lado, girando la llave mientras esperaba a que terminaran de tomar fotos.

Está bien. A-Chong pensó, ¿En dónde son más interesantes las relaciones que una Harley 48? Mira esta motocicleta retro, su potencia es feroz, su valor estético es alto, y el motor se puede reconstruir repetidamente. Montar esta cosa es mucho más placentero que montar a una persona. Aunque la moto no entiende el lenguaje humano, puede ser controlada, y no hará cosas que fastidien a la gente.

Esta moto suya, al salir, sin importar dónde, siempre llamaba mucho la atención. A-Chong tampoco le importaba que lo miraran, si la gente lo fotografiaba, él incluso les lanzaba un gesto de corazón con las manos.

En el camino compró algo de fruta, colgó la bolsa en el manillar, y manejó su llamativa Harley hasta el Templo Budista X.

En la entrada había un autobús turístico, frente a él estaba parado un grupo de turistas, mientras el guía estaba explicando las indicaciones. A-Chong estacionó la moto, y pasó tranquilamente junto a ellos llevando la fruta, le guiñó un ojo a una chica de piel especialmente blanca, y después de ver que la otra parte se quedó atónita, él giró y entró al templo.

La guía del templo, Ting, justo se preparaba para recibir al grupo de afuera, se encontró con A-Chong y, sonriendo, lo saludó: —Tu shifu1 no está en el salón principal, hoy está el shifu Putuo.

A-Chong preguntó: —¿Adónde fue mi shifu?

—Haciendo amuletos budistas, no recibe a nadie —dijo Ting. —Dejó dicho, que cuando vinieras, primero vayas tú solo al salón lateral a recitar las escrituras, y que te arrodilles adecuadamente.

A-Chong asintió, y le pasó la bolsa de plástico: —Llévala para repartirla y que todos coman, tú come más. Ting-jie, tu nuevo peinado es lindo, la próxima vez también córtatelo así.

Ting, con la cara iluminada por una sonrisa, dijo: —Tienes la boca más dulce.

A-Chong, conociendo bien el camino, fue al salón lateral. Adentro había dos monjes barriendo, al ver a A-Chong, juntaron las palmas de las manos, inclinaron la cabeza en saludo, y uno de ellos sacó un libro de sutras budistas y se lo dio, luego giró y se fue.

En ese momento, el celular de A-Chong volvió a vibrar. Se arrodilló sobre la almohadilla, mientras le respondía a Ning Yu: Tengo cosas que hacer, mejor regresa.

Ning Yu respondió rápidamente: No importa, ocúpate primero de lo tuyo.

A-Chong encendió el incienso, abrió el Sutra Lanna que tenía frente a él y comenzó a leer.

En realidad, él no creía en fantasmas ni dioses, ni tampoco creía mucho en Buda; comparado con Buda y los sutras, confiaba más en su propio shifu.

Cuando fue iluminado por su shifu, todavía era un niño pequeño.

Esa vez, fue a la mitad de la noche al salón principal a robar comida, pero cuando se giró para irse, vio a un monje delgado y pequeño parado fuera de la puerta del salón, con la palma de la mano sosteniendo una vela, mirándolo en silencio.

En Tailandia, faltarle el respeto a Buda es una ofensa grave, y robar lo es aún más; si lo atraparan, las consecuencias serían inimaginables.

En ese momento, el pequeño A-Chong, sosteniendo la fruta de la ofrenda, estaba aterrado como si le hubiera caído un rayo, pensando que estaba condenado… Suplicó en voz baja: —Es que… tenía hambre…

Ese monje delgado y pequeño, de apariencia muy ordinaria, dijo tranquilamente: —Devuelve lo que tienes en la mano, ven a mi habitación a comer fideos.

Él lo siguió, y llorando se comió un tazón de fideos vegetarianos. Originalmente pensó que después de comer lo golpearían hasta la muerte, así que solo podía comer y al mismo tiempo decir que tenía mucha hambre, y que si regresaba San-jie lo golpearía porque no había logrado robar dinero ese día.

Lo inesperado fue que, al día siguiente, después de despertar en esa sala de meditación, él, aturdido y confundido, se convirtió en el pequeño discípulo de ese monje de alto rango.

Él probablemente era un discípulo bastante extraño. No necesitaba vivir en el templo, no necesitaba guardar los preceptos, el shifu le enseñaba todo, le permitía practicar fuera del templo, pero él debía volver frecuentemente a escuchar los sutras y arrodillarse ante Buda.

El shifu a menudo le decía: —Los demás cultivan la perfección de los méritos virtuosos, pero tú cultivas un corazón sin obstáculos, y será así toda esta vida. Chong, arrodíllate bien, y examínate a ti mismo.

Originalmente, estaba haciendo amuletos budistas y no recibía a nadie, pero resultó que cuando él iba a la mitad de la lectura del sutra, su shifu igual vino.

Después de que A-Chong terminó de saludar, el shifu se sentó con las piernas cruzadas y lo primero que dijo fue: —La última vez te expliqué: “Si un hombre come una oveja, la oveja muere y se convierte en hombre, el hombre muere y se convierte en oveja, así sucesivamente hasta diez tipos de renacimientos, muriendo y naciendo, viniendo mutuamente a devorarse, surgiendo juntos los karmas negativos, agotando los confines del futuro… Tú debes mi vida, yo pago tu deuda, debido a estas causas, a través de cientos de miles de kalpas, constantemente en el ciclo de vida y muerte”. Repítemelo una vez más.

A-Chong respondió: —El hombre come la oveja, la oveja se reencarna como hombre, el hombre después de morir se reencarna nuevamente como oveja, muriendo y naciendo se devoran mutuamente, el karma negativo y los agravios se enfrentan sin fin ni límite… tú debes mi vida, yo pago tu deuda, debido a estas causas, aunque pasen cientos de miles de kalpas, aún permanezco constantemente en el mar de sufrimiento de la vida y la muerte.

Shifu preguntó: —¿Esta vez lo has comprendido?

A-Chong dijo: —Los sutras solo plantean la confusión, pero no me dan la respuesta, no lo comprendo.

Shifu dijo: —Vuelve a reflexionar.

A-Chong dudo un momento, antes de decir: —No lo entiendo, pero parece que… ¿hay alguien que me está salvando2?

Shifu frunció el ceño: —Qué te pasa.

A-Chong bajó la cabeza. Él sabía lo que su shifu quería decir, algunas cosas requieren que uno mismo alcance la iluminación, y además su propia frase… realmente había sido respondida de manera un poco incomprensible.

Reflexionar qué, si de todos modos no lo entiendo. A-Chong, incluso delante de su shifu, no ocultó su expresión de resignación, y como resultado Shifu lo golpeó en la cabeza con el collar de cuentas que tenía en la mano: —Últimamente estás distraído, lee los sutras otra vez.

Al terminar de hablar, el hombre se fue.

Ser castigado a leer de nuevo también era algo frecuente, A-Chong solo podía leer atontado y medio dormido.

Leyó y leyó, y mientras su boca aún recitaba los sutras, su cabeza comenzó a pensar en ese, el Meursault que Ning Yu le había leído.

Meursault fue condenado a muerte, en el libro ese es un desenlace predeterminado. Antes de subir a la guillotina, un sacerdote fue a verlo, esperaba que creyera en Dios, que se convirtiera en un creyente.

Pero Meursault se negó. ¿Por qué se negó Meursault? Tanto si es Dios como si es Buda, te ayudarán, Meursault. Si aceptas la buena voluntad de Dios, entonces la muerte para ti ya no será muerte, la muerte para ti será solo una puerta, y si abres esa puerta, dentro quizás haya un juicio, quizás sea el cielo, quizás sea la Tierra Pura, también podría ser el infierno. Qué más da, da igual si es un dios occidental u oriental, igual te darán un lugar adónde ir y un destino final, porque todos pueden salvarte, ¿no es así?

¿Por qué negarse? Pobre Meursault.

Terminó de leer. A-Chong, con el ceño fruncido, dejó el sutra, y al ponerse de pie sus piernas estaban un poco entumecidas. Se frotó las pantorrillas adormecidas y doloridas, cambió el incienso que se había consumido, y solo entonces giró y se fue.

Durante todo el camino de regreso estuvo un poco desanimado, pero no sabía decir por qué. Al subir las escaleras aún podía oler su propio cuerpo cubierto de sudor —hoy para ir al templo tenía que usar túnica y pantalones largos, y además del clima tan caluroso, estuvo toda la tarde ahumado por el incienso— realmente olía mal.

Subió las escaleras en unos cuantos pasos largos, planeando darse una ducha rápidamente y luego salir a buscar algo de comer. Había quedado con amigos para dar una vuelta en auto por la noche.

Resultó que, al subir corriendo al tercer piso, A-Chong vio a Ning Yu, con las dos manos sosteniendo un pastel, parado frente a la puerta de su casa.

Al verlo, Ning Yu se quitó los auriculares, y una sonrisa se desplegó en su rostro al instante: —¡Regresaste!

A-Chong se quedó atónito un momento, y entonces preguntó: —… ¿Cómo sabes que vivo aquí?

—Te he enviado cosas, así que sabía tu dirección—. Ning Yu seguía sonriendo. —Originalmente tampoco quería venir a buscarte de manera tan abrupta, haciendo que pareciera un acosador. Pero quería agradecerte por ayudarme a encontrar una casa, y darte un regalo de agradecimiento, pero me evitabas, y solo pude hacer esto, lo siento, no te enfades.

La verdad no estaba enfadado, solo que…

A-Chong lo pensó un momento y preguntó: —¿Cuánto tiempo esperaste?

Ning Yu dijo: —No mucho, hoy no tenía nada que hacer.

Entonces debió ser mucho tiempo. Tsk, esta persona ahora ya sabía usar un avance como retirada.

A-Chong echó un vistazo a la caja en las manos de Ning Yu.

Ning Yu sostenía ese pastel con una postura muy cuidadosa. La apariencia del pastel en realidad… si dijera que era bonito sería una mentira, ¿qué tienda lo hizo? La presentación no era buena, ¿esta persona eligió un pastel y además eligió uno tan feo?

Pero Ning Yu dijo: —Lo hice yo, puede que no sea muy bonito, pero lo probé muchas veces, debería estar bien. Es tu regalo de agradecimiento, gracias por ayudarme a buscar una casa.

A él realmente le gustaba comer estas cosas dulces y empalagosas. A-Chong pensó, ¿se lo había dicho a Ning Yu? Tomó el pastel: —Gracias.

En realidad, Ning Yu no tenía intención de ver a A-Chong hoy. Desde la última vez que durmieron juntos, A-Chong empezó a tratarlo con frialdad y a responderle con indiferencia. Llevaba ya medio mes en Bangkok y apenas había podido ver a la otra persona un par de veces.

Cuando venía en el metro, Ning Yu llevaba auriculares escuchando a Jay Chou. A su lado estaba sentada una chica joven. Él estaba distraído escuchando música cuando la chica le tiró suavemente de la manga y le preguntó en inglés: —¿Eres chino?—. El tono era muy amigable, con un toque de curiosidad.

Ning Yu le respondió en tailandés: —Lo soy.

La niña sonrió un poco y dijo: —¿Vas a ver a la persona que te gusta?

Ning Yu dijo que sí, ¿cómo se dio cuenta?

La chica dijo: —Porque sostienes el pastel con las dos manos, con mucho cuidado, se siente que lo valoras mucho… Yo también lo adiviné al azar.

Ning Yu en ese momento le dijo: —Pero no sé si la otra persona lo querrá.

Llegaron a una estación, y la chica se puso de pie para irse. Finalmente le dijo a Ning Yu: —Envidio mucho a la persona que te gusta. ¡La otra parte definitivamente lo querrá, créeme, adiós!

Ning Yu se distrajo un momento, vio a A-Chong abrir la caja del pastel con una mano, sacar un trozo con la mano desnuda y llevárselo a la boca, y luego frunció el ceño: —¿Cómo es que está amargo?

—¿Cómo puede ser?—. El rostro de Ning Yu cambió al instante, extendió la mano para quitarle el pastel. —Lo he hecho muchas veces, el sabor debería…

Ning Yu imitó a A-Chong, tomó un poco con la mano y lo comió, el sabor era normal. —¿Es dulce, no?

A-Chong seguía con el rostro tenso: —Es amargo. No está bueno, no lo hagas más en el futuro, vete a casa, Ning Yu.

De ese pastel solo dio un bocado, y luego lo devolvió a las manos de Ning Yu.

Se dio la vuelta, abrió la puerta y la cerró, dejando fríamente al chico de mirada clara afuera, sin volver la cabeza para ver la expresión del otro.

Después de cerrar la puerta, A-Chong no fue a bañarse de inmediato.

Fumó un cigarrillo, fue a la ventana, arrancó un mango medio verde, le quitó la piel y lo comió con la mano.

El mango estaba muy ácido, y tapó la dulzura de ese bocado de pastel. A-Chong le dio un gran mordisco, fue a la ventana, y justo vio una figura solitaria alejándose.

A-Chong suspiró, y pensó: No vengas más amigo, hoy ya me hiciste leer los sutras una vez más.

Él no permitía que una cosa lo perturbara por mucho tiempo. Después de comerse un mango, se obligó a olvidar este asunto y entró al baño a ducharse.

El olor a incienso del templo se dispersó tras una ducha.

A-Chong salió secándose el cabello, sintió un poco de hambre y pensó distraídamente: Quiero comer algo dulce.

Notas del Traductor

  1. Shifu: Maestro
  2. 渡我 puede significar “salvarme”, “guiarme espiritualmente”, “ayudarme a trascender”. Aquí se refiere al “salvar” en un aspecto espiritual.
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