Capítulo 27: Qué vergüenza 

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Mei Chuanqi, quien charlaba alegremente con sus amigos, nunca imaginó que su hijo traería a un hombre después de salir a jugar, y que este sería la pareja legal con la se casó ayer por accidente.

No podía evitar pensar si estaba demasiado predestinado a Feng Jingteng, ya que no importaba a donde fuera, siempre parecía encontrarse con él.

No hablaría de lo que sucedió ayer, pero hoy, por ejemplo, cuando regresó a la residencia Mei, se encontró con Feng Jingteng. Incluso ahora cuando se reunía con amigos, también lo veía. Estaba empezando a preguntarse si Feng Jingteng lo estaba siguiendo.

El palco se quedó en silencio. Todas las miradas se dirigieron al hombre que estaba parado en la puerta abrazando a Mei Weixian. Su rostro era hermoso y decidido, su cuerpo alto y fuerte, y su poderosa presencia irradiaba un aura militar.

—¿Coronel Feng? —Lian Zeyang se levantó con cierto asombro. 

Zhuo Jun, Jian Yi y Nong Xi revelaron miradas de sorpresa. Se habían conocido antes en el banquete en el que Feng Jingteng había reconocido a sus antepasados, y no se habían vuelto a ver desde entonces. 

—Realmente tuvimos que molestar al coronel Feng para que nos traiga a nuestro bebé de regreso. 

Lian Zeyang quiso tomar a Mei Weixing, pero inesperadamente, Mei Weixing se dio la vuelta y abrazó con fuerza el cuello de Feng Jingteng:

—Quiero invitar al tío Feng a comer.

La cercanía entre ambos, como la de padre e hijo, provocó algo de envidia entre los presentes. Hay que saber que no todos pueden ganarse la aceptación de Mei Weixing, incluso en su familia pocos pueden ganarse su favor.

Mei Chuanqi sintió que su hijo había sido comprado por la cabina de juegos de Feng Jingteng. 

La mirada del coronel recorrió a todos, se detuvo en el cuerpo de Mei Chuanqi por un momento y luego sonrió con elegancia.

— Me tomé la libertad de venir aquí a comer, me pregunto si los molestaré. 

—Ya que Weiwei te invitó, eres nuestro amigo. ¿Cómo puedes molestarnos? —Lian Zeyang sonrió y lo invitó a sentarse.

Feng Jingteng no lo dudó y se sentó con el niño en sus brazos.

Mei Ri palmeó el asiento a su lado y dijo:

—Papá, siéntate aquí.

La boca de Mei Chuanqi se crispó, se acercó y se sentó.

Los demás también se sentaron, y Lian Zeyang ordenó a los camareros que sirvieran los platos. 

Jian Yi y los demás no se sintieron intimidados por la presencia de Feng Jingteng. Tras presentarse, siguieron hablando y riendo, sin tratarlo como un extraño. Sin embargo, había algo que los hacía sentir un poco incómodos.

Durante la comida, Feng Jingteng apenas probó bocado, pero no dejó de servirle comida a Mei Weixian y a Mei Chuanqi. No se sabía si era una coincidencia, pero todos los platos que sirvió eran los favoritos de padre e hijo. Además, cuidó al niño que tenía en brazos con una atención tan meticulosa que parecían una familia, llena de amor y cariño, casi al punto de deslumbrar a todos los presentes.

Si no fuera porque estaban seguros de que Mei Chuanqi y Feng Jingteng no habían tenido ningún contacto previo, habrían pensado que eran una familia.

Mei Chuanqi no se fijó en las miradas de los demás. Aparte de alimentar a su hijo de vez en cuando, toda su atención estaba puesta en Feng Jingteng, temiendo que hablara sin cuidado. 

En ese momento, Mei Weixian detuvo su acción de comer y le mostró a Mei Chuanqi una sonrisa traviesa y adorable.

—Papá, qué vergüenza, ya eres tan grande y todavía necesitas que el tío te saque las espinas de pescado.

En un instante, todos los ojos se posaron en Mei Chuanqi.

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¡FELICES LECTURAS!

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