Sheng Shaoyou se quitó la chaqueta del traje y cubrió con ella el rostro del Omega. Con el semblante sombrío, se abrió paso entre la multitud de curiosos.
A sus espaldas, se oían los cuchicheos.
—¿Cómo se le ocurre andar por ahí en pleno celo? Qué poco se quiere este Omega.
—Ya ves.
—A mí no me parece un celo normal. Arriba el olor a feromonas de Alfas y Omegas era muy intenso. ¿No será que tiene una constitución débil y le han provocado el celo a la fuerza?
Sheng Shaoyou sintió una punzada de dolor en el corazón, pero hizo oídos sordos y siguió caminando con Hua Yong en brazos.
Un Alfa descarado, atraído por el aroma a orquídea, se le plantó delante con aire lascivo. —Oye, colega, ¿compartes un poco?
Ese idiota se había topado con Sheng Shaoyou en el peor momento.
—Largo —dijo. El aroma a naranja amarga y ron de sus feromonas se disparó, y la presión fue tan inmensa que el sinvergüenza de clase B cayó al suelo, fulminado y con los ojos en blanco.
Las discusiones a su espalda cesaron de inmediato.
Todos, mudos de miedo, observaron cómo el Alfa furioso, abrazando con fuerza a su Omega, se marchaba sin mirar atrás.
La entrada era una calle estrecha de un solo sentido donde solo se podía parar veinte segundos. El chófer, dando vueltas, le suplicaba por teléfono a su jefe, que estaba hecho una furia, que esperara dos minutos más.
Sheng Shaoyou no podía esperar ni un segundo. No llevaba parches de aislamiento y solo podía confiar en sus feromonas de clase S para mantener a raya a los Alfas que no dejaban de lanzarle miradas.
Pero esas miradas, curiosas y cargadas de interés, ya eran suficientemente nauseabundas.
Li Baiqiao debía de haber nacido en un día de muy mala suerte.
El coche no llegaba y, justo cuando Sheng Shaoyou pensaba en llamar al chófer para meterle prisa, levantó la vista y vio a Shen Wenlang.
Ese Alfa, al que deberían atropellar nada más salir a la calle, se acercaba lentamente hacia ellos, seguido por su secretario Beta, Gao Tu. Salían de una de las salas privadas del primer piso. Al ver a Sheng Shaoyou, Shen Wenlang no pareció muy sorprendido. Se detuvo a unos metros, con las manos en los bolsillos, y observó con interés al Omega que llevaba en brazos.
—¿Es Hua Yong? —dijo Shen Wenlang, con una sonrisa cargada de intención—. ¿Qué le pasa? ¿Está en celo?
Si no fuera porque tenía a Hua Yong en brazos, Sheng Shaoyou lo habría estrangulado en ese mismo instante.
Pero en ese momento, lo único que quería era llevarse a su Omega a casa. Así que, para evitar problemas, giró la cabeza, como si no hubiera visto la mierda de perro que acababa de pisar.
Sin embargo, Shen Wenlang no tenía intención de dejarlo en paz. Incluso se acercó, olfateó el aire y sonrió. —Qué bien huele.
Un intenso aroma a incienso y lirio brotó de la glándula de su nuca. Eran las feromonas de un Alfa de clase S, pero en ese momento, más que opresivas, eran seductoras.
—¡Shen Wenlang! —dijo Sheng Shaoyou entre dientes—. ¡Guárdate tu peste!
—¿Mi incienso y mi lirio, peste? En cambio tú, con ese olor a “Rama Ebria”, pareces un ambientador de baño con patas.
Calma, tienes que calmarte. Si vas a matarlo, que sea en un lugar sin cámaras.
Sheng Shaoyou, conteniendo su ira, le lanzó una pulla venenosa: —Hace ya varios años que el recién nacido Grupo HS usó sin permiso el aroma de mis feromonas para desarrollar una línea de productos. Shen Wenlang, hace tiempo que oí que odias a los Omegas, pero por Hua Yong, te has enfrentado a mí una y otra vez. Al principio pensé que te habías encaprichado de mi Omega, pero ahora que lo pienso, la persona de la que estás enamorado en secreto, no seré yo, ¿verdad?
El rostro de Shen Wenlang cambió, como si se hubiera tragado una mierda. —La paranoia, si se trata a tiempo, tiene cura. Pero… —sonrió levemente—, ya que nos hemos encontrado, tengo unas palabras sinceras que me gustaría decirle al señor Sheng.
—Ahórrate la declaración —dijo Sheng Shaoyou, impermeable a sus provocaciones, mientras maldecía por dentro al chófer por su tardanza.
—No es una declaración —dijo Shen Wenlang con una sonrisa burlona—. Hua Yong ya de por sí tiene una salud delicada. El médico dice que ha sufrido un daño profundo y que tardará en recuperarse. Con oler demasiadas feromonas de Alfas le puede entrar el celo. Un Omega así a tu lado no te va a dar más que problemas. ¿Por qué no me lo cedes a mí?
—Los altos ejecutivos de X Holdings quedaron muy satisfechos con Hua Yong. Si estás dispuesto a devolvérmelo, estoy dispuesto a compartir la tecnología de aplicación de la tijera genética con Shengfang.
Sheng Shaoyou se quedó helado. Hua Yong, en sus brazos, también se puso rígido.
No se esperaba que el Omega que tenía en brazos fuera tan valioso, más que los treinta y cinco mil millones en efectivo que le había ofrecido a Shen Wenlang.
Pero… ¿qué significaba “los altos ejecutivos de X Holdings quedaron muy satisfechos con Hua Yong”?
Al pensar en el significado oculto de esa frase, Sheng Shaoyou casi se rompe las muelas de tanto apretar.
Tras un instante de rigidez, Hua Yong comenzó a temblar convulsivamente, como una hoja. Hundió el rostro en la chaqueta de Sheng Shaoyou, y sus jadeos de pánico se filtraron a través de la fina tela.
Sheng Shaoyou lo abrazó con más fuerza, en un gesto protector. Conteniendo la rabia, le dedicó una sonrisa gélida a Shen Wenlang. —¿Esa tecnología es lo único que vale algo en su empresa, no? Dicen que hasta los héroes caen rendidos ante la belleza. Por una belleza, el señor Shen está dispuesto a renunciar a su reino. ¡Qué gran gobernante¹!
—Lo mismo digo.
Mierda.
Una limusina negra y alargada se detuvo lentamente. El chófer, sudando a mares, se bajó y le abrió la puerta a su jefe.
Shen Wenlang se acercó. —Señor Sheng, mi oferta es sincera. No se precipite en rechazarla. Piénselo bien en casa, esperaré su llamada.
Sheng Shaoyou bajó la ventanilla y le sonrió. —Mejor espera a la muerte, quizás llegue antes.
La ventanilla subió lentamente, y la limusina se alejó entre el tráfico.
Shen Wenlang, que se había ofrecido como herramienta para su juego amoroso y encima se había tragado el humo del tubo de escape, chasqueó la lengua y soltó una maldición. Se giró y, al ver a Gao Tu con peor cara que él, se puso de peor humor. Le espetó: —¿A qué esperas? ¡Dile al chófer que traiga el coche!
…
No podía acostarse con él, ni llevarlo a eventos sociales concurridos. Un Omega así, para Sheng Shaoyou, parecía no tener ninguna utilidad.
Pero por alguna razón, cuando se trataba de Hua Yong, no podía renunciar a él.
Ni siquiera aunque Shen Wenlang estuviera dispuesto a cambiarlo por la tecnología que el Grupo Shengfang más necesitaba.
Sheng Shaoyou abrazó al Omega, que sufría por el celo, y liberó feromonas tranquilizadoras durante toda la noche.
Al día siguiente, Hua Yong volvió a la normalidad, pero se volvió aún más callado de lo habitual.
Sheng Shaoyou tenía mucho trabajo y no podía quedarse en casa con él. Antes de salir, lo llevó hasta la entrada y, besándole la frente, le dijo: —Pórtate bien y descansa en casa. Espera a que vuelva.
Hua Yong asintió, con una expresión de querer decir algo.
—¿Qué quieres decir? —le preguntó Sheng Shaoyou de buen humor.
—La tijera genética…
—Eso no es asunto tuyo —dijo el Alfa, su tono se volvió más frío al mencionar el tema.
Hua Yong se fijó en su mirada esquiva y dedujo que la oferta no le había sido indiferente.
…
Después de la reunión de la mañana, el equipo de inversiones le presentó a Sheng Shaoyou los diecisiete proyectos adjudicados ese trimestre. Ni por el flujo de caja neto acumulado, ni por el valor actual neto, ni por la tasa interna de retorno, ninguno de los proyectos que Sheng Shaoyou se había empeñado en arrebatarle a HS estaba entre los primeros.
Aunque en apariencia esos proyectos habían mejorado enormemente las ventas de Shengfang y la rotación de activos fijos de la empresa, en general, esos grandes proyectos de bajo beneficio y alta inversión inicial habían mermado la eficiencia operativa de la empresa.
Si a eso se le sumaba que el proyecto de investigación que había impulsado conllevaba una enorme inversión sin resultados a corto plazo, el ya de por sí mediocre informe financiero de Shengfang Bio empeoró aún más.
Mirando todos los documentos sobre la mesa, Sheng Shaoyou admitió que algunas de sus decisiones habían sido un poco impulsivas, pero no se arrepentía en absoluto.
Estaba acostumbrado a ser un elegido del destino², y confiaba en su capacidad para cambiar el rumbo de la situación y calmar los ánimos.
Desde pequeño, la capacidad, el talento, la astucia, la apariencia y el estatus familiar de Sheng Shaoyou habían sido de primera categoría. Su confianza no era infundada. Además, desde una perspectiva global, arrebatarle algunos proyectos a HS no era del todo malo.
Sheng Shaoyou creía que esos proyectos “robados” ayudarían a demostrar a X Holdings la superioridad de Shengfang sobre HS en el ámbito de las ventas, aumentando así las posibilidades de una colaboración profunda.
Y tenía razón.
Justo cuando los medios financieros y los analistas cuestionaban la capacidad operativa del Grupo Shengfang, Sheng Shaoyou recibió, a título personal como presidente, una invitación a un salón privado del propio dirigente de X Holdings. La noticia de que los dos líderes empresariales iban a tener su primer encuentro se extendió como la pólvora por el sector, causando un gran revuelo.
El salón tendría lugar poco después del Foro Mundial de Biotecnología, una reunión a pequeña escala.
¡¿El misterioso jefe de X Holdings, que nunca se había dejado ver en público, iba a reunirse personalmente con Sheng Shaoyou!?
Los curiosos se preguntaban: ¿significa esto que la colaboración entre X Holdings y Shengfang Bio está asegurada? Y, ¡¿qué aspecto tiene el misterioso joven amo de X Holdings!??
Varios amigos llamaron a Sheng Shaoyou para preguntarle, de forma más o menos directa, cómo era el jefe de X Holdings.
Daban por sentado que ya había contactado con él y se habían visto. Si no, ¿por qué un personaje tan misterioso lo invitaría a una reunión privada y afirmaría que lo recibiría personalmente?
Pero, en realidad, el propio Sheng Shaoyou estaba desconcertado. No tenía ni idea de qué aspecto tenía. Cuando recibió la invitación, se sorprendió tanto como los demás.
…
Cuando se enteró de la noticia, Sheng Shaoyou estaba enfermo.
Era un Alfa de clase S, con una condición física excelente; de pequeño, rara vez se resfriaba. Probablemente, por haber liberado una cantidad excesiva de feromonas tranquilizadoras aquella noche, lo que supuso una enorme carga para su glándula, sumado al exceso de trabajo y la falta de descanso.
Ese día, después de una jornada completa de reuniones, en una cena de negocios que se alargó hasta la madrugada, al volver a casa, mientras se cambiaba los zapatos en la entrada, sintió un mareo repentino y tuvo que apoyarse en un mueble para no caer.
Pensó que quizás había bebido demasiado.
El invitado de honor de esa noche era un funcionario del Ministerio de Comercio del País P, que, según los rumores, tenía una buena relación con el dirigente de X Holdings. Chang Yu también estaba allí.
Sheng Shaoyou, que ya había ofendido a Chang Yu una vez, se sintió un poco incómodo. Para mostrar su buena fe, apenas rechazó una copa y bebió mucho.
Era evidente que no era apropiado llevar a Hua Yong a un evento así. Al principio pensó en buscar a cualquier Omega de compañía. Justo entonces, Shuxin le envió un mensaje y, pensando que al menos ella sabía cómo cuidar de los clientes, le pidió que lo acompañara.
Chang Yu debía de tenerle manía, porque no paró de brindar con él toda la noche. Al final, Sheng Shaoyou estaba muy borracho. La Omega de aroma floral tuvo que ayudarlo a subir al coche.
Al cerrar la puerta, Shuxin se abrazó a él para pedirle un beso.
Pensando en la “manía” de la orquídea que tenía en casa, Sheng Shaoyou frunció el ceño, la esquivó y le dijo con frialdad que se sentara delante. Chen Pinming lo vio por el retrovisor, no se atrevió a preguntar nada y llevó primero a Sheng Shaoyou a casa antes de dar un rodeo para dejar a Shuxin.
Sheng Shaoyou se apoyó en la pared de la entrada para mantenerse en pie. Estaba mareado, con escalofríos y fiebre. En la penumbra, vio un par de piernas largas y rectas plantarse frente a él.
Levantó la vista y, efectivamente, era Hua Yong.
A contraluz, no podía verle bien la cara, solo oler un aroma a orquídea fresca que se acercaba.
—¿Por qué no estás durmiendo? —preguntó Sheng Shaoyou con voz ronca.
—El señor Sheng está borracho —dijo Hua Yong. Su voz seguía siendo suave, pero quizás porque Sheng Shaoyou estaba ebrio, le sonó especialmente tranquila y grave—. Lo ayudo a subir a la habitación. —Sheng Shaoyou, sin fuerzas, se apoyó en el joven, que no era más bajo que él, y a duras penas llegó al dormitorio.
Hua Yong lo ayudó a tumbarse en la cama y, con sus dedos largos y delgados, empezó a desabrocharle la camisa. Sheng Shaoyou levantó sus pesados párpados y vio al hermoso joven inclinado sobre él, mirándolo desde arriba, con un rostro frío e indiferente reflejado en sus ojos desenfocados.
—Señor Sheng, apesta.
Sheng Shaoyou sabía que olía a otra Omega. Su intención era ducharse en el baño de invitados del primer piso antes de subir, pero en cuanto llegó a la puerta y olió el aroma a orquídea, sintió que el mundo daba vueltas.
Ser calificado como “apestoso” por su amada orquídea hirió el orgullo del Alfa de primera, pero no tenía fuerzas para replicar. Por alguna razón, el aroma a orquídea de hoy, aunque no era intenso, lo envolvía como una red ineludible. Sheng Shaoyou se sentía mareado, y la glándula de su nuca ardía, entumecida. Sus manos y pies estaban tan débiles que no tenía ni una pizca de fuerza.
Como un Omega en celo, estaba inmovilizado en la cama, incapaz de moverse, solo podía soltar jadeos roncos y entrecortados.