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Las noticias sobre el repentino cambio de actitud de Fu Wutian aún no habían llegado a los oídos de An Ziran.
Aunque a An Yuzhi no le importaba si ella era la esposa principal o una concubina, An Ziran no quería comprometerse tan fácilmente. Ciertamente, el acuerdo entre el viejo maestro An y Fu lao Wangye, no era hacer de An Yuzhi una concubina de Fu Wutian.
An Ziran nunca había tenido contacto con el Viejo Maestro, pero él sabía que todos los eruditos tienen cierta obstinación y orgullo para ellos. Por ejemplo, el viejo maestro tuvo la oportunidad de convertirse en un funcionario de bajo rango en la capital, pero abandonó esa oportunidad y regresó al condado An Yuan. Una persona así no podría haber aceptado un contrato de matrimonio que solo le permitiría a su nieta la posición de concubina. Por lo tanto, An Ziran se preguntaba si había alguna manera de obligar a Fu Wutian tomar a An Yuzhi como su Wangfei. Después de mucha deliberación, todavía volvió a la idea original, que era abordar la situación a partir de Fu lao Wangye.
Antes de que pudiera llegar a un plan concreto, el palacio Fu envió a un sirviente.
—An gong zi, Wangye, me envió para darte esta tarjeta de invitación. Quiere que vayas al palacio Fu en dos días después para hablar sobre el matrimonio entre las dos familias.— Ge Qian’an recuperó la tarjeta de invitación de entre los pliegues de su ropa y se la entregó a An Ziran.
An Ziran recibió la tarjeta de invitación y luego la abrió para echar un vistazo. La tarjeta fue firmada por Fu Wutian. Su actitud lo dejó un poco desconcertado. Justo ayer, Fu Wutian todavía no estaba dispuesto, creando dificultades a propósito para An Ziran. Pero hoy tomó la iniciativa, ¿cuál fue el propósito? A pesar de sus dudas, An Ziran no reveló nada en la superficie. Guardó la tarjeta de invitación.
—Gracias por las molestias.
Ge Qian’an no sabía si estaba contento o no. Dudó, pero no se atrevió a hablar. Esta era la oportunidad perfecta para poner a prueba a An Ziran. Si realmente aceptaba casar a su hermana pequeña con Wangye como concubina, entonces no era más que un mediocre.
Vender a una hija (o hermana) a traves del matrimonio para buscar fama, este tipo de situaciones, el ha visto muchas. Había pocas excepciones. Ya que An Ziran fue capaz de atraer la atención del Wangye, entonces veamos si era ese tipo de persona.
Ge Qian’an no se quedó mucho tiempo, después de entregar la invitación pronto se marchó.
An Ziran le acompañó personalmente hasta la puerta. Cuando regresó a la sala principal, vio que An Yuzhi estaba ahí de pie. Se preguntó cómo había recibido la noticia tan rápido. Por un segundo, hubo un destello de consternación en sus ojos.
—Hermano, quiero salir a dar una vuelta. ¿Puedo?— An Yuzhi le dirigió una mirada expectante.
Después de oírla decir esto, se dio cuenta de que había entendido mal. Pero sabía que An Yuzhi nunca salía de casa a más de dos pasos. Esta vez, ella tomaba la iniciativa. No pudo evitar preguntar: —¿Salir para hacer qué?
La cara de An Yuzhi enrojeció. —Quiero salir a comprar algo.
—¿Comprar algo?— Preguntó An Ziran.
An Yuzhi dio un pisotón y pareció tímida. —Hermano, no preguntes.
An Ziran no esperaba que ella reaccionara de tal manera a su pregunta, así que detuvo su línea de interrogatorio. Él no seguía la llamada ideología feudal de que las mujeres no debían mostrar sus rostros fuera de casa, así que aceptó sin problemas.
An Yuzhi estaba encantada. No esperaba que su hermano la dejara salir con tanta facilidad. Le dio las gracias. Se llevó a dos criadas y salió del patio.
An Ziran no le dio mucha importancia a este asunto y se limitó a ir al estudio.
Su Zi ya había hecho que alguien enviara los libros de cuentas. No había muchos problemas, ya que había resuelto los asuntos con los granjeros. El Condado An Yuan era cada vez más pacífico. Aunque An Changde quisiera provocar algo para poner en peligro a la familia An, no tenía la oportunidad de hacerlo.
Para la gente común, mientras tuvieran suficiente comida, estaban satisfechos. Y había un precedente para la última hornada de campesinos alborotadores. La gente tenía ahora muy claro quién les proporcionaba el pan y la mantequilla. Ya no existía el problema de la gente que buscaba disturbios porque no tenía nada mejor que hacer. Todo lo que tenían que hacer era labrar sus campos con honradez y diligencia. El año que viene habrá un sesenta por ciento más de alimentos. Además de no tener que entregar impuestos al gobierno, recibirán el doble que en años anteriores.
Aunque el dinero que ganaban ahora no era mayor que el de los años anteriores, pero el peligro oculto había sido eliminado. Ahora puede estar tranquilo mientras planea el siguiente paso de desarrollo para la familia An. Su objetivo era algo más que ser un pequeño propietario, porque el estatus de los hombres de negocios en Da Ya era muy bajo.
Sin embargo…
Su mirada se posó en la invitación que estaba sobre el escritorio. Para sus planes futuros, el respaldo de Fu Wutian era esencial, por lo que era imperativo abordar primero la situación con Fu Wutian.
Sin darse cuenta, pronto el sol se estaba poniendo hacia el horizonte.
A instancias del Mayordomo Su, An Ziran apareció puntual en la mesa. Miró el asiento vacío de An Yuzhi. Pensando que aún no había regresado, preguntó por su paradero.
El mayordomo Su se apresuró a explicar: —Joven Maestro, la señorita ya ha regresado. Dijo que no se sentía bien y quería cenar en su habitación.
An Ziran arrugó suavemente sus cejas. —¿Has mandado llamar al médico para que la vea?
El mayordomo Su dijo: —El médico ya la ha examinado. Dijo que no había nada grave, sólo que su cuerpo está un poco débil. Escribió una receta e hice que la gente fuera a recoger la medicina.
An Ziran asintió y no preguntó más.
A la mañana siguiente, An Yuzhi no apareció en la mesa del comedor. An Ziran pensó que aún no se encontraba bien, así que ordenó a la cocina que le enviaran un tazón de sopa de arroz a su habitación. Mientras tanto, fue a ver cómo estaba. Vio que su tez estaba pálida. Cuando salió de la habitación, se giró bruscamente y fue a ver cómo estaba el pequeño bollito. Últimamente estaba cada vez más animado, pero era muy sensible y no lloraba mucho.
Pasaron rápidamente dos días, y llegó el momento de visitar el palacio Fu.
Temprano por la mañana, An Ziran hizo que Qiu Lan le recordara a An Yuzhi, porque la tarjeta de invitación la mencionaba. No le pareció que hubiera nada malo. También pensó que debían conocerse en persona. Sin embargo, cuando Qiu Lan regresó, le trajo noticias inesperadas.
—¿Dijiste que la señorita no quiere ir?— An Ziran se sorprendió. Pensó que An Yuzhi se alegraría de oír esta noticia, porque parecía gustarle Fu Wutian. Encontrarse al menos una vez antes del matrimonio era aún mejor que no saber nada de su perspectiva matrimonial.
Qiu Lan dijo: —La señorita dijo que se encontraba mal y no desea ir.
An Ziran frunció el ceño. —Bueno, ya que la señorita no quiere ir, te quedarás a cuidarla.
—Sí, Joven Maestro.
Después de eso, An Ziran llevó al Mayordomo Su con él al palacio Fu.