Capítulo 29

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Al día siguiente, la lluvia persistía, sin intención de cesar.

Cang Yue ya no miraba con anhelo hacia el exterior; en comparación con ir a la piscina, prefería quedarse con Yunhang en el dormitorio.

El período de apareamiento acababa de comenzar, y él sentía una necesidad urgente de consolidar el vínculo con su compañero.

La puerta del dormitorio permanecía cerrada, y el aroma húmedo del mar impregnaba cada rincón de la habitación, hasta las sábanas se habían visto contaminadas por él.

La visión de Yunhang se movía sin parar, sin poder comprender de dónde sacaba Cang Yue tanta energía.

Ambos acababan de despertar no hacía mucho.

Su cabeza era sostenida con cuidado por Cang Yue, quien temía que se golpeara contra el cabecero.

Yunhang descansaba un brazo sobre sus ojos, pasando de la resistencia a la resignación total, indiferente a lo que pudiera hacer.

“Hanghang ¿Qué pasa?” Cang Yue le apartó el brazo, sujetó su muñeca con su amplia palma y entrelazó sus dedos con los de él. “¿Por qué no me miras? ¿Ya no te gusto?”

Su expresión era de total agravio mezclada con tristeza y timidez.

Sin embargo, sus acciones transmitían una imagen completamente diferente.

Yunhang estaba tan enojado que quería patearlo, pero en su estado actual le resultaba completamente imposible.

Su mente estaba nublada, incapaz siquiera de hablar.

Y para colmo, Cang Yue no pensaba darle tregua “Hanghang, ¿por qué me ignoras?”

Se acercó aún más “Hueles cada vez más dulce… ¿Te lo he contagiado yo?”

Aunque no había transformado su cola de sirena, su excitación era palpable, hasta el punto de alternar en sus apodos.

Un momento era “Hanghang”, al siguiente “gege”. Lo que decidía llamarle dependía por completo de su humor caprichoso, sin un instante de paz.

“… Cállate”. Yunhang, con el rostro en llamas, perdió la última pizca de paciencia.

Ignoraba cuánto tiempo había transcurrido, hasta que los golpes de un sirviente en la puerta preguntando si bajarían a almorzar irrumpieron en su burbuja.

No habían bajado desde ayer, ni siquiera para desayunar, lo que tenía al tío Zhang preocupado. Sin embargo, no quiso incomodar personalmente a Yunhang.

La presencia de un extraño justo al otro lado de la puerta hizo que Yunhang se tensara de golpe, empujando con fuerza los hombros de Cang Yue “Hay… hay alguien…”

Cang Yue emitió un resoplido, sus pupilas habían vuelto rojas de nuevo, sin que Yunhang supiera cuándo.

“¿Joven maestro?” El sirviente insistió desde el pasillo.

“No tengo hambre”. La voz de Yunhang salió forzada, esforzándose por modularla para que no delatara nada, sin atreverse a decir más.

Como respuesta, un mordisco en su hombro le arrancó un siseo de dolor.

Cang Yue no aprobaba que hablara con extraños; los celos le invadieron con furia. Sus piernas se transformaron en cola de sirena, enroscándose alrededor de Yunhang con fuerza.

Durante este periodo especial, el instinto de posesión de las sirenas hacia su compañero alcanzaba niveles casi aberrantes. La irritabilidad de Cang Yue era palpable, y la atmósfera en la habitación se volvió opresiva.

¡PAMPAM!

Varias de las lámparas decorativas de la pared se hicieron añicos contra el suelo.

Al oír el estruendo, la preocupación del sirviente creció “¿Joven maestro, está todo bien?”

“Estoy bien. Solo se me cayó algo, no pasa nada”. La voz, aunque forzada, sonó lo más normal posible.

El sirviente, aún con dudas, se retiró finalmente.

Al escuchar los pasos alejarse, Yunhang dejó escapar el aire que contenía.

Pero ese suspiro de alivio se le atascó en el pecho, ahogado por una nueva sensación que le hizo exclamar sobresaltado “¡Cang Yue!”

Viendo la expresión de Cang Yue, Yunhang alargó una mano para acariciarle suavemente la aleta de la oreja, intentando calmarle “Vale, vale, ya no hablaré con ellos, no te pongas así…”

Pero fue inútil.

La caricia en la aleta solo excitó más a Cang Yue. El celo amplificaba sus emociones y su descontento se hizo aún más evidente.

Una inquietud profunda se había apoderado de Cang Yue, necesitando desesperadamente hacer algo más para aplacarla.

Hanghang era suyo. Nadie puede codiciarlo.

Yunhang se aferró con fuerza a un extremo de una almohada y lleno de rabia impotente, la mordió.

── .✦

Al tercer día, la lluvia cesó por fin y Yunhang no soportaba ya permanecer entre cuatro paredes.

Pensar que días como aquel se prolongarían durante una semana le hacía perder las ganas de dirigirle la palabra a Cang Yue, a quien había maldecido mentalmente mil veces.

Cang Yue le seguía paso a paso, como una sombra, feliz sin importar lo que Yunhang dijera.

Después de todo, Yunhang le había estado diciendo esas cosas en brazos durante los últimos dos días.

Él automáticamente catalogó ese comportamiento como una muestra de cariño.

Yunhang, ya vestido, bajó finalmente las escaleras. La villa estaba vacía, sin un alma en casa.

Había enviado a tío Zhang y a los sirvientes a la villa del Distrito B, con la excusa de querer cambiar por completo el estilo del mobiliario allí. El tío Zhang, sin dudarlo, partió con los sirvientes.

Había pensado en dejar un par de sirvientes para atenderlo, pero Yunhang lo rechazó.

Sentía un remordimiento leve, no debería engañar así al anciano.

Pero Cang Yue había estado demasiado inestable estos días; Yunhang temía sinceramente que ocurriera algún imprevisto y terminaran representando una escena inapropiada frente a extraños.

Tras un día entero sin comer, Yunhang abrió el refrigerador. Dentro había comida rápida preparada por los sirvientes, solo necesitaba calentarla.

Cang Yue lo siguió. Incluso si su compañero estaba comiendo, tenía que quedarse a su lado.

Terminada la comida, Yunhang no deseaba en absoluto volver al dormitorio. Se dirigió al sofá y se acomodó.

Cang Yue se sentó a su lado, y luego colocó a Yunhang sobre sus piernas, envolviéndolo en un abrazo. Sus labios rozaron la oreja de Yunhang “Gege…”

Yunhang nunca había sido abrazado así por Cang Yue. La mayoría de las veces, era Cang Yue quien se comportaba con ternura o mostraba su lado más vulnerable para que él lo abrazara y lo consolara con palabras dulces.

Ser mimado de esta manera era la primera vez.

Esa era la influencia del período de apareamiento.

La expresión de Yunhang se volvió cautelosa “Es la tarde… ¡no pienso hacerlo!”

Cang Yue lo miró. Sus pupilas habían recuperado su color negro, su larga cabellera caía suelta por su espalda, acentuando aún más su aire inocente y desvalido.

Yunhang apretó los dientes, decidido a mantener su corazón de piedra “No”.

Entonces fue besado. Cang Yue estaba fascinado por su aroma “Lo que Hanghang diga”.

Yunhang se relajó con pereza en sus brazos y lo miró “Me duele un poco la cintura…”

Cang Yue comenzó a masajearla para él.

Disfrutando del momento, Yunhang cerró los ojos y conversó distraídamente “¿Cómo era… la Ciudad del Desecho?”

Cang Yue presionó suavemente su vientre “¿Por qué preguntas eso?”

Yunhang sintió un cosquilleo y retrocedió instintivamente un poco.

“Quiero saber”.

Los dedos de Cang Yue lo siguieron, sin permitirle escapar.

¿Cómo era?

Un lugar lleno de desesperados vagabundos, un aire viciado de decadencia y no-humanos luchando por sobrevivir.

Una realidad despiadada y cruel. Para los no-humanos que no podían escapar, el único final era la muerte.

Él había tenido suerte. Yunhang lo había sacado de allí.

Cang Yue inclinó la cabeza y besó su frente “No era un buen lugar”.

No quería entrar en detalles y Yunhang no lo presionó.

Habiendo descansado lo suficiente, Yunhang alzó la vista, indicándole a Cang Yue que se acercara más.

La tarde era tranquila y perezosa. La puerta ventana corrediza estaba abierta de par en par, y al girar la cabeza se podía ver un rincón de la piscina.

A Yunhang le dio un vuelco el corazón. Acarició la aleta de la oreja de Cang Yue “Enséñame la cola”.

Los ojos de Cang Yue brillaron al instante.

Yunhang le sujetó la mano y añadió en un suave tono de coqueteo “En la piscina”.

Pronto llegaron ambos al borde de la piscina.

Cang Yue ya estaba muy familiarizado con el lugar. Su cola de sirena, de un color plateado-rosado, surgió, pero no se alejó nadando de inmediato. Se quedó sentado en el borde, permitiendo que Yunhang la acariciara a su antojo.

Aunque tenían contactos más íntimos a diario, Yunhang nunca se cansaba de estos mimos.

“Quiero verte nadar”, dijo entonces Yunhang.

Las aletas de las orejas de Cang Yue se movieron. Era simplemente incapaz de negarle nada.

Su cola se agitó, recorriendo la piscina de un extremo a otro un par de veces. Se sumergió hasta el fondo y sopló burbujas para divertir a Yunhang.

El corazón de Yunhang latía con fuerza. Dio una patada al agua, pero no logró asustar a Cang Yue.

Cang Yue nadó hacia él. Permaneció sumergido y al llegar frente a Yunhang, emergió dócilmente la cabeza.

Imitando lo ocurrido la vez anterior, Yunhang, intentó pisar casi por instinto.

Cang Yue atrapó su tobillo con facilidad y le dio un pequeño mordisco “Hanghang se porta mal”.

Yunhang intentó liberarse instintivamente, pero no pudo.

Se rindió, refunfuñando un par de veces, y ofreció su pie a Cang Yue como si fuera un juguete.

Recordó que la última vez también habían estado así, y al final no pudo resistirse y usó su otro pie para patearle suavemente la cara.

Yunhang creyó que Cang Yue seguiría el juego.

Pero había olvidado que ahora estaban en el período de apareamiento de una sirena.

Con un tirón firme, Cang Yue lo arrastró al agua, empapando su ropa por completo.

La profundidad de la piscina le restó toda sensación de seguridad a Yunhang, quien, asustado, se aferró con fuerza al cuello del otro “¿Qué haces?”

Luego se quejó “Acabo de ponerme ropa limpia…”

Cang Yue lo besó y comenzó a desabrocharle los botones: “Entonces te ayudo a cambiarla”.

Y luego, llevando a Yunhang consigo, se sumergió.

El agua pronto cubrió su cuello, su barbilla, sus labios.

El pánico se apoderó de Yunhang, que cerró los ojos y repitió su nombre sin cesar “Cang Yue, ¡Cang Yue!”

Al segundo siguiente, las aguas lo engulleron.

Pero la sensación de asfixia que esperaba nunca llegó. Su cuerpo sintió una esencia familiar envolviéndolo, aislando sus sentidos del agua que amenazaba con inundarlos.

Estaba bajo el agua, pero era como si aún estuviera en la orilla.

Yunhang abrió los ojos con cautela.

Podía ver todo con claridad en el agua, sin la irritación ni el escozor habituales en los ojos.

Cang Yue lo llevaba en brazos, nadando hacia el fondo de la piscina.

Yunhang extendió una mano, sintiendo el agua deslizarse entre sus dedos.

Era una experiencia extraordinaria.

Finalmente, Cang Yue se detuvo. Ante ellos estaba la cueva que Yunhang le había construido.

Las algas se mecían a ambos lados, los granos de arena y las pequeñas conchas bajo sus pies se veían nítidos.

Cang Yue lo había llevado a su “hogar”.

Era mucho más real poder sentirlo que verlo en un video.

“Hanghang”. Cang Yue no soltaba su abrazo “¿Quieres entrar a ver?”

La respuesta de Yunhang fue casi instantánea “Sí”.

Cang Yue lo llevó dentro de la concha gigante, pero era distinto a lo que Yunhang imaginaba.

Era espaciosa. Los dos podían tumbarse sobre el suave lecho y rodar libremente.

Y eso fue exactamente lo que hizo Yunhang, rodando de un lado a otro varias veces, incluso sintiendo el agua desplazarse con sus movimientos.

Su pie chocó contra algo. La luz dentro de la concha era tenue, y Yunhang tuvo que incorporarse y mirar fijamente unos segundos para distinguir los objetos.

Eran los pequeños objetos que Cang Yue le había tomado antes, llaveros de peluche o juguetes adorables, apilados allí con orden.

Confundido, preguntó “¿Para qué guardas estas cosas aquí?”

Cang Yue lo rodeó con sus brazos “Son para el bebé”.

Yunhang parpadeó. Le tomó varios segundos procesarlo, sintiendo un calor que le subía desde los pies hasta la cabeza “¡Yo… yo no puedo tener bebés!”

Oyó la risa suave de Cang Yue.

“Sí puedes, gege”.

“¡Que no puedo!”

Como respuesta, fue empujado hacia atrás.

Cang Yue se restregó contra su mejilla con devoción “Probemos, gege”.

En medio de todo, Yunhang sospechó que Cang Yue había usado su esencia inductora de nuevo. Solo que, estando bajo el agua, no podía percibirla con claridad.

La concha permanecía abierta. Al alzar la vista, podía incluso ver el cielo azul a través de la superficie del agua.

Aún era de día.

Estaban al aire libre.

Un dron de seguridad de patrulla pasó volando y se detuvo justo sobre la piscina.

Yunhang contuvo la respiración.

Tras unos segundos, al determinar que todo estaba en orden, los drones se alejaron en grupo.

Yunhang no pudo evitar llorar nuevamente, esta vez de angustia.

“Quiero volver, Cang Yue”.

Pero el tritón ya no lo escuchaba.

En las profundidades, había regresado a su estado más primitivo.

Cang Yue acariciaba de vez en cuando el vientre de Yunhang, con el ceño fruncido, como si estuviera profundamente confundido de por qué aún no había un bebé allí.

Yunhang estaba extremadamente avergonzado. Quería hablar, pero le era imposible articular palabras.

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