Sheng Shaoyou tenía una laguna mental sobre lo que pasó después.
Cuando se despertó al día siguiente, tenía el pelo alborotado, pero el cuerpo limpio y fresco. Se había duchado la noche anterior, pero no lo recordaba. Le dolían las ingles, y la sien le punzaba como si se la hubieran abierto con un objeto romo y se la hubieran vuelto a coser.
Sheng Shaoyou se apoyó en la cama para intentar incorporarse, pero todo se volvió negro y casi volvió a caer.
Hua Yong entró con un vaso de agua tibia. A diferencia de la imagen fría que Sheng Shaoyou recordaba de la noche anterior, ahora volvía a ser tierno y bueno, mirándolo con la dulzura de un cervatillo.
—El señor Sheng bebió mucho anoche —dijo el dócil joven con preocupación—. Le preparé una sopa para la resaca, pero no quiso beberla.
Sheng Shaoyou se recostó a duras penas contra la almohada, medio sentado, pero su cuerpo no dejaba de deslizarse. Al verlo, Hua Yong se apresuró a sujetarlo. Su muñeca era tan fina y blanca que Sheng Shaoyou podía rodearla con una sola mano.
—La próxima vez que beba, no te molestes, déjame dormir solo —dijo el Alfa, acariciándole la cara con ternura y agotamiento—. No quiero que mi Yong¹ se canse demasiado.
Hua Yong se frotó contra su mano con dependencia y asintió suavemente.
Al verlo tan dócil, a Sheng Shaoyou hasta le dolió menos la cabeza.
Se quedó tumbado un rato más y, después de desayunar, se fue a la empresa.
…
La reunión de la mañana apenas había comenzado cuando el dolor de cabeza de Sheng Shaoyou se intensificó, y la sensación de mareo empeoró.
Un potente aroma a feromonas comenzó a llenar la sala.
El director de un departamento, un Alfa de clase B, que estaba presentando un informe, de repente se tambaleó hacia adelante y derribó el micrófono de pie con un estruendo.
Aparte de los Betas, los demás colegas Alfas y Omegas también se dieron cuenta de que algo iba mal. Los que aún podían moverse, se levantaron y huyeron de la oficina.
Incluso Chen Pinming, sentado en la fila de atrás, podía oler el intenso aroma a ron y naranja amarga que emanaba de él.
La concentración de feromonas de clase S era tan alta que hasta se percibía la nota de fondo amaderada. Ya no solo los Alfas y Omegas, sino también los Betas se sentían oprimidos y sin aliento.
Una reunión matutina rutinaria se había convertido en una película de desastres.
El caos no terminó hasta que Chen Pinming encontró un parche supresor y lo colocó en la glándula de la nuca de Sheng Shaoyou, de donde no paraban de brotar las potentes feromonas.
En esas condiciones, era evidente que Sheng Shaoyou no podía seguir trabajando.
Fue trasladado de urgencia al hospital Heci. El diagnóstico fue: Trastorno de Feromonas, etapa intermedia.
Sheng Shaoyou se quedó mirando el informe, aturdido.
El médico tenía una expresión grave. —Es usted muy joven, y además de clase S. En teoría, es muy poco probable que desarrolle esta enfermedad. Quizás se deba a un estrés prolongado y a un estilo de vida irregular. De momento, le recetaré algunos supresores orales para evitar que, en situaciones extremas, no pueda controlar la liberación de feromonas y dañe a inocentes. El resto, tendremos que esperar a que lo ingresen para hacerle un chequeo completo y poder tratarlo adecuadamente.
—¿Ingresado? —se extrañó Sheng Shaoyou. No se lo esperaba. Rara vez se enfermaba, y cuando lo hacía, no era tan grave como para requerir hospitalización.
En ese momento, la empresa pasaba por su fase más ajetreada. Como pilar fundamental, era imposible que se quedara ingresado.
—¿No puedo simplemente tomar la medicación?
El médico, asombrado por su ligereza, le dijo con seriedad: —La medicina moderna no está tan avanzada como se cree. Las enfermedades que podemos diagnosticar y curar son, en realidad, muy pocas. El trastorno de feromonas es una enfermedad grave del sistema endocrino, y su causa aún no está del todo clara.
—Clínicamente, consideramos que el abuso de supresores, el agotamiento excesivo y el estrés mental prolongado son factores desencadenantes. ¡En casos extremos, el trastorno de feromonas puede ser mortal! Señor Sheng, en su primer diagnóstico ya está en una etapa intermedia, la situación no es optimista. No creo que cumpla los criterios para un tratamiento ambulatorio.
Así, Sheng Shaoyou se vio obligado a quedarse ingresado.
Pero el médico tenía razón. El trastorno de Sheng Shaoyou era muy grave. Al principio, ni siquiera mejoró con la hospitalización en una habitación con aislamiento de feromonas.
Poco a poco, empezó a tener fiebre baja, mareos y debilidad, además de otros problemas físicos, y a menudo se enfrentaba a la pérdida de control de sus feromonas.
Y lo que era peor, su “pequeño Sheng Shaoyou” parecía estar de capa caída. Cada mañana se despertaba mustio, sin saludarlo como de costumbre.
Para Sheng Shaoyou, un Alfa de clase S en la cima de la evolución humana, fue como si le hubiera caído un rayo. No podía aceptarlo, temía pasar a la inmortalidad² para siempre.
Y las fugas esporádicas de feromonas de clase S ponían en alerta máxima incluso a Betas como Chen Pinming. Durante un tiempo, ningún Alfa u Omega se atrevió a acercársele. Todo su personal fue reemplazado por Betas.
Pero incluso así, los Betas se enfrentaban a la repentina supresión de feromonas de un Alfa de clase S como si se enfrentaran a un gran enemigo.
Solo Hua Yong insistía en visitarlo a diario. Pero era tan frágil que Sheng Shaoyou, incluso con el parche puesto, temía hacerle daño.
—No tengo miedo —dijo Hua Yong—. El señor Sheng no puede hacerme daño.
Sheng Shaoyou, aunque enfermo y con el rostro cansado, no pudo evitar sonreír. —¿Cómo que no? —Le cogió la muñeca y la apretó suavemente—. Una orquídea como tú, podría romper diez con una sola mano.
El rostro de Hua Yong se ensombreció. Apretó los labios y, tras un largo silencio, preguntó: —¿No es suficiente con una?
Sheng Shaoyou bromeó con él deliberadamente: —A la hora de cortar flores, cuantas más, mejor.
Hua Yong no se enfadó. Levantó la vista y lo miró con calma. —Entendido.
Sheng Shaoyou quiso preguntarle qué había entendido, pero el médico entró y los interrumpió.
—Los indicadores de hoy han mejorado. Si la concentración de feromonas libres en sangre se mantiene estable, en una semana podrá recibir el alta.
Sheng Shaoyou se alegró enormemente. Se había dado cuenta de que, siempre que Hua Yong estaba a su lado, sus dolores de cabeza y su fiebre disminuían.
¡Esta orquídea era un verdadero tesoro, hasta tenía efecto placebo!
¡Y pensar que Shen Wenlang quería cambiarla por esa estúpida tecnología! ¡Que siga soñando!
…
A la tarde siguiente, mientras Sheng Shaoyou y Hua Yong discutían si debían plantar más hortensias en el jardín, Chen Pinming entró con una expresión radiante. Le informó de que habían recibido una invitación del mismísimo dirigente de X Holdings, para que asistiera a un salón privado después del foro.
El foro estaba a la vuelta de la esquina, ese mismo viernes.
Sheng Shaoyou, todavía ingresado, dudaba si debía enviar al vicepresidente en su lugar. Pero un salón privado no era lo mismo que un foro público. Era una oportunidad única, de esas que no se presentan dos veces. Una oportunidad tan grande que, no solo él, sino hasta su padre, postrado en una cama y mantenido con vida por máquinas, probablemente “se incorporaría de un salto en su lecho de muerte³”.
Ante una oportunidad así, mientras le quedara un aliento de vida, iría en persona.
…
Viernes, País P.
El foro se desarrolló sin problemas. Sheng Shaoyou había tomado supresores orales y se había puesto un parche. Aunque se sintió un poco cansado, al menos no perdió el control de sus feromonas ni montó ningún numerito.
La hora de entrada al salón privado del jefe de X Holdings era entre las tres y las tres y media de la tarde.
Sheng Shaoyou echó una siesta en su coche y luego tuvo una breve reunión con su equipo de asesores.
Según le informaron, cada representante de empresa invitada tendría veinte minutos para presentar las ventajas de su compañía y su propuesta de colaboración directamente al misterioso líder de X Holdings.
Veinte minutos no era mucho tiempo, pero tampoco poco. Sheng Shaoyou y sus asesores repasaron cuidadosamente los puntos clave que debía destacar.
Miró su reloj y vio que aún le quedaban quince minutos. Se los dedicó a Hua Yong.
El teléfono sonó varias veces antes de que contestara.
—¿Señor Sheng? —Su voz sonaba insegura—. ¿Ya ha terminado?
—Sí, acabo de tener un momento libre. ¿Qué haces?
—Viendo la tele.
Sheng Shaoyou se lo imaginó, abrazado a un cojín, sentado formalmente en el sofá, mirando fijamente la televisión, y no pudo evitar sonreír. —¿Y qué has visto?
—A usted —dijo Hua Yong. Su voz se suavizó un poco, como si estuviera avergonzado, pero aun así continuó en voz baja: —El foro de hoy se retransmitía en directo, lo he puesto en la pantalla grande. El señor Sheng está muy guapo, pero es más guapo en persona.
A nadie le amarga un dulce⁴. Sheng Shaoyou se sintió eufórico y se arrepintió de no haber llevado a la orquídea con él.
—Señor Sheng, ¿todo va bien por allí?
—Sí —dijo Sheng Shaoyou, recostado y con los ojos cerrados, sosteniendo el teléfono en voz baja—. Debería haberte traído. Podríamos habernos quedado un par de días más. ¿Has estado aquí antes?
—No —dijo Hua Yong—. Nunca he salido del país.
Al pensar en su condición de huérfano y en su hermana enferma, Sheng Shaoyou sintió una punzada de amargura. Se masajeó las sienes y dijo: —Cuando te recuperes, te llevaré de viaje. Y en el futuro, siempre te llevaré conmigo, ¿vale?
Hua Yong no pareció especialmente emocionado. Le dio las gracias con una cortesía impecable: —Gracias, señor Sheng.
Su tono suave ablandó aún más el corazón de Sheng Shaoyou. Lo engatusó un par de frases más, colgó y, viendo que ya era la hora, salió del coche y se dirigió al lugar del evento.
…
En el País P, X Holdings movía todos los hilos, y el despliegue de su líder era, naturalmente, asombroso.
Sheng Shaoyou ya había oído hablar del capitalismo rampante de ese país, y sabía que X Holdings era la única potencia allí, con una influencia sin precedentes.
Pero al ver la fila de coches de policía y a la policía real con armas de fuego en la entrada, no pudo evitar sorprenderse.
Un despliegue así no lo recibía ni el presidente del país vecino.
¿Qué es el escurridizo jefe de X Holdings? ¿Un emperador?
Sin embargo, cuando estás en casa ajena, tienes que agachar la cabeza. Incluso un tipo duro como Sheng Shaoyou, en territorio ajeno, tenía que mostrar algo de respeto.
Chang Yu lo recibió en la puerta y le tendió la mano. —¿Señor Sheng, cómo ha estado?
—Bien, gracias al secretario Chang —dijo Sheng Shaoyou con una sonrisa, estrechándole la mano. Su mirada recorrió los coches y los agentes de policía, y elogió con falsedad: —Qué gran despliegue el de su jefe.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que la persona que dirigía el operativo era nada menos que el director general de la policía del País P, ¡y que el rango más bajo de los oficiales de la primera fila era el de teniente coronel!
Bueno, ¡retiraba lo dicho!
¡Ni el presidente del país vecino recibiría un despliegue tan grandioso!
¡Ese bicho raro y feo que se escondía de X Holdings era un verdadero emperador! Si un día se enfadaba y daba una patada en el suelo, podría hacer temblar al país entero.