Durante varios días, todo el equipo de secretarios del presidente de Shengfang Bio anduvo de puntillas. Temían que cualquier descuido los convirtiera en el chivo expiatorio del joven y nuevo presidente, cuyo humor era pésimo.
El equipo de investigación y desarrollo de la tecnología de aplicación de la tijera genética ya había perdido la cuenta de las veces que Sheng Shaoyou los había reprendido en esos días.
El jefe del laboratorio, un hombre ya mayor, parecía haber envejecido varios años en cuestión de días por la preocupación. Sabía que Sheng Shaoyou estaba ansioso; él también lo estaba.
La investigación científica era una tarea ardua que consumía miles de millones cada año. Una inversión sin fondo con resultados inciertos era suficiente para poner nervioso a cualquiera.
Aunque todavía quedaban cinco años para que expirara la patente de la tijera genética, la urgencia de Sheng Shaoyou no era para nada una preocupación infundada.
En los informes financieros de Shengfang Bio, más del 40% de los beneficios anuales provenían de la tijera genética y sus derivados. Si no lograban un avance tecnológico, una vez que la patente original expirara, sería muy difícil para Shengfang Bio, como empresa que cotizaba en bolsa, mantener sus ingresos y dar explicaciones a los inversores.
Por lo tanto, la responsabilidad del equipo de laboratorio era inmensa y el camino, largo y difícil.
Desde que Shen Wenlang lo rechazó, Sheng Shaoyou había emitido una orden tajante en la empresa: Shengfang Bio debía superar el obstáculo de la aplicación de la tijera genética en el menor tiempo posible.
Sheng Shaoyou predicaba con el ejemplo, llegando temprano y yéndose tarde cada día. Con el jefe trabajando tan duro, los subordinados no se atrevían a holgazanear. Todos los departamentos de la empresa parecían funcionar con adrenalina, y cada empleado se esforzaba al máximo para cumplir la orden.
Pero hay cosas que no se consiguen solo con esfuerzo.
Esa noche, Sheng Shaoyou, que se había quedado trabajando hasta tarde, frunció el ceño mientras leía el preocupante informe de progreso de la investigación.
Justo en ese momento, su amigo Li Baiqiao tuvo la brillante idea de llamarlo para que se reunieran en el Royal Tiandi Hui, uno de los lugares más exclusivos y caros de Jianghu.
—No voy —dijo Sheng Shaoyou, sin el más mínimo humor para socializar.
—¿Que no vienes? Luego no digas que tu hermano no te avisó… —le dijo Li Baiqiao con aire misterioso— corre el rumor de que el joven jefe de X Holdings podría aparecer por allí esta noche. Y si no recuerdo mal, ¿no estabas tú intentando por todos los medios contactar con ellos?
X Holdings, anteriormente conocida como Beichao Holdings, tenía su sede en el País P. A finales del siglo pasado, Beichao, que había hecho su fortuna con el tráfico de armas y el contrabando, se transformó en una empresa de ciencias de la vida de renombre mundial. No solo había logrado grandes avances en los campos de la medicina y la agricultura, sino que también monopolizaba la tecnología de producción de supresores de feromonas a nivel mundial.
Su filial de inversiones, de la que era propietaria al 100%, tenía un campo de acción muy amplio, abarcando desde industrias tradicionales como la hotelera y la inmobiliaria hasta inversiones tempranas en plataformas de streaming.
Hace dos años, Beichao Holdings experimentó una reestructuración interna. El que mandaba ahora era el hijo ilegítimo del anterior líder.
Los rumores decían que este nuevo jefe era muy joven y que fue él quien transformó Beichao Holdings en el supergigante con sucursales en todo el mundo que era hoy.
Pero tenía un carácter excéntrico y era extremadamente discreto. Nadie, excepto su círculo más cercano, sabía qué aspecto tenía. Tan pronto como se consolidó en el poder, lo primero que hizo fue cambiar el nombre de la empresa a una inexplicable “X”.
Ahora, bajo su liderazgo, X Holdings dominaba el campo de las ciencias de la vida a nivel mundial. Sus inversiones generaban ingresos constantes y hasta su lucrativo negocio de armas prosperaba, convirtiéndolo en una figura imparable.
El País P, sede de X Holdings, era una nación donde el capital lo era todo. Las relaciones entre el gobierno y las empresas eran fluidas, con una cooperación estrecha y frecuentes intercambios de favores. Allí, la familia X era, sin lugar a dudas, tan rica como una nación y capaz de mover los hilos a su antojo.
Los amigos del círculo social, siempre adulando al poderoso y despreciando al débil, le lanzaban flores al nuevo líder, diciendo que la “X” representaba el misterio, un guiño a la naturaleza enigmática de un jefe que nunca mostraba su verdadero rostro.
Sheng Shaoyou nunca los contradecía en persona, pero en su fuero interno pensaba que el nuevo jefe no era más que un idiota caprichoso.
Joven, hijo ilegítimo en el poder, con una inmensa fortuna y autoridad, huidizo y de carácter extraño…
El actual líder de X Holdings reunía todos los elementos de un protagonista de culebrón, convirtiéndose en un tema de conversación recurrente en el círculo de los herederos.
Según fuentes bien informadas, este hijo ilegítimo era siniestro, despiadado y un asesino sin escrúpulos. Además, poseía una mente brillante, un genio de primer nivel que había barrido sin esfuerzo a los otros estúpidos hijos del antiguo jefe. La única pega era que, supuestamente, era horriblemente feo, motivo por el cual era extremadamente introvertido y se negaba a mostrarse en público.
Sheng Shaoyou siempre había detestado a los hijos ilegítimos que intentaban hacerse con el poder. Las ratas de alcantarilla debían quedarse en las alcantarillas. Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Un bastardo que no podía ver la luz del día, ¿acaso no tendría que seguir escondiéndose incluso después de llegar a la cima? Siempre sería algo impresentable.
Pero en ese momento, Sheng Shaoyou, profundamente preocupado por el futuro de Shengfang, tuvo que admitir que las palabras de Li Baiqiao habían despertado su interés.
Tras dudarlo, finalmente aceptó la invitación.
Era una persona que separaba lo personal de lo profesional. Si era necesario, no solo haría negocios con un hijo ilegítimo; si había beneficios de por medio, hasta un gato haría negocios con un ratón.
No hacía mucho, un portavoz de X Holdings había revelado que la empresa buscaba un socio en Jianghu para establecer una fábrica central, dedicada principalmente a la investigación, desarrollo y producción de nuevos productos relacionados con las feromonas.
X Holdings era líder mundial en diagnóstico y medicina, pero hasta ahora había mantenido un modelo de negocio familiar anticuado, sin colaboraciones profundas con terceros.
Como líder del sector biotecnológico de Jianghu, Sheng Shaoyou codiciaba esa oportunidad única de colaboración y estaba decidido a conseguirla.
…
La ciudad de Jianghu, adornada con hormigón, acero y plexiglás, se movía entre el silencio de las oficinas por la noche y el bullicio de las calles de bares. Era como un monstruo grotesco, maquillado solo por la mitad. La seductora noche arrastraba con maestría a las personas, agotadas por el ajetreo del día, hacia un abismo de depravación que duraba hasta el amanecer.
Mierda.
Sheng Shaoyou dejó su vaso y miró con indiferencia a los hombres y mujeres en la pista de baile. Se arrepintió de haber creído las patrañas de Li Baiqiao y de haber perdido el tiempo viniendo aquí para ver a un montón de idiotas emborracharse y hacer el ridículo.
Era obvio, hasta para el más tonto, que el rumor de que el engendro feo y huidizo de X Holdings vendría a un sitio como este era completamente infundado.
El amigo que había hecho de intermediario entre él y Shen Wenlang también tenía acciones en el Tiandi Hui. Al ver a Sheng Shaoyou, que llevaba tiempo sin aparecer por la escena nocturna debido al exceso de trabajo, se alegró enormemente y lo arrastró a beber varias copas.
—Oye, ¿por qué no ha venido el señor UKW de X Holdings? —preguntó de repente Li Baiqiao, el organizador de la reunión, a mitad de la copa.
Sheng Shaoyou, que había malgastado toda la noche, respondió de mal humor: —¿Qué UKW?
—¡Pues el hombre misterioso que controla X Holdings con mano de hierro, el que mueve los hilos en el País P pero nunca se ha dejado ver en público! —Li Baiqiao le guiñó un ojo con complicidad—. You Know Who!
—¿Y yo qué sé por qué no ha venido? —Sheng Shaoyou se quitó de encima la mano que su amigo había apoyado en su hombro—. Tengo cosas que hacer, me voy.
—¡No te vayas! ¡Quédate un rato más!
Los presentes eran amigos a los que no veía desde hacía tiempo. A pesar de su frustración, Sheng Shaoyou se quedó por cortesía hasta la una de la madrugada. Cuando vio que la mayoría ya estaban bastante bebidos, se levantó para irse. Li Baiqiao, borracho, lo agarró del brazo, negándose a dejarlo marchar. Sheng Shaoyou se soltó sin contemplaciones, quitándoselo de encima como si fuera una lapa.
—¡Si te quieres ir, de acuerdo! ¡Pero al menos bébete otro whisky…! —El borracho, culpable de haberle hecho perder el tiempo, se recostó en el sofá con las piernas abiertas. El hermoso Omega sentado en su regazo le rodeó el cuello con los brazos y le pidió un beso. Mientras Li Baiqiao saboreaba los labios del Omega, su otra mano, inquieta, ya estaba explorando la pierna de otro Omega sentado a su lado.
Sheng Shaoyou también tenía a varios Omegas jóvenes y hermosos sentados cerca, pero como no le gustaba lo que consideraba “sucio”, ninguno se atrevía a tocarlo. Todos mantenían una distancia prudencial de al menos medio metro.
Sheng Shaoyou cogió un vaso de la mesa y se lo bebió de un trago. Solo entonces Li Baiqiao accedió a regañadientes a dejarlo ir, no sin antes burlarse de él: —Llevas tanto tiempo sin salir de fiesta, ¿y hoy también te vas a casa solo?
Sheng Shaoyou sonrió sin comprometerse.
Este tipo, que no tenía suficiente con tener un Omega en cada brazo, ¿ahora se preocupaba de que él pasara la noche solo y no pudiera dormir?
Desde que se manifestó como un Alfa de clase S, a Sheng Shaoyou nunca le habían faltado compañeros de cama agradables. Pero nunca elegía a nadie en locales de alterne, simplemente porque los despreciaba.
La promiscuidad de su padre, la lealtad de su madre y su trágico final habían hecho que Sheng Shaoyou no creyera en el amor y aborreciera la fidelidad.
Los promiscuos prosperan y se multiplican; los fieles mueren prematuramente. Los buenos mueren jóvenes mientras los malos viven mil años. Así había sido desde tiempos inmemoriales.
A lo largo de los años, mucha gente había pasado por la vida de Sheng Shaoyou, pero nadie había logrado quedarse. En el plano emocional, era excepcionalmente cruel. Sin embargo, su estatus social y su altísimo nivel de feromonas garantizaban que los Omegas más cotizados siguieran acudiendo a él en masa, como polillas a la llama, dispuestos a todo.
Al salir de la sala VIP, el pasillo estaba ruidoso. Un cliente Alfa, rudo y de mal gusto, estaba intentando arrastrar a la fuerza a un joven camarero Omega a su reservado.
Solo con verle la espalda, se notaba que el Omega era alto y de extremidades esbeltas y elegantes. La nuca pálida brillaba con la suavidad de la porcelana. Probablemente era una belleza excepcional, completamente desparejado con aquel Alfa con cara de cerdo.
Tomar por la fuerza era despreciable. Sheng Shaoyou se detuvo.
El Omega, vestido con el uniforme de camarero del Tiandi Hui, parecía no esperar un encuentro tan violento. Aterrado, se aferraba al marco de la puerta, negándose a entrar.
—Lo siento, mi trabajo es solo servir las bebidas, no acompaño a los clientes… —explicaba una y otra vez, buscando desesperadamente una salida.
Pero al cliente Alfa, borracho y excitado, ¿qué le importaba todo eso?
Rodeó la delgada cintura con el brazo, atrayéndolo hacia sí, y dijo arrastrando las palabras: —Tú… tú no te preocupes. Eres tan guapo, te pagaré un buen precio, mucho más de lo que se suele pagar… Belleza, pon… pon un precio, lo que tengo es dinero.
—No…
—¿No? —El Alfa esbozó una sonrisa arrogante y petulante—. ¡No te hagas el difícil conmigo! No seas desagradecido… —Se acercó, y su aliento lascivo rozó la nuca del Omega. Con sus labios de cerdo pegados a la delicada oreja del otro, susurró: —Cariño… huéleme bien, soy un Alfa de clase A… ahora dices que no… en un rato, te garantizo que me rogarás de rodillas…
El repentino y malicioso despliegue de feromonas del Alfa hizo que el pobre Omega temblara aún más, pero no dejó de luchar. —No quiero… —insistió.
Los Omegas eran delicados y frágiles; debían ser cuidados con esmero.
Sheng Shaoyou siempre había despreciado a la escoria que, solo por tener glándulas de Alfa, se creía con derecho a intimidar a los Omegas. Con el ceño fruncido, dio un paso adelante.
En ese mismo instante, el Omega levantó la cabeza. Al verlo, sus ojos se iluminaron de repente, como un náufrago al borde de la muerte que encuentra un último salvavidas. Gritó con una voz quebrada por el pánico:
—¡Señor Sheng, señor Sheng! ¡Sálveme…!
Fue entonces cuando Sheng Shaoyou reconoció el rostro del Omega.
Se detuvo un instante y luego aceleró el paso. El pobre desgraciado era, de nuevo, Hua Yong.
Tan pronto como Sheng Shaoyou se acercó, Hua Yong se aferró a su brazo con todas sus fuerzas. Un aroma de feromonas, cálido y refrescante, le llegó a la nariz, embriagador. Una provocación instintiva, casi imperceptible, como una caricia en la nuca, despertó un picor cargado de mil palabras.
La señal de auxilio desesperada que emanaba de sus ojos húmedos golpeó el corazón de Sheng Shaoyou como un relámpago hipnótico.
Esta vez, Sheng Shaoyou no lo apartó. Bajó la mirada y observó con frialdad la mano que rodeaba la cintura de Hua Yong.
Aunque el tipo con cara de cerdo también era un cliente, estaba en una sala normal con un consumo mínimo de quince mil. Al ver la apariencia atractiva y el aura afilada de Sheng Shaoyou, su ropa de marca y oír al hermoso camarero Omega llamarlo “Señor Sheng”, no supo a qué atenerse. Preguntó a gritos: —¿Y tú quién coño eres?
—Nadie.
La luz hacía brillar los ojos oscuros de Sheng Shaoyou. Sus labios finos, ocultos en la sombra, formaban una línea recta y fría.
—Suéltalo —ordenó.
En la mente del cara de cerdo, cualquier pez gordo que se preciara alardearía de su nombre. Al ver que Sheng Shaoyou no decía nada sobre su identidad, lo catalogó inmediatamente como un don nadie que había salido de la nada, y además, uno que intentaba robarle la presa.
El cara de cerdo apretó los dientes y gritó enfurecido: —¡Pues no me da la gana! —Y con su zarpa, apretó con más fuerza la delgada cintura de Hua Yong, diciendo con arrogancia—: ¡Las cosas tienen un orden, yo vi a este Omega primero y pienso follármelo esta noche! ¿Lo quieres? ¡Pues tendrás que esperar a que yo termine! ¡A la cola!
El miedo de Hua Yong se intensificó. Apretó sus labios con fuerza, pero sorprendentemente, no lloró.
Sin embargo, esa fortaleza forzada duró poco. Ser humillado de esa manera frente a Sheng Shaoyou era demasiado para él. Sus ojos se humedecieron gradualmente y las lágrimas comenzaron a brotar, llenando sus ojos por completo.
A Sheng Shaoyou le pareció curioso. Cada vez que se encontraban, Hua Yong estaba siendo maltratado.
Ahora también. Con los ojos enrojecidos y las lágrimas a punto de caer, la escena era, francamente, un deleite para la vista.
A Sheng Shaoyou le gustaba verlo llorar.
Hua Yong se aferró con más fuerza a su brazo, temiendo que Sheng Shaoyou se tomara en serio las palabras del cliente y lo abandonara. Le explicó con voz ahogada: —Señor Sheng, yo solo vine a servir las bebidas, yo no hago esas cosas…
—¿Que no las haces? —El Alfa con cara de cerdo soltó una carcajada burlona—. ¿Un Omega trabajando en un club nocturno y no te acuestas con nadie? ¡Deja de hacerte la santa! Lo que más asco me da es una puta que se las da de virgen… —No terminó la frase. Su rostro se descompuso de repente. Un aroma de feromonas brutal y abrumador se abalanzó sobre él, cargado de la arrogancia y la tiranía de un ser superior.
El Alfa soltó bruscamente la cintura de Hua Yong, que había estado sujetando con firmeza, y en su lugar se agarró el pecho con desesperación. No podía respirar. Una sensación de asfixia espeluznante le recorrió la columna hasta el cráneo. Luchó por mantenerse en pie, pero fue inútil. Perdió el control de su cuerpo y cayó de rodillas sobre el frío suelo de mármol, como un herbívoro cuya garganta ha sido atrapada por una bestia furiosa.
—Un… un Alfa de clase S… —logró articular con gran esfuerzo, en medio de un terror extremo. Su orgullo de Alfa le obligó a apretar los dientes y tragarse las súplicas, pero su instinto lo hizo postrarse en el suelo, en una posición de sumisión, implorando el perdón del depredador absoluto.
Sheng Shaoyou, que había liberado sus feromonas opresivas, lo miró desde arriba sin la más mínima emoción.
Desde lejos ya se había dado cuenta de que este tipo arrogante y maleducado no era más que un Alfa de clase A.
Simplemente un clase A…
Si los Alfas de baja calidad eran como pescado muerto de oferta en el mercado, un clase A, como mucho, era la mercancía barata que nadaba en los acuarios de un supermercado. Pero un clase S era como el atún de primera calidad subastado en plena noche en el mercado de Tsukiji, ese al que solo los compradores profesionales con historial de compras podían optar. Un producto súper exclusivo, casi inalcanzable.
La diferencia de nivel entre ambos era abismal. Más que una supresión de feromonas, era acoso puro y duro.
A diferencia del Alfa que se arrastraba patéticamente por el suelo, a Sheng Shaoyou no le interesaba en absoluto abusar de los débiles. Si el otro no lo hubiera provocado primero, ni se habría molestado en… enseñarle modales personalmente.
Pero qué débil es…
Solo le he soltado un poco de feromonas y ya parece que se va a morir…
Abusar de su fuerza era aburrido. Sheng Shaoyou contuvo sus feromonas, levantó la barbilla hacia el Alfa acurrucado en el suelo y dijo en voz baja: —Discúlpate.
—…
La presión de esos segundos había sido demasiado aterradora. El cara de cerdo hizo un esfuerzo sobrehumano para no revolcarse por el suelo suplicando piedad.
Jadeando, se sentó en el suelo y cedió a regañadientes: —Lo siento, hermano, te he ofendido…
—No a mí —dijo Sheng Shaoyou— a él.
La expresión del Alfa se volvió aún más humillada. —¿Quieres que me disculpe con un prostituto?
—No lo soy… —murmuró Hua Yong— solo soy un camarero, no… no soy… —Le costaba pronunciar la palabra, su rostro era un poema de vergüenza extrema.
—¿No te vendes y vistes así? —El Alfa le lanzó una mirada lasciva al abdomen.
El uniforme de los camareros del Tiandi Hui estaba especialmente diseñado: los botones de la zona de la cintura nunca cerraban bien, y con el más mínimo movimiento, dejaban entrever un trozo de piel.
Sheng Shaoyou siguió la mirada del Alfa y sus ojos se posaron en el trozo de abdomen que Hua Yong dejaba al descubierto. Era plano y pálido, pero a diferencia de la suavidad que había imaginado, Hua Yong no era un debilucho; incluso tenía una fina capa de músculos, con unas líneas muy atractivas que hacían imposible apartar la vista.
La mirada lasciva del cara de cerdo era demasiado molesta. La expresión indiferente de Sheng Shaoyou comenzó a teñirse de disgusto. —¿Tengo que enseñarte también a pedir perdón?
El Alfa, que acababa de recibir una lección práctica sobre “cómo comportarse”, se quedó sin palabras. No se atrevía a replicar, pero tampoco quería disculparse con lo que él consideraba un prostituto. Solo se había tomado unas copas, se había calentado y había querido divertirse con un Omega que se vendía. ¿Qué había hecho mal? ¿¡Por qué tenía que disculparse!?
El Alfa apretó la mandíbula con fuerza, las venas de sus puños cerrados se marcaron.
Los amigos del cara de cerdo, que habían estado observando la escena desde lejos cuando empezó a forcejear con Hua Yong, vieron que Sheng Shaoyou había intervenido y que la cosa iba en serio. Quisieron acercarse a mediar.
Pero las feromonas de un Alfa de clase S eran demasiado aterradoras y nadie se atrevía a salir del reservado. Solo ahora se asomaron por detrás de la puerta e intentaron calmar las aguas verbalmente.
—¡Oigan, todos hemos salido a divertirnos, no hay que tomárselo tan a pecho!
—¡Sí, sí, no vale la pena por un prostituto!
Sheng Shaoyou hizo oídos sordos a sus palabras. Con las manos en los bolsillos, le dio un ligero puntapié en el hombro al Alfa paralizado en el suelo. —Discúlpate —insistió, con una mirada de desprecio, como si estuviera viendo una cucaracha haciéndose la muerta.
El Alfa de clase A, todavía aplastado por las feromonas residuales de Sheng Shaoyou, seguía luchando en vano. Con tantos amigos mirando, no quería perder más la cara. Apretó los dientes y resistió débilmente: —¿Cómo podría disculparme con un prostituto sucio…?
¡Ni de coña! ¿¡Pedirle perdón a un Omega que se le ofrece a cualquiera que le suelte un poco de feromonas y que se queda tan débil que ni puede caminar!? ¡Que siga soñando!
Qué insolente.
Sheng Shaoyou frunció el ceño. El aroma de sus feromonas, que ya se había disipado, volvió a intensificarse al instante. Las feromonas de clase S, tiránicas y salvajes, llenaron todo el pasillo.
…
Esa sensación de tener la vida en manos de otro regresó, como si alguien que no sabe nadar fuera arrojado de cabeza a un mar embravecido y violento.
El Alfa se agarró el pecho con agonía…
—¡Socorro… ayuda…!
¡Que alguien me ayude! ¡Mierda!
Se… se está ahogando…