La calle Nanping era una zona catastrófica en la hora pico de la mañana, la congestión duraba desde las seis y media hasta las diez.
Por toda la calle, los trabajadores de cuello blanco de alto nivel que se dirigen al centro comercial del Distrito Este se encontraban y chocaban con hordas desordenadas de motocicletas. Si un lento autobús público hubiera pasado por allí y se hubiera metido en la refriega, podría haber fabricado la trampa mortal del siglo.
Las carreteras del distrito Oeste tenían un trazado especialmente intrincado, algunas anchas, otras estrechas, todas encadenadas. Era práctica común entre los habitantes de la zona levantar un caos de construcciones privadas; había callejones artificiales sin salida por todas partes. Los vehículos a motor que habían entrado por error eran como bichos atrapados en una telaraña: tenían que luchar por su vida, embistiendo a la izquierda y esquivando a la derecha si querían volver a ver la luz del día.
Luo Wenzhou sacó la cabeza por la ventana del coche y dio un toque a la sirena. Gritó: “Guapo, estamos realizando un trámite oficial y no podemos pasar. ¿Podría mover ese BMW de la entrada?”.
En ese momento, un anciano salió del patio de una casa de un solo piso que había junto al coche, apretó los labios y miró a Luo Wenzhou.
En el lado izquierdo del vehículo había una pegatina en la que se leía: “Especialmente para recoger a mi nieto”, y en el derecho: “Cuanto más te enfades, más despacio iré”. Mientras se movía, oyó un ladrido. Luo Wenzhou se levantó las gafas de sol y miró hacia abajo. Un gran perro amarrillo salió de detrás de una moto.
El gran perro amarillo se acercó al coche de policía, intercambio una mirada con él y luego levantó descaradamente la pata trasera hacia la rueda del coche.
Luo Wenzhou le silbó. “Mea, cariño”, le dijo amablemente. “Cuando acabes, te cortaré el pito, lo cocinaré en una crepe y me lo comeré.”
Ese método de comer era realmente novedoso; el gran perro amarillo nunca había oido hablar de tal cosa. La veterana actitud gamberra del oficial Luo lo dejó atónito en el acto, soltó un aullido y huyó con la cola entre las patas.
Lang Qiao se tapó la cara con su tablet. “Jefe Luo, ¿se ha dado cuenta de que hay una joven soltera en el asiento trasero? — Han enviado lo que tienen actualmente de la suboficina”.
“Señora camarada, por favor, elija los objetivos y resúmalos”. Luo Wenzhou empujó lentamente el coche fuera del estrecho callejón despejado. “Ignore las partes subjetivas y sin fundamento. Ese bastardo de Wang Hongliang es un lameculos. La Subdirección del Distrito del Mercado de las Flores está podrida de arriba abajo. Todo es mercancía cuestionable”.
“Bien. El nombre de la víctima es He Zhongyu, varón, 18 años, trabajador de las afueras de la ciudad. Trabajaba como repartidor para una cadena de cafeterías. Hay hendiduras en su cuello, la causa de la muerte, es asfixia… fue estrangulado. La conjetura preliminar es que el arma homicida fue algo como un trozo de tela. La hora de la muerte fue entre las 8 PM y la medianoche de ayer. Tenemos que esperar a que el forense profundice antes de obtener determinaciones concretas sobre las circunstancias –Oh, cierto, el cuerpo fue descubierto no muy lejos del alquiler compartido ilegal en el que vivía la víctima, por lo que su identidad fue confirmada rápidamente.”
Luo Wenzhou era un conductor muy hábil; abriendose paso por el callejón plagado de peligros con apenas un milímetro de espacio libre, aún tuvo atención de sobra para interrumpir y preguntar: “¿De dónde salieron los rumores sobre la banda de saqueadores y estranguladores?”.
La víctima fue limpiada. Su teléfono no está, y su cartera fue vaciada y tirada a un lado, aunque no se sabe si fue el asesino quien lo hizo.” Lang Qiao ojeó rápidamente el correo electrónico. “Correcto, la persona que denunció el caso dijo que había un trozo de papel cubriendo la cara del cadáver, con una tira de pegamento. Estaba pegado al pelo de la víctima. El carácter ‘dinero’ estaba escrito en él”.
Tao Ran apagó el GPS. “Gira a la derecha y llegaremos”.
“Ok.” Luo Wenzhou golpeó el volante. “Este caso se queda en la suboficina. No será transferido a la Oficina de la Ciudad. ¿Sabes lo que hemos venido a hacer aquí?”
“¿Para guiar y supervisar?” Lang Qiao preguntó tentativamente.
“¿Sabes qué clase de personas ‘guiaron y supervisaron’ en el pasado?” Dijo Luo Wenzhou.
Viendo de repente la luz, Lang Qiao dijo: “¡Los eunucos de la corte!”.
Tao Ran se dio la vuelta en el asiento de copiloto para mirarla fijamente.
“¿Eso es de lo que son capaces los jóvenes de tu pueblo?”. Luo Wenzhou hizo una mueca como si le dolieran los dientes. “Vamos, estoy hablando en serio: el director Zhang se jubilará dentro de unos años. La mayoría de los subdirectores están a su altura. Los demás, o tienen una hoja de servicios inadecuada o son como el director Ceng, con la cabeza metida en detalles técnicos y sin prestar atención a nadie. Así que cuando llegue el momento, es probable que asciendan personas de todas las suboficinas.”
Luo Wenzhou esquivó un montón de basura junto a la carretera. Bajó la voz. “El viejo director general quiere acabar con ese pedazo de mercancía que es Wang Hongliang en su guardia, para que en el futuro la Oficina de la Ciudad no acabe en manos de un mero saco de vino y una bolsa de comida, ¿entiendes nuestra principal tarea?”.
El coche de policía ya había girado en la intersección.
Se trataba de un desolado terreno vacío, encajonado entre un anticuado edificio de apartamentos sin cocinas ni aseos privados y una multitud de casas adosadas de una sola planta. Estaba justo detrás de un pequeño almacén construido por los lugareños. Estaba lleno de maleza y abandonado, con charcos de agua en las esquinas que desprendían un hedor persistente e inusual.
La policía había rodeado el lugar. Los médicos forenses entraban y salían, investigando.
Wang Hongliang, jefe de la Suboficina del Distrito del Mercado de las Flores, había acudido a supervisar la escena él mismo para esperar a Luo Wenzhou y a los demás.
Era un hombre de mediana edad, calvo hasta el punto que se le había extendido a la cara; sus cejas, ansiosas, eran tan escasas que casi no se distinguia su forma. Un cálido sudor resbalaba por su frente. Dio la bienvenida personalmente a Luo Wenzhou, cogiéndole la mano y agitándola de arriba abajo tres veces. “He molestado a los líderes de la Oficina de la Ciudad e incluso he hecho que algunos de ustedes vinieran hasta aquí. Lo siento mucho.”
Luo Wenzhou sonrió agradablemente. “Lao-ge, ¿por qué tan formal?”
Aunque Wang Hongliang era descuidado con su trabajo, era un maestro en tratar a las personas con amabilidad. Al oír estas palabras, se apresuró a tomar ventaja, cambiando a una forma más familiar de dirigirse. Además, vertió un torrente incesante de quejas hacia su recién conocido hermano.
Luo Wenzhou sacó un paquete de cigarrillos, encendió uno y se lo pasó a Wang Hongliang. Al mismo tiempo, lanzó una mirada a Tao Ran para enviarlo a él y a Lang Qiao a echar un vistazo a la escena.
“Era alguien a quien conocía, era absolutamente alguien a quien conocía”. Wang Hongliang le dijo tonterías a Luo Wenzhou durante el tiempo que tardó en fumarse un cigarrillo y solo entonces se puso manos a la obra. Sus pequeños globos oculares rodaron salvajemente. “Mira este lugar. Es tan complicado que un forastero no podría orientarse. Si te tiras un pedo en tu propia casa, tus vecinos olerán lo que has comido. ¿Cómo podría un forastero atreverse a cometer un asesinato casualmente? Luo-laodi, tú eres un experto, ¿crees que tiene sentido?”
En un momento como éste, lo que menos deseaba Wang Hongliang era ver a un delincuente errante atracando y matando gente en su jurisdicción, así que se aferraba desesperadamente al ‘fue alguien conocido, una disputa privada’.
Luo Wenzhou no siguió el hilo de la conversación. Se quitó las gafas de sol y se las colgó del cuello, entrecerró los ojos y miró a los bulliciosos médicos forenses, para luego esquivarlos despreocupadamente. “Solo soy el hijo de un funcionario, me dedico a esto para ganarme la vida. ¿Cómo podría hacerme pasar por un experto delante de ustedes?”.
“¿Quién no está en esto para ganarse la vida?” Wang Hongliang extendió las manos con desesperación. “Vamos. Nosotros también echaremos un vistazo.”
El recién creado Club de Ganarse la Vida se dirigió entonces al lugar de los hechos. Había un joven de pelo corto y gafas que lanzaba salivazos mientras explicaba la situación a Tao Ran y Lang Qiao. Este joven era muy alto. Tenía la cara cubierta de acné. Su postura era recta y rígida, como una tabla de ataúd cortada en forma humana. Su discurso era terriblemente rápido.
“Este es nuestro recién llegado Xiao Xiao, Xiao Haiyang”, presentó Wang Hongliang, señalando. “Era un estudiante brillante, obtuvo el primer puesto en el examen escrito cuando se evaluó. Xiao Xiao, este es el Capitán Luo de la Oficina de la Ciudad”.
Xiao Haiyang inconscientemente infló el pecho y levantó la cabeza, como si estuviera en posición firme. Apretó fuertemente la mandíbula inferior, asintió rigidamente a Luo Wenzhou y le saludó: “Capitán Luo”.
“No hace falta ser educado”, dijo Luo Wenzhou, sonriéndole. “Sigue hablando”.
Parecía que sus palabras habían pulsado un botón en el antes reticente Xiao Haiyang. En un instante, las palabras surgieron de su boca como un diluvio, inundando a todos los que estaban frente a él. “No había heridas de carácter defensivo en el cuerpo de la víctima, pero sí una lesión en la parte posterior de la cabeza hecha con un objeto contundente. Nuestra opinión preliminar es que fue noqueado por la espalda y luego asfixiado con un trozo de tela. Tras la muerte, se llevaron sus pertenencias y le pusieron un trozo de papel en la cabeza. Como la víctima estaba inconsciente mientras la estrangulaban, no quedaron señales de lucha en el lugar de los hechos. No se ha encontrado la cuerda utilizada para estrangular a la víctima, ni el objeto contundente que le causó la herida en la cabeza o cualquier otra cosa. Por el momento no hay pruebas definitivas que demuestren que ésta es la escena inicial del crimen. ¡Informe completo!”
Al principio todo iba bien, pero cuando las últimas frases salieron de su boca, la cara de Wang Hongliang se puso verde al oírlas. “Si no hay pruebas ¿para qué dices tonterías? Si ésta no es la escena del crimen, ¿dónde está? ¿se han deshecho del cuerpo? ¿por qué querría alguien arrojar un cadáver aquí? ¿de qué serviría? ¡No confundas el asunto con tus conjeturas al azar!”
Xiao Haiyang lo miró confundido. “Solo estaba diciendo que hay una posibilidad…”
Wang Hongliang quiso seguir rabiando pero fue bloqueado por Luo Wenzhou. “Los niños que acaban de empezar a trabajar tienen bastantes ideas. Escucharles puede ser bastante interesante.”
Miró a su alrededor. Todo el Distrito del Mercado de Flores del Oeste tenía una sensación nublada. Los cables eléctricos, confusos y desordenados, colgaban a poca altura, reduciendo a la nada uno de los raros días soleados de la Ciudad Yan. Era muy deprimente.
“Pregunta por ahí, quizá alguien haya oído algo”, dijo Luo Wenzhou. “Además de eso, creo que el instinto del director Wang es acertado en general. No consideremos circunstancias extremas por ahora y dirijamos el curso de la investigación hacia un crimen dirigido por un conocido. Lao-ge, ¿te parece bien?”
Aunque la llegada de Luo-laodi había sido mal augurada, su estilo de hablar y hacer negocios encajaba con las ideas de Wang Hongliang. Las dos partes encajaban, consiguiendo un ahorro máximo en los costes de comunicación.
Lo que vendría después sería un sinfín de investigaciones e interrogatorios, todo obra de los lacayos de la policía criminal. No tenía nada que ver con los ‘entrenadores’. Su principal tarea consistía en volver a la oficina de la sudelegación para sentarse a tomar el té mientras observaban el progreso de las tareas, a la espera de agarrar por los pelos a Wang Hongliang.
Pero Tao Ran dijo en voz baja a Luo Wenzhou: “Jefe, adelante. Quiero quedarme y dar una vuelta con ellos”.
El nombre de Tao Ran era gentil y refinado. Sus rasgos eran delicados, nunca se enfadaba con nadie y tampoco utilizaba un lenguaje soez. Tanto con sus colegas como con sus enemigos era todo brisa primaveral y lluvia llena de vida. Parecía muy bonachón, pero Luo Wenzhou había trabajado a su lado desde que se graduó, así que lo entendía muy bien.
Tao Ran tenía un tipo de seriedad y terquedad incompatibles con la época actual. No le importaba mucho otras cosas – de todos modos, si el cielo se venía abajo, Luo Wenzhou estaba ahí para sostenerlo –, pero mientras investigaba un caso, si había algo sospechoso, lo perseguía hasta el final, fuera o no, responsabilidad suya.
“La víctima fue noqueada por la espalda”, dijo Luo Wenzhou. “Si hubiera sido un atracador, no habría merecido la pena estrangularlo. Es muy probable que se trate de una disputa privada. El juicio básico de Wang Hongliang no es erróneo, ¿cuál es el problema?”
El cadáver ya había sido introducido en una bolsa y retirado por los médicos forenses. Tao Ran dijo suavemente: “Son los zapatos, aquí nadie limpia. Si no tienes cuidado, pisarás barro. Pero acabo de abrir la bolsa para echar un vistazo. Los zapatos del niño están limpios.”
Luo Wenzhou enarcó ligeramente las cejas.
“Por supuesto, es posible que, como la víctima vivía cerca, estuviera familiarizado con la zona”, dijo Tao Ran. “Pero, creo que el Pequeño Gafas de la Suboficina tenía razón. No podemos eliminar la posibilidad de que ésta no sea la escena inicial del crimen. Además, ese trozo de papel pegado a la cabeza de la víctima es extraño. Wenzhou, ¿y si esto no es tan simple? Me preocupa que el Director Wang tenga prisa por encubrirlo y no esté dispuesto a investigar como es debido.”
“¿Hay necesidad de preocuparse?” Luo Wenzhou suspiró. “Es obvio que quiere encubrirlo.”
Mientras tuviera un sospechoso probable, Wang Hongliang podría usar rápidamente su sello oficial para emitir un comunicado diciendo que este caso había surgido de una disputa privada, no de algún ‘asesino estrangulador’ como decían los alarmistas en internet. Si no hubieran otras payasadas, al cabo de unos días la gente se aburriría y se olvidaría del asunto. Una vez pasados los acontecimientos, podrían decir: ‘“El Director del Distrito del Mercado de las Flores contribuyó de forma sobresaliente al éxito de tal o cual distinguida reunión de esta ciudad.”
En cuanto al caso, encontraría algunos pequeños policías criminales de recados para investigar lentamente. Si encontraban algo, atrapaban al criminal; si no, lo encubrirían. Después de enmascararlo lo suficiente, si todo quedaba en nada, podían dejar el asunto sin resolver.
Este era el estilo de Wang Hongliang. De lo contrario, el Director Zhang no habría enviado especialmente a Luo Wenzhou.
“Un niño vino de muy lejos a nuestra ciudad y murió en un lugar extraño entre extraños”, dijo Tao Ran. “No importa por qué. Le debemos una respuesta.”
Luo Wenzhou ladeó la cabeza y le miró a los ojos durante un par de segundos.
Tao Ran añadió rápidamente otra frase. “Por eso me siento inquieto y quiero seguirte. Te prometo que no surgirán imprevistos.”
Luo Wenzhou sonrió. “De todos modos, en todos estos años, me he responsabilizado de todos los asuntos inesperados que te han surgido, y no te he visto comprometerte conmigo en agradecimiento.”
Tao Rao se mostró despreocupado. Regañó en broma: “Fuera”.
Se dio la vuelta para irse, pero Luo Wenzhou le llamó para que se detuviera. “Espera. Esta mañana, fue Fei Du quien te envió las flores, ¿verdad?”
“¿Quién más podría ser”, dijo Tao Ran, descuidadamente.
Luo Wenzhou se metió las manos en los bolsillos y se miró la punta de los pies, pareciendo buscar el tema. “Si te dijera: ‘Aléjate de ese mocoso’, ¿pensarías que me estoy entrometiendo?”
“No, ¿de verdad crees que lo dice en serio?”. Tao Ran sonrió. “Siempre es así. Sólo se divierte. No importa que no sea gay, aunque estuviera doblado como un aro…”
Luo Wenzhou le interrumpió ligeramente. “Incluso si fueras gay, ¿debería ser ese pequeño cachorro quien te hiciera compañía?”
Tao Ran se quedó mirando fijamente, pero antes de que pudiera captar el sentimiento que había detrás de esas palabras, Luo Wenzhou continuó: “No estoy hablando de su forma de beber y salir de fiesta, y no estoy diciendo que sea un bicho raro… No es a ese nivel. Es que Fei Du siempre me ha dado mala espina, ¿me entiendes?”
“Lo sé”. Tao Ran asintió. Era delgado, delicado y parecía fácil de intimidar. Por eso, siempre llevaba su uniforme al trabajo. El sol de la mañana entraba por los muros bajos y el musgo le rodeaba suavemente. “Lo he observado durante los últimos siete años. Fei Du es un buen chico. No tienes que cuidarte de él, aunque ahora está compensando demasiado, se ha pasado un poco…”
Luo Wenzhou no contestó.
Tao Ran cambió de tema. “Además, ¿quién era el que quería regalarle algo y se sentía demasiado incómodo para ponerle su nombre y se tomó tantas molestias para conseguir una videoconsola portátil en el extranjero y me hizo…?”.
“Vete”, le interrumpió Luo Wenzhou sin expresión. “Callate y ponte a trabajar”.

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