No disponible.
Editado
Qi Yueran por fin se calmó, parecía no tener ni un ápice de fuerza, y su ceño fruncido se relajó poco a poco. Su respiración acelerada se suavizó, volviéndose cada vez más pausada y profunda y en cuestión de minutos se quedó dormido.
He Jian permaneció sentado al borde de la cama durante más de veinte minutos. Al ver que Qi Yueran dormía profundamente, lo limpió, arropó bien la manta y entonces se levantó para dirigirse al baño.
Cuando regresó, Qi Yueran seguía dormido, casi sin moverse. Sus manos reposaban sobre la manta y en sus muñecas se veían marcas rojizas que destacaban sobre su piel pálida.
He Jian tomó la medicina que le había dado el doctor y, con sumo cuidado, como si temiera causarle dolor incluso en sueños, levantó su muñeca para aplicarle la pomada suavemente.
Qi Yueran no despertó, aunque frunció ligeramente el ceño, como por acto reflejo.
He Jian pasó toda la noche sentado en una silla junto a Qi Yueran, vigilándolo, como si al cerrar los ojos él pudiera desaparecer de repente.
Además, He Jian tampoco podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos, su mente se llenaba de pensamientos caóticos. Cuando irrumpió en aquella habitación, la ira casi le nubló la razón.
A media noche, las luces de la habitación ya estaban apagadas. El doctor había vuelto a pasar para examinar brevemente a Qi Yueran, diciendo que no debería tener mayores complicaciones, que las heridas en sus muñecas eran superficiales y sanarían en unos días.
Justo cuando He Jian pensaba levantarse para servirse un vaso de agua —no había tenido tiempo de beber ni una gota en todo el día—, aún antes de ponerse de pie, escuchó que llamaban a la puerta.
Han Gaoping había recibido una llamada. En circunstancias normales, no habría querido molestar al tercer joven maestro, sabiendo que no estaba de ánimo para ocuparse de asuntos laborales o de cualquier otro tipo. Sin embargo, al escuchar la voz al otro lado de la línea identificarse, se quedó momentáneamente paralizado.
Abrió la puerta suavemente y dijo:
—Tercer joven maestro, es una llamada de la familia Qi. El señor Qi Yuexin dice que tiene un asunto urgente que discutir con usted o con el joven Qi.
He Jian aún no sabía que Qi Yuexin había estado involucrado en el incidente y asumió que llamaba preocupado tras enterarse del secuestro de Xiao Ran.
—Pásamela —dijo He Jian con voz ronca. Se secó el rostro y añadió: —Habla bajo. Atiende la llamada afuera para no despertar a Xiao Ran—. Se puso de pie, pero luego lo reconsideró. —Yo me encargaré de la llamada. Quédate aquí y vigila a Xiao Ran un rato.
Han Gaoping asintió. He Jian salió de la habitación, cerró la puerta y se dispuso a atender la llamada.
Al otro lado, Qi Yuexin sonaba extremadamente alterado, como si estuviera muy nervioso.
—¿Dónde está Wu Kai? ¿Oí que la policía se lo llevó? ¿Cómo pudo pasar esto?
Al oír el nombre de Wu Kai, la ira de He Jian estalló de nuevo y su voz se tornó gélida.
—De momento está bajo custodia policial. Cuando Xiao Ran esté mejor, me involucraré más en este asunto.
Qi Yuexin se quedó desconcertado. El tono del otro dejaba claro que sentía un odio visceral hacia Wu Kai.
—Wu Kai no hirió a nadie. ¿Por qué se lo llevó la policía?1
He Jian sentía que ya no podía enfadarse más; en cambio, su interior era un mar de calma. En su vida pasada, su hermano mayor, Qi Yuexin, había robado documentos de la empresa por Wu Kai, e incluso cuando él se enfrentó a la bancarrota, su hermano mayor siguió protegiendo a Wu Kai. Y ahora, en esta vida, Wu Kai había secuestrado a Qi Yueran, pero Qi Yuexin no preguntaba ni una palabra sobre Xiao Ran; en cambio, se preocupaba por el responsable de todo.
—Secuestro y extorsión. La policía tiene derecho a hacerlo —dijo He Jian. —No has visto cómo trató Wu Kai a tu hermano. Incluso si pasara el resto de su vida en la cárcel, no sería suficiente.
Qi Yuexin, al oír esto, también estalló de furia: —¡Lo hizo porque lo obligaron! Tú y Qi Yueran lo acorralaron, no le quedó otra opción.1
He Jian sintió una incredulidad que le entumeció el corazón y lo interrumpió:
—¿Sabías de esto de antemano?
Solo después de preguntar, He Jian sintió que todo cobraba sentido. Anteriormente, Qi Yueran también le había comentado que Qi Yuexin originalmente no necesitaba que fuera a recogerlo, pero luego cambió de idea. Si esto era una conspiración entre Qi Yuexin y Wu Kai, ¿cómo podría Xiao Ran haber sospechado de su hermano mayor? Para Wu Kai, fue pan comido.
Qi Yuexin hizo una pausa de unos segundos: —Ya le quitaste a Xiao Ran de las manos de Wu Kai, ¿por qué sigues empeñado en destruirlo? ¿Acaso la familia Wu significa algo a tus ojos? ¿Por qué quieren forzar la compra de su empresa sin motivo alguno? ¿No es eso arrinconar a alguien hasta la desesperación? Si Wu Kai quiebra, ¡sería su sentencia de muerte! Lo acorralaron tanto que, naturalmente, reaccionó así. Wu Kai solo quería asustarte, no tenía intención de hacerle daño a Xiao Ran.
He Jian escuchaba cada una de sus palabras como si estuvieran cargadas de espinas, como dagas de hielo. ¿”Bancarrota”? ¿”Acorralar hasta el límite”? ¿”No querer hacerle nada a Xiao Ran”? No lograba comprender por qué, habiendo vivido experiencias casi idénticas, Qi Yuexin podía ser tan despiadado tanto con él como con Xiao Ran. Décadas de sentimientos entre ellos no eran más que una grotesca farsa.
He Jian respondió con frialdad: —Creo que debería medir sus palabras, señor Qi. Usted también está implicado en este caso, y la policía requerirá su declaración.
Qi Yuexin no esperaba esta réplica: era una clara advertencia, insinuando que había conspirado con Wu Kai y que también sería arrestado.
—La adquisición de la empresa la llevé a cabo con métodos limpios y sin faltar a la ética. No voy a ocultarle nada, señor Qi: estoy decidido a tomar el control de la familia Wu, y Wu Kai no tendrá tregua por el resto de sus días—. Tras pronunciar estas palabras, He Jian colgó el teléfono.
Nunca antes había sentido tanto disgusto hacia su hermano mayor como hoy. En su vida pasada, incluso al borde de la bancarrota, el odio no había sido tan intenso; después de todo, en ese entonces aún albergaba cierto remordimiento en su corazón.
Han Gaoping permanecía en la habitación sin atreverse a descuidarse. He Jian, que en realidad no se había alejado y estaba justo fuera de la puerta, había elevado la voz involuntariamente debido a la furia, permitiendo que Han Gaoping captara unas palabras. Sabiendo que el tercer joven estaba de mal humor, no se atrevió a decir nada más.
Qi Yueran despertó aturdido poco antes del amanecer. Sentía sus extremidades pesadas, la mente embotada, la garganta tan seca que parecía a punto de agrietarse. Aunque ansiaba agua, el estómago le revolvía con náuseas y arcadas.
He Jian, con los ojos inyectados en sangre tras una noche en vela, notó de repente que se movía. Se levantó de inmediato de la silla, se acercó y tomó su mano:
—Xiao Ran, ¿estás despierto? ¿Dónde te duele? Llamaré al médico.
Qi Yueran tardó varios segundos en reaccionar. Al reconocer a He Jian a su lado, un escalofrío lo recorrió mientras recordaba que An Xun y él habían sido secuestrados.
Sin fuerzas ni para incorporarse, con voz ronca preguntó: —¿An… An Xun?
—Está bien. Se lo llevó Xia Hang—. Al oír su voz rasposa, He Jian cogió rápidamente un vaso de agua de la mesilla y se lo acercó a los labios: —Bebe un poco primero.
Qi Yueran intentó tomar el vaso, pero un dolor penetrante le atravesó la muñeca al moverse, haciendo que inhalara bruscamente.
—Ten cuidado —dijo He Jian. —Tienes la muñeca lesionada. No te muevas; yo lo sostengo.
Qi Yueran asintió levemente, bebió un sorbo y volvió a recostarse. Solo entonces notó que estaba completamente desnudo bajo las sábanas, sin ninguna prenda.
Recordaba que He Jian los había rescatado, pero después había perdido la conciencia. Los acontecimientos de la noche anterior le parecían un sueño borroso, como alucinaciones provocadas por la droga o simples fantasías.
Pero ahora, al verse desnudo, retazos de memoria comenzaron a regresar. Inmediatamente sintió vergüenza, aunque no lo exteriorizó.
—Descansa estos días —dijo He Jian. —Yo me encargaré de todo lo demás.
No mencionó nada sobre Qi Yuexin. No sabía cómo abordar el tema con Qi Yueran, conocía el afecto que este sentía por su hermano mayor—incluso sin aquel tabú, siempre había sido cercano a él—y no quería causarle más dolor.
Qi Yueran asintió. No solo se sentía físicamente mal, sino también profundamente incómodo. Aunque He Jian no le había dicho nada, Wu Kai sí lo había hecho. No sabía si debería creerlo…
Después de cerrar los ojos un largo rato, preguntó de repente:
—¿Mi familia ha llamado?
He Jian solo sonrió.
—No te preocupes. Preocúpate por ti mismo ahora, todos los demás están bien.
…
Wu Kai había sido llevado por la policía y Qi Yuexin no se enteró de la noticia hasta altas horas de la noche. Lleno de ansiedad, llamó de inmediato a He Jian para interrogarlo. El asunto había causado un gran revuelo y, pronto, alguien fue a buscar a Qi Yuexin para interrogarlo.
El viejo señor Qi no tenía ni idea de lo que estaba pasando, después de todo, los medios habían bloqueado la información y los extraños no habían oído ningún rumor. No fue hasta que se llevaron a Qi Yuexin que se apresuró a pedirle a alguien que investigara.
Cuando el señor Qi se enteró de los detalles, se enfureció tanto que destrozó la mesita de cristal de la sala. Siempre había favorecido más a su hijo mayor, pensando que, como el menor no era el primogénito, no valía la pena cultivarlo con esmero. Ahora que la pierna de Qi Yuexin estaba curada, justo estaba pensando en cómo introducirlo en la empresa para que se abriera camino, cuando ocurrió semejante desastre.
Qi Yuexin volvió a casa esa misma tarde. El señor He estaba ejerciendo presión desde arriba, así que el asunto no podía quedar así nomás. Pero Qi Yuexin era, después de todo, el hermano mayor de Qi Yueran y estaba emparentado con la familia He, por lo que no se atrevían a presionarlo demasiado, solo a asustarlo un poco.
El anciano Qi esperó en la sala de abajo hasta que Qi Yuexin regresó. En cuanto este entró por la puerta, le dio una fuerte bofetada y dijo:
—¡Qué estúpido has sido! ¡¿Acaso quieres arruinar a nuestra familia Qi?!
Era la primera vez que golpeaban a Qi Yuexin, y sus lágrimas brotaron al instante. Dijo: —No hice nada malo.
—¿Nada malo?— El anciano Qi temblaba de rabia. —¡Ayudaste a Wu Kai a secuestrar a tu propio hermano y al joven de la familia Xia para amenazar a He Jian! ¡Estás loco! No solo has ofendido a la familia He, sino también a la familia Xia. Si He Jian pudo acabar con la familia Wu, ¡también puede acabar con nosotros!
Qi Yuexin mordió su labio, claramente sintiéndose víctima de una injusticia, y dijo: —¿Qué hizo Wu Kai para ofender a la familia He? ¿Acaso comprar a la fuerza su empresa de la nada no es ir demasiado lejos?
El anciano Qi soltó una risa fría y dijo: —Somos comerciantes, no filántropos. Si no tienes la capacidad y te aplastan, no clames injusticia.
Las lágrimas volvieron a nublar los ojos de Qi Yuexin. El señor Qi añadió: —En cualquier caso, respecto a este asunto, mantén la boca cerrada. Corta por completo cualquier relación con Wu Kai, di que él te utilizó y que tú no sabías nada. ¿Me oíste? Parece que ya no podemos tener tratos con la familia Wu, hay que cortar por lo sano.
…
Qi Yueran almorzó algo semilíquido al mediodía y luego He Jian lo ayudó a regresar a la cama para descansar. En realidad, solo tenía algunas heridas en las muñecas, y una vez que pasó el efecto de la medicina, se sintió bien. Pero He Jian no lo dejaba levantarse, por miedo a que sufriera otro percance.
Qi Yueran no podía dormir la siesta, pero como He Jian estaba sentado en el sofá junto a él vigilándolo, no podía hacer nada más. Poco después de la una de la tarde, He Jian anunció de repente que saldría a atender una llamada y se dirigió al estudio.
La llamada era del señor Qi, preguntando por Qi Yueran. Como Qi Yueran ya no tenía teléfono, la llamada llegó al de He Jian. Al ver quién llamaba, a He Jian le repugnó la idea de que Qi Yueran atendiera, así que tomó el teléfono y fue al estudio para responder.
Qi Yueran no le dio mucha importancia, pensando que serían asuntos de negocios. Pero, apenas se fue He Jian, Han Gaoping llamó a la puerta. No esperaba que He Jian no estuviera allí.
Qi Yueran preguntó:
—¿Sucede algo? Parece que He Jian fue a atender una llamada.
Han Gaoping dijo:
—Joven Qi, el señor Lu Zhuoyi ha llegado de improviso. Dice que viene a verlo. No sé…
Al escuchar el nombre de Lu Zhuoyi, Qi Yueran no recordó quién era en un principio; solo lo había visto una vez en el banquete de compromiso. Tras unos segundos, reaccionó: era el primo menor de Lu Yuhan, el adolescente que aún no era mayor de edad.
Han Gaoping le informó que Lu Zhuoyi ya estaba esperando en la sala de abajo. Era el joven maestro de la familia Lu, así que no podía impedirle la entrada. Qi Yueran consideró que no tenía ninguna relación con Lu Zhuoyi y no entendía por qué vendría a verlo. Quizás estaba de paso. No podía dejarlo esperando abajo, así que se vistió y se preparó para bajar.
He Jian colgó el teléfono después de responder al señor Qi con evasivas. En estos días, apenas se separaba de Qi Yueran y no quería estar lejos mucho tiempo. Pero, para su sorpresa, cuando regresó a la habitación después de la llamada, la cama estaba vacía. Un sudor frío recorrió su cuerpo.
Preguntó urgentemente a un sirviente y se enteró de que había llegado una visita y que Qi Yueran había bajado a recibirla.
He Jian pensó que Qi Yueran estaba siendo imprudente y se apresuró hacia la sala de abajo, sin molestarse en preguntar quién había venido.
Antes de entrar, ya se oía la voz de un adolescente siendo exageradamente solícito, preguntando con preocupación por todo.
Qi Yueran y Lu Zhuoyi estaban sentados en el sofá conversando. Lu Zhuoyi preguntaba: —¿Cómo te sientes ahora? ¿Tienes fiebre?—. Mientras decía esto, extendió la mano para tocar la frente de Qi Yueran.
He Jian se acercó rápidamente y lo interrumpió: —Joven Lu, ¿qué le trae por aquí tan de repente?—. Aún recordaba aquellos mensajes subidos de tono que Lu Zhuoyi le había enviado a Qi Yueran, y la idea de que se encontraran no le agradaba en lo más mínimo.
Al verlo, la expresión de Lu Zhuoyi también se ensombreció. Su rostro se tornó frío al instante y esbozó una sonrisa burlona:
—Ayer, cuando fui con mi segundo hermano a visitar al viejo señor He, me enteré de que Qi Yueran había sido secuestrado. Un asunto tan grave… por supuesto que tenía que venir a verlo.
Sus palabras destilaban un claro desdén y desprecio hacia He Jian. Pensaba que permitir que secuestraran a Qi Yueran bajo las propias narices de He Jian era muestra de una incompetencia total, y que si hubiera sido él, las cosas habrían sido diferentes.
Qi Yueran había supuesto que Lu Zhuoyi solo estaba de paso, pero resultaba que había venido expresamente, apresurándose durante la noche. Se sintió halagado, pero también extrañado.
He Jian no podía defenderse. Ya se sentía muy culpable por el incidente, como si una pesada piedra oprimiera su corazón. Con el rostro sombrío, no supo qué responder.
Uyyyy malditooo
Ay que tal este descarado