—Dos veces.
El tono de la voz hizo que un escalofrío recorriera su espalda. En una situación así, lo normal sería retirarse. Lo normal, sí. Pero, ¿desde cuándo Richt era una persona común?
Si era el Richt que Jin conocía, levantaría de nuevo la mano para volver a abofetearlo. Su corazón empezó a latir con fuerza. Aunque significara revelar su identidad, sentía que debía irrumpir y salvar a Richt.
Porque el Gran Duque Graham no era alguien que se dejara golpear sin responder.
«Tal vez muera».
Justo cuando Jin apretaba los dientes y se disponía a moverse, de pronto la ventana estalló. Al mismo tiempo, un fuerte viento rugió hacia adentro. El silencioso hostal se iluminó y se escucharon los sonidos de gente moviéndose.
~ ◊◊◊ ♦♦ ◊◊◊ ~
Nadie lo creería, pero Richt se había contenido mucho. Había huido, abandonando todo para sobrevivir; ¿qué orgullo podía tener ahora? Eso había pensado. Pero al final, no pudo contenerse.
«¡¿Cómo podría soportar esto?!»
Quien comete acoso sin consentimiento no debe ser perdonado. Si solo hubiese querido que se rindiera, tal vez lo habría dejado pasar. Pero que le pusiera las manos encima era intolerable. Así que, sin piedad, Richt abofeteó a Abel.
«Mierda».
Había puesto bastante fuerza, pero la mejilla de Abel apenas se enrojeció. Molesto, le dio otra bofetada, pero esta vez fue Richt quien sintió el dolor: la palma le ardía como si hubiese golpeado una roca.
—[¿Está bien pegarle?]
—[¿Estás bien?]
—[¿Está enojado?]
Los espíritus lo miraban con preocupación.
«¿Y qué? Yo soy la víctima, ¿por qué el otro estaba enojado? Así eran los mimados», pensó Richt, y mordió su lengua para no soltar una grosería. «Aunque, ¿por qué no podía hacerlo?».
Richt miró a Abel con una expresión venenosa. Él levantó una mano y acarició lentamente la mejilla que Richt había golpeado. Entonces lo miró, y el miedo llegó tarde, pero llegó.
Los espíritus tenían razón. Abel estaba enojado.
—[Es peligroso.]
—[Muy peligroso.]
—[Hay que hacer algo.]
—[¡Ah, al diablo!]
Los espíritus corrían de un lado a otro, inquietos. De pronto, uno de ellos se lanzó hacia la ventana. Fue lo único que hizo, pero el marco de madera estalló y un vendaval irrumpió con fuerza.
El ambiente cambió. Abajo se oyeron ruidos y pasos al otro lado de la vieja pared. Aun así, la mirada de Abel no se apartó de Richt.
—Nunca en mi vida me habían abofeteado.
«Claro que no. ¿Quién se atrevería a golpear al príncipe?» Richt apretó los labios.
—Le dije que no lo quería.
No había hecho nada malo. Richt trató de mantenerse firme.
—Ya veo.
Abel retiró la mano de su mejilla y se acercó a Richt. Su mirada, desde arriba era punzante.
—No sé si el duque Devine lo sabe, pero nadie puede herir a un miembro de la familia imperial.
«¿Y cómo no iba a saberlo?».
En la sociedad moderna ya no era así, pero la historia guardaba huellas de aquellos tiempos. Quienes atentaban contra la familia imperial eran castigados con la destrucción durante tres generaciones.
—¿Así que piensa matarme?
Abel no respondió.
¡Bang, bang!
Alguien golpeaba la puerta.
—¡Su Alteza! —Una voz conocida. Era Louis, el subcomandante de los Caballeros de Redford— ¿Se encuentra bien?
Parecía dispuesto a entrar de inmediato. Claro, la ventana de la habitación de su alteza había explotado; era lógico correr hacia allí. Un gesto de fastidio cruzó el rostro de Abel.
—Estoy bien.
—¿Qué ocurrió?
—No te concierne. Márchate. —Apenas terminó de hablar, la voz incómoda de Louis volvió a oírse— Sir Ban está conmigo.
Si Ban estaba allí, ni siquiera una orden directa bastaría para hacerlo retroceder. El fastidio de Abel se transformó en irritación. Richt tiró de su ropa cuando él dio un paso hacia la puerta.
—¿Qué piensa hacer?
—¿Qué crees tú?
«¡Por eso le preguntaba!», Richt lo fulminó con la mirada.
—Estoy de muy mal humor.
—Y entonces.
—Si te golpeo según mi humor, probablemente mueras.
Richt miró instintivamente sus manos. Si lo golpeaba con fuerza, sin duda moriría.
—Así que quisiera desquitarme un poco en otra parte.
—¿Con Sir Louis?
—No.
—No lo harás con Ban.
—Últimamente, cuando lo llamas, a veces olvidas su título.
—…Es que crecimos juntos.
«Vaya excusa tan tonta», pensó Richt, tragándose un suspiro.
—¿Tan cercanos son?
—Sí. Así que no lo toque.
—Entonces, ¿qué me das a cambio?
Richt frunció el ceño.
—Tienes una expresión curiosa.
Abel extendió el pulgar y presionó con fuerza el entrecejo de Richt. Acaso, ¿ya había olvidado que lo abofeteó por tocarlo? Los ojos de Richt se entrecerraron.
—¿Por qué debería darle algo?
—Porque, si no, molestaré a tu caballero.
—¿Está bromeando?
—¿Quieres comprobarlo? —Abel sonrió con malicia, señalándose el pecho.
¿Por qué había tenido que acabar en un cuerpo tan frágil?, Richt no pudo evitar suspirar esta vez.
—Está bien. —Respondió con frialdad mientras pensaba con rapidez.
¿Qué quería Abel de él? Si recordaba su comportamiento hasta ahora…
«Su cuerpo, claro… Maldición, ¿el Gran Duque Graham siempre había sido gay?» Richt maldijo interiormente todo lo que conocía.
Había que pensar con calma. Lo que pasara con Ban no le incumbía realmente. No era el verdadero Richt, y su único objetivo era sobrevivir. Aunque lo hubieran capturado y llevado de nuevo a la capital, escaparía otra vez si veía la oportunidad. Eso significaba que podría volver a abandonar a Ban.
Después de todo, Ban había sufrido bastante por culpa de Richt. ¿Podría Abel hacerle algo peor?
«Lo sé… lo sé».
Pero no quería verlo sufrir. Solo imaginar que alguien más lo tocara le provocaba un rechazo visceral. Si esos ojos rojos, tan hermosos como gemas, debían torcerse de dolor, que fuera por su mano y de nadie más.
Richt cerró los ojos con fuerza y los abrió.
—Le daré lo que quiera.
Al fin y al cabo, seguía siendo un hombre. No se desgastaría porque otro lo tocara. Y ni siquiera era su cuerpo original. Mientras no muriera, todo estaba bien. Con ese pensamiento respondió, pero Abel pareció disgustado.
—¿Y esa cara cuando dices que me darás lo que quiero?
—No lo hago por usted.
—Por supuesto.
«¿Y todavía esperaba afecto?» Richt alzó una sonrisa sarcástica.
“Abel, tú no eres mi tipo”.
Su rostro se endureció, pero a Richt no le importó. En ese momento, la voz de Ban se oyó afuera.
—¡Lord Richt!
Golpeaba la puerta, impaciente. Si Richt mostraba la más mínima señal de peligro, la derribaría.
—No pasa nada —por eso dijo— Vuelve a dormir.
Richt solo quería que se fuera. Pero los pasos al otro lado no se alejaron. Ban no le creía. Claro, seguramente había escuchado algo desde allí.
—Lord Richt. Puedo soportarlo todo.
¿Y cómo lograba hablar así de bonito? Ban era el tipo de persona que podía saldar una deuda enorme con una sola frase.
—No sé de qué hablas. Vete.
—Lord Richt —Ban lo llamó con una voz temblorosa, y eso solo hizo que el aura de Abel se volviera más amenazante.
—Es una orden.
—Vamos, Sir Ban. —Se oyó también la voz de Louis tratando de convencerlo. Pero Ban no se movió. Parecía dispuesto a pasar la noche allí.
—¿Por qué no te largas ya? ¿O tengo que torcerle el cuello a tu amo para que te vayas? —soltó irritado Abel.
Solo entonces los pasos se alejaron.
«Qué carácter tan podrido».
Podrido, pero diferente al suyo.
—Por fin, hay silencio. —Abel se volvió y se sentó en la cama. Luego hizo un gesto con el dedo. Richt contuvo el impulso de torcérselo y se acercó.
—Veamos si me das lo que quiero.
Así que debía complacerlo.
«Qué asco».
Richt se acercó lentamente y, con torpeza, puso una mano sobre su hombro.
«Tranquilo, puedo hacerlo. No pienses que es una persona». Se convenció a sí mismo y lo besó suavemente.
No fue tan malo como pensó, pero luego no supo qué hacer. Al quedarse quieto, Abel habló con tono insatisfecho.
—¿Eso es todo?
—… No, señor.
Bien, admitámoslo. Había tenido novia en la escuela, pero fue una relación breve. Ambos eran jóvenes e inexpertos, y apenas se tomaban de la mano o se daban besos ligeros. Luego se separaron de manera natural y él se hizo adulto.
«Mi vida fue un desastre».
Sus padres murieron y la familia quedó en la ruina. Aun así, debía terminar la universidad, así que trabajó en varios empleos para pagar la matrícula y vivir. No le quedó tiempo para salir con nadie.
En resumen, eso era todo lo que sabía hacer.
~ ◊◊◊ ♦♦ ◊◊◊ ~
Gracias por la ayuda~