Capítulo 35

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«Me siento fatal».

¿Alguna vez me había sentido tan mal como ahora? Ni siquiera cuando Maia me destrozaba por dentro, ni cuando mi hermano me ordenó ir al norte; entonces lo consideré ridículo.

«¿Qué demonios tiene ese caballero?»

El interior me hervía. El Richt que Abel conocía era una persona inocente y sensible. No era alguien que se lanzaría por un caballero de origen esclavo. Habían pasado bastantes años juntos; ¿sería que en ese tiempo su corazón había cambiado?

Abel contuvo su ira mientras observaba a Richt acercarse a él. ¿Cuánto estaría dispuesto a entregar por Ban? Mientras pensaba eso, sintió tres pequeñas presencias moviéndose con energía del viento.

«Cierto, tenía espíritus».

No quería que lo molestaran. Abel envió una advertencia con un aura cargada de intención asesina hacia los espíritus. Les dejó claro que no sería bueno moverse ahora. Sintió una leve sensación de rebeldía, pero no duró mucho.

Finalmente, los espíritus se sometieron a Abel y se agruparon en una esquina, temblando.

Mientras tanto, Richt se acercó aún más. Le dio un beso leve, como el picoteo de un ave con su pico, y luego se quedó quieto, observando su reacción.

«¿Incluso le desagrada tocarme?».

Sin darse cuenta, a Abel se le escapó un comentario sarcástico. Ante su pregunta de si eso era todo, Richt respondió que no. Luego volvió a darle otro leve beso. Lo repitió varias veces, y entonces Abel comenzó a pensar que algo no cuadraba.

Abel empezó a observarlo con calma. Cada vez que lo besaba, Richt movía los ojos con torpeza, y a mitad del proceso terminó cerrándolos con fuerza. La mano que había subido hasta su hombro no se movió más. A veces se estremecía, pero eso era todo.

«No puede ser…»

No, imposible. Por muy reservado que fuera, seguía siendo un hombre adulto. Ya era la edad de hablar de compromisos, ¿y aún no sabía nada de esto? Si fuera plebeyo, podría entenderlo, pero siendo noble, era impensable.

Los nobles recibían educación sexual al llegar a cierta edad. Era para prevenir hijos ilegítimos y para que pudieran sobrellevar sus futuras relaciones sin problema.

Algunas familias consideraban mejor mantener la inocencia y no enseñaban nada, pero eran casos muy raros. Y eso solía aplicarse a las hijas destinadas a casarse con otros linajes. Richt, siendo hombre y heredero del título de duque, no debía ser uno de esos casos.

«Aunque el anterior duque murió antes de lo esperado… ¿Debería probar un poco?».

Abel rodeó la cintura de Richt, que se había acercado más, y le lamió los labios con la lengua. Richt abrió los ojos, sorprendido. Sus pupilas verdes, bien redondeadas, eran bastante adorables.

Cuando Abel volvió a lamerle los labios, estos se entreabrieron.

—¿¡Qué!?

Se mordió los labios como señal de protesta y metió la lengua. Richt empujó a Abel, pero ¿cómo iba a poder retroceder con semejante fuerza? Sin dudarlo, Abel palpó la carne húmeda y tierna.

No hubo respuesta, pero ya estaba bastante emocionado. Esto se debía a que se dio cuenta de que Richt, aún era bastante inocente con respecto al sexo. Estaba jadeando, como si se le hubiera olvidado cómo respirar.

«Es dulce».

En realidad, no había saliva. Pero exploró el interior de su boca que no supo cómo resistir ante su antojo. Cuando se separó Richt dejó escapar un profundo suspiro.

—¡Esto! —Se tapó la boca de nuevo intentando gritar algo.

A Abel le encanta el interior de su pequeña boca, de su lengua carnosa y su piel suave. Aunque solo se habían besado, la parte inferior de su cuerpo estaba tensa.

La segunda vez que Abel se apartó, Richt jadeó de nuevo. Pensando que ya había tomado suficiente aire, extendió su mano y le impidió que se volviera a alejar.

—… maldito loco.

«Ah, eso genial». Que fuera educado no estaba mal, pero de vez en cuando mostraba su verdadera personalidad. Hablaba de manera informal y un escalofrío le recorrió la espalda a Abel. No era por miedo o terror, Richt no era el tipo de persona que le provocaba esas emociones.

Sí, se trataba del deseo sexual.

Abel sonrió, sus ojos abiertos lo miraban. Lamió con vehemencia la palma que le cubría la boca, y la expresión de Richt se contrajo. En cuanto retiró la mano, sorprendido, Abel lo tumbó en la cama y se subió encima de él.

—Nunca te has acostado con alguien ¿verdad?

Ante la pregunta descarada, Richt puso una expresión de disgusto y soltó una descarada mentira.

—Si.

—Mentira.

Las manos de Abel se deslizaron por la cintura de Richt y le agarraron las nalgas, la única parte carnosa de su cuerpo. Luego le colocó sus piernas entre los muslos de Richt y las separó.

—¿Quieres que te toque? —susurró.

Richt apretó los dientes y clavó sus uñas en el antebrazo de Abel.

—¡Ya está bien! ¡Se acabó! ¡Se acabó!

—¿Qué?

—Lo que te puedo dar, se terminó.

—Mmm.

Abel movió deliberadamente su muslo, presionando con firmeza la parte baja del cuerpo de Richt. Entonces, su pequeño rostro palideció. Había declarado el final, pero ¿era realmente necesario cumplir su palabra?

—¡Ayúdenme!

Parecía que por fin había recordado a los espíritus.

«Se han vuelto molestos».

Los espíritus eran bastante inteligentes. En lugar de atacar a Abel, que podría matarlos, comenzaron a destrozar los alrededores. Gracias a sus esfuerzos, las paredes se resquebrajaron y el suelo empezó a ceder.

—Basta—. Abel soltó a Richt y se incorporó.

En cuanto desapareció la fuerza que lo mantenía atrapado, Richt salió corriendo hacia afuera.

Podría haberlo perseguido, pero no lo hizo. Primero era más importante encargarse de los espíritus molestos.

—Podrían intentar interferir otra vez—. Abel sacó inmediatamente su espada. El viento se hacía cada vez más intenso.

Richt, que había salido corriendo de la habitación, bajó al piso inferior. En el comedor de la planta baja había varias personas que no habían podido dormir, y reconoció un rostro familiar: Loren, el asistente de Abel y también un espiritista.

—¡Sígueme! —Richt tiró de Loren, que tenía una expresión desconcertada. Al mismo tiempo, se escuchó un estruendo desde arriba.

Los ojos de Loren se abrieron con sorpresa al mirar hacia arriba. De inmediato soltó a Richt y subió para investigar. Como espiritista, debía sentir la energía de los espíritus.

Loren, siendo alguien que cuidaba a los espíritus, detendría a Abel si se descontrolaba. Al darse cuenta de esto, Richt se desplomó en el lugar, y su cuerpo empezó a temblar tarde pero seguro.

«Tenía miedo».

Ser manipulado por un hombre con un poder abrumador no era una buena experiencia. No podía dejarse arrastrar así. Tenía que idear alguna estrategia. Mientras levantaba la cabeza, vio el rostro de Ban.

—¿Está bien?

—Estoy bien—. Era mentira.

En realidad, no estaba bien, pero no podía decir la verdad en un lugar lleno de enemigos. Parecía que Ban se dio cuenta, porque no insistió más. En su lugar, lo envolvió con una manta que había traído de algún lado.

Por fin, Richt pudo relajarse. El alboroto de arriba se calmó pronto. Después, Loren, agotado, bajó con tres espíritus en brazos.

Ninguno de ellos estaba en estado normal. Parecían como si les hubiera caído un rayo; su pelaje estaba hecho un desastre y Loren entregó los espíritus a Richt.

—Lo siento—. Loren suspiró, se disculpó y se sentó tambaleante en una silla cercana.

Parecía no tener fuerzas para moverse más. Esta vez, Louis subió para ayudar. Por suerte, los subordinados parecían personas sensatas.

—[¡Ugh, ¡qué frustrante!]

—[¡Frustrante! Si fuera más fuerte…]

—[¡Les arrancaría el pelo!]

Los espíritus se posaron sobre las manos de Richt, desahogando su ira. ¿Por qué demonios les caía bien a estos niños? Siquiera no les había hecho nada; siempre recibía su ayuda.

«Debería preguntarle a Loren qué les gusta a los espíritus».

No podía ignorar a estas pequeñas y adorables criaturas. Sentía que tenía que hacer algo por ellos para sentirse tranquilo. Richt atrajo a los espíritus hacia sí y los sostuvo contra su pecho. Los gritos de enojo hacia Abel empezaron a disminuir poco a poco.

Parecían cansados por el esfuerzo. Lo mismo pasaba con Richt, que en un momento simplemente se quedó dormido como si se hubiera desmayado.

Ban levantó ligeramente la manta y miró a Richt. Su rostro estaba pálido, pero sus labios, de color más claro, estaban más rojos de lo habitual y ligeramente hinchados.

Ban había visto muchas cosas desagradables antes y después de que el duque lo adoptara. Por eso supo de inmediato por qué Richt estaba así.

El Gran Duque Graham había deseado a su señor. Ban apretó los dientes y contuvo la emoción que estaba a punto de estallar. Era una emoción que no debía mostrar. Aunque se enfureciera, sería difícil matar a Abel. Por eso, debía contenerse.

Al recibir la orden de Ban y bajar al piso inferior, vio una marca familiar fuera de la ventana. Era usada por las sombras afiliadas a Devine.

«Hay una sombra cerca».

Entonces debía averiguar quién era. Devine numeraba a sus sombras; cuanto menor era el número, más poderosa era. Si era una sombra de un solo dígito, podría sacar a Richt de allí.

Las sombras eran hábiles en el sigilo y la fuga, lo que sería muy útil si tenían que escapar después.

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Gracias por la ayuda~

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