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Bestias de nivel diez, ¡y además un centenar! Cualquiera con dos dedos de frente sabía que había que huir. Aunque Ling Xiao, por su fuerza, no tenía por qué temerles demasiado, el pasaje espacial era algo muy frágil. Si sufría un impacto violento, podría provocar otra tormenta espacial, o incluso el colapso del pasaje. Así que, ante algo así en el pasaje, lo normal era huir.
El que pedía auxilio era un joven que aparentaba veinticinco o veintiséis años. Lo más llamativo de él era su cabeza rapada. No se sabía cómo había conseguido atraer a un centenar de bestias. Pero, en cualquier caso, nadie le hizo caso.
Sin embargo, lo inevitable ocurrió.
Mientras el hombre corría hacia ellos, el centenar de bestias lo perseguía. El enorme estruendo provocó finalmente el colapso del pasaje. Como un espejo roto, los fragmentos caían sin cesar. Una fuerza arrolladora se extendió desde atrás.
You XiaoMo, en su último instante de visión, vio cómo Yin Ge y los otros dos eran separados de ellos por algo, y luego engullidos por un destello de luz desapareciendo.
Un segundo después, ellos también fueron engullidos por la blanca inmensidad. Los rugidos de las bestias quedaron al instante aislados.
Era una extensión yerma, una llanura de arena roja que se perdía en el horizonte. El cielo estaba despejado, y un sol abrasador quemaba la tierra. En un radio de mil metros, no se veía ni una brizna de hierba ni una sola alma.
You XiaoMo yacía sobre Ling Xiao. Al cabo de un rato, reaccionó. Lo primero que hizo fue buscar a Yin Ge y Zhan Yuxuan. Pero no los vio por ningún lado. En cambio, a unas decenas de metros, yacía un “cadáver” del que no se sabía si estaba vivo o muerto.
—¿Yin Ge y los otros no habrán…? —You XiaoMo se quedó mirando fijamente el “cadáver” un momento. De repente, reaccionó y levantó la cabeza, nervioso.
Ling Xiao le acarició la espalda para calmarlo: —No. La salida se desvió un poco por el impacto. Pero ahora ellos ya deben haber aparecido sanos y salvos en algún lugar del reino superior.
You XiaoMo se tranquilizó al instante. Pero al pensar en el centenar de bestias de nivel diez, aún sentía pavor. Si no hubieran estado tan cerca de la salida, realmente habrían muerto.
—¿Qué eran esas bestias?
—Son bestias espaciales —dijo Ling Xiao, pero antes de que pudiera continuar, el “cadáver” que yacía no muy lejos se movió de repente. Un par de ojos brillantes los miró.
You XiaoMo reconoció a ese hombre. Era el culpable de que el pasaje espacial colapsara. ¡Y encima estaba vivo! Sabiendo que era el responsable de separarlos de Yin Ge, casi deseaba que no hubiera salido.
—Las bestias espaciales y las tormentas espaciales son los dos grandes peligros del pasaje espacial —dijo el joven, continuando. —Pero la probabilidad de toparse con las primeras es mil veces menor que con las segundas. Además, las bestias espaciales suelen aparecer en manada. Si te topas con ellas, la probabilidad de morir es un doscientos por ciento mayor que con una tormenta espacial. La probabilidad de sobrevivir es de una entre cien mil millones.
You XiaoMo le preguntó con tono áspero: —Entonces, ¿cómo es que tú no moriste?
El joven se quedó atónito, y luego soltó una risa despreocupada: —¡Porque yo soy ese uno entre cien mil millones, el afortunado!
You XiaoMo entrecerró los ojos: —Creo que muy pronto dejarás de tener suerte.
Apenas terminó de hablar, el joven de repente saltó como si le hubiera picado una aguja, gritando. Al rato, se dobló y escupió un chorro de sangre. La sangre roja fue absorbida por la arena en pocos segundos.
You XiaoMo se quedó atónito un momento. Él no había hecho nada. Bajó la vista y vio la mano de Ling Xiao retirándose lentamente. Lo entendió al instante.
—Buenos señores, ¡perdónenme la vida! No volveré a hacerlo —suplicó el joven después de vomitar sangre. Sus brillantes ojos, algo cansados, miraron a Ling Xiao. Sabía perfectamente quién le había asestado el golpe.
You XiaoMo ya sabía que este joven, que había logrado atravesar el pasaje espacial solo y sobrevivir a la persecución de un centenar de bestias espaciales de nivel diez, debía tener sus habilidades.
—Podemos perdonarte la vida, pero… —dijo You XiaoMo.
—¿Pero qué? —preguntó el joven rápidamente.
You XiaoMo preguntó, sin muchas esperanzas: —¿Sabes qué lugar es este?
—¿Es su primera vez en el Continente Tongtian? No me extraña… —el joven se quedó atónito un momento, y luego cambió de tono. —Esto debería ser Bei Dong, una famosa tierra baldía del Continente Tongtian. Es el lugar más caótico de todo el continente.
Continente Tongtian era el nombre del reino superior. Normalmente no se decía “reino superior”, sino “Continente Tongtian”. A menos que se fuera de un reino intermedio o inferior.
You XiaoMo no esperaba que realmente lo supiera. No pudo evitar preguntar: —¿Lo sabes tan bien? ¿Acaso eres del Continente Tongtian?
El joven negó con la cabeza: —Tengo un mapa del Continente Tongtian que me dio mi maestro. Ya lo había estudiado antes de venir. En Bei Dong hay una famosa llanura de arena roja. La arena es de color rojo.
Los ojos de You XiaoMo se iluminaron al instante. Miró fijamente al joven con una mirada ardiente.
Al joven se le escapó una gota de sudor frío.
Le resultaba muy familiar esa mirada. Porque él mismo solía poner esa misma cara cada vez que se enteraba de que su maestro tenía algún tesoro.
—Si ustedes quieren, puedo darles una copia del mapa…
El joven tomó la iniciativa de ofrecerles una copia del mapa del Continente Tongtian. No le quedaba otra. El hombre al lado del muchacho lo miraba de una forma que le daba miedo. Tenía el presentimiento de que, si se negaba, ese hombre lo mataría de verdad.
You XiaoMo mostró al instante una sonrisa radiante y le estrechó la mano: —Eres una buena persona.
El joven, al recibir la tarjeta de “buena persona”, soltó una risa seca.
Si no hubiera sido porque él era el culpable de todo, jamás habría regalado una copia del mapa del Continente Tongtian sin condiciones. Había que saber que la extensión del Continente Tongtian podía describirse como infinita. Además, las fuerzas que en él operaban eran demasiadas y muy complejas. Por eso, nadie había podido trazar un mapa completo del Continente Tongtian. Ni siquiera su maestro.
Aunque el mapa que él llevaba no era el más completo, incluía muchos lugares que no aparecían en los mapas de otros.
Su maestro le había dicho que muchos de esos lugares los había explorado él mismo, arriesgando su vida. Le había pedido que no se los diera a cualquiera. Y él, el primer día que llegaba al Continente Tongtian, ya había regalado el mapa. Si su maestro se enteraba, seguramente lo mataría de ira.
Tras hacer la copia, el joven le entregó el registro de jade.
You XiaoMo lo tomó con alegría y fue corriendo a presumírselo a Ling Xiao: —¡Qué bien, ya tenemos mapa!
Ling Xiao no dijo nada, pero en sus ojos se reflejaba una sonrisa.
Aunque Ling Xiao había estado en el Continente Tongtian, en realidad no había visitado muchos lugares. Cuando se fue de allí, apenas tenía cien años. En un siglo, ni siquiera podría haber recorrido por completo Bei Dong. Por lo tanto, aunque sabía mucho, en su mayoría era información oída.
—Bueno, ya puedes irte —dijo You XiaoMo, guardando el registro de jade y despidiéndolo inmediatamente.
El joven sonrió con suficiencia: —Dicen que coincidir es tener un destino. El que nos hayamos conocido aquí también es una especie de destino. ¿Qué tal si… vamos juntos?
You XiaoMo lo miró de arriba abajo y sonrió: —Destino, sí, “destino de mierda”[1]. Pero creo que no vamos en la misma dirección.
—¿Y cómo lo sabes sin preguntarme?
El joven dijo con desánimo. Ya sabía que la primera impresión que había causado era pésima.
You XiaoMo pensó que no le faltaba razón, así que preguntó: —Bueno, ¿a dónde quieres ir?
El joven respondió rápidamente: —He venido al Continente Tongtian para encontrar a mi maestro.
You XiaoMo: —…
—¿Y dónde está tu maestro?
—No lo sé.
You XiaoMo: —…
—¿Quién es tu maestro? —preguntó Ling Xiao en ese momento.
El joven se quedó atónito un instante y respondió rápidamente: —Mi maestro es uno de los Diez Dioses del Continente Tongtian, el Dios Ladrón. Se apellida Dao y se llama Zu. El mapa que les di son los lugares que mi maestro ha visitado.
—¿Dao Zu? Qué nombre tan peculiar —dijo You XiaoMo.
—¡Por supuesto! Dao Zu también significa “El Patriarca de los Ladrones”. Mi maestro es un ladrón de renombre en todo el Continente Tongtian —dijo el joven con orgullo.
Ling Xiao dijo: —Si tu maestro es el Dios Ladrón, seguramente no tiene un lugar fijo. ¿Dónde piensas buscarlo?
El joven, al darse cuenta de que había esperanzas de que lo aceptaran, respondió: —Ciertamente, mi maestro no tiene un lugar fijo. Normalmente no permanece en un sitio más de un mes. Pero sé que donde hay tesoros, seguro que está mi maestro. Así que quiero ir a la Ciudad Tianxiang, en Bei Dong, a buscar noticias.
You XiaoMo notó que Ling Xiao había tomado la iniciativa de hablar con él. Eso significaba que aceptaba que los acompañara. Seguramente tenía que ver con su maestro, el Dios Ladrón.
—Por cierto, me llamo Dao Yun. ¿Y ustedes?
Después de hablar tanto, el joven por fin recordó que no se había presentado.
—Yo soy You XiaoMo —dijo You XiaoMo, señalando a Ling Xiao. —Y él es Ling Xiao.
Finalmente, los tres emprendieron el camino juntos.
You XiaoMo iba mirando el mapa mientras escuchaba a Dao Yun hablar sobre Bei Dong.
La Ciudad Tianxiang era la ciudad más importante de Bei Dong. Su fama no se debía a su prosperidad, sino a que en sus cercanías se asentaban diez de las principales fuerzas de Bei Dong.
Nota de traductora:
Destino (Yuanfen 缘分) y estiércol de simio (yuanfen 猿粪) son homónimos. Básicamente Xiaomo, hizo un juego de palabras.