Exactamente la misma ruta.
El Gran Palacio, quizás A-Chong lo había guiado innumerables veces, y para Ning Yu era también la tercera vez que venía. El autobús llegó, bajaron, la guía A-Mi en la primera fila contaba personas, gritando: “Familia número uno, familia número dos.”
Ning Yu y A-Chong estaban de pie al final del grupo. Cuando gritaron familia número ocho, los dos levantaron la mano sin expresión en el rostro, y la bajaron igualmente sin expresión. A su alrededor solo había grupos turísticos, la marea humana los rodeaba, el sol brillante y abrasador, se estrellaba contra las personas sin tregua.
A-Chong volvió la cabeza para mirar a Ning Yu: —¿Todavía quieres ver el Gran Palacio?
Ning Yu sacó del bolso un caramelo duro de limón y se lo pasó. Dijo: —Ya no lo veré. Quiero invitarle a tomar una taza de café, ¿tiene tiempo?
A-Chong sonrió, aceptó ese caramelo y siguiéndole el juego a Ning Yu, preguntó: —Entonces, ¿voy como un cliente del grupo o voy como con un amigo?
Ning Yu se rió junto con él: —Ir como novio, ¿está bien?
Se despidieron de A-Mi, dieron media vuelta y fueron a buscar esa cafetería a la que habían ido juntos antes.
En el camino pasaron por esa garita de seguridad. Esta vez A-Chong no se detuvo para hablar con otros. El clima era demasiado caluroso, el mediodía fácilmente provocaba sueño. Ning Yu dijo que quería fumar y A-Chong, con las manos en los bolsillos, lo acompañó a un lugar donde se podía para que fumara.
Estuvieron de pie juntos, uno fumando, otro comiendo caramelo, mirando a los turistas que pasaban y el paisaje.
—¿Los guardias de seguridad de aquí han cambiado? —Ning Yu señaló la garita de seguridad con el cigarrillo. —Siempre recuerdo ese día, hiciste que la hija de ese guardia me llamara hermano mayor, una niñita que se veía muy saludable.
—Mm, se mudaron a Chiang Mai para trabajar.
—¿Cómo es que conoces hasta a los guardias?
—Fui yo quien le recomendó el trabajo, es alguien que conocía de antes, había trabajado como ayudante para San-jie.
A-Chong se encogió de hombros, hablando con indiferencia: —Cuando empecé a salir a trabajar, fue precisamente para mezclarme entre esta clase de gente. Yo soy bastante parecido a ellos, todos somos simplemente personas que salimos a luchar por la vida”.
Ning Yu soltó una risa leve: —Para ser honesto, siempre pienso que te pareces y a la vez no. A veces pienso que pareces un joven rico de buena familia, otras veces pienso que pareces un pobre vendedor ambulante, eres muy extraño.
¿Ah sí? Pero una persona no puede tener solo una cara. A mí simplemente me gusta, en distintas situaciones, ajustarme hasta adoptar una apariencia sin fisuras.
A-Chong jugueteaba con el envoltorio del caramelo en su mano, señalando a la multitud congestionada frente a ellos y continuó diciendo: —Mira, solo en un sitio turístico, hay cientos de tipos de negocios que se pueden hacer. Los que venden entradas falsas, los que ayudan a tomar fotos, guardias de seguridad, los que cobran multas, los que venden comida, los que venden juguetes… Yo no soy como tú, que tienes buenos orígenes. Este humilde servidor, desde pequeño, ha tenido que ganarse la vida en estos lugares, ganar dinero para sobrevivir.
A-Chong rara vez mencionaba así sus propios asuntos.
Ning Yu apagó el cigarrillo e intentó tomar la mano de A-Chong. A-Chong la esquivó, riéndose mientras lo regañaba: —Ya basta, con este calor y todavía quieres tomar mi mano.
—Quiero tomarte de la mano.
—No vengas con sentimentalismos conmigo —A-Chong sonrió con indiferencia, y volvió a sacar otro caramelo del bolsillo de Ning Yu, —La gente con mala suerte tiene la vida muy dura. Yo estoy viviendo bien, no me mires con esa cara larga.
A-Chong partió con los dientes el caramelo duro que tenía en la boca. El caramelo se hizo añicos en su boca, dulce, tan dulce que A-Chong entrecerró los ojos.
Ning Yu miró a A-Chong, y luego dijo en voz baja: —Cuando dices este tipo de cosas, siempre siento que estás muy cerca de mí… y a la vez muy lejos, por eso quiero sujetarte.
A-Chong sonrió, no dijo nada más, y pasando un brazo sobre el hombro de Ning Yu comenzó a caminar hacia adelante.
—Nunca he preguntado… ¿a qué se dedican tus padres?
Se notaba que Ning Yu hacía esta pregunta con cautela.
A-Chong masticó el caramelo, ayudó a Ning Yu a arreglarse un poco la gorra, asegurándose de que este no pudiera ver su expresión, y luego dijo con un tono muy exagerado: —¡Ah, mis padres! ¡Mi padre es un gran narcotraficante que va y viene entre el Triángulo de Oro y la frontera de Yunnan, y mi madre es la mujer que sigue al gran narcotraficante, viniendo con el viento y yendo con la lluvia! Fueron encarcelados cuando yo era pequeño, luego nunca los volví a ver, si están vivos o muertos no tiene nada que ver conmigo.
Su tono era como cuando solía bromear con Ning Yu.
Una experiencia así sonaba demasiado extraña y enrevesada, y seguramente también debía estar muy alejada de la vida de Ning Yu, pensó A-Chong. Si no, ¿cómo podría Ning Yu decir: “Habla en serio, te lo pregunto de verdad”?
Aunque te lo diga, tampoco me creerías. A-Chong tampoco tenía claro si su sonrisa era falsa o real, pero en cualquier caso, sonrió.
Cuando volvió a hablar, su tono seguía siendo despreocupado, con un toque de broma.
—Yo también lo digo en serio—. A-Chong negó con la cabeza. La verdad no te la crees, ¡cómo le gusta a la gente escuchar mentiras!.
Ning Yu frunció el ceño y luego respondió: —Creo que quiénes son tus padres y quién eres tú son dos cosas distintas. Si no quieres decirlo, no pasa nada, pero espero que sepas que no voy a tener ninguna opinión sobre ti por eso. Preguntarte es solo… porque siento que no conozco mucho tu pasado, y de vez en cuando también quiero escucharte contarme un poco más sobre ello.
Bueno, probablemente este tipo todavía cree que tengo algún secreto vergonzoso, que me da vergüenza contar. ¡Ya te lo dije! Te lo dije y no me crees.
¿El pasado? De ninguna manera te lo voy a decir. El pasado lo he desechado, lo que quiero es el futuro.
A-Chong alzó la vista para mirar la sombra de los árboles frente a ellos.
La luz era muy deslumbrante, el sol hacía que uno se mareara un poco. Él pasó un brazo sobre Ning Yu y cruzaron la calle. Turistas y transeúntes que pasaban junto a ellos clavaron su mirada en el rostro de A-Chong y de Ning Yu por un instante. Mira, mira, mira, todavía sigue mirando, ah, ¿por qué lo miran a él? Claramente yo soy más guapo que él… Dejen de mirarlo porque a él le gustan los hombres, además anoche lo deje hecho polvo en la cama ¿vale? ¡Tampoco me miren a mí! Hace mucho que no me gusta una mujer.
Con el rabillo del ojo, Ning Yu vio que A-Chong estaba mirando a esas dos chicas que llevaban pantalones cortos al lado. Su rostro se desplomó de golpe, alzó directamente las manos y cubrió los ojos de A-Chong con ambas. —¡No puedes mirar!
A-Chong se rio, bajó las manos de Ning Yu y dijo, —No miro, no miro, no tienen las piernas tan bonitas como las tuyas.
Cruzaron la calle, era familiar, la misma calle por la que Ning Yu y él habían caminado antes.
De repente, a A-Chong le costaba creer que ya hubiera pasado un año.
Inclinó la cabeza hacia un lado y preguntó a Ning Yu: —¿Tu familia no tiene objeciones de que vengas a Bangkok?
Ning Yu hizo una pausa, volvió la cabeza y bromeó: —Claro que tienen objeciones. Mi padre quiere romperme las piernas. Pero está ocupado, y tampoco tiene mucha energía para controlarme. Así que si me echas, solo me quedará volver y heredar la empresa de mi padre.
A-Chong se rio, —Ya basta, lo que uno gana por sí mismo es lo único que vale la pena usar.
Ning Yu lo pensó un momento y de repente preguntó: —Chong-ge, ¿no has pensado en volver a China a vivir?
¿Volver a China a vivir?
A-Chong pensó un poco y respondió: —Lo he pensado, pero…
Pero allí no tengo familia, no tengo amigos, no tengo raíces. He pensado incontables veces en volver, en ir a ver si la peluquería donde trabajaba San-jie sigue existiendo, si la aldea Dai donde plantaba plátanos ha cambiado… Pero temo no poder encontrarla porque desde un principio, yo nunca he tenido un hogar.
Dijo: —Parece que no tengo motivos para volver.
Ning Yu miró a A-Chong, estaba a punto de hablar cuando justo llegaron al lugar.
Llegaron a la misma cafetería de antes, caminaron hasta la caja para pedir. A-Chong preguntó en tailandés un par de frases sobre por qué habían cambiado la decoración, el estilo era diferente. La persona de la caja dijo que era porque habían cambiado de dueño, los dos dueños anteriores se habían divorciado y habían traspasado el local.
Igual que la primera vez, A-Chong pidió jugo de coco para Ning Yu, y para sí mismo un café americano. Tras pedir, encontraron ese mismo asiento y se sentaron.
—Antes me gustaba bastante venir a esta tienda a comprar granos de café, el dueño sabía mucho de café—. A-Chong negó con la cabeza, —Él y su esposa parecían ser primeros amores, no sé cómo se divorciaron.
Ning Yu sintió que ese tema no era muy seguro y planeó desviarlo, —Oh… ¿te duele la mano?
—No me duele—. A-Chong captó la intención de Ning Yu y no planeaba dejar que se saliera con la suya, así que siguió diciendo, —Así que ya ves, muchos ejemplos muestran que las relaciones son lo menos firme, por muy bueno que sea el sentimiento, también se puede divorciar.
Ning Yu suspiró. —Dices que estamos de luna de miel, ¿estás seguro de que quieres hablar de divorcio conmigo ahora?
También solo hablo contigo. A-Chong arqueó una ceja. —Es para recordarte que mantengas la cabeza fría.
La expresión de Ning Yu era algo resignada. Alzó una mano y se presionó la punta de la ceja, un gesto pequeño que hacía cada vez que vacilaba.
Dijo: —Que me lo recuerdes constantemente resulta aún más deliberado… tampoco logro distinguir si me lo estás recordando a mí o a ti mismo.
Oh, así que lograste notarlo. ¿Qué pasa?, ¿acaso la madera que encuentra la primavera, cuanto más la trabajas, más se le abren los sentimientos? Quizás el amor es una forma de extracción de xilitol1.
A-Chong estaba a punto de responder cuando Ning Yu añadió: —No sé si no crees que los sentimientos puedan durar, o si no crees en mí.
Bueno, en realidad yo no creo en nada.
A-Chong fingió estar pensando y dijo lentamente: —La gente cambia. Supón que hoy me gustas, pero mañana me gusta otra persona, ¿no te entristecería? Así que lo hago por tu bien. El matrimonio, las relaciones… estas cosas son demasiado etéreas y vagas, ni siquiera son tan prácticas como el dinero y una motocicleta.
Ning Yu, sorprendentemente, soltó una leve risa. Cruzó los brazos y cambió su postura al sentarse.
—La lógica de “no comenzar porque no me gusta que termine” no funciona muy bien conmigo. Eres muy enrevesado, siempre insistiéndome en esto. Si de verdad te molesto, ¿por qué no me echaste en ese momento en el aeropuerto aquella vez?
Ning Yu lanzó una mirada de reojo a A-Chong, —Hablar de esto y aquello, dar rodeos, lo único que quieres es que yo sepa que nuestro baobei A-Chong debe ser tratado bien, que es muy valioso, que debo preocuparme cada día por el mañana, así que cada día debo tratarte el doble de bien para poder obtenerte mañana, ¿verdad? Lo entiendo, lo entiendo.
Oh, bueno, ahora incluso sabe bromear. A-Chong extendió las manos. —Mientras lo sepas, está bien.
Ning Yu lo miró de nuevo, esta vez su mirada era un poco más tierna.
Dijo: —En realidad creo que las promesas, las relaciones… ese tipo de cosas no necesariamente tienen que tener un plazo. Pensando con tu lógica, creo que la belleza de los sentimientos no reside en cuán largo sea el plazo de su duración, sino en… en un momento dado, nosotros, por ciertas cosas, estamos dispuestos a creer que el amor puede existir para siempre.
¿No eras estudiante de ciencias? …Que bien sabes hablar.
Distraído, A-Chong hizo una pregunta tonta: —¿Lo has creído alguna vez?
—Si, lo he creído—Ning Yu asintió, sonriendo con un poco de satisfacción. —Por ejemplo, ahora.
Vaya, sabe generalizar a partir de un ejemplo, que buen estudiante.
Bueno, esta ronda la ganas tú.
A-Chong sonrió, bajó la mirada y observó sus propias manos.
Esta también era la primera vez que A-Chong descubría que no quería mirar directamente a los ojos de Ning Yu. ¿Quizás porque el otro era demasiado sincero? Tal vez. Su arrogancia abrupta fue reprimida. A-Chong sintió que, debido a esta persona sencilla ante él, y a sus pensamientos simples, él mismo también se estaba volviendo más simple.
Ning Yu fingió ordenar su bolso. Pensó un poco y dijo: —De repente se me ocurrió, ¿aún recuerdas… el libro del que hablamos aquí aquella vez?
Lo recuerdo, se llama “El filo de la navaja”. El filo de la navaja, ¿has pensado alguna vez por qué se llama así este libro? El filo de la navaja corta la verdadera cara de la vida, el filo de la navaja no es bueno, no seamos tan afilados, seamos más suaves.
A-Chong negó con la cabeza: —No lo recuerdo.
—En aquel momento dije que no lo había terminado, pero más tarde, cuando regresaba, terminé de leer ese libro en el avión. —El mesero acercó las bebidas, Ning Yu dijo gracias, —¿Quieres saber el final?
Sé el final; luego lo busqué y lo leí. Pero A-Chong aún dijo: —A ver, cuéntamelo.
—El final… siento que no parece un final, sino más bien un comienzo —dijo Ning Yu, —El protagonista renuncia a su compromiso matrimonial, elige viajar por todas partes… al final regresa a su ciudad natal y se convierte en taxista.
Probablemente él también descubrió que no era bueno narrando. Frunció un poco el ceño, —Es que… siento que ahora puedo entender al protagonista, en cierto sentido. Aunque hay muchas partes que no comprendo, creo que es una persona muy valiente.
Entonces, ¿estás diciendo que yo no soy valiente? A-Chong tomó un sorbo de café, —Así que, ¿qué es lo que quieres decir?
—Quiero decir… en realidad, solo es volver, tampoco es para tanto. —Ning Yu hizo una pausa, —Si quieres volver, podemos regresar juntos y echar un vistazo. Si le temes al frío, entonces buscaremos una… ciudad que no sea tan fría para vivir, ganaré dinero para mantenerte. Lo que quiero decir es… de cualquier forma, te acompañaré.
Ning Yu realmente no es muy apto para decir este tipo de cosas, qué asco. A-Chong dejó la taza de café y preguntó: —De repente tengo curiosidad, cuando viniste a buscarme en ese entonces… ¿en qué estabas pensando?
La música que ponían en la tienda era un poco ruidosa. A-Chong sin razón alguna se sintió algo irritable. ¿Por qué la gente se irrita debido a la calidez? Que extraño.
—¿En qué pensaba? —Ning Yu reflexionó un momento y dijo lentamente: —Pensaba… que si venía a buscarte, qué haría si no me hacías caso, qué haría si me hacías caso, qué haría si te gustaba, y qué haría si no te gustaba.
Pensó en demasiadas cosas extrañas. A-Chong rio, —¿Entonces ya se te ocurrió una solución?
Ning Yu lo miró, y sonrió hacia sí mismo.
Dijo: —Parece que solo hay una solución, que es aferrarme y no irme… soy bastante terco.
Puedo verlo.
Tras terminar de hablar, Ning Yu sacó otro caramelo y lo puso sobre la mesa, curvando un dedo para lanzarlo hacia A-Chong. A-Chong lo sujetó a tiempo para evitar que se deslizara. Era un caramelo duro de fresa, lo tomó en la mano para juguetear con él, sin comerlo.
Su conversación era dispersa. No había un tema fijo, parecía solo una charla ordinaria.
Hacía mucho calor.
Un grupo de hombres y mujeres en la mesa vecina hablaba con un volumen algo alto. Eran chinos, hablaban cantonés.
Ellos escucharon un rato, y de repente Ning Yu soltó una frase con tono agrio: —Tu chino, cuando lo escucho, siempre tiene cierto acento cantonés, ¿lo aprendiste con ese chico cantonés?
Tsk, se pone celoso por absolutamente todo.
—¿Quizás porque antes me gustaba ver películas de Hong Kong? Creo que no es para tanto. Cuando hablo chino con San-jie tengo algo de acento, si en el futuro me enseñas más, ¿no bastará? —A-Chong se rio de él, —¿Cómo puedes tener celos infundados de tu marido durante la luna de miel?, esta noche te voy a azotar.
Ning Yu tensó el cuello, —Puedo enseñarte, pero hay que pagar matrícula.
A-Chong hizo un sonido de “oh”, —¿Cuánto cuesta?
—Olvida el dinero, cámbialo por otra cosa. Mañana… —Ning Yu lo miró de reojo, su mirada evasiva, —…solo no tengo que lanzar la moneda esta noche.
Supongo que tampoco se te ocurre otra cosa. A-Chong rio, —Está bien, entonces tienes que enseñarme bien.
Ning Yu inmediatamente aprovechó su ventaja: —…y además, pasado mañana tampoco.
—Qué bien sabes obtener una pulgada y avanzar un pie—. A-Chong lo miró de reojo, —Hay que saber cuándo detenerse, no hay que ser demasiado codicioso, novio Ning. Solo hay una cosa que te puedo prometer con certeza, y es que no me voy a casar con Juxian.
Ning Yu se sonrojó un poco. Desde entonces A-Chong siempre se había burlado de él con lo de Juxian, y él también se sentía exasperado, solo podía culparse por haber dicho una tontería en su momento.
Después de sentirse avergonzado un rato, Ning Yu dijo: —No solo Juxian, otras personas tampoco.
Dicho esto, la mano que había mantenido oculta bajo la mesa de repente salió a la vista, y luego, entregó una flor de papel.
¿Oh? A-Chong arqueó una ceja.
—¿Añado otra flor, y pasado mañana tampoco tengo que lanzar la moneda, está bien? —Quizás Ning Yu estaba intentando imitar el tono y gestos de A-Chong, —Guapo, ten un poco de compasión, acepta mi flor, ten piedad de mí.
Cielos, qué tonto es. A-Chong riendo tomó esa flor de papel, —Vaya, no solo robaste mi truco de magia, ¿sino que también copiaste cómo hacer flores de papel?— Nada de originalidad.
Parecía haber vuelto a aquel día. Era la misma tarde calurosa, la misma cafetería, el mismo asiento, los mismos actores, pero con un guion y diálogos diferentes. Parecía haber regresado al punto de partida, pero también parecía un nuevo comienzo.
Ning Yu no le había contado a A-Chong que esa flor que A-Chong le había hecho al azar, él aún la conservaba bien guardada, colocada entre las páginas de ese libro “El filo de la navaja”. Una rosa de papel aprisionada dentro del filo de la navaja, colocada en la página que Ning Yu había vuelto a leer.
Él preguntó: —¿Es suficiente para complacer a este señor?
A-Chong sonrió, negó con la cabeza, —No es suficiente.
Nunca será suficiente.
Ning Yu arqueó las cejas, fingiendo decepción —Este señor es muy difícil de complacer.
Más o menos, lo que quiero no es mucho ni poco, solo lo justo.
Pero quiero que esta relación siempre tenga solo un día de caducidad, así, este juego podrá seguir jugándose. Controlar cuantitativamente la producción, garantizar beneficios a largo plazo, en los que tú y yo saldremos ganando sin pérdida.
Y yo quiero la iniciativa del juego.
A-Chong pensó un momento, guiñó un ojo a Ning Yu y dijo: —¿Has oído una canción?, antes parecía ser muy popular… una línea de la letra dice: “El amor tiene treinta y seis estratagemas, hay que mantener el encanto en todo momento, para poder sumar puntos y no ser expulsado del juego2”. Guau, me gusta mucho esta canción, si estudias bien el espíritu de su letra, sabrás por qué soy tan difícil de complacer.
Ning Yu quedó bastante aturdido por esas seis anticuadas palabras “treinta y seis estratagemas del amor” —…A usted sí que le gusta escuchar música.
En relación tampoco me gusta mucho escucharlas. Pero no hay remedio, cuando estaba en China escuchaba esto. Y también… “tú eres la electricidad, tú eres la luz, tú eres el único mito3”. Esas canciones populares de aquel entonces , X-zhilang, las series de televisión donde la protagonista se llamaba Xiaoyanzi, estas son las pocas conexiones que tengo en mi memoria con mi tierra natal.
Ning Yu sonrió. Dijo: —Guapo, ya aceptaste mi flor, en el futuro solo podrás aceptar mis flores. ¿Quieres volver a Yunnan? Tu tierra natal produce muchas flores, podemos ir a ver el mar de flores.
Sí quiero, lo quiero.
Me gusta hablar chino, quiero volver, ya no tengo raíces en China, por eso verte me resulta cercano, por eso escucharte leer me resulta cercano, por eso cuando dices que me acompañarías a volver, de repente sentí que no eras como un extraño en mi vida, eres tan cercano. Como tú dijiste, en este momento, debido al viento de Bangkok, debido a la sonrisa y los caramelos que me pasaste, debido a tu tono cuidadoso y cálido, estoy dispuesto a creer que, en este segundo, los sentimientos pueden durar.
A-Chong sonrió levemente y respondió: —Ya veremos, tú todavía tienes que estudiar.
Ning Yu frunció los labios, pero sus palabras fueron muy suaves: —No se puede estudiar toda la vida. Lo digo en serio, considéralo bien.
Yo también lo digo en serio. Así como estoy dispuesto a creer que, dado que comenzamos aquí, en el futuro también podremos comenzar desde aquí, tú siempre serás cercano. De cualquier forma, en este segundo, me gustas mucho.
Un segundo pasó.
Todavía me gustas un poco.
A-Chong terminó su café. Cambió a una sonrisa natural y estaba a punto de hablar, cuando con el rabillo del ojo vio algo más.
La atmósfera cambió por completo en ese instante. El clima era tan caluroso, y en un abrir y cerrar de ojos A-Chong sintió que de su cuerpo brotaba una intensa irritación.
Contuvo esa irritación que había surgido y miró tranquilamente hacia allá.
Eran las tres mesas del frente a la izquierda. Una niña pequeña, de piel oscura amarillenta, muy delgada y menuda, con una expresión algo nerviosa, sostenía varias guirnaldas de flores que estaba vendiendo.
A-Chong entrecerró los ojos observando su expresión y movimientos, su rostro se ensombreció.
Ning Yu estaba contándole a A-Chong sobre los planes para después de la cena, lo llamó varias veces, y al ver que no respondía, alzó la vista para mirar a A-Chong, y también siguió su mirada hacia allá.
En realidad, fue un intervalo muy breve. Ning Yu miró un par de veces a A-Chong, y luego miró un par de veces a esa niñita.
Juntos vieron que esa niñita, con expresión nerviosa y asustada, extendía lentamente la mano hacia un bolso de señora.
Las cejas de Ning Yu también se fruncieron, pero A-Chong no hablaba, solo observaba, sin pronunciar palabra. Él no lo entendía del todo, se acercó para preguntar, pero A-Chong le hizo una señal con la mano presionando el aire hacia abajo.
Ning Yu guardó silencio. Debido a la tensión, todo lo que ocurrió después, a sus ojos, fue como una escena ralentizada innumerables veces…
Vio que en la mesa vecina un hombre giró la cabeza, ese hombre notó el movimiento de la niñita, el hombre frunció el ceño, se inclinó hacia adelante, su expresión cambió, extendió la mano, abrió la boca…
Pero antes de que ese hombre pudiera hablar, A-Chong gritó en voz alta: …¡Hay un ladrón!
En un instante relampagueante, esa niñita se estremeció por completo, arrojó las guirnaldas de flores que tenía en las manos y echó a correr. Era evidente que conocía el lugar, porque corrió hacia un callejón.
Todo el cuerpo de Ning Yu se estremeció.
Una especie de intuición lo golpeó de forma inexplicable. ¿A quién estaba alertando ese grito de A-Chong? ¿Al dueño del bolso, o a esa niñita? En ese instante, la intuición de Ning Yu le decía que era esto último.
A-Chong apartó la silla, y mientras los demás aún permanecían atónitos, él corrió hacia la dirección por la que había huido la niñita, y la persiguió.