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Reinaba el silencio en la habitación. Yan Xiao miraba fijamente a Ye Fei con determinación, como si quisiera transmitirle sus pensamientos a través de los ojos.
Ye Fei sentía impotencia y tristeza a partes iguales. Quería decirle a Yan Xiao que no le quedaban muchos años, solo dos; quería que dejara de tener falsas esperanzas y aceptara la realidad. Pero frente a su tranquila y obstinada mirada, las palabras simplemente no le salían.
Tras un momento, alzó la cabeza y le dio un beso en la comisura de los labios, diciendo suavemente:
“Hermano Yan, haremos lo que podamos, el futuro está en manos del destino. No pienses demasiado, solo seamos felices juntos ¿de acuerdo?”.
Yan Xiao no entendía completamente sus palabras, pensando erróneamente que Ye Fei dudaba de sus sentimientos. Así que abrazó fuertemente a Ye Fei y dijo muy seriamente, como si se tratara de un proyecto mundial.
“Te quiero mucho” y “No estoy triste”. Incluso con el ambiente melancólico, la actitud tonta de Yan Xiao hizo reír a Ye Fei.
Después de besarse un rato más, Ye Fei se apartó y dijo: “Estoy muy cansado del viaje, quiero dormir temprano, voy a darme una ducha”.
Yan Xiao dijo “Está bien” y soltó sus manos obedientemente.
Ye Fei fue a su antigua habitación por su pijama, mientras Yan Xiao lo seguía como una gran cola todo el tiempo.
“¿Qué pasa?” Ye Fei sacó una bata gris claro y se la mostró, burlón “¿Quieres ducharte conmigo?”.
Yan Xiao desvió la mirada, incómodo “No”.
“¿De Verdad?” Ye Fei miró su entrepierna maliciosamente y susurró en el oído de Yan Xiao “¿Entonces quién pasó tanto tiempo en el baño esta mañana?”.
Yan Xiao sujetó la cintura de Ye Fei, con la mirada cada vez más oscura.
“Hermano Yan” dijo Ye Fei sonriendo, mirando fijamente a Yan Xiao sin temor a seguir provocándolo “¿En qué pensabas entonces?”.
La nuez de Adán de Yan Xiao se movió varias veces, bajando la mirada para verlo a los ojos. Tras un momento, dijo con voz ronca: “En ti”.
“Incluso si pensabas en mí, no puede ser, mañana tengo que hacer un electromiograma”, rió Ye Fei apoyado en su hombro. Para el electromiograma los músculos deben estar completamente relajados, así que no era adecuado hacer ejercicio vigoroso esa noche.
“La próxima vez”, susurró Ye Fei con los labios entreabiertos, insinuante “déjame limpio y haz lo que quieras”.
Dicho eso, palmeó el bajo abdomen de Yan Xiao y se fue al baño tarareando una canción, sin notar la oscura mirada invasiva fija en él. Cuando Ye Fei salió, fue directo a la habitación de Yan Xiao. Nada más entrar, rió. La mesita de noche, que originalmente era gruesa y severa, ahora tenía un pequeño muñeco de tortuga blandito que rompía el estilo serio.
“Aún lo tienes “, dijo Ye Fei subiéndose a la cama y puyando la caparazón de la tortuga, “ya que estoy aquí, tira a este espécimen feo”.
Yan Xiao dijo que no y abrazó a Ye Fei desde atrás. Ye Fei sonrió y relajó el cuerpo obedientemente, apagando la luz. Así, la gran cama, por fin tenía a su otro dueño.
Ye Fei pensó que no dormiría bien, pues acababan de formalizar su relación y eran jóvenes vigorosos, pero una vez en los brazos de Yan Xiao, oliendo el champú neutro de su cuerpo, su mente quedó en paz, durmiéndose ni cuenta se dio.
A la mañana siguiente despertó sintiéndose descansado.
Parpadeó confuso hasta que la consciencia regresó totalmente. Se movió un poco y la voz de Yan Xiao sonó de inmediato: “Ye Fei, buenos días”. Giró la cabeza y se encontró con su clara mirada.
“¿Ya estabas despierto?” Ye Fei se frotó los ojos, se incorporó y preguntó “¿Por qué no te levantas?”.
Yan Xiao le subió la bata y dijo: “Quería estar un rato más contigo”.
Ye Fei bostezó y se recargó en él “¿Qué planes hay para hoy?”.
“Primero el análisis genético” respondió Yan Xiao, “luego el electromiograma”. Hizo una pausa, apretándolo más y dijo en voz baja: “Puede doler un poco”.
“Tonterías” Ye Fei sonrió despreocupado “Solo es un chequeo, no creo que sea para tanto”. Sabiendo que Yan Xiao estaba preocupado, no quiso hablar más del tema y cambió sutilmente de tema: “Vamos, preparémonos para irnos temprano, cuanto antes mejor”.
Yan Xiao dijo “Bien” y fueron al baño. Cuando terminaron de desayunar y salieron ya pasaban de las 9. El chofer los esperaba en la puerta para llevarlos al hospital.
El análisis genético fue sencillo, solo una muestra de sangre. El problema fue el electromiograma. Dado que Ye Fei aún no mostraba síntomas de la enfermedad, el médico no podía determinar el área afectada, por lo que tuvo que hacer un electromiograma de todo el cuerpo.
“Pregunté antes, tomará al menos 3 horas” dijo Ye Fei mientras firmaba el consentimiento “no me esperes, tienes trabajo en la empresa, dile al chofer que se quede, sino Cheng Minghao se quejará”.
Pero Yan Xiao insistía en no irse. Ye Fei no tuvo opción “Entonces dile a alguien que traiga tu computadora, busca dónde sentarte en el pasillo y trabaja”. Pero Yan Xiao también se negó.
“Ye Fei” susurró su nombre y continuó “No puedo pensar en nada que no seas tú en este momento”.
Ye Fei se conmovió y sonrió con resignación “Está bien, espérame”.
Ye Fei había tenido una punción lumbar y biopsia muscular antes, pensó que el electromiograma sería pan comido, pero se equivocó. Cuando la larga aguja se introdujo en su carne, estimulando y pinchando, el dolor era insoportable.
“Tranquilo, relájate” dijo gentilmente la doctora “La zona del pulgar es muy sensible, pero el resto no será tan malo”.
“Sí” contestó él, esperando a que pasara el dolor para continuar “ahora sé lo que sentía Zi Wei”.
La doctora rió “¿Así que soy la Abuela Jian?”.
“Jamás” levantó la ceja Ye Fei “No hay nada de abuela en usted”.
“La adulación no servirá” dijo ella, introduciendo la aguja en su bíceps, buscando el nervio “las que tocan, tocan”.
Ye Fei gruñó, lagrimas fisiológicas brotando sin control. “¿Cuántas agujas usarán?” preguntó, buscando distraerse.
“40 o 50” contestó ella, sin dejar la aguja “El cuerpo completo es más difícil, aguanta”. La visión de Ye Fei se oscureció, arrepintiéndose de haber accedido.
La doctora era muy hábil, pero aun así, cuando terminaron, Ye Fei no podía levantarse. Sudaba y temblaba, ni cuenta se dio de cuando Yan Xiao entró.
“Ye Fei” dijo con el rostro pálido, como si él hubiera hecho el electromiograma. Quería abrazarlo pero temía lastimarlo más, así que solo podía pararse torpemente a su lado, diciéndole una y otra vez que ya había pasado.
Ye Fei aparentaba despreocupación, pero en realidad se preocupaba mucho y era muy orgulloso, nunca mostrándose débil ante otros.
Pero ahora, ante la mirada angustiada de Yan Xiao, todas sus barreras desaparecieron y murmuró “Me duele, Yan Xiao”.
“Solo esta vez” susurró Yan Xiao, besando su rostro mientras le secaba el sudor torpemente “Nunca más dejaré que sufras”.
Ye Fei quiso reír y preguntarle cómo podía asegurar eso. Pero no tenía fuerzas para hablar, así que solo sonrió un poco en respuesta.
Tras media hora recostado, Ye Fei se sintió mejor y dejó el hospital con Yan Xiao, rechazando su oferta de cargarlo. “Solo dolía cuando me pinchaban” dijo ya en el auto “estoy bien, no exageres”. Pero Yan Xiao no hizo caso, abrochando cuidadosamente su cinturón y pidiendo al chofer que condujera despacio a casa.
Los resultados del electromiograma estarían en un día. Los genéticos en 10. Se notaba la ansiedad de Yan Xiao, chequeando su correo cada hora para la llegada del reporte, aunque su rostro se mantenía impasible.
Ye Fei suspiró, sin saber cómo calmarlo. Recordó que escuchó que el dulce mejora el estado de ánimo, así que fue a la cocina. Lo único dulce eran los helados de Häagen-Dazs de Yan Xiao. Al abrir el congelador, Ye Fei se sorprendió al encontrar paletas en lugar de los helados. Sin pensarlo, tomó un par y le dio una a Yan Xiao “Tus gustos cambian rápido” dijo, desenvolviendo la suya.
Yan Xiao lo miraba en silencio hasta que habló “¿No te gustan?”.
La voz de Ye Fei se detuvo de golpe cuando la conversación regresó a su mente.
>>”¿Qué te gusta?”
>> “No dulce”
>> ¿Cómo qué?”
>> “Paletas”.
Se le había olvidado, pero Yan Xiao lo recordaba.
“¿Cómo sabías que vendría?” preguntó Ye Fei después de un largo silencio “¿Y si nunca hubiera accedido?”.
“No lo sabía” contestó Yan Xiao. Rasgó el envoltorio lleno de escarcha y le dio la paleta pelada, diciendo lentamente: “Solo quería que cuando quisieras, pudieras tenerlas de inmediato”