Capitulo 4

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Capítulo 4

Se había puesto sin mucha atención una camisa blanca, con pantalones de vestir informales, mostrando a la perfección su cuerpo en forma de triángulo invertido.

El primer botón de la camisa no estaba abrochado, dejando el pecho ligeramente abierto, revelando vagamente sus músculos pectorales y unas marcas de besos de un tenue color rosado.

Joshua presionó un botón en la pared, y en el centro de la habitación apareció una pared metálica que fue elevándose lentamente, separando al joven del agujero que había sido creado. Solo tras hacer esto, Joshua salió tranquilo.

A lo largo del camino había guardias apostados cada cierta distancia. Esta nave de guerra había sido diseñada y construida personalmente por Joshua.

Incluso Francis se encontraba impotente frente a algunos de los ingeniosos mecanismos instalados.

En el centro de la nave había un largo pasillo, con habitaciones a ambos lados, utilizadas para descansar o entrenar. Debajo se encontraban varias bodegas de almacenamiento con artículos de uso cotidiano y las fuentes de energía de la nave. La sala principal de control del capitán estaba en la parte delantera de la nave, con la sala de comando de combate y las subestaciones de control a la izquierda y derecha, respectivamente.

En ese momento, la sala de control principal estaba vacía. Francis estaba sentado tranquilamente en una silla, adiestrando al soldado que se encontraba arrodillado ante él.

Ese soldado no era otro que el que, anteriormente en celo, había intentado forzar al joven. Ya le habían administrado un supresor, y ahora se había recuperado, arrodillado con una expresión totalmente confundida. No era guapo; no tenía los dones naturales de Francis, ni la belleza imponente de Joshua, ni el encanto inocente y vivaz del joven.

Era… como se le mirara, un tipo completamente ordinario y común…

—¿Señor capitán? ¿Qué quiere que haga? —preguntó el soldado.

Ese soldado se llamaba Rank Moore. En realidad, tenía un trasfondo nada despreciable: era el hijo mimado del General Moore del planeta Tierra Amarilla. Debido a la amistad entre su padre y el Primer Ministro Joshua, fue enviado por la fuerza a esta nave para aprender habilidades. Por eso, anteriormente se le había permitido andar libremente por la nave sin restricciones.

Francis apoyó la cabeza en la mano y examinó a Rank de arriba abajo con atención, antes de preguntar sorprendido:

—¿Tú realmente eres un Alfa?

Al oír eso, el rostro de Rank se tiñó de rubor. Que se cuestionara si era un Alfa era una vergüenza para cualquiera que lo fuera, y Rank se sintió avergonzado.

Francis lo miró con desprecio, y finalmente, Rank, con la cara roja como un tomate, dijo:

—Señor capitán, si no me cree, puedo desnudarme para que lo vea.

Francis quedó desconcertado al escuchar eso, sintiendo que casi se atraganta con su propia saliva. ¿Qué demonios tenía este chico en la cabeza? ¿Mierda de perro? Tonto y cobarde… No pudo evitar pensar en ese pequeño que estaba en la habitación del primer ministro; ese sí que era astuto, muy diferente a este idiota.

—Ven aquí —ordenó Francis.

Rank, confundido, se puso de pie y caminó hacia él.

Francis frunció el ceño, molesto:

—¿Quién te dijo que te levantaras?

Sí, Francis estaba deliberadamente poniéndole las cosas difíciles a Rank. Simplemente no soportaba ver esa cara torpe y estúpida. ¿Cómo se le había ocurrido al primer ministro traer semejante cosa a la nave?

Rank, abatido, preguntó:

—¿Acaso quiere que me arrastre hasta usted?

Francis alzó una ceja, tomó una bebida mineral y dio un sorbo antes de reír con descaro:

—Exacto. Quiero que te arrastres.

Ante el comportamiento absurdo de Francis, Rank se enfadó:

—¡Sigo siendo el hijo del General Moore del planeta Tierra Amarilla! Esto ya es demasiado. Vine aquí a aprender, no a ser tu sirviente. Si no tienes nada más que decirme, me voy.

Rank se giró dispuesto a marcharse. Al principio, había admirado las habilidades del capitán y lo respetaba mucho, pero ahora lo encontraba repulsivo. ¿Cómo podía el orgullo del hijo de un general ser pisoteado por un capitán tan desagradable?

Francis soltó un bufido, se levantó y le propinó una patada. Rank no se esperaba semejante golpe y cayó al suelo en una postura bastante vergonzosa.

—¡Maldita sea! —gritó Rank, incorporándose dispuesto a pelear con Francis.

—¡Tu madre! —respondió Francis, dándole un puñetazo en el estómago.

Francis era completamente irracional, y Rank estaba furioso. Doblado por el dolor, se sujetaba el vientre con rabia mientras lo miraba. Ese puñetazo no había sido nada suave.

—No me pongas esa cara. Mientras estés bajo mi mando, harás lo que yo diga —dijo Francis.

Toc, toc, toc…

Se oyó un golpeteo en la puerta. La puerta de la habitación de Francis no estaba cerrada. Él alzó la vista y vio en la entrada al Primer Ministro, que los observaba con una sonrisa.

—Capitán, solo vengo a recordarte que tengas cuidado… o el general podría dejarte inválido.

—Je —Francis le silbó—. Con usted aquí, ¿quién se atrevería?

Joshua soltó un bufido mientras entraba a la habitación. Las luces estaban encendidas; Rank estaba en el suelo, sujetándose el estómago y agachando la cabeza. Ante el Primer Ministro del sistema de Alfa Centauri, no se atrevía a decir nada. Después de todo, ese era un hombre capaz de enfrentarse a toda la Alianza.

Joshua se sentó en una silla y empezó a golpear la mesa rítmicamente con los dedos. En su cuello de bronce, se distinguía vagamente una marca de mordida.

Francis, al ver la marca, sonrió con cierta ambigüedad y preguntó con tono insinuante:

—¿Ya te lo comiste?

—Mm —respondió Joshua—. Tiene buen sabor.

Francis sonrió, pero en seguida frunció el ceño al oír a Joshua decir:

—Ahora estoy empezando a cuestionar tus habilidades como piloto. ¿No viste ese pedazo de cosa estrellarse contra la nave? ¿Los medidores de partículas están solo de adorno? Estoy considerando si debería despedirte.

Joshua lo dijo con tanta naturalidad que parecía una simple charla entre colegas. Francis se rió con nerviosismo, aunque por dentro rogaba que realmente lo despidiera. ¡Sería libre! Pero sabía bien que no podía permitirse ofender al Primer Ministro.

—Eso no fue culpa mía —se excusó—. Ese chico no generó ninguna señal en los sensores. Ya estaba empezando a sospechar que los equipos estaban rotos. Pero… bueno, gracias a eso, Su Excelencia ha podido saborear a tan exquisito Omega. En esta nave solo hay un montón de Alphas musculosos con cerebro de piedra —hizo una pausa, luego añadió con descaro—. Excepto usted, claro. Me estoy pudriendo aquí, ¿cuándo me manda un Omega sabrosito, sea chica o chico, para probar algo diferente?

—Solo hay un Omega a bordo, no me vengas con ideas raras —lo advirtió Joshua con tono serio—. No le he dado anticonceptivos. Si pasa algo, no te bastará con ser despedido.

Esta era una nave de guerra, y por lógica, no deberían haber Omegas delicados a bordo.

Francis se quedó boquiabierto. Lo miró con los ojos muy abiertos:

—¿Va… va a casarse? ¡¿Permitió que ese Omega quedara embarazado?! ¡El mundo se volvió loco!

Joshua no respondió, lo que en sí fue una afirmación tácita.

—Jeje… ¡Esto sí que es un mérito mío! ¡Su boda será un evento galáctico! Tendrá que invitarme al banquete —dijo Francis, acomodándose en otra silla. A su lado estaba Rank, al que le daba golpecitos en la cabeza como si jugara. Rank lo fulminaba en silencio con la mirada, deseando poder mandarlo al diablo. ¡Qué tipo más cobarde y abusivo!

Joshua se rió en voz baja:

—Aún no hemos saldado cuentas. No creas que con eso ya terminó. Tendrás que pilotar para mí otros tres años.

Francis maldijo en su interior al viejo zorro frente a él, olvidando que él mismo era uno igual de astuto. ¡Por un pequeño error iba a tener que venderle su alma tres años más! Pero en su cara solo mostró una sonrisa aduladora:

—Trabajar para usted es un honor.

Solo entonces Joshua relajó un poco el rostro y le dio una advertencia:

—Pasado mañana volverás conmigo a Próxima Centauri.

Le lanzó una mirada de advertencia.

—Y ni se te ocurra hacer trucos. Cuando estás bajo mi mando, obedeces.

Francis se quedó mudo… Esa frase… ¿por qué le sonaba tan familiar…?

De repente…

¡Bip… bip…!

La alarma se encendió dentro de la nave y un oficial entró apresurado corriendo:

—¡Excelencia, tenemos un problema!

—¿Qué pasó? —preguntó Joshua, frunciendo el ceño al escuchar la advertencia, ya sabiendo que algo había sucedido a bordo.

Joshua ya tenía de por sí un rostro severo, rara vez mostraba emociones. Y al fruncir el ceño, su semblante se volvía aún más frío y autoritario, haciendo que cualquiera sintiera escalofríos.

—Señor… el Omega de su habitación escapó. Activó el sistema de alarma —informó el oficial con seriedad.

Joshua se sorprendió. Al salir, aquel joven respiraba con calma, sin señales de fingimiento. Independientemente de si dormía de verdad o no, ¿cómo era posible que con ese estado físico todavía tuviera fuerzas para huir? Qué muchacho tan inquieto… ¿sería que ya no era tan bueno en la cama como antes? Por primera vez, Joshua dudó de su propio rendimiento sexual.

—Cierren toda la nave —ordenó Joshua, y acto seguido salió apresurado a buscar al muchacho.

El oficial, al recibir la orden, se fue de inmediato a ejecutarla con eficiencia.

Cuando Joshua desapareció en la distancia, Francis finalmente bajó el rostro sonriente y le dio dos patadas a Rank, que seguía de rodillas con las piernas adormecidas.

—¿Qué miras? ¡Fuera de aquí!

Francis no podía evitar sentirse un poco satisfecho. ¿Eso es un Omega normal? Más bien parecía que su Excelencia, el Primer Ministro, estaba a punto de casarse con una auténtica pesadilla. Veremos cuánto aguanta…

Rank se levantó como pudo y salió cojeando, con las piernas entumecidas. Antes de cruzar la puerta, le escupió a Francis con desprecio.

Pero Francis estaba demasiado ocupado imaginando todos los desastres que le esperaban a Joshua como para prestarle atención. Incluso se olvidó por completo del contrato de tres años que acababa de firmar con ese viejo zorro.

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