En el estacionamiento subterráneo, el rostro de Chu Xuyu, enrojecido por el calor de la respiración agitada, se ocultaba bajo la tenue luz.
Su mirada recorría sin pudor las líneas del muchacho, moviéndose lentamente por su silueta. Aunque hacía mucho que había pasado la edad de la impulsividad, sentía dentro de sí una llama que se expandía sin fin, quemándolo por dentro hasta dejarle la boca seca.
Entonces, el teléfono vibró unas cuantas veces en su palma. El chico había respondido, arrastrándolo de golpe fuera de la oscuridad de sus pensamientos.
KIRA: Soy yo en persona.
KIRA: La foto la tomé esta tarde.
KIRA: ¿No me crees?
Chu Xuyu miró fijamente la pantalla. Al ver las publicaciones del otro en el feed, reconoció que era la misma clase de celular antiguo; la calidad era baja, sin filtros ni retoques, con una suavidad natural que, al menos, probaba que no se trataba de una foto robada de internet.
Té de la tarde: Mándame una donde se te vea la cara.
KIRA: …
En ese momento, Jiang Tian tuvo una corazonada: el tipo debía estar satisfecho con lo que había visto, pero no actuaba según la lógica común.
Apoyado contra un muro cubierto de graffitis y flores de malus sylvestris, el muchacho dejaba que el viento vespertino le despeinara el flequillo mientras escribía una respuesta.
KIRA: No suelo subir fotos donde se me vea la cara.
KIRA: Si de verdad te da tanta curiosidad…
KIRA: Cuando nos veamos, sabrás cómo soy.
Té de la tarde: Bien.
KIRA: ¿Entonces acordamos una fecha concreta?
Té de la tarde: Déjame pensarlo unos días.
Jiang Tian reflexionó. En unos días su hermana ya habría regresado del viaje, así que ese momento sería perfecto para encontrarse con el tipo.
KIRA: De acuerdo.
KIRA: Justo estos días también estaré ocupado.
Té de la tarde: ¿Ocupado con qué?
KIRA: Con el fútbol.
KIRA: Y con el cumpleaños de un amigo.
KIRA: Planeo elegirle un buen regalo.
Por supuesto, Jiang Tian no podía confesar que en realidad estaba ocupado con los exámenes simulacro.
Su personaje era el de un chico rico de preparatoria internacional; debía parecer generoso y derrochador, para que el idiota lo viera con mejores ojos y terminara completamente enganchado.
KIRA: Tengo muchas ganas de verte.
KIRA: Te prepararé un regalo también.
Té de la tarde: ¿Ah, sí?
Té de la tarde: ¿Qué piensas regalarme?
KIRA: ¿Qué te gusta?
KIRA: Mientras no pase de seis cifras, puedes elegir lo que quieras. Mis padres son algo estrictos, pero recibo unos cientos de miles al mes para mis gastos.
Té de la tarde: …
Té de la tarde: ¿Cómo debería llamarte?
KIRA: ¿Vas a ponerme un apodo en tu lista de contactos?
Té de la tarde: Sí.
KIRA: Déjame pensar.
KIRA: Puedes guardarme como “Muy varonil”.
Chu Xuyu, aún sentado al volante, sintió que le temblaba un párpado.
El pequeño mentiroso, fanfarroneando mientras comía barbacoa de un puesto callejero… Tan descarado, pero su cuerpo era justo de su tipo. Esa torpeza ingenua tenía su encanto; bien podía seguirle el juego un rato.
Té de la tarde: ¿No te alcanza el dinero?
Té de la tarde: ¿Cuánto necesitas?
Le daba la impresión de que el chico intentaba sonsacarle dinero, de otro modo, ¿por qué mostrarse tan insistente y pegajoso?
KIRA: ¿Eh?
KIRA: Aunque gasto bastante, el dinero que me dan mis padres me alcanza. No te estoy pidiendo dinero.
Chu Xuyu rió por lo bajo. “Vaya con el pequeño estafador —pensó—, sabe cómo tirar del anzuelo.”
Té de la tarde: Entiendo.
Té de la tarde: Tengo trabajo que hacer.
KIRA: ¿Vas a trabajar horas extra?
KIRA: Está bien, entonces.
Chu Xuyu apagó la pantalla y dejó el teléfono sobre el tablero con un golpe seco.
Puso el auto en marcha, dispuesto a volver a casa para hacer la maleta rumbo al aeropuerto.
Mientras tanto, Jiang Tian guardaba también su móvil. Lu Qiao salía de una tienda con dos bolsas de té con leche y le ofreció una. Los dos regresaron caminando por el atajo hacia el vecindario.
Los exámenes simulacro estaban cerca y Lu Qiao, que siempre dejaba todo para el final, intentaba sobornar a su amigo estudioso con bebidas dulces.
Pese a su apariencia fría, Jiang Tian era de corazón amable: no solo accedió a ayudarlo a repasar, sino que también permitió que se quedara en el cálido departamento del “Bahía Feliz”.
Los dos muchachos vivían con sus respectivas hermanas mayores, aunque la de Jiang Tian tenía un ritmo mucho más agitado: debía salir hacia el aeropuerto internacional antes del amanecer para registrar su equipaje.
Esa noche, Lu Qiao se quedó estudiando hasta tarde, pero insistió en jugar un par de partidas de Golden Shovel para relajarse.
Jiang Tian aprovechó el momento libre para llamar a su hermana.
—Acabo de pasar el control de seguridad —dijo Jiang Jing al teléfono—. Ya tengo el pase de abordaje.
Al fondo se escuchaban los anuncios del aeropuerto y el murmullo de la multitud. El contraste hacía que el silencio en casa pareciera aún más marcado.
El viento nocturno, fresco, acariciaba el balcón. Hablaron de cosas sin importancia hasta que Jiang Tian preguntó:
—Hermana… ¿te sientes mejor ahora?
—Tranquilo —respondió ella con un tono relajado—. Esas tonterías no afectarán mi rendimiento en el trabajo.
Hizo una pausa antes de añadir con una risa ligera:
—Además, cuando veo la cara de mi jefe, se me olvida todo lo demás.
—Me alegra oír eso.
Había escuchado más de una vez sobre ese jefe ideal: joven, capaz, apuesto, heredero de una familia poderosa, ambicioso y de impecable reputación. No solo pagaba tres veces el salario promedio, sino que también trataba a sus empleados con justicia.
Recordaba que su hermana le había contado que un alto directivo, borracho, había intentado acosarla verbalmente. Al día siguiente, el tipo fue despedido sin miramientos.
Por desgracia, hacía poco le habían detectado un problema de salud menor. No era grave, pero junto con los planes de boda frustrados y su proyecto personal, había decidido renunciar este mes.
—¿Aún piensas dejar el trabajo? —preguntó Jiang Tian.
—Sí —respondió ella mientras recogía su café—. Ya se lo mencioné a mi jefe.
—Está bien. —Él soltó un suspiro aliviado—. Descansa un tiempo y recupérate. No te preocupes por mí.
Ella rió suavemente.
—Mi hermano es el más tranquilo, tan bueno y responsable. Cada semestre me manda parte de su beca, aunque le diga que no lo haga.
Él se rascó la nuca, avergonzado.
—No soy bueno eligiendo regalos… temía que no te gustara.
—¿Cómo no me va a gustar? —respondió ella con ternura—. Cuando vuelva de Estados Unidos, ¿qué quieres que te traiga?
Jiang Tian, que nunca pedía nada, recordó de pronto algo.
—Oye, hermana… los chicos ricos, cuando regalan algo, ¿qué suelen dar?
Ella casi derramó el café.
—¿Eh? ¿Por qué me preguntas eso?
Él vaciló un momento, luego le contó el plan entero: el perfil falso, las estrategias de su amigo Lu Qiao y la trampa para el desgraciado.
Jiang Jing soltó una carcajada.
—Ese Lu tiene tanta imaginación como su hermana.
Recuperando el aliento, añadió:
—Habla con él como quieras. Cuando vuelva, ya pensaré cómo encargarme del tipo.
—Está bien —dijo él—. Cuídate, y buen viaje.
—Lo haré. —Antes de colgar, ella añadió—: Come a tus horas y avísame cuando llegues a clase.
Después, con el café en la mano, Jiang Jing entró en la sala VIP y enseguida vio a Chu Xuyu recostado en una esquina. Su ánimo cambió al instante, y se acercó con una sonrisa profesional.
Él también la notó, devolviéndole un asentimiento apenas visible.
El joven empresario vestía de forma relajada: jeans, un suéter de cachemira gris y una camisa blanca con el cuello abierto. Su porte era elegante y sus rasgos, severos. El cabello, perfectamente peinado, dejaba ver una frente limpia; su mirada fría y su presencia imponían respeto.
Los dedos largos, de articulaciones marcadas, enrollaban con lentitud las mangas hasta los antebrazos. El reloj Patek Philippe brillaba con un reflejo discreto: para alguien de su nivel, casi modesto.
Apenas ella se sentó, él habló con voz grave y templada:
—Jiang Jing, ¿cambiaste de teléfono?
Ella se sorprendió, luego sonrió.
—Sí, señor Chu. Qué observador.
Él se recostó en el asiento sin mencionar que en el regalo de despedida que había preparado para ella había incluido un nuevo equipo completo.
—Pensé que no hacía mucho que tenías el anterior.
Ella, sumida en su bajón anímico, respondió con una sonrisa forzada:
—Se rompió… por accidente.
No tenía intención de confesar que lo había destrozado durante una borrachera.
—Ya veo —murmuró él, entrecerrando los ojos. Recordó que tenía agregada a su secretaria en su cuenta personal, pero no dijo nada más.
El proceso de embarque fue breve, pero el vuelo, largo.
Una vez en primera clase, Chu Xuyu tomó una copa de vino, dispuesto a descansar, aunque el sueño no llegaba.
El avión tenía conexión, y, distraído, encendió su móvil. Miró la pantalla con expresión difícil de leer.
Té de la tarde: ¿Dormido?
Té de la tarde: ¿Por qué no me escribes?
El otro no respondió. Chu Xuyu frunció el ceño, luego, con un gesto impaciente, borró ambos mensajes y puso el teléfono en modo avión.
A la mañana siguiente.
El sol se filtraba por la ventana. Jiang Tian, tras apagar la alarma, fue a despertar a Lu Qiao.
Pero al revisar su teléfono, vio que el tipo le había escrito de madrugada… y luego había borrado los mensajes.
Sintió un vuelco en el pecho.
Despertó a su amigo sacudiéndolo del sueño.
—¡Mira esto! —le mostró la pantalla—. ¿Qué crees que borró?
Lu Qiao, aún medio dormido, se secó la baba y murmuró:
—Estamos jodidos.
—¿Qué?
—Seguro te mandó un “estoy solo, ven al hotel” y luego se arrepintió —dijo con tono conspirador—. Se dio cuenta de que podría dejar pruebas y lo eliminó a tiempo.
Jiang Tian frunció el ceño.
—¿Tan precavido puede ser?
—Claro —resopló su amigo—. Pero el cielo no olvida; la próxima vez lo atraparemos con las manos en la masa y haremos captura.
Jiang Tian solo suspiró.
Esa mañana, ambos fueron a la escuela. Desayunaron frente al puesto de la entrada: panecillos al vapor y leche de soya artesanal. Alto, delgado y aún en crecimiento, Jiang Tian añadió dos huevos de té a su bandeja.
Su hermana, que ganaba bien, nunca escatimaba en gastos con él; le compraba ropa deportiva de marca sencilla, pero en su cuerpo todo parecía de pasarela. Incluso su mochila negra común se había vuelto tendencia entre los alumnos más jóvenes.
Tras la primera clase, Lu Qiao apareció por el pasillo, agitando la mano como un loco.
—¡Tian! ¡Adivina lo que descubrí!
Jiang Tian se acercó, y el otro soltó la bomba:
—¡Todos los chicos que compraron tu mismo modelo de mochila son gays! ¡No me digas que te están cortejando en masa!
Su voz resonó tanto que todos los alumnos del pasillo se giraron.
Jiang Tian se llevó una mano a la frente.
—Baja la voz.
—Ups… perdón, perdón —susurró Lu Qiao, juntando las manos a modo de disculpa—. Oye, ¿el tipo te escribió ya?
—No —respondió Jiang Tian—. Seguro está trabajando.
—Bueno —dijo el otro bajito—, la maestra salió a una reunión, tendremos autoestudio toda la mañana. Si pasa algo, me mandas mensaje.
—Ajá. —Y enseguida corrigió—: Pero estudia, no te la pases con el teléfono.
—Sí, sí.
Cuando se separaron, Jiang Tian regresó al aula. En su bolsillo, el teléfono vibró.
Lo sacó.
Té de la tarde: Muy varonil.
Té de la tarde: ¿En clase?
Jiang Tian se quedó sin palabras. Él mismo había pedido ese apodo, y ahora se arrepentía.
KIRA: Sí.
KIRA: Estoy en la escuela.
KIRA: ¿Qué me habías mandado anoche?
KIRA: Lo borraste antes de que lo viera.
Té de la tarde: Nada importante.
KIRA: Ya veo.
Sus dedos se detuvieron sobre el teclado. Pensó un momento.
¿Y si Lu Qiao tenía razón?
Si el tipo realmente se había interesado en él tras ver la foto, era la oportunidad perfecta para seguir empujando la situación.
KIRA: Querías invitarme a un hotel, ¿verdad?
KIRA: Si es muy tarde, puede que ya esté dormido.
KIRA: La próxima vez, avísame antes.
KIRA: Aceptaré la cita.
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Nota del autor:
Desde el punto de vista de Chu Xuyu:
“Muy varonil (chāo měngnán), ¿qué tantas ganas tienes de acostarte conmigo?”
Nota del traductor:
超猛男(chāo měngnán), directamente traducido es “Muy varonil” o “super macho” en español.