Segundo Volumen: Conquistar el Mundo
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El campamento militar durante la noche era muy tranquilo. Los soldados de patrulla no hablaban de más, por lo que el sonido de tres generales riendo y jugando a los puños en la tienda principal era especialmente evidente. Esos tres hombres habían luchado junto a él contra los Xiongnu, acostumbrados a los días desenfadados en el desierto. Ahora, en las afueras de la capital, no sabían contenerse. Tendría que disciplinarlos más tarde. Jing Shao negó con la cabeza y se alejó lentamente.
El ataque al feudo del suroeste ocurría ahora tres años antes que el de su vida anterior, y las ventajas que poseía eran muy obvias. El General Zheng Dong, que siempre se le oponíal, había sido enviado al Gran príncipe como refuerzo. El Padre Imperial tampoco había enviado a nadie más para controlarlo, así que había muchas cosas que podía hacer. Solo que, de momento, tenía mil cabos sueltos y no sabía por dónde empezar.
“¡Hiiiii!” Xiao Hei,, que estaba masticando forraje en el establo, al ver a su dueño, levantó la cabeza para saludarlo.
Jing Shao salió de sus pensamientos. Sin darse cuenta, había caminado hacia los establos. Se paró frente al pesebre de Xiao Hei y frotó esa gran cabeza negra, que pronto se mezcló con el oscuro entorno.
Xiao Hei sacudió la cabeza descontento, se hizo a un lado y continuó comiendo hierba.
Ya era bastante malo que su Wangfei lo hubiera echado de la tienda, ¿Cómo podría incluso su propio caballo despreciarlo? Jing Shao agarró la oreja de Xiao Hei y le dijo, —No se te permite comer más. ¡Benwang no tiene un lugar para dormir, y tú todavía tienes ánimo para un refrigerio!
Xiao Hei levantó la vista, masticando la hierba y las hojas en su boca, y miró a su maestro con grandes ojos negros. Como Xiao Hei era el caballo favorito de Wangye, el cuidador le preparaba hierba fresca todos los días, que era mucho mejor que el heno que comían los demás caballos.
Acostumbrado a que Jing Shao le tirara de las orejas de vez en cuando, Xiao Hei continuó masticando fuerte.
Jing Shao y Xiao Hei se miraron durante mucho tiempo, pero Jing Shao no podía ganar un concurso de miradas contra un par de ojos de caballo, y sólo podía rendirse. Agarrándose a un poste, se sentó de lado sobre la barrera de madera, tomó una brizna de hierba y la puso en su boca. El tallo era un poco amargo, solo la parte blanca tenía un toque de dulzura. No entendía cómo Xiao Hei podía comerla con tanto entusiasmo.
—Xiao Hei, encontraré una esposa para ti después de que esta batalla termine. —Jing Shao miró a la brillante luna del cielo, parecía particularmente fría y clara. En su vida anterior, nunca había tenido la tranquilidad para admirar la luna así. Cada día pensaba en tácticas, entrenamiento de tropas, práctica marcial, lucha por el trono… Haber vivido hasta los treinta años con tanto agotamiento realmente no valió la pena. Le dio la brizna de hierba en la mano al caballo negro. Le dio de comer a Xiao Hei la hierba que tenía en la mano. —¿Quieres un semental o una yegua?
“¡Hiiiii!” Xiao Hei miró la solitaria hebra de hierba en la mano de su dueño, le sopló un chorro de aire caliente en la mano y se dio la vuelta para ir a dormir al establo.
Jing Shao, que fue completamente ignorado por su caballo, tuvo que dejar el establo y volver a hurtadillas a la tienda imperial. La persona que estaba en la cama se recostó de lado, con una mano colgando de debajo de la colcha de brocado. Su postura al dormir era excelente; parecía que había cambiado de posición después de que Jing Shao se fuera.
Jing Shao se quitó la ropa exterior en silencio, levantó una esquina del edredón y se deslizó dentro.
Mu Hanzhang se movió un poco. Tal vez porque ya estaba acostumbrado a la presencia de Jing Shao, no se despertó por el ruido.
Jing Shao esbozó una sonrisa, colocó con cuidado el brazo que estaba fuera bajo el edredón, deslizó lentamente su propio brazo por debajo y, con cautela, lo atrajo hacia su pecho.
—Mm… —La persona en sus brazos emitió un leve gemido, sobresaltando a Jing Shao. Se detuvo un momento y, al ver que no se despertaba, se tranquilizó. Le arregló la esquina del edredón y, satisfecho, enterró su rostro en el hueco del cuello de su wangfei. Inhaló profundamente el tenue aroma fresco de Jun Qing, lo rozó suavemente y cerró los ojos feliz.
Jing Shao, con su buena constitución, solía quedarse dormido en cuanto tocaba la cama, por lo que no vio la sonrisa que lentamente se formó en los labios de la persona que abrazaba.
Mu Hanzhang se despertó temprano a la mañana siguiente ya que había dormido mucho tiempo el día anterior. El sol brillaba en la tienda blanca, y los diseños decorativos en ella se podían ver claramente. Después de un momento de duda, recordó que ya no estaba en el Palacio Real, sino en el campamento del ejército. La persona a su lado seguía durmiendo profundamente, roncando alegremente. El aire caliente soplaba en su cuello, causando que varios mechones de cabello lo rozaran, produciendo un ligero cosquilleo.
Mu Hanzhang se movió, volviéndose hacia Jing Shao y mirando su rostro dormido. Originalmente, pensó que pasarían meses o incluso años antes de que volviera. Era una mentira decir que no se habría sentido triste. Incluso ya había hecho planes. Si Jing Shao no regresaba por unos años, el mismo Mu Hanzhang iría a algún lugar cerca del campo de batalla para hacer negocios. Él no esperaba que este tipo ya hubiera planeado las cosas.
Extendió un dedo largo y esbelto y tocó la nariz recta y bien definida de Jing Shao. Mu Hanzhang no pudo evitar entrecerrar los ojos con una sonrisa. En cuanto a ese pequeño truco pícaro de Jing Shao, él ya había dejado de enfadarse, pero ese mal hábito no podía consentirse.
Jing Shao sintió algo que le picaba en la nariz y abrió los ojos de forma grotesca. Viendo un dedo como de jade, abrió su boca y la mordió, lamiendo su suave almohadilla.
Mu Hanzhang retiró su mano y miró tranquilamente cómo Jing Shao abría los ojos por completo.
—Ja ja ja Jun Qing, ya estás despierto. —Jing Shao optó por olvidar selectivamente el castigo de tener que dormir con ese general malhumorado e intransigente. Se acercó y besó los suaves labios de su wangfei. —Todavía es temprano. Voy a ir a entrenar a las tropas. Cuando termine el entrenamiento matutino, volveré a desayunar contigo.
Jing Shao no esperó a que la persona en sus brazos lo interrogara; saltó para ponerse un traje de entrenamiento blanco como la luna, se lavó la cara y salió corriendo.
Mu Hanzhang se sentó lentamente y miró a Jing Shao, que parecía estar huyendo. No pudo evitar reírse.
Tampoco podía dormir más, así que Mu Hanzhang se levantó y se puso la ropa. Había un delicado cofre de madera en la tienda imperial que había sido descargado del carruaje ayer. La mayoría de las cosas que había dentro eran sus ropas y otros artículos comunes, parecía que Jing Shao había comenzado a prepararse para esto hace bastante tiempo.
—Gongzi está despierto. —Yun Song vino a entregar el té. Viendo que Mu Hanzhang estaba bien vestido, rápidamente trajo agua para que el Wangfei se lavara la cara y se enjuagara la boca. La identidad del Wangfei no pudo ser revelada afuera. No era realmente un militar, así que Yun Song no podía llamarlo Jun Shi, y en su lugar lo llamó Gongzi.
—¿También vienes en la expedición? —Mu Hanzhang tomó la toalla que Yun Song le extendió para secarse la cara. En teoría, un criado del palacio como Yun Song no podía ser llevado.
—Este sirviente sólo se quedará en el campamento durante medio mes para hacer los recados de Wangye y Gongzi. Una vez que el ejército esté listo para partir, volveré al palacio. —Yun Song sonrió y dijo: —Yun Zhu hizo mucho ruido ayer, quería venir, pero Wangye no lo dejó.
—¿Está familiarizado con el campamento del ejército? —Mu Hanzhang asintió ligeramente y tomó un sorbo de la taza de té.
—Este campamento del ejército alberga a los soldados personales de Wangye. Este sirviente ha estado aquí varias veces, —respondió Yun Song honestamente.
Al oír esto, Mu Hanzhang frunció ligeramente el ceño. Levantó la mano y apartó la cortina de la entrada. El aroma a tierra fresca de la mañana lo envolvió, revitalizándolo al instante: —En ese caso, acompáñame a dar una vuelta por el campamento.
A esa hora, casi todos los soldados estaban en el campo de entrenamiento, practicando. Solo algunos soldados del cuerpo de intendencia seguían trabajando. El fuego en las ollas de hierro ya se había apagado, liberando delgadas columnas de humo.
Según Yun Song, había más de cinco mil personas en este campamento, todas ellas pertenecientes a las fuerzas militares de Jing Shao. Normalmente, no estaban estacionados aquí, sino en Qixian, que estaba a cientos de millas de distancia. Jing Shao había cultivado a estas personas como una fuerza de élite contra los Xiongnu. Cuando regresó del noroeste, desató su poderío militar. El emperador le había mostrado un favor particular, y además de las cinco mil personas, le otorgó una gran área de Qixian sólo a Cheng Wang.
Hablando de Qixian, Mu Hanzhang recordó que Jing Shao iba a intercambiar cien mu de buenas tierras de cultivo con él por esa tierra baldía. Los sirvientes que fueron a ver la tierra dijeron que era muy fértil y que la aldea era realmente buena. Había soldados ayudando a cultivarla, y resultó que estaba cerca del campamento del ejército de Jing Shao.
—Hermano Wang, ¿por qué las gachas de avena son cada vez más finas? —Dos soldados, cargando un gran barril de madera con esfuerzo, lo colocaron en un claro entre cuatro tiendas.
—¿No hay también bollos al vapor? Es bueno que tengamos gachas para comer. —El hombre llamado Hermano Wang levó una gran cesta de bollos al vapor y la puso al lado del barril.
Mu Hanzhang fue curiosamente a echar un vistazo. Las tres personas le miraron de forma extraña e intercambiaron miradas. Anoche se corrió la voz en los cuarteles de que el Wangye había traído un asesor militar muy guapo y compartía tienda con él. Sin duda, este debía ser él.
—El asesor militar se levanta tan temprano. —Cuando Wang Er vio al sirviente personal de Wangye siguiendo a Mu Hanzhang, no pudo fingir no ver a este último, así que lo saludó.
Mu Hanzhang asintió ligeramente y preguntó con amabilidad: —¿El desayuno es siempre así? ¿Por qué no veo verduras? —Actualmente, él solo era el asesor militar nombrado verbalmente por Jing Shao, lo que se conoce como jìjiu (asesor ceremonial), básicamente un estratega sin rango oficial. Por lo tanto, no podía darse demasiada importancia frente a estos soldados.
—Bah, con llenar el estómago basta. ¿Qué más se puede pedir siendo soldado? —Wang Er les hizo una seña con los ojos a los dos soldados detrás de él. —Todavía tenemos que servir la comida. El asesor militar puede seguir paseando por su cuenta.
Los soldados que habían estado llevando el barril querían decir algo, pero frente a un consejero militar limpio y ordenado, se sintieron algo avergonzados. Limpiándose las manos en sus delantales, siguieron a Wang Er en su huida, desapareciendo en un instante.
—Hermano Wang, ¿crees que este asesor militar, siendo tan apuesto, es realmente como dicen… la amante del príncipe…?
—Shh… No digas tonterías a plena luz del día. —Wang Er rápidamente cubrió la boca del pequeño soldado.
Cuando Mu Hanzhang regresó a la tienda del príncipe, Jing Shao ya se había bañado y estaba sentado frente a la mesa del desayuno esperándolo. El desayuno del príncipe no era mucho más abundante que el de los soldados comunes; solo incluía un plato de verduras salteadas y otro de maní.
Sólo después de ver a Mu Hanzhang fruncir un poco el ceño, Jing Shao se dio cuenta de que Jun Qing podría no estar acostumbrado a comer así y, sintiéndose culpable, dijo: —La vida en el campamento militar es un poco austera. Si no te gusta la comida, puedo hacer que el chef de la residencia venga…
—Comer lo mismo que los otros soldados es lo que deberíamos hacer. —Mu Hanzhang se sentó a la mesa y recogió su tazón. —Sólo estoy sorprendido. El Ministerio de Hacienda no te ha quitado nada de plata esta vez; ¿por qué el campamento sigue siendo tan indigente?
—¿Dinero? —Jing Shao mordió un pan al vapor. —Con tantos hombres en el ejército, ningún monto de dinero es suficiente.
Temiendo que pudiera morderse la lengua al hablar mientras comía, Mu Hanzhang apretó los labios y no dijo más. Sin embargo, en su mente pensaba que en los próximos días tendría que revisar las cuentas del ejército. Que los soldados comieran mal era una cosa, pero si alguien se había apropiado indebidamente de la paga militar, cuando el gran ejército partiera y el Ministerio de Hacienda enviara a alguien a administrar las cuentas, sería un gran problema si surgían irregularidades.
—¡Wangye! ¡Wangye, algo ha pasado! —Un soldado corrió de repente al frente de la tienda y gritó con fuerza, —¡Parece que Xiao Hei está enfermo!