La comodidad doméstica a las personas.
Eso también se aplicaba a los vasallos. No importaba cuán extraordinarias fueran esas personas. Si su estándar era más alto, solo tenían que esforzarse más. Así, a lo largo de mucho tiempo, Ain fue cambiando persistentemente la forma de pensar de ellos.
No les pidió abiertamente que se pusieran del lado de Richt. Solo redujo su rechazo, pero con eso fue suficiente. Los vasallos comenzaron a cambiar de opinión y, al final, reconocieron a Richt como cabeza de la familia.
Pronto empezarían a moverse.
—Sabía que tarde o temprano causaría un problema. —El anciano sentado en el puesto de honor dejó escapar un profundo suspiro—. Qué vergüenza. Seguramente se dice que la familia Devine ya no es lo que era en la generación anterior. Si no, no habrían podido poner una recompensa para el cabeza de familia por algo tan insignificante.
—Sí, el Imperio nos está subestimando.
Entonces, el hombre de mediana edad que había permanecido en silencio abrió la boca.
—No podemos dejarlo pasar.
—Claro, digan lo que digan, él es el cabeza de la familia Devine. No podemos ignorar esto. ¿Tratar a la familia Devine como si fuera poca cosa?
—¿Enviamos una carta formal de protesta?
—Sí, también debemos enviarla. Y justo parece que el menor tiene tiempo libre.
El hombre sentado en el extremo inferior negó con la cabeza, pero el anciano lo ignoró como si no lo hubiera visto y continuó hablando.
—Entonces, tú te encargarás de esto.
—Estoy ocupado.
—¿Tú?
—Sí.
—¿Por qué estás ocupado?
—Aún no he alcanzado el nivel que deseo en esgrima.
—¡¿Y qué puede ser más importante que esta situación?! —A las palabras del anciano, los demás se unieron.
—Mira al anterior duque. Él manejaba la espada y aun así no descuidaba otras cosas. En sus treinta se casó y tuvo dos hijos.
En cambio, el hombre llamado ‘el menor’ se había dedicado tanto a la esgrima que ni siquiera había podido salir con alguien. A él no le molestaba, pero a los demás sí. El anciano y el hombre de mediana edad cambiaron el tema hacia él y empezaron a hablar sin parar.
—Deberías empezar a conocer a otras señoritas.
—Debes casarte y tener hijos.
—No puedes casarte con una espada, Ferdi.
Ferdi tragó un profundo suspiro por dentro. Quería levantarse y marcharse en ese mismo instante. Pero esta era una reunión importante convocada porque habían puesto una recompensa por el patriarca de la familia. No podía moverse hasta que llegaran a una conclusión. Además, los presentes actuaban así porque estaban preocupados.
Un niño de una familia noble caída fue traído de la mano del duque. Después, fue el duque y sus vasallos quienes lo criaron. Para Ferdi, ellos eran su familia. Aunque no se llevaba bien con Maia ni con Richt, que tenían personalidades peculiares.
—Yo me encargaré de mi matrimonio.
—Te regañamos precisamente porque no puedes hacerlo.
—…Me encargaré de este asunto.
Solo entonces el tema volvió al Imperio. Al menos había escapado del asunto del matrimonio por esta vez.
«¡Estoy salvado!». Bajo la mesa, Ferdi apretó el puño.
Después hablaron de cómo enfrentar al Imperio. Y una vez finalizada la reunión, Ferdi empezó a moverse de inmediato, pensando en acabar rápido.
Aunque el Imperio había dado órdenes, los nobles no se movían. Ferdi se metió entre ellos y cambió su parecer. Este asunto no era más que una fantasía del Imperio, y estaban dando un trato injusto por ello.
—Ain, sí que es competente.
Por cómo había engrasado la situación desde antes, la mayoría de los nobles les tenía buena voluntad. Era alguien demasiado valioso para Richt.
—Aunque también debo averiguar la parte fundamental.
«¿Por qué el Imperio había puesto una recompensa por el patriarca de la familia Devine?».
Sabía lo que Richt había hecho, pero solo eso. Había retenido al príncipe heredero una temporada y lo había hecho girar a su antojo, pero no había ido más allá. Según averiguó, el príncipe heredero incluso sentía afecto por Richt.
—¿Y de repente hace esto? —Ferdi se frotó la barbilla con la mano.
No parecía que un joven príncipe heredero hubiera pensado eso por sí solo. Por lo tanto, sospechar naturalmente de otra persona era lo lógico.
—Gran Duque Graham.
No tenía más remedio que pensar que era él quien movía al príncipe heredero.
—Qué fastidio.
Como alguien que también manejaba la espada, Ferdi sentía cierto interés por el Gran Duque Graham, pero no quería encontrarse con él en estas circunstancias. Aun así, no podía quedarse quieto, así que debía verlo.
Él envió un mensaje al Gran Duque Graham.
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—¿Ferdi?
Era alguien de grandes capacidades, aunque opacado por Ban, de habilidades superiores. Pero había sido criado por el anterior duque. Eso significaba que tenía un nivel superior al de una persona normal.
—Quiere reunirse, ¿cómo respondemos?
—Dile que sí.
Si se trataba de Ferdi, debía haber visto a Richt desde pequeño. Quería saber cómo era Richt cuando era aún más joven.
Loren observó a Abel con expresión dubitativa, pero no objetó. Solo se retiró un poco hacia atrás.
Pasados unos días, Ferdi llegó al palacio imperial. El hombre, con cabello ondulado y de color azul marino recogido de manera suelta, tenía un aspecto frío.
—Saludo al Gran Duque Graham.
Ferdi era un hombre rígido. Aunque mantenía el mínimo de cortesía, no había respeto en él. Incluso parecía insolente.
—Es la primera vez que nos vemos, Sir Ferdi. —Antes, Abel habría estallado, pero esta vez no lo hizo.
Su deseo de saber era más fuerte que su temperamento ardiente.
Ferdi se sentó en la silla que le indicaron. Poco después, una sirvienta dejó frente a él una taza de té que ni siquiera se molestó en mirar. Parecía que era alguien bastante difícil de tratar.
—¿Y que lo trae por aquí?
—Tengo algo que preguntarle.
—¿Qué sería?
—¿Por qué puso una recompensa en el patriarca de nuestra familia?
—Eso está estipulado en el documento de la recompensa ¿o me equivoco?
—¿Habla sobre esa supuesta ’traición’?
—Sí.
La suave frente de Ferdi se frunció profundamente.
—¿Está diciendo que un tío se preocupe por su sobrino y lo cuide por unos días, es traición?
—Richt no es alguien que ofrezca su favor sin motivo, ¿no le parece?
Abel pronunció el nombre de Richt con naturalidad frente a Ferdi, que al darse cuenta de inmediato protestó.
—Aunque usted sea el Gran Duque Graham, no debería de nombrar al Patriarca de la familia Devine con tanta ligereza.
—¿A la ligera? Creo que al menos puedo llamarlo por su nombre. —Abel continuó con calma—. Después de todo, hemos compartido piel desnuda.
El rostro de Ferdi palideció por completo al escuchar esas palabras.
—¿Está diciendo que tocó a ese niño?
—¿Niño? Richt es un adulto, y siendo adulto puede acostarse con quien quiera.
Sí, en general un adulto podría. Pero Ferdi conocía la peculiar personalidad de Richt. Era sensible y obsesivo con la limpieza. No le gustaba que otros tocaran su cuerpo. Cuando aún no conocía bien su carácter, había intentado acariciarlo pensando que era lindo y había terminado recibiendo una patada en la espinilla.
Parecía improbable que Richt permitiera que otro tocara su cuerpo. Y menos un hombre tan descarado como ese. Por lo tanto, solo podía concluir que había sido obligado.
—No diga tonterías. —Había demasiadas cosas que descartar—. En primer lugar, Lord Devine odia el contacto físico con los demás.
—¿Y si fuera por amor? El amor es grandioso, ya sabe.
—Es absolutamente imposible.
—Lo dice con bastante seguridad.
—Sí. Además, si fueran amantes, ¿por qué no está aquí mi Lord? ¿Y por qué pondría una recompensa?
Es porque Richt escapó. Y el Gran Duque que ponía una recompensa era un loco. «¡Qué tipo de obsesión era esa!». Ferdi apretó los dientes.
Aunque su relación con Richt era distante, seguía siendo el hijo de su benefactor. No podía dejar que cayera en las manos de un tipo así.
Abel no respondió y golpeó suavemente con los dedos el apoyabrazos de la silla.
«Quizá pensé de manera bastante simple».
Solo quería saber de Richt cuando era joven. Pero parecía que el afecto de su vasallo era más profundo de lo pensado. Solo tenía que verlo. En su expresión mostraba que podría partirle la cara en cualquier momento.
—Bueno, ha habido un pequeño malentendido.
—No me interesa qué tipo de malentendido. Pero no subestime a la familia Devine. Protegeremos al lord con todas nuestras fuerzas—. Ferdi dejó esas palabras y se levantó.
Su espalda al darse la vuelta era gélida. En el lugar que dejó atrás, solo quedó una taza de té completamente fría sobre la mesa.
—¿Acaso me odia? —preguntó Abel inclinando la cabeza. Pronto recibió una respuesta.
—Sí, lo odian —respondió Loren con frialdad.
Aunque Richt no se llevaba bien con los vasallos, estaban unidos gracias al anterior duque. Mientras su presencia no desapareciera, los vasallos no podían abandonarlo por completo.
—Hizo todo esto sabiendo las consecuencias, ¿cierto?
—Es cierto. ¿Hay noticias de los cazarrecompensas?
—Ninguna.
—¿Debería de subir la suma?
—Sigue siendo una cantidad enorme de dinero ¿no?
—¿Entonces por qué no hay noticias?
—Supongo que se está escondiendo bien. —Loren respondió hasta allí y volvió la vista a su trabajo.
Abel, después de molestarlo un poco más, tomó su espada y salió. Sentía el pecho oprimido y quería mover el cuerpo.
«Quiero verlo». Extrañaba a Richt, que gritaba con ternura.
«También quiero tocarlo».
La sensación de esa piel que se adhería perfectamente a su mano era magnífica. Durante todo el tiempo que blandió la espada, Abel no pudo quitarse a Richt de la cabeza.