Mandé a fuera a todos los sirvientes y le dije a Helena:
—Camina hacia mí.
Helena camino hacia mí lentamente, pero con la espalda erguida como le enseñé. El vestido largo podría ser engorroso, pero ella no tembló ni vaciló.
Cuando se acercó a mí, le tendí la palma de la mano. Helena inclinó ligeramente las rodillas para saludarme y colocó de manera suave su mano sobre mi palma.
Esta sería la última práctica de baile. Helena, que se había convertido en una experta en seguir el ritmo, me susurró.
—Hubo un tiempo en el que tenía envidia de las chicas que vestían ropa hermosa. No solo yo, sino todas las niñas que estaban conmigo, era mi sueño vestirme así y bailar de esa forma, al menos una vez en mi vida.
Pero cuando se giró con mi guía, agregó con una cara amarga.
—Pero ahora que lo he experimentado, ser hermosa es mucho más difícil e incómodo de lo que pensaba… Pero esto debe de ser tratado como una bendición. ¿No es así?
Tirando de ella replique.
—No tiene nada que ver con la belleza.
—¿No?
—Vestirse bonito es laborioso e incómodo. La gente puede ser lo suficientemente bella sin necesidad de todo eso.
Helena me miró por un momento ante esas palabras y luego se quedó en silencio pensando. Estábamos bailando el mismo baile con diferentes pensamientos.
¿Quién creó por primera vez la expresión “hermoso”? ¿Qué vio es lo que vio esa persona para decir que era hermoso? ¿Era una persona o un paisaje? ¿Qué tipo de cosa vio?
¿Cuánto más deberíamos de arrastrarnos por los estándares de belleza que cambian con el paso del tiempo?
El debut estaba a la vuelta de la esquina, así que en lugar de enseñarle algo nuevo, era mejor repasar las cosas que había aprendido hasta ahora para que no cometiera un error. Fue porqué la cantidad que enseñaba era tan grande, que fácilmente podría ser olvidada o confundida.
A medida que se acercaba el baile de debutantes, los nervios de Helena se agudizaban.
—He preparado unas bebidas ¿puedo entrar?
—Adelante.
La razón por la que no habíamos explotado después de tanto, era porque tomábamos un refrigerio de vez en cuando. Si tomaba un descanso mientras comía algunos bocadillos, puedo volver a pensar las cosas antes de hablar y decir cosas duras.
Fue por esa razón que me metí en la boca un bocadillo horriblemente dulce del Palacio Imperial, independientemente de mi gusto. Era para subir mis niveles de azúcar.
Los asistentes estaban ocupados llevando té y exhibiéndolos en la mesa. Por lo general, para salvar las apariencias, los meto a mi boca hasta que los sirvientes los hayan acomodado y se van, pero hoy, tal vez porqué estaba particularmente cansada, puse mis manos sobre los dulces. Tomé un mille feumill y le di un mordisco, pero era como masticar arena.
Al principio, pensé que era solo la textura de la masa, pero cuanto más pasaba por mi lengua, el dulce no se derretía. Levanté los ojos levemente y miré a Helena, que estaba comiendo sin ningún cambio de expresión.
¿Quién fue el culpable?
En primer lugar, casualmente tome el bocadillo arenoso. Cuando miré hacia la por la puerta, había una niña que me miró levemente. Ella fue quien puso los dulces frente a mí, así que levanté mi dedo.
—Tú, ven aquí.
—¿Eh? ¿Yo?
—Sí, tú.
Me puse de pie lentamente, espere a que la sirvienta que señale se acercará y mirándola de cerca, recordé quien era. Ella fue la misma que le dijo al príncipe heredero que empuje a Helena.
La doncella fingió estar tranquila, pero siguió mirando a Helena con el rabillo del ojo.
Tenía fe en algo ¿no?
Cuando la doncella se paró frente a mí, levanté mi brazo y le abofeteé la cara sin piedad. Al mismo tiempo que el sonido ensordecedor, la doncella cayó al suelo sin ni siquiera gritar y los sirvientes giraron la cabeza para ver qué pasaba.
—Levántenla.
—¡Lady Mizerian!
A mi orden, los sirvientes agarraron los brazos de la doncella y la hicieron ponerse de pie. Sorprendida, Helena se levantó y se me acercó. Con las muñecas de la doncella siendo sostenida, trató de resistirse, por lo que le dije:
—Mira cuidadosamente, es para cuando seas la Princesa Heredera. Te enseñaré cómo tratar con aquellos que te faltan al respeto y se meten contigo.
—¡Señorita Helena!
Mientras la sirvienta miraba fijamente a Helena, le abofetee de nuevo la mejilla opuesta. La golpeé tan fuerte que me hormigueaban las manos.
Los sirvientes levantaron a la doncella que tropezó volviendo a caer. Tomé la barbilla de ella, cuyas mejillas estaban rojas e hinchadas y le dije:
—No culpo a los niños ¿Qué es lo que saben ellos? Los niños pueden aprender y crecer a partir de sus errores. Cuando un niño comete un error es la responsabilidad del adulto que lo educó mal.
Cuando me incliné para mirarla a los ojos, la doncella tembló y me reí directamente sin desviar la mirada. De cualquier manera, acaricie suavemente su mejilla y continué.
—¿Por qué me menosprecias y sigues a lady Antlebloom? ¿Es por qué ella es amable contigo? ¿O porque me tienes miedo? No… No estás mirando por el favor de Lady Antlebloom. Estas siendo arrogante conmigo porque su alteza te respalda.
En mis días de escuela, odiaba a los llamados: “El tipo de persona que se aferra a la chica buena y pega fuerte”.
Esto se debe a que no existe ningún sentido de lealtad entre los seguidores de aquellos que eran mejores que ellos, pero cuando su influencia se reducía, cambiaban de actitud y los traicionaban.
Así era esta chica.
Si Helena no fuera amada por el príncipe heredero ¿esta niña habría hecho algo tan grande como esto? De ninguna manera. Ella no estaba del lado de Helena en su corazón.
Al igual que el príncipe heredero que creyó en sus palabras y me dio una bofetada en la mejilla, ella estaba disfrutando de ese “poder supremo” que venía del amor y el desprecio hacia alguien.
¿Qué tan divertido sería eso? Con una simple palabra tuya su travieso jefe la destruyó.
—Sabes, perdonó a los niños por todo. Por conocer las ventajas de tener el poder y sobrepasarlo… Pero esa no es la forma en que debería de pensar un niño.
Helena agarró mi muñeca y me detuvo cuando levanté mi mano para volver a golpear su mejilla. Mientras me miraba sin decir una palabra, dijo unas palabras severas a pesar de que estaba temblando.
—No. No haga eso lady Mizerian.
—… Deja me decirte, que es tu responsabilidad que esta chica sea tan arrogante.
Ser amable era una enfermedad en este momento.
¿Es un complejo de ángel o qué? Hay una gran diferencia entre ser agradable y ser una buena persona, pero cuando hay una persona así, son las personas que lo rodean las que están molestando en lugar de la persona involucrada.
No es como si pudiera desarrollar su ojo para ver las intenciones de los demás.
—Lady Antlebloom, juzga a las personas que te rodean, asegúrate de saber si están de tu lado porque en verdad les agradas o si están de tu lado solo porque quieren algo de ti. Está bien si debes de mordisquearlo antes de comerlo, entonces…
El temblor se detuvo, incluso el miedo que permanecía en su rostro se borró, tal como suele hacerlo una persona que ya había tomado su decisión. Solo quedaba una clara determinación en su deslumbrante rostro.
—No use imprudentemente la violencia contra nadie. Si no se siente bien, puede abofetearme a mí, pero prométame que nunca volverá a levantar la mano después de hoy.
—… ¿Te atreves a sermonearme?
—Ese día. El día en que Lady Mizerian tontamente dejó lo que era correcto para su alteza, juré por Dios que nunca volvería a cometer el mismo error. Ninguna razón puede justificar la violencia.
Helena susurró con voz reprimida.
—Lady Mizerian me lo dijo.
Entrecerré los ojos y miré a Helena. Tal vez ella me estaba atacando porque tiene “poder” o tal vez sea porque no tengo tanto poder como el príncipe heredero.
Entonces me reí de mí misma.
Esta maldita sensación de inferioridad era como un ataque de vez en cuando. Sabía mejor que nadie que Helena no podía ser una gran persona, porque soy la única persona en el mundo que había mirado en su cerebro.
Helena se mordió el labio y miró a la doncella.
—Debería haber un castigo más razonable en lugar de la violencia.
—¿Por ejemplo?
—… Le diré a una doncella que, dejen que se marche del palacio.
—¡Señorita Helena! ¡No! Cometí un error, si me castigan lo soportare ¡prefiero que me golpee! ¡pero por favor no me eche!
La doncella gateó y se aferró a los pies de Helena, pero ella espero mi permiso para hablar sin mirar hacia abajo hasta el final.
¿Cómo puede ser la diferencia de uno a diez? Estaba un poco sorprendida.
Pocas veces he tenido que soportarlo y eso se debe a que tengo una mala personalidad. Replicar era normal y si alguien me golpeaba, tenía que duplicar el daño con mis propias manos para aliviar mi ira.
No me importa que me culpara por ser inmoral. Desde mi experiencia, la moralidad por lo general no resuelve las injusticias.
Cuando fui golpeada por el príncipe heredero, honestamente traté de golpearlo de la misma manera, pero trato de huir rápidamente, por lo que dejé de hablar.
—Haz lo que quieras.
Si tienes más miedo de que te echen a que te peguen, debería de hacerlo. La doncella gritó y fue atrapada por los asistentes antes de ser arrastrada.
Viendo esto, me prepare para volver. Me sentía sucia y no quería quedarme por más tiempo.
—… ¿Está bien que la escuchen?
Eres la única que es buena.
Eres la única que es elegante, y la única que está limpia ¿no lo dije? Esto es ridículo. Estoy sola por naturaleza. Soy tonta por naturaleza y yo soy mala, es por lo que debo dar una respuesta diferente.
Cualquiera puede decir que soy infantil. Estoy enojada porque me avergüenzo de mí misma y por racionalizar de que ya no soy una niña solo porque son inteligentes.
—Aquellos que te aman estarán tristes de escuchar esa pregunta, Helena Antlebloom.
Estoy harta de su autosacrificio. Más aún conociendo su sinceridad.
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¡Gracias por la ayuda, Hikari~!

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