Aún era un punto en el que podía salir del paso con evasivas. Quería creer eso y apartar la mano, pero no pudo. Ban sujeto suavemente su mano justo cuando estaba a punto de caer, para evitar que se retirara.
Ban levantó la cabeza y miró a Richt. Sus hermosos ojos rojos brillaban con la luz que se filtraba. Lo que contenían era un deseo profundo. Aunque enseguida fue cubierto por los párpados que bajaron, era evidente. El albergaba un deseo por Richt.
—Puede… puede seguir.
«¿Seguir qué?» Richt se tragó la pregunta que estuvo a punto de escapársele.
La leve culpa que había empezado a surgir se disipó. Ban decía que podía continuar. Richt tragó saliva, lo que hizo temblar su nuez.
Ban fingía no darse cuenta, pero observaba cada detalle con atención. Esa imagen volvió a acelerar el corazón de Richt. Con la mano de Ban sobre la suya, Richt la movió con audacia. Al ver que Richt no tenía intención de apartarla, Ban retiró la suya con timidez.
—…Tienes músculos bonitos.
Al elogiarlo, aquello que colgaba de la parte inferior de Ban se hinchó aún más.
«¿Podía crecer todavía más?»
Era aterrador. Mientras acariciaba los abdominales, la curiosidad lo llevó a darle una palmadita ligera con la palma. Ban se estremeció un instante, pero no se resistió. Richt comprobó si la piel se había enrojecido, pero no había cambiado nada.
Bueno, era la fuerza de Richt. El equivalente a una patadita de conejo. Al confirmar que Ban no se oponía, Richt bajó más la mano. Un deseo profundo se retorció dentro de su estómago.
En situaciones como esta, normalmente uno golpearía el trasero, pero quería probar en otro lugar. Richt miró de reojo a Ban. El inocente hombre no podía imaginar lo que Richt estaba pensando.
«¿Lo hago?»
No, eso sería demasiado pervertido.
«Pero aun así…»
Quería hacerlo. Al fin y al cabo, no había nadie mirando. Ban no era alguien que fuera a ir contando estas cosas por ahí. La mano de Richt bajó por la cintura y llegó al muslo. Al principio, como por accidente, tocó lo abultado.
«¿Esto es un globo?»
Quizá era su imaginación, pero parecía seguir creciendo. Apretó con la palma esa cosa grande y caliente. Ban aún no parecía muy seguro de lo que ocurría. Entonces solo hacía falta darle certeza. Richt había perdido el control de su razón.
—¿Qué es esto? —Con esa voz baja y áspera, el cuerpo de Ban tembló.
Movió los labios varias veces, pero no logró hablar.
—Te pregunté qué es.
A propósito, acercó sus labios al oído de Ban y exhaló. Ban se estremeció como si lo hubieran quemado.
«¿También tiene las orejas sensibles?»
En ese momento Ban volvió a levantar la cabeza. Sus ojos estaban más oscuros que de costumbre.
«¿Eh?»
Parecía que no solo Richt había perdido la razón. Las venas del dorso de la mano de Ban sobresalieron.
—Maestro.
En un parpadeo, la posición cambió. Richt estaba recostado en la cama, y Ban lo tenía prácticamente atrapado.
Entre las piernas de Richt se metió la rígida cintura de Ban. Por eso no podía juntar las piernas. Pero sus manos estaban libres.
—Si no quiere, golpéeme.
La razón fue evidente de inmediato. Incluso en esa situación, Ban le dejaba a Richt una última vía para rechazarlo. Richt desvió la mirada hacia su propia mano. Si la levantaba y le daba una bofetada, todo acabaría ahí.
«Por muy bonito que sea, sigue siendo un hombre».
Y más grande que Richt. Si algo progresaba más, Richt evidentemente sería quien tuviera que aceptarlo. En su vida moderna nunca había sentido interés por otro hombre.
«¿Y ahora puedo con hombres también?».
No quería alejar a Ban, así que le dedicó una sonrisa.
—Haz lo que quieras.
Ban obedeció fielmente. Algo duro y rígido tocó la parte inferior de su cuerpo. Después de frotarse varias veces con su calor, un escalofrío recorrió la espalda de Richt. Las grandes manos de Ban apoyaron el espacio junto a los hombros de Richt. Entonces Ban lo besó.
Era diferente a los besos de Abel. Era cuidadoso, amable y suave. Solo frotaba los labios, y parecía que era por falta de experiencia.
«Quizá le ayudo un poco».
Cuando sus labios se separaron, Richt abrió ligeramente la boca.
—Lame.
Sacó la lengua y Ban se aferró a ella. Luego empezó a lamerla con esmero, como un cachorro gimiendo. Ban, el capitán de la Orden Leviatán y un excelente caballero. Al verlo así, hizo desaparecer la poca paciencia que le quedaba a Richt.
Richt lo besó. Con la lengua recorrió sus dientes y masajeó su carne interna. Al principio Ban fue torpe, pero aprendió rápido. Al final parecía incluso más hábil que Richt. Se besaron hasta quedar sin aliento.
Richt sintió su abdomen hincharse por la sensación. La mano de Ban entró por debajo de la ropa de Richt y acarició su débil vientre. Y justo cuando esa mano subía al pecho…
¡Bam!
Un ruido fuerte sonó afuera. El silencio se rompió de golpe. Ban miró hacia la puerta y se incorporó del cuerpo de Richt.
—Voy a comprobarlo.
«¿En medio de esta situación?» Richt se quedó confundido un momento, pero Ban tenía razón. Richt estaba escondido, y era correcto ser precavido. Es lo que tenía que hacer, pero…
«¿Y la parte de abajo?»
La entrepierna de Ban seguía firmemente levantada. ¿Qué pretendía hacer con eso? Al parecer entendió el sentido de la mirada de Richt y respondió con serenidad.
—Si esperamos, se bajará.
Bueno, sí, pero… Mientras Richt dudaba sobre qué decir, Ban salió corriendo.
«¡Pero al menos debería cubrirse!» Richt agarró una toalla al vuelo y lo siguió. En la sala había una silla rota. Frente a ella estaba Jin, con un rostro muy tranquilo.
—¿Qué es esto? —Richt, que llegó tarde, preguntó.
—Rompí la silla por accidente. —respondió Jin con calma.
—¿La silla?
¿Eso podía romperse por accidente? Ante la mirada suspicaz de Richt, Jin añadió una explicación:
—Parece que era una silla hecha de forma endeble. Supongo que tendré que fabricar una nueva.
Después de decirlo así, ¿qué más podía decir Richt? Suspiró levemente y resolvió el asunto que había recordado: colocó la toalla alrededor de la cintura de Ban. Por suerte no era una toalla pequeña. Parecía un poco incómoda, pero de alguna manera lo disimuló.
—¿Me ayudas a hacer la silla? —Jin le dijo a Ban.
—¿No puedes hacerlo solo?
—Será más rápido entre los dos.
Richt estaba seguro de que Ban lo rechazaría.
—Te ayudaré.
Pero Ban respondió en voz baja que sí.
«¿Ahora? ¿En esta situación, a construir una silla?». Aunque la llovizna había cesado, el suelo debía estar mojado. Era absurdo.
Ban se giró y arregló la ropa desordenada de Richt.
—Regresaré.
—…Está bien.
Quizás era mejor así. Richt notó cómo recuperaba la cordura perdida. Tenía que pensar con frialdad. Ban y Richt, los dos eran hombres. Además, Richt estaba huyendo de Abel.
«Y este ni siquiera es mi cuerpo».
Era lo correcto detenerse ahí. Con el corazón más calmado, Richt permitió que se fuera.
Jin y Ban tomaron la silla rota y salieron. Rodearon la casa y se detuvieron frente al cobertizo donde estaba la leña apilada. Rompieron la silla rota en trozos apropiados y la apilaron sobre la leña; luego sacaron herramientas y tablas preparadas.
—Menos mal que teníamos materiales —dijo Jin mientras empezaba a fabricar la silla.
Parecía tener mucha experiencia en ello. Ban, a su lado, le iba pasando las herramientas. Y cuando la silla estaba casi terminada, preguntó:
—¿En qué estás pensando?
Jin, que estaba clavando un clavo, soltó una risita y respondió:
—¿Y tú en qué piensas?
La silla quedó terminada. Estaba mucho mejor hecha que la original.
—Richt torturaba a otros por tonterías.
—Es mi Maestro. Use el título correcto, por favor.
—Entonces, Lord Richt—. Solo entonces Ban guardó la hostilidad que emanaba—. Todavía estás herido.
—Así está bien. Puedo moverme.
—Claro, digamos que sí.
«En fin, Lord Richt era un desgraciado insoportable».
Era un noble incomparable, pero por esa misma razón, también era una figura aterradora para ambos. ¿Y ahora cambiaba de actitud de repente? Según Jin, Ban obedecía a Richt por el anterior duque. Sin él, ¿Ban habría actuado por Richt pese a lo mal que lo trató?
«No».
De ninguna manera. Pero al reencontrarlos después de tanto tiempo. Richt al igual que Ban, habían cambiado. Recibía noticias a veces de los miembros cercanos del clan, pero había algo que Jin aún no sabía.
—¿Qué demonios pasó? —Ante la pregunta de Jin, Ban no respondió.
También le resultaba difícil explicar el cambio de Richt. Y tampoco quería hacerlo. Quería ser el único que conociera al Richt que había cambiado y era amable. Aunque sabía que no podía ser así.
—No quieres responder, entiendo.
—Antes de eso… aún no respondió a mi pregunta anterior—. Ban miró la silla.
—¿Te refieres a porqué la rompí? —Jin sonrió ampliamente.