—No quieres responder, entiendo.
—Antes de eso… aún no respondió a mi pregunta anterior—. Ban miró la silla.
—¿Te refieres a porqué la rompí? —Jin sonrió ampliamente—. ¿Lo preguntas sabiendo la respuesta? ¿O es porque no la sabes?
Con eso bastó como respuesta. Jin había hecho ruido a propósito para separar a Ban y a Richt. Al darse cuenta de ello, la expresión de Ban se volvió fría. El ambiente decayó de forma natural. Aun así, Jin seguía sonriendo hasta el final.
«¿Qué está pasando?», pensó Mary.
Ella había venido a casa para recoger algo que necesitaba y se había encontrado con los dos, entrecerró los ojos frunciendo el ceño. Por más que lo miraba, no entendía qué estaban haciendo.
«Bueno, da igual».
Preocuparse más solo la cansaría a ella. Mary bostezó y terminó sus asuntos. Luego volvió a salir de la casa. Podría parecer que la clínica del pequeño pueblo estaba tranquila, pero no era así.
La ubicación era escarpada, así que había más heridos de lo que uno pensaría, y además la gente les pedía otros tipos de ayuda. Esto se debía a que se los consideraba personas con muchos conocimientos. Y no solo eso. Mary y su padre incluso viajaban al pueblo de al lado por trabajo. Allí no había clínica. Quizá por encontrarse en una situación similar, el padre de Mary no podía rechazar las solicitudes.
—¡Vamos! —Mary le gritó a su padre, que la esperaba en la entrada del pueblo.
Incluso a caballo se tardaba un buen rato en llegar al pueblo vecino. Cuando por fin llegaron, varios pacientes los esperaban. Atendiéndolos uno por uno sin descanso, la tarde se había ido antes de que se dieran cuenta.
—Quédense a dormir esta noche—. El jefe del pueblo vecino les ofreció una habitación.
Era algo habitual, así que el padre asintió. A Mary la tranquilizó pensar que la herida de Ban, el hombre corpulento que atendían en su propio pueblo, podía esperar un día más.
El primer piso de la casa del jefe del pueblo tenía una sala bastante amplia, y cada noche se llenaba de hombres del pueblo haciendo ruido. Por eso Mary normalmente se quedaba en la habitación, pero como ese día también se reunían mujeres, decidió bajar por aburrimiento.
—¡Mira esto!
—¿Qué es?
Cuando vio que agitaban un papel, se acercó curiosa, y allí estaba dibujado un rostro familiar. Asustada, miró con más cuidado: era un cartel de “Se busca”.
—Dicen que es un noble que cometió traición, y que darán muchísimo dinero si lo atrapan vivo.
—¿Eh? Pero es un noble, ¿cómo piensas atraparlo?
—¿Y qué con que sea noble? Mira esto. Tiene pinta de débil—. El joven cazador se rió en voz alta.
A Mary se le heló el pecho. Bajo la luz temblorosa de la lámpara, tomó el cartel y lo examinó con atención. No se había equivocado: el duque Devine del cartel era la misma persona que Richt, quien ahora estaba en su casa.
Cuando levantó la vista, su padre también miraba hacia allí. Él también se había dado cuenta. Ni en el pueblo de Mary ni en este vivía, únicamente, gente honesta. Algunos se escondían por no poder pagar impuestos, otros por haber cometido crímenes. Así que era natural pensar que Richt tendría algún problema.
«¡Pero traición!»
Eso era algo que un pequeño pueblo no podía afrontar. Si los descubrían, podían ser masacrados. Mary dejó el cartel tranquilamente. Su padre parecía pensar lo mismo. Por ahora, debían ocultarlo.
—Ahora que lo pienso, en el pueblo de Mary… ¿no llegó alguien nuevo recientemente? —preguntó el cazador que viajaba entre los pueblos intercambiando comida.
—Ya se fue. Parecía que no sería alguien que se quedaría mucho tiempo.
—¿Tan pronto? Pero el pueblo de Mary es agradable para vivir, ¿no?
Gracias a Jin, nunca pasaban hambre. Mary conversó un rato más y luego subió a la habitación diciendo que estaba cansada. Apenas pudo dormir. Y cuando amaneció, regresó con su padre al pueblo.
—¡Jin!
Nada más entrar a casa, Mary buscó a Jin.
—¿Qué?
—Ven—. Sacó a Jin hacia afuera y le preguntó—: La gente que está en mi casa… ¿son buscados?
—Uno de ellos. —Jin respondió con honestidad.
—… ¿El delito?
—Traición.
El corazón de Mary dio un vuelco.
—Eso es muy peligroso—. El padre de Mary habló por ella, que se había quedado sin palabras—. No podemos permitir que un traidor se quede aquí.
—¿Ah, sí?
—‘¿Ah, sí?’ ¡¿Cómo podía decirlo así?! ¡Era un asunto gravísimo! —Mary estaba a punto de gritar, pero Jin contestó un segundo antes.
—Está bien. Mañana nos iremos todos del pueblo.
—… Muchas gracias.
Jin se encogió de hombros.
—Soy yo quien debe agradecerles por todo este tiempo.
—Quizás piense que somos desagradecidos, pero es un asunto demasiado peligroso para el pueblo.
—Por eso dije que nos iremos. Pero creo que no nos volverán a ver.
El médico levantó la vista, sorprendido.
—¿Está diciendo que va a dejar de darnos apoyo?
—Hasta ahora los ayudaba porque lo necesitaban. Pero, ¿hay algún motivo para seguir haciéndolo?
Fue demasiado frío.
No parecía la misma persona que reía y conversaba con ellos todos los días. ¿Cortar el apoyo por algo así? ¿Y entonces el pueblo qué? Estaba en un terreno difícil, era complicado cultivar, y la caza no bastaba para alimentar a todos.
—Jin… eso es cruel—. Mary apenas pudo pronunciarlo.
Pero Jin no respondió y se dio la vuelta.
«¿De verdad iba a terminar así?» Mary sintió que la cabeza le daba vueltas.
—Estamos en problemas—. El padre suspiró.
Con la comida que tenían, no podrían aguantar ni una estación. Mary lo sabía muy bien.
«Nos hemos portado bien con él».
Habían tratado sin rechistar a todos los que Jin traía, por devolverle lo que él hacía por ellos. Esta vez también. Y ahora él cortaba el apoyo así, de manera tan vacía.
No quería volver a aquellos tiempos. Aquellos horribles días en los que apenas podían comer una vez al día. Ni siquiera podían conseguir las hierbas medicinales necesarias y no podían tratar a los enfermos.
Algo oscuro empezó a surgir en su interior. Recordó la enorme recompensa del cartel. Y también la frase adicional:
“Quien entregue al culpable tendrá su pena reducida”.
Si entregaba solo a Richt, sus propios crímenes desaparecerían y obtendría una gran suma.
«Mary, no tengas ideas raras. Vivir en paz es lo mejor», se dijo así misma.
¡Pero eso no era normal! A diferencia de los jóvenes de su edad, no podía vestirse bien ni comer como debía. Mary tembló como era habitual en aquellos tiempos.
—Padre.
—No hagas ninguna tontería —dijo el médico entrando en la casa.
Ese día, su figura se veía especialmente pequeña. Mary no lo siguió; se dejó caer bajo un árbol cercano. Jin observaba a Mary desde el interior. Ya había puesto la trampa. Ahora solo faltaba ver si Mary caería.
Según él, lo haría. Sabía que ella detestaba su pasado.
Le gustaba Richt, pero probablemente lo olvidaría ahora.
«No planeaba hacer esto al principio».
Últimamente sentía que su corazón se movía y creyó que era peligroso. Richt había cambiado. Y Richt, tal como era ahora, coincidía demasiado con sus gustos. Pero no podía permitirse caer. Tenía un clan que proteger.
Recientemente, uno de los miembros del clan había tenido un hijo. Jin quería que ese niño viviera libre. Para eso decidió poner a Richt en peligro. Crear una situación peligrosa y, al rescatarlo, librarlo de las cadenas del clan.
Así obtendría lo que siempre había deseado.
«Pero para eso debo separarlo de Ban».
Como aún no estaba completamente recuperado, sería fácil mantenerlo alejado. Por muy buen caballero que fuera, con el cuerpo en ese estado no podría seguirlos. Y, además, cuando se trataba de Richt, Ban era capaz de sacrificarse, ya lo había hecho antes.
Mary se movió. Arrastrando los pies con inquietud, se acercó al caballo que tenían atado temporalmente bajo un árbol. Con media jornada de viaje, podía ir al pueblo vecino a pedir ayuda y desde allí llegar a la ciudad.
La cuestión era qué tan bien preparado estaba el archiduque Graham. Con ese nivel de obsesión, vendría corriendo y aunque no lo hiciera, movilizaría a la gente de la ciudad.
Todo avanzaba según lo previsto.
Ploc.
La lluvia, que había cesado durante el día, volvió a caer. Esta vez más fuerte. El médico que había ido al pueblo vecino a atender pacientes había vuelto, pero no dijo nada y se encerró en su habitación y Jin tampoco apareció.
La sala sin luz estaba fría y el ambiente era extraño. Richt miró por la ventana, luego preparó la comida y fue hacia Ban que estaba sentado en la cama. Acepto la comida dócilmente.
—¿Te duele la herida? ¿Llamo al médico?
Quizá decía que estaba bien solo para no preocuparse, pero Richt seguía inquieto.
—Estoy bien. Está sanando sin problemas —Ban negó con la cabeza.
—Hace frío.
—Sí, está frío.
Ban frotó sus brazos con las manos. Richt percibía que no era precisamente frío lo que le molestaba. Quería algo.
Richt recogió los platos vacíos y levantó las mantas. Al meterse debajo, el cuerpo de Ban se estremeció.
—Acuéstate.
Ban obedeció con docilidad. Richt se acostó a su lado y puso la mano sobre su pecho, dándole unas suaves palmaditas.
—Maestro Richt.
—¿Sí?
—Hay algo que quiero hacer.
—¿Qué cosa?
«Qué atrevido. ¿Querría un beso?». Richt lo miró con ojos cálidos, pero Ban dijo algo muy distinto.
—Quiero bañarme.
Ahora que lo pensaba, desde que lo habían traído aquí, Ban no se había bañado de verdad. Solo lo habían limpiado con un paño húmedo. Al hacerlo consciente, Richt percibió su olor. Aun así, no olía mal. De cierto modo, era impresionante.