Cuando llegó a su habitación, el sol estaba a punto de ocultarse tras la montaña. You XiaoMo echó un vistazo a la habitación de al lado, supuestamente la habitación del joven que vino a verle hoy temprano, Jiang Liu. Pero la habitación estaba en silencio, parecía que ya se había mudado. Con este tipo de buena suerte, por supuesto You XiaoMo estaba envidioso. Después de todo, el talento original de You XiaoMo ya había sido completamente determinado, un alma garantizada con un aura verde.
Sin embargo, eso fue antes de ser transportado. Después del cambio de almas, debe haber cambiado. You XiaoMo no tenía ninguna intención de volver a ser evaluado. Si resultaba que las dos valoraciones eran diferentes, lo más probable es que fuera objeto de sospechas. Después de todo, él no querría morir una vez más después de estar aquí por unos días. Por lo tanto, aunque realmente quería conocer su talento, no tenía ningún interés en volver a ser evaluado.
De vuelta a su habitación, puso los cuatro libros sobre la mesa. Había que decir que las cosas que miraba superficialmente en el Pabellón del Este eran muy profundas. Tal vez otros serían capaces de entenderlo, pero para un extraño como él, sin ninguna comprensión de los magos, llegar a una comprensión repentina, era realmente algo difícil. Sin embargo, a pesar de la dificultad, todavía tenía que digerir estos cuatro libros antes del día siguiente, porque mañana tenía que ir al Salón de los Magos, donde se decidiría si podía encontrar un buen Shifu del que aprender.
Para llegar a ser un mago, aparte de los propios esfuerzos, un Shifu sobresaliente es también un factor crítico.
You XiaoMo no sabia si seria elegido, pero aun asi no podía permitirse ir allí sin saber nada. Quien sabe si el proceso de selección conlleva algún tipo de evaluación, si no tenía ni idea de nada, podía imaginarse de forma realista como nadie estaría dispuesto a aceptar. Por lo tanto, You XiaoMo tenía la intención de complementar sus conocimientos, pero cuatro libros en una noche no era tarea fácil. Después de respirar hondo, You XiaoMo se dedicó con determinación al trabajo de medianoche.
Como resultado, al día siguiente, You XiaoMo tenía un par de ojos de panda. Sus preocupaciones no eran en absoluto superfluas. Temprano a la mañana siguiente, alguien del Salón de los Magos vino a guiarle. La persona que enviaron era un joven de unos veinte años, con expresión indiferente.
Les dio quince minutos para prepararse, sin decir nada más en todo el tiempo, como si realmente no pudiera ser molestado. You XiaoMo vio algunas sonrisas amargas de los demás, porque todos eran considerados “sobras”. La realidad era que los que tenían un gran potencial, por ejemplo los que tenían auras azules o púrpuras ya habían sido elegidos hace tiempo, dejando sólo a los que tenían un talento inferior, como You XiaoMo. Él era el peor de los cinco, ya que los demás tenían auras verdes. Pero You XiaoMo no se sentía inadecuado, después de todo, como dijo una vez Edison, el genio es 99% transpiración y 1% inspiración.
Quince minutos más tarde, llegaron al Salón de los Magos. La grandeza del Salón de los Magos no tenía nada que envidiar a la de la biblioteca. No estaba claro si habían sido los últimos en llegar, pues ya había una multitud de gente reunida dentro. Sin embargo, los demás se parecían bastante a ellos, vestidos con sencillas túnicas verdes y ordinarias horquillas en el pelo. Todos ellos probablemente entraron en la Secta Tian Xin casi al mismo tiempo. You XiaoMo había pensado que sólo había unos pocos de ellos, nunca esperó que habría tantos. No es de extrañar que la Secta Tian Xin fuera capaz de convertirse en la secta principal número uno del Continente Long Xiang, con la importancia que daban a la calidad de sus discípulos.
Como los ancianos no habían llegado, la ansiosa multitud empezó a intercambiar palabras. Sólo que todos los temas eran del mismo tipo: “¿Cuál es el color de tu aura?”, “Me pregunto quién me elegiría”, “Sería estupendo que me viera el anciano tal”. Todo consistía en ese tipo de charla inútil. You XiaoMo soltó un enorme bostezo. Después de estar despierto toda la noche, le resultaba un poco difícil aguantar. Justo cuando estaba a punto de buscar un rincón para echarse una siesta, una voz penetrante le hizo saltar.
—Silencio, todo el mundo.

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