« Capítulo 51: Mareos Post Salto »

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La prueba en las alturas había dejado a Fang Juexia con la mente confundida. Cuando le quitaron el arnés y sus pies tocaron nuevamente el suelo, seguía sintiendo como si pisara nubes. Sus pasos eran inestables, a veces firmes, a veces ligeros, como si todavía estuviera flotando.

“¿Cómo te sientes ahora?” Pei Tingsong se acercó con rapidez. “¿Ya no tienes tanto miedo?”

Sí, miedo.

Después de esta experiencia, Fang Juexia finalmente entendió qué tan grandes eran los riesgos comparados entre sí. Y ningún riesgo se comparaba con Pei Tingsong. Él era el peligro más grande, el más incontrolable.

“Mucho mejor,” respondió Fang Juexia, mirando la sombra que proyectaban sus pies en el suelo.

El resto del día en el parque de diversiones pasó como en un sueño borroso. Parecía que parte de su alma aún estaba atrapada en las alturas, a veinte metros sobre el suelo. Apenas recordaba lo que jugaron o hicieron después; todo lo hizo como si estuviera en piloto automático. Incluso el director bromeó diciendo que Fang Juexia había quedado tan asustado que había perdido el alma. Cuando los fans comenzaron a acumularse para verlos, el equipo decidió terminar la grabación antes de lo planeado.

Después de un largo día que terminó antes, todos estaban de buen humor. Lu Yuan regresó a la compañía para reunirse con el coreógrafo, y He Ziyan lo acompañó para discutir arreglos musicales. Jiang Miao, por su parte, decidió buscar un regalo y encargar un pastel para el cumpleaños de su hermana, llevándose a Ling Yi como compañero, ya que era experto en ayudar con estas cosas.

Fang Juexia planeaba volver al dormitorio, tomar un baño, descansar una hora y luego dirigirse a la sala de práctica para ensayar. Pero cuando salió del baño, descubrió que solo quedaban él y Pei Tingsong en el dormitorio.

Pei Tingsong acababa de ducharse también y vestía un pijama blanco de lino y algodón mientras bebía grandes sorbos de agua helada directamente de una botella del refrigerador.

Todavía estás resfriado, y te vistes así de ligero.

Fang Juexia reprimió el comentario porque pensó que no tenía sentido preocuparse por algo que, al final, no le correspondía. Cerró la puerta del baño y regresó a su habitación. Recogió un muñeco de Minion que Ling Yi había dejado caer al suelo y lo colocó sobre la mesa antes de subirse a la cama.

La luz anaranjada del atardecer se filtraba desde el balcón, iluminando su edredón azul oscuro. Fang Juexia programó una alarma, se acurrucó bajo las sábanas y cerró los ojos. Pero los mareos post-salto, esa sensación de vértigo que hacía girar el mundo a su alrededor, se intensificaron al cerrar los ojos. Incómodo, se giró para acostarse boca abajo, con la cabeza hundida en la almohada, intentando aliviar la sensación, pero con poco éxito.

“Eres adulto ahora, gege.”

La voz de Pei Tingsong resonaba repetidamente en sus oídos, haciendo que su corazón latiera rápido e impidiéndole relajarse.

De repente, escuchó pasos. Fang Juexia giró ligeramente la cabeza y vio un par de largas piernas junto a su cama. Se sobresaltó y, casi instintivamente, jaló la sábana para cubrirse la cabeza.

“¿Qué estás haciendo?” Pei Tingsong intentó tirar de la sábana. “Pensé que ya estabas dormido.”

“Estoy por dormir,” murmuró Fang Juexia desde debajo de las cobijas.

“¿Olvidaste lo que me prometiste?”

Ah. Sí, lo había olvidado por completo. La experiencia del bungee jumping y ese llamado “rito de madurez” lo habían dejado tan confundido que ni lo recordaba.

Fang Juexia quería evitar a Pei Tingsong, pero cada vez que intentaba escapar, él aparecía, armado con una excusa convincente que le hacía imposible esquivarlo.

Se rindió y dejó que Pei Tingsong le quitara las sábanas. Con los ojos medio cerrados, vio a Pei Tingsong parado junto a su cama con un botiquín en la mano.

Ahora parece más quisquilloso. Antes podía estar sangrando y ni siquiera permitía que alguien lo curara.

Da igual. Al final, la herida en su lengua era culpa suya. Tenía que hacerse responsable de alguna forma. Fang Juexia se incorporó, cruzando las piernas mientras abría el botiquín para buscar el medicamento en polvo para las ulceras bucales. Con la mayor calma posible, le indicó:

“Siéntate.”

Pei Tingsong se sentó al borde de la cama, notando un mechón de cabello despeinado en la cabeza de Fang Juexia que lo hacía parecer un niño tonto.

“Si duermes ahora, ¿no dormirás por la noche?”

Fang Juexia encontró el medicamento, lo sacó y lo agitó en el aire. “Dormiré un rato y luego iré a la sala de práctica. No volveré por la noche.”

“Si practicas tanto todos los días, ¿no tienes miedo de lastimarte la espalda?”

“Ya tengo una lesión en la espalda,” respondió Fang Juexia con naturalidad, tomando un hisopo para aplicar el medicamento.

Pei Tingsong se quedó sorprendido. Después de pasar dos años con él, nunca había sabido que Fang Juexia tenía una lesión en la espalda. Su mirada se dirigió inconscientemente a la cintura de Fang Juexia, y un recuerdo fugaz lo asaltó: una vez lo había visto cambiarse en el dormitorio. Apartó la vista rápidamente y dijo con seriedad:

“Por eso deberías descansar más.”

“¿Quién no quiere descansar? Pero en la danza, si descansas un día, tu cuerpo se vuelve torpe. Si descansas demasiado, te oxidas, y en el escenario te vuelves inútil.” Fang Juexia se inclinó un poco más hacia él y dijo con naturalidad: 

“Saca la lengua.”

Pei Tingsong obedeció. Fang Juexia, temiendo bloquear la luz, inclinó ligeramente la cabeza para acercarse. Sus ojos se fijaron en el pequeño punto blanco en la punta de la lengua, la fuente de todo el problema. Al pensar que esa pequeña úlcera había sido causada por sus propios dientes, una mezcla extraña de emociones lo invadió. No podía describirlo.

No debía pensarlo demasiado; temía volver a esa noche.

Con delicadeza, acercó el hisopo cubierto de polvo medicinal y tocó la herida. La lengua de Pei Tingsong se encogió ligeramente. Fang Juexia levantó la mirada para observar su reacción.

“¿Duele?”

Pei Tingsong retiró la lengua y se quedó mirando a Fang Juexia, aturdido. Había tomado una decisión equivocada. Al principio, su plan era molestar a Fang Juexia, pero ahora el desconcertado era él. Verlo acostado lo hacía caminar con más cuidado, escuchar sobre su lesión le provocaba culpa y preocupación.

Y cuando Fang Juexia lo miraba, su corazón se aceleraba.

El resplandor del atardecer iluminaba sus pestañas, haciéndolas parecer casi transparentes mientras temblaban suavemente.

El toque del hisopo no era un medicamento milagroso, sino una mariposa ligera que rozaba la herida y luego se iba volando.

“¿Duele?” repitió Fang Juexia.

Pei Tingsong parpadeó rápidamente, nervioso.

“Un poco.”

“Entonces aguanta.”

Pei Tingsong extendió nuevamente la lengua mientras su mirada se posaba en el rostro de Fang Juexia, tan cerca que podía observar los detalles. Cuando Fang Juexia se concentraba, sus cejas se fruncían ligeramente hacia el centro, y sus labios se abrían apenas, dejando entrever el interior húmedo y brillante. Era un lugar que ya conocía, porque había estado allí.

Pei Tingsong decidió que debía soportar, y desvió la vista.

El polvo en la úlcera le provocaba un leve dolor punzante, como pequeñas agujas clavándose en su corazón. Sin embargo, empezó a acostumbrarse a esa sensación, incluso a disfrutarla. El aroma a jabón que emanaba de Fang Juexia era limpio y relajante, como una especie de anestesia.

Pei Tingsong sabía, sin importar cuán liberal o despreocupado fuera, que los amigos no se besaban. Y menos de esa manera, con un beso profundo. La amistad debía ser algo simple y natural: conversar, compartir intereses y vivencias, apoyarse mutuamente sin complicaciones, y abrazarse con la misma facilidad que una mano sostiene a la otra. Eso era ser amigos.

Pero el alcohol había tomado control, robándoles el juicio. Un beso accidental, seguido de otro, y luego más. Esa amistad nunca había sido realmente pura.

Sin embargo, él realmente admiraba a Fang Juexia y deseaba ser su amigo.

Al desviar la mirada, sus ojos captaron accidentalmente el cuello del pijama suelto de Fang Juexia, que revelaba la piel clara y lisa de su pecho. Pei Tingsong retiró la lengua de inmediato y comenzó a toser con fuerza.

“¿Te duele la garganta?” preguntó Fang Juexia.

Pei Tingsong se enderezó de manera brusca, incómodo, y ayudó a Fang Juexia a sentarse también.

“No estés encorvado todo el tiempo. ¿No te duele la espalda?”

Fang Juexia se incorporó con calma, respondiendo en un tono indiferente:

“¿Por qué te preocupa tanto mi espalda?”

“¿Quién dijo que me preocupo por tu espalda?” replicó Pei Tingsong, levantando la voz.

Tu ropa es demasiado holgada, bajas la cabeza y todo se ve claramente. Tampoco te preocupas por cubrirte al cambiarte de ropa, y siempre miras a los demás con esa mirada sin darte cuenta de nada.

Mientras enumeraba en su mente todas las “faltas” de Fang Juexia, Pei Tingsong encontró una especie de alivio en su propio enojo. Sí, todo era culpa de Fang Juexia. Si no hubiera bebido aquella vez, si no lo hubiera besado, él tampoco habría respondido de la misma manera. Si no hubiera ocurrido ese beso, nunca se habría obsesionado con la pureza de su amistad.

Siempre había vivido despreocupado, sin pensar demasiado en nada. ¿Por qué ahora debía lidiar con estas pequeñas molestias?

Todo era culpa de Fang Juexia.

“Listo.” El causante de sus conflictos internos, ignorante de todo, usó la mano para abanicar suavemente el área donde había aplicado el polvo, tratando de aliviar el dolor.

“Bebe más agua y toma un poco de vitaminas.” Mientras hablaba, sacó un frasco de vitaminas B y C del botiquín y los colocó junto al medicamento en polvo en las manos de Pei Tingsong.

Sin embargo, Pei Tingsong no quería aplicarse el medicamento solo. Todavía quería que Fang Juexia lo hiciera por él.

“Este medicamento debe aplicarse tres veces al día. Si duele mucho, también puedes usarlo en cualquier momento,” dijo Fang Juexia con voz tranquila.

¿Pero con qué derecho seguía pensando así? Ambos ya eran adultos.

“De acuerdo.”

El “de acuerdo” de Pei Tingsong tomó por sorpresa a Fang Juexia. Era raro verlo tan obediente.

“Duerme un poco,” dijo Pei Tingsong mientras se levantaba para guardar el botiquín. Sin embargo, justo cuando iba saliendo de la habitación, escuchó a Fang Juexia decir desde atrás:

“Creo que no puedo dormir. Me siento mareado, y cerrar los ojos es muy incómodo.”

Pei Tingsong se detuvo y respondió:

“Debe ser un efecto secundario de la altura. Si intentas dormir, probablemente sueñes que estás en un lugar alto, y será peor. No duermas ahora. Busca algo relajante que hacer.”

Con eso, salió de la habitación, dejando a Fang Juexia solo en un espacio que de repente se sentía vacío. Fang Juexia decidió levantarse también y caminar hacia el balcón. Tomó una regadera para darle agua a sus plantas. Hacía mucho tiempo, había comprado un cactus en la calle. No era del tipo redondo, sino uno largo y delgado. Se agachó y tocó una de sus espinas con cuidado.

No solía regarlo, ni siquiera prestarle atención. Levantó la regadera y le echó un poco de agua, con cautela de no excederse.

Haz algo relajante.

Fang Juexia tomó un libro de sudokus y se sentó en la silla perezosa del balcón, enfrentando los últimos rayos del sol mientras resolvía problemas. Este método siempre le había funcionado para calmarse y enfocarse. Con el bolígrafo en la mano, los números comenzaron a bailar frente a sus ojos, moviéndose dentro de las celdas en blanco.

Tal vez estoy demasiado cansado últimamente.

Cerró los ojos un momento y volvió a abrirlos. Su mirada recorrió la primera fila y la primera columna, tratando de calcular una respuesta. Pero, sin darse cuenta, su mente divagó, como si su alma cayera abruptamente en un vacío fuera de su control.

Cuando volvió a concentrarse, se dio cuenta de que había escrito algo en el cuaderno. No eran números. Era un nombre.

Mientras tanto, Pei Tingsong había regresado a su habitación y encendido la computadora. Planeaba terminar la letra de una canción que había dejado a medias. Sin embargo, al abrir sus archivos, su mirada fue inevitablemente atraída por la carpeta etiquetada como “fjx”. Incapaz de resistirse, la abrió y colocó sus auriculares para reproducir una y otra vez la demo de una balada.

Nunca había escrito la letra de una canción romántica, y no le interesaba hacerlo. Para él, la mayoría de las letras de canciones de amor eran clichés insípidos, con frases recicladas y masticadas una y otra vez, ya sin sabor.

Pero esta canción… sí era una canción de amor, ¿no?

Aunque no fuera originalmente una canción de amor, él la percibía como tal.

Sosteniendo el bolígrafo, Pei Tingsong escuchaba la voz de Fang Juexia en la demo. De repente, una imagen vino a su mente: Fang Juexia sonriendo bajo la luz del sol en el parque de diversiones, diciendo: “Es tu primera vez, ¿estás feliz?”

La suave melodía del piano y el canto continuaban fluyendo, y, casi sin darse cuenta, su subconsciente tomó el control. El bolígrafo comenzó a moverse sobre el papel, dejando un rastro de palabras:

[Un parque de sueños, lleno de maravillas,
Carruseles que persiguen viejas ilusiones,
La luz del sol, un obsequio de bienvenida,
Deja que imprima un beso en la esquina de sus ojos.]

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