El restaurante que Sheng Shaoqing había elegido estaba en un lugar apartado, en un polígono industrial a las afueras de la ciudad. Según él, era un local de moda muy difícil de reservar.
A Sheng Shaoyou no le importaba mucho qué comer, y a Hua Yong menos todavía. En palabras de Shen Wenlang, mientras pudiera estar pegado a Sheng Shaoyou, Hua Yong podría pasar tres días y tres noches sin comer, beber ni dormir.
…
El día de la cena con Sheng Shaoqing, el doctor Cai llamó a Hua Yong para preguntarle cuándo tenía tiempo para que cenaran junto con Long Zuo.
Hua Yong le informó objetivamente: —Estoy muy ocupado. No tengo tiempo ningún día. Cai Hong soltó una risa fría y colgó.
Poco después, el móvil volvió a sonar. Era un número desconocido. Hua Yong lo rechazó. Al poco rato, recibió un mensaje: 「Soy yo, Long Zuo. Coge el teléfono.」 La última vez que había visto ese formato de mensaje fue en un programa sobre estafas: “Soy Qin Shi Huang¹. Envíame dinero”.
Unos segundos después, el teléfono volvió a sonar. Sheng Shaoyou seguía en la reunión y parecía que iba para largo. Hua Yong no tenía nada que hacer, así que contestó. —¿Qué pasa?
—Cenemos juntos hoy —dijo Long Zuo con un impecable acento londinense, tan fluido que parecía que el inglés era su lengua materna.
Hua Yong respondió en chino: —No tengo tiempo.
—No, sí que tienes —dijo Long Zuo—. Yong, tengo algo importante que preguntarte. ¿No estabas de vacaciones? ¿Por qué no tienes tiempo?
—Estoy de vacaciones precisamente porque tengo cosas que hacer —dijo Hua Yong. Su relación con este primo era muy buena; ambos eran muy directos. Hua Yong le dijo: —No hace falta que cenemos. Si tienes algo que decir, dímelo por teléfono. Suponía que no sería nada importante, probablemente algo relacionado con la Alfa de su primo.
Efectivamente, Long Zuo dudó un momento y luego preguntó, titubeando: —Se acerca mi aniversario de boda con Bea. ¿Qué crees que debería regalarle?
—Regálale tu corazón —dijo Hua Yong—. O tu lealtad incondicional, también sirve. —Hizo una pausa y añadió: —¿Sabes lo que es la lealtad incondicional?
—Sé chino —dijo Long Zuo. Parecía un poco molesto, como si sintiera que Hua Yong le estaba tomando el pelo. Dijo con desánimo: —Ya sabes, el público no ve con buenos ojos mi relación con Bea. Cada mes, al menos tres medios de comunicación dicen que nos hemos separado o divorciado.
—¿Y qué? —dijo Hua Yong, encogiéndose de hombros con indiferencia—. Lo importante es que la quieres a morir, hasta tienen un hijo. ¿Por qué te importa lo que piensen los demás?
—Tienes razón. Pero…
—No hay nada en qué pensar —dijo Hua Yong con indiferencia, atento a los ruidos de la sala de reuniones—. Si de verdad quieres hacerla feliz, puedes darle otro hijo.
—¿Regalarle… un hijo? —preguntó Long Zuo con escepticismo—. ¿Se pondría contenta?
Hua Yong no pudo evitar reír. —Por supuesto. —Si Sheng Shaoyou estuviera dispuesto a darle un hijo, se despertaría riendo de sus sueños.
Al otro lado de la línea se hizo el silencio, como si estuviera considerando seriamente la viabilidad de la propuesta. —El año que viene, quizás —dijo Long Zuo al cabo de un rato—. Este año estoy muy ocupado, tengo planes de expansión para la segunda mitad del año.
La reunión pareció terminar antes de tiempo. El moderador se levantó, hizo una reverencia al presidente de la mesa, Sheng Shaoyou, y todos los asistentes aplaudieron. Hua Yong quiso colgar, pero Long Zuo seguía hablando: —Creo que deberías ayudarme a planificarlo bien. Si el año que viene le regalo un hijo, ¿qué debería regalarle este año?
Hua Yong, con la vista fija en el perfil de Sheng Shaoyou mientras este leía el informe final, sugirió sin pensar: —Cualquier cosa. En realidad, no le falta de nada. O pueden cenar juntos el día de suaniversario.
Long Zuo nunca había tenido una relación. La primera persona que le gustó fue una de esas bellezas por las que hay que derrotar a diez mil competidores solo para entrar en la lista de espera. Y lo que era peor, cuando empezaron a salir y se acostaron, Long Zuo, el heredero de la mafia, descubrió de repente que su amada era una inspectora de policía dedicada a la lucha contra el crimen. El heredero de una familia mafiosa y una inspectora de policía. Su noviazgo, naturalmente, fue una odisea, llena de giros inverosímiles.
Long Zuo no tenía ni idea de relaciones, pero por suerte tenía a su lado a Hua Yong, un estratega con mil trucos en la manga, al que podía recurrir como consejero gratuito. El objetivo de Hua Yong era un noble extranjero, no solo un Alfa, sino uno de clase S. La dificultad no era menor que la suya. Pero Hua Yong siempre parecía tenerlo todo bajo control. Además, bajo su liderazgo, X Holdings había tardado solo dos años en extirpar por completo la “carne podrida” de sus negocios ilegales. Esto hizo que Long Zuo, que quería sacar a toda su familia del mundo del crimen, confiara aún más en su juicio. A día de hoy, Long Zuo y Bea ya estaban felizmente casados y hasta tenían un hijo que ya corría por la casa. Pero su dependencia de Hua Yong se había convertido en una costumbre.
—Un aniversario es algo importante, creo que deberíamos hablarlo en persona —suspiró Long Zuo—. ¿De verdad no puedes sacar ni un hueco? Esta noche y todo el día de mañana estoy libre. Con que me reserves media hora, ¿tampoco?
—No —dijo Hua Yong.
La reunión había terminado. Todos empezaron a moverse, pero al ver que Sheng Shaoyou seguía sentado, nadie se atrevió a levantarse primero. Long Zuo seguía intentando conseguir esa media hora de reunión. Hua Yong volvió a rechazarlo con rotundidad: —No tengo tiempo.
Si no fuera porque admiraba la increíble capacidad de trabajo de Long Zuo, con esa actitud tan indecisa frente a su pareja, Hua Yong nunca se habría acercado a él. Odiaba a los tontos. Especialmente a los indecisos.
Antes de que Long Zuo pudiera seguir insistiendo, Hua Yong colgó.
Sheng Shaoyou salió de la sala de reuniones rodeado de gente y vio de inmediato a Hua Yong, que lo esperaba fuera. Hua Yong le sonrió. —Buen trabajo, señor Sheng.
Varios de los ejecutivos que seguían a Sheng Shaoyou lo miraron con curiosidad, pero no se atrevieron a cotillear delante de su jefe. Sheng Shaoyou respondió con un “Mmm”, le entregó los documentos que llevaba y preguntó: —¿Estás muy ocioso?
Todo el equipo de secretaría está hasta arriba de trabajo, ¿cómo es que esta persona tiene tiempo de esperar fuera de la sala de reuniones?
Hua Yong cogió los documentos y, a la vista de todos, le acarició el dorso de la mano a su jefe. Sonrió y dijo: —Ya he terminado mi trabajo.
Sheng Shaoyou, a quien acababan de tomarle el pelo delante de todos sus subordinados, retiró la mano rápidamente y sin inmutarse. Se giró y llamó a Chen Pinming. —Secretario Chen, ¿el secretario Hua tiene poco trabajo?
Chen Pinming, que no podía ofender a ninguno de los dos, sopesó sus palabras y respondió: —No. El volumen de trabajo del señor Hua es similar al de un becario.
—Ah —dijo Sheng Shaoyou, esbozando una sonrisa—. ¿Un becario? Estás subestimando a nuestro secretario Hua. Dale más trabajo. No quiero que se diga por ahí que en Shengfang Bio desperdiciamos el talento.
Chen Pinming se apresuró a mirar a Hua Yong. Al ver que este tenía una expresión dócil y no parecía molesto, asintió. Hua Yong, con los documentos de Sheng Shaoyou en la mano, lo siguió hasta su despacho. En cuanto se cerró la puerta y se quedaron solos, dejó los papeles sobre la mesa, se pegó a la espalda de Sheng Shaoyou y le susurró al oído: —El señor Sheng es muy borde.
La respiración de Sheng Shaoyou se detuvo por un instante. Tras unos segundos, dijo: —Shengfang Bio no mantiene a vagos.
—Pero si yo trabajo duro todos los días —dijo Hua Yong, sin la menor vergüenza.
—¿Y en qué te esfuerzas tú?
—En atenderlo en la cama.
Sheng Shaoyou: …
…
A las seis y media, justo a la hora de salida, Sheng Shaoqing llamó. Hua Yong despidió al chófer y se sentó él mismo al volante, dispuesto a hacer de chófer gratuito para Sheng Shaoyou. Sheng Shaoyou no podía dejar que el dirigente de X Holdings se muriera de hambre, así que le dijo a Sheng Shaoqing: —Voy con alguien más.
Sheng Shaoqing se quedó perplejo. —¿Con quién? Su actitud era extrañamente alarmada.
Sheng Shaoyou frunció el ceño. —¿Hay algún problema?
—No, no —respondió Sheng Shaoqing rápidamente, como si temiera que se echara atrás—. Es que nunca hemos cenado solos, hermano. ¿A quién traes? No será a Chen Pinming, ¿verdad?
—No —dijo Sheng Shaoyou, recostado en el asiento del copiloto, mirando de reojo el exquisito perfil de Hua Yong—. A tu futura cuñada.
¡Screeeech! El lujoso coche dio un frenazo brusco. Sheng Shaoyou se fue hacia adelante por la inercia y fulminó a Hua Yong con la mirada. —¿Sabes conducir?
—¿Ah? —dijo Sheng Shaoqing al otro lado de la línea, completamente confundido.
—No hablaba contigo —dijo Sheng Shaoyou, volviendo a ponerse el móvil en la oreja—. Llegamos en media hora, ve pidiendo. —Colgó y se giró para ajustar cuentas con Hua Yong—. ¿Por qué has frenado así?
—El semáforo estaba en rojo —dijo Hua Yong, mirando al frente, con una expresión muy concentrada. Preguntó, como si nada: —¿El señor Sheng me ha reconocido como su pareja?
Aunque parecía tranquilo, Sheng Shaoyou sabía que no lo estaba. Porque en cuanto el semáforo se puso en verde, Hua Yong incluso se equivocó de marcha y pisó el acelerador con la palanca en parking. El motor rugió en vacío, y el coche no se movió. No fue hasta que los coches de atrás empezaron a pitar como locos que volvió a poner la directa y arrancó lentamente.
Como chófer, era un desastre. Pero por alguna razón, a Sheng Shaoyou le pareció adorable. —Depende de cómo te portes.
—Me portaré muy bien —prometió Hua Yong.
Sheng Shaoyou señaló el volante con la barbilla. —Pues ahora mismo tu comportamiento es bastante mediocre.
—¿Ah, sí?
Su expresión de desconcierto hizo que a Sheng Shaoyou le entrara la risa. —La habilidad del señor Hua al volante no es muy buena.
Hua Yong no estaba de acuerdo. Objetivamente, su habilidad era excelente. A los dieciocho años, incluso había conseguido un puesto en el Campeonato Mundial de Fórmula 1 bajo un seudónimo. Pero frente a Sheng Shaoyou, admitió: —Últimamente no he conducido mucho.
Apenas terminó de hablar, el móvil que estaba en la consola central emitió un breve zumbido. Bip, bip, bip… Hua Yong echó un vistazo a la pantalla y vio que era la alerta del dispositivo anti-seguimiento. Su mirada se afiló por un instante.
—¿Una llamada?
Hua Yong negó con la cabeza. —Gente aburrida.
La carretera de salida de la ciudad estaba despejada. Hua Yong condujo al límite de velocidad, y un trayecto de media hora se redujo a veinticinco minutos. Llegaron antes de lo previsto.
El coche se detuvo en el aparcamiento vacío. Hua Yong sacó un parche supresor de la nada y se lo pegó cuidadosamente en la nuca, mirándose en el espejo. —Mis feromonas son un poco fuertes —dijo, girando la cabeza para sonreírle a Sheng Shaoyou—. Para no asustar a tu hermano.
—No es tan frágil.
Sheng Shaoqing no se andaba con remilgos en privado, era imposible que se asustara por una simple “relación AA”.
Pero Hua Yong no pensaba lo mismo. Por muy canalla que fuera Sheng Shaoqing, seguía siendo familia de Sheng Shaoyou. Y aunque ese futuro cuñado fuera escoria, por Sheng Shaoyou, no quería tratarlo con desdén. Se colocó bien el parche y se roció con espray supresor antes de bajar del coche.
—¿Y nos trae a este tugurio? —dijo Sheng Shaoyou, de pie frente al viejo edificio industrial, frunciendo el ceño—. ¿Un local de moda? ¿Han cerrado todos los restaurantes de la ciudad?
—Quizás la comida es buena —dijo Hua Yong, inspeccionando los alrededores. Su actitud era relajada, pero su mirada era aguda. Rodeó los hombros de Sheng Shaoyou con el brazo y sonrió—. Vamos, ya que el cuñadito invita, probemos.