—¿Quieres que te trence el cabello?
Desde que llegó aquí, era la primera vez que se ataba el pelo. Al cocinar, este no dejaba de hacerle cosquillas en el rostro y le resultaba molesto. Pero al intentar atárselo solo, no lograba que quedara bonito. Se quejó de eso y Ban se acercó para atarle el cabello.
Como lo pensó la vez anterior, las manos de Ban eran muy hábiles y suaves.
—Sí, está bien.
Aunque tenía las manos grandes, trenzaba el cabello con delicadeza. Cada vez que sus dedos rozaban el cuero cabelludo, el cuello le vibraba involuntariamente. Su tacto cuidadoso y suave era realmente satisfactorio. Podía quedarse dormido en cualquier momento.
—Ya está.
«Pero hoy en verdad tengo que ir a ver una tienda».
Richt ocultó su pesar y se levantó de su asiento. Al salir de la casa, la luz del sol los recibió.
—Vamos.
Ban caminó al lado de Richt. Al principio, insistía en colocarse detrás, lo cual era absurdo. Uno se preguntaba si de verdad tenía intención de ocultar su identidad. Ban no quería moverse ni siquiera después de intentar convencerlo, pero solo se colocó a su lado cuando escuchó que, de seguir así, podrían descubrir su identidad.
Siempre vestía el uniforme que ceñía firmemente su cuerpo, así que verlo con otra ropa resultaba distinto. Al principio se había quedado desconcertado porque no encontraba ropa de su talla, pero había una tienda de ropa cerca donde pudo hacer un pedido. La túnica que llevaba puesta ahora también la había hecho allí.
La túnica oscura, con el pecho ligeramente abierto, le quedaba muy bien a Ban. La mirada de Richt se desviaba una y otra vez hacia el pecho firme que se dejaba ver de reojo.
Al caminar junto a Ban, las mujeres que pasaban se detenían un instante y se giraban para mirarlo. Eso significaba lo guapo que era. Al verlo, a Richt le nació un pequeño arranque de celos.
—Ban —Richt le hizo un gesto con el dedo—. Inclínate.
Ban se acercó sin protestar e inclinó la parte superior de su cuerpo. Richt tiró con fuerza del cordón que colgaba del pecho de la túnica y lo ajustó. Así, el pecho que era apenas visible, dejó de verse.
—Bien.
Ban inclinó la cabeza, sin saber qué era lo que estaba bien. ¿Por qué un adulto hecho y derecho inclinaba la cabeza? ¡Qué adorable! Si a sus ojos se veía adorable, ¿no se vería igual a los ojos de los demás?
Richt pellizcó la mejilla de Ban, aunque debía doler bastante, él no se apartó.
—Ya está, vamos—. Richt volvió a avanzar con pasos largos.
Tin~ Tin~.
La campanilla colgada en la puerta sonó y dos personas entraron.
Roxon, un comerciante que se encargaba de vender casas en la zona, los reconoció de inmediato. Este no era un pueblo pequeño. Además, al vivir del comercio, mucha gente entraba y salía, así que solo recordaba a quienes necesitaba.
«Pero estas dos personas son una excepción».
¿Sería por su apariencia, por su actitud o por su aura? Los dos, asentados en un pueblo nada pequeño, se habían vuelto famosos rápidamente.
—Bienvenidos.
—Buenos días.
Aunque saludaban con bastante cortesía, el aura que desprendían no se disipaba. Apostaría toda su fortuna de que esa persona había crecido como un noble.
—Buenos días.
Y la persona a su lado probablemente era un caballero.
Tener un cuerpo robusto y siempre llevar una espada eran elementos que lo delataban. A veces, cuando iba solo, no mostraba expresión alguna, pero cuando el noble estaba a su lado, de vez en cuando sonreía. Por eso las jóvenes del pueblo andaban alborotadas, aunque a sus ojos no era más que un sueño vano.
Por lo pronto, Roxon juntó ambas manos de forma natural e inclinó la cintura.
—¿A qué se debe su visita?
—Queremos abrir una tienda. ¿Hay algún lugar adecuado?
—Lo hay. Sí, lo hay. —Roxon se colocó frente al mapa del pueblo pegado a la pared—, ¿Qué le parece este lugar? Está cerca del mercado y alrededor hay varias tiendas. Como pasa mucha gente, el negocio irá bien.
Hablaba sin siquiera saber de qué tipo de negocio se trataba.
—El precio es bastante alto, pero a cambio es limpio y bueno.
—Preferiría un lugar un poco más apartado.
«Querer abrir un negocio y pedir un lugar apartado. ¿Sería solo un pasatiempo?», pensó Roxon que movió la mano que señalaba el mapa.
—Entonces, ¿qué le parece este?
Era una pequeña tienda en las afueras del mercado.
—Antes era una panadería que llevaba el abuelo Baker. La puso a la venta al retirarse por su edad. Más de la mitad del espacio está destinado a hornear pan, pero eso puede arreglarse con obras.
—Suena bien. ¿Podemos verla? Yo también planeo hornear pan.
Al oír eso, sin querer, miró de reojo las manos del noble.
«¿Con esas manos va a hacer pan?».
Pero sus palabras salieron de forma distinta.
—Los guiaré de inmediato.
Roxon le mostró al noble la tienda del abuelo Baker. Richt quedó muy satisfecho y compró la tienda en ese mismo momento.
«¿Un noble haciendo pan para vender?». Tras cerrar el trato, Roxon se rascó la cabeza y volvió a su tienda.
Jamás imaginó que ese pequeño local se convertiría en un lugar concurrido, más aún que cuando lo llevaba el abuelo Baker.
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Lo primero que hicieron tras comprar la tienda fue limpiarla.
—Yo lo haré.
Cuando Richt se puso un delantal y tomó una escoba, Ban mostró una expresión inquieta.
—Yo también puedo hacerlo.
Salió con confianza, pero no pasó mucho tiempo antes de que Richt tuviera que sentarse en el suelo. Después de haber superado una situación en la que casi muere, parecía haberse debilitado aún más. Al final, la limpieza restante quedó en manos de Ban. Él limpió con destreza y comenzó a reparar las partes rotas.
—¿Dónde aprendiste a hacer eso?
Ni siquiera debía de haber tenido tiempo para entrenar con la espada.
—Pensé que podría ser necesario, así que lo aprendí.
Ban no creía que pudiera vivir toda su vida como caballero. Pensaba que al final moriría en el campo de batalla o sería abandonado hecho pedazos. Y eso era porque Richt lo odiaba.
Creía que no habría un futuro feliz. Aun así, le quedaban remordimientos, y cada vez que tenía tiempo libre aprendía otras cosas. No las aprendió de manera formal, solo de reojo, pero parecía tener un talento innato para el trabajo manual. Ban no había nada que no supiera hacer.
La pequeña tienda cubierta de polvo se transformó en poco tiempo.
—¿Qué nombre le ponemos a la tienda?
—No he pensado en nada. ¿No estaría bien si no lo tuviera?
—Aun así, hay que informar al castillo del señor que se va a abrir un negocio, así que es mejor que tenga un nombre.
Ban sabía más cosas que Richt sobre abrir un negocio.
«Un nombre, un nombre…»
Sin darse cuenta, miró por la ventana. Un gato gordito estaba paseándose. Luego, al ver a unos pajarillos reunidos en el suelo, movió el trasero. Al verlo, recordó a los espíritus del viento que no había visto desde hacía tiempo.
«¿Estarán a salvo? Ojalá lo estén».
Aunque a veces resultaban un poco molestos, siempre habían ayudado a Richt a su lado. Era natural encariñarse con ellos.
—‘Viento’.
—¿Sí?
—El nombre será ‘Viento’—. Richt decidió el nombre de inmediato.
Después de arreglar la tienda, lo siguiente fue probar a hornear pan. Por ahora, decidió vender pan de molde básico, bollos y algo de hojaldre. Los ingredientes los entregaba la compañía mercantil con la que Ain los había puesto en contacto.
El problema era el precio.
Añadió solo un pequeño margen al costo de los ingredientes. No es que les faltara dinero de inmediato y, aun así, eso ya entraba en la categoría de caro. Era porque usaban ingredientes demasiado buenos.
Lo siguiente fue el horario de venta. Al principio pensó en abrir temprano, como las demás panaderías, pero había un problema.
«……Tengo sueño».
En realidad, Richt era alguien que no necesitaba levantarse temprano. Y con su resistencia física reducida, le era imposible despertarse al amanecer. Así que, naturalmente, no le quedaba más remedio que abrir más tarde que las otras panaderías.
—¿Así se venderá el pan? —Richt mostró una expresión de duda.
Incluso a sus propios ojos, no parecía que tuviera muchas ganas de hacer negocio.
—Se venderá—. Ban habló con firmeza mientras exhibía el pan que Richt había horneado.
Como no creían que vinieran clientes, habían horneado muy poco. Tampoco habían hecho publicidad. En el peor de los casos, podían comérselo entre los dos.
—Entonces abriré la tienda—. Ban salió y giró el cartel frente a la puerta.
Y no pasó mucho tiempo antes de que la puerta, que estaba cerrada, se abriera. Era el primer cliente.
—Buenos días—. La clienta, que saludó con timidez, se sorprendió al ver que solo había tres tipos de pan, pero tomó uno.
Durante todo el tiempo que tardó en pagar, no dejó de mirar a Richt y luego se fue sonriendo ampliamente. Al ver eso, el ceño de Ban se frunció.
—Vaya, ¿de verdad se van a vender? —Richt, emocionado por la primera venta, no se dio cuenta del estado de Ban.
Luego entró el siguiente cliente. El poco pan que habían horneado se agotó rápidamente, por lo que Ban salió y volvió a girar el cartel.
—Mañana podremos hornear un poco más. —Richt sonrió ampliamente mientras miraba el dinero— ¡Sí, horneemos también algunos dulces!
Había dudado porque requerían usar mucho azúcar, pero al ver que se vendía, pensó que podía hacerlos. Pasó un buen rato entusiasmado pensando en otros menús.
Ban limpió y ordenó la tienda, recogió el dinero y junto a Richt regresaron a su casa.
De camino, compraron un poco de carne con el dinero que habían ganado ese día. No es que les faltara, pero tener en las manos dinero ganado por uno mismo era una sensación nueva.
De verdad, incluso si renunciaba al puesto de duque, abandonándolo todo y marchándose, podría arreglárselas para vivir. Richt levantó la vista hacia Ban, que caminaba a su lado. Al sentir la mirada, él también miró a Richt.
—Es pacifico.
Deseaba que esta vida cotidiana y tranquila continuara durante mucho tiempo. Tras dudar un momento, Richt tomó suavemente la mano de Ban. Entonces él también tomó la mano de Richt. Sin razón aparente, su rostro se ruborizó. Habían hecho cosas más atrevidas, pero no sabía por qué esto le daba tanta vergüenza.
El corazón de Richt le cosquilleaba.