Capítulo 55: Estoy muy feliz

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Después del año nuevo, llegó el Festival de Primavera. La tan esperada película “Rescate Interdimensional” finalmente se estrenó en la gran pantalla después de casi un año de preparación.

Debido a lo de su padre, Ye Fei había estado en el centro de atención en internet últimamente, y de paso también lo estaba la película producida por Tian Xi. No era secreto que “Rescate Interdimensional” tenía una inversión de más de 300 millones, bastaba con buscarlo para encontrar la cifra. Sumando la parte que se llevaban los cines y otros gastos varios, necesitaban al menos 900 millones para recuperar la inversión.

En la era actual donde las taquillas explotan, 900 millones no suena a mucho, pero eso es para comedias llenas de chistes y referencias. Para una película de ciencia ficción y temática fría como “Rescate Interdimensional”, conseguir ese número parecía misión imposible.

El consenso general sobre la película no era bueno. Después de todo, el Año Nuevo Chino es para pasarlo en familia, ¿quién querría ir a ver una película cerebral de ciencia ficción? Encima, en la misma semana de estreno había otras 2 comedias muy esperadas, así que no sorprendió a nadie que a “Rescate Interdimensional” le dieran muy pocas funciones el primer día, y la taquilla inicial fue de apenas más de 40 millones.

Estando en plenas festividades, Gu Ruijia estaba muy nervioso, llamó a Ye Fei y le dijo: “La comedia con la que competimos ya lleva 130 millones, ¡nosotros apenas un tercio! ¿Cómo vamos a sobrevivir así?”

Con la cara amargada, agregó: “En la reunión familiar del día 13 ya me van a estar criticando otra vez”. No queriendo preocupar a Ye Fei, hizo una pausa y añadió: “No te estoy echando la culpa, sólo te estoy contando mis penas”.

Ye Fei respondió con un “Ajá”, minimizó la llamada y mientras jugaba con Yan Xiao al sapito viajero, le dijo a Gu Ruijia: “No te preocupes, en unos días mejorará”.

“No me tomes el pelo”, suspiró Gu Ruijia. Se revolvió el pelo con fuerza y dijo: “Con resultados tan malos, mañana nos van a dar aún menos funciones. Será un ciclo sin fin, ¿cuándo mejoraremos?”

“Buen plato de comida no teme esperar”, respondió Ye Fei despreocupadamente, estirando las piernas sobre un taburete. “En el peor caso, ¿acaso no tenemos para cubrir las pérdidas?”

“Maldición”, había llamado buscando consuelo pero ahora Gu Ruijia estaba aún más preocupado. “¿El dinero es lo único importante? ¡Me preocupa quedar en ridículo! Y no te olvides que Xiao puso 200 millones, esos ricachones despilfarradores”.

Ye Fei enarcó una ceja y se rió entre dientes. “Si él no ha dicho nada, ¿por qué te pones tan melodramático?”

“Hijo de…!” Gu Ruijia sintió un dolor en el pecho por la frustración. Estuvo a punto de soltar unos cuantos insultos pero recordó que era el primer día del Año Nuevo, tenía que decir cosas auspiciosas.

Tragándose la bilis, colgó la llamada con enojo.

“Presidente Yan”, dijo Ye Fei después de colgar, con una sonrisita burlona. “Esos 200 millones que pusiste se van a ir por el caño”.

“No importa”, respondió Yan Xiao, apretándole la mano.

Ye Fei preguntó: “¿Invertirías de nuevo si te lo pido?”

“Invertiría”, fue la escueta respuesta de Yan Xiao.

“Resulta que el Presidente Yan es un romántico encubierto”, dijo Ye Fei mientras se sentaba a horcajadas sobre él.

Yan Xiao no entendió la referencia y lo miró fijamente, aparentemente esperando una explicación.

Pero Ye Fei no se la dio. En lugar de eso, se inclinó para darle un beso rápido en los labios y dijo: “Pero me gusta”.

Ante eso, Yan Xiao no hizo más preguntas. Apretó la cintura de Ye Fei para atraerlo más hacia sí y profundizó el beso.

Al día siguiente, siendo el primer día del Año Nuevo Chino, los medios de entretenimiento ya tenían listos artículos sobre el fracaso en taquilla de “Rescate Interdimensional”. Pero contra todo pronóstico, en una sola noche la película se convirtió en un éxito total.

El director Song Wen era muy hábil contando historias. Aunque la película era de ciencia ficción, no tenía conceptos difíciles de entender. Tampoco usaba a los personajes para soltar largos discursos teóricos, más bien integraba la cosmovisión y la compleja naturaleza humana dentro de la trama, para que el público lo descubriera por su cuenta.

La narrativa era fluida y las emociones matizadas. No como esas películas que se olvidan después de freírte el cerebro, ni como esas otras tan aburridas que dan ganas de dormir. Tenía momentos graciosos y conmovedores, que dejaban a la gente reflexionando después de verla, con ganas de volver al cine a descubrir más detalles.

Desde famosos críticos con millones de seguidores, hasta espectadores comunes, casi todos tenían buenas cosas que decir sobre “Rescate Interdimensional”. Un aluvión de reseñas sinceras y recomendaciones aparecieron en foros y redes sociales, haciendo que los temas relacionados a la película se dispararan.

Al principio la gente pensó que eran cuentas falsas pagadas por el estudio. Pero al entrar a los perfiles, todos tenían años de antigüedad y mucha actividad personal genuina.

La curiosidad y mentalidad de rebaño hicieron lo suyo. Aunque no pensaban ver la película, al ver tanta gente haciendo fila para comprar entradas, sin darse cuenta también se agregaban al final. Estando aburridos en casa, ocupados esquivando retos de sus madres o padres sobre cuándo se casarían, muchos decidieron gastar algo de dinero para salir y ver una película.

Así, en su segundo día “Rescate Interdimensional” recaudó más de 150 millones, permitiéndole a Gu Ruijia relajarse un poco después de monitorear tan de cerca las cifras.

Pero esto sólo fue el aperitivo. Desde el tercer día, la taquilla literalmente explotó. Antes de las 3 de la tarde ya había superado los 100 millones del día, para un total de más de 400 millones acumulados. A ese punto la película se convirtió en un éxito rotundo.

Con críticas excelentes y números extraordinarios, el quinto día superó los 1.000 millones. Ya nadie dudaba que Ye Fei recuperaría ampliamente la inversión, sino que fantaseaban cuánto dinero terminaría ganando.

Gu Ruijia pasó un gran Año Nuevo, por primera vez pavoneándose frente a los parientes en lugar de ser el hazmerreír. Incluso después, en la oficina, seguía caminando como si flotara.

Finalmente, “Rescate Interdimensional” cerró con una monumental cifra de 5.100 millones.

El éxito de la película hizo que Tian Xi dejara definitivamente de ser un don nadie en la industria, atrayendo la atención de muchos nuevos inversionistas potenciales. En la empresa también era todo optimismo, como si les hubieran inyectado vitaminas y ahora tuvieran mucha más energía que el año pasado.

Con su carrera y relación personal prosperando, el caso legal que Ye Fei estaba esperando también tuvo resolución.

Debido al gran impacto social de un padre que mata a su esposa e hijo, el interrogatorio a su padre y Zhao Jin estuvo a cargo de detectives con mucha experiencia. Al principio su padre negó rotundamente haber matado a su esposa, pero no tenía idea que Zhao Jin, temeroso de que lo traicionara echándole toda la culpa, había conservado pruebas desde el principio.

No sólo tenía registros de las transferencias que el padre de Ye Fei le hizo en aquel entonces, también grabó el plan homicida cuando fueron a comprar ácido juntos.

De esa forma, después de 21 años la verdad detrás de ese antiguo caso finalmente salió a la luz.

No hubo ningún conflicto o disputa. Simplemente la enfermiza autoestima del padre de Ye Fei no soportaba haber ascendido socialmente gracias a su esposa, pero tampoco quería renunciar a la fortuna que ella manejaba. Una vez que la familia política de ella falleció, decidió deshacerse de su esposa.

Usando 50 mil yuanes como cebo, reclutó a Zhao Jin para que lo ayudara. Primero la envenenó, luego modificó su historial médico para hacer parecer que murió por causas naturales. De esa forma todos creyeron que la esposa murió de una enfermedad.

Tras escuchar la ridícula razón detrás del crimen, Ye Fei guardó silencio por mucho tiempo. Forzando una sonrisa ante la mirada preocupada de Yan Xiao, dijo: “Esperemos el veredicto”.

A finales de marzo, el padre de Ye Fei y Zhao Jin recibieron sus sentencias.

El padre fue condenado a pena de muerte inmediata en primera instancia, mientras que Zhao Jin, al ser cómplice, sólo recibió 16 años de prisión. Zhao Jin no apeló el fallo, pero el padre de Ye Fei, aferrándose obstinadamente a la vida, sí lo hizo.

Ye Fei no se sorprendió. Una basura humana como su padre, que no valoraba la vida de los demás, obviamente atesoraría la propia. Pero por más que forcejeara, el resultado final sería el mismo.

Antes de que se llevara a cabo la apelación, llegó el cumpleaños lunar de Ye Fei.

En su vida pasada, usando lentes y traje anticuado para verse serio, ninguno de sus empleados se atrevía a felicitarlo. Pero esta vez fue distinto. Su asistente coordinó una pequeña celebración sorpresa con Gu Ruijia durante la hora de almuerzo, sin que Ye Fei supiera.

El pastel de cumpleaños no era muy grande, pero sí muy creativo. La base era de bizcocho blanco con chocolate dorado alrededor. Encima había una versión en miniatura del rascacielos de Feixiao Technology, y atravesando el pastel una frase decía: “¡Feliz cumpleaños, Presidente Ye!”.

En lugar de regalos, los empleados grabaron un video grupal deseándole un feliz cumpleaños a Ye Fei. Desde las celebridades bajo contrato hasta el personal administrativo, absolutamente todos aparecieron.

Escuchando tan sinceras felicitaciones, Ye Fei sintió una calidez en el pecho. Tomó el cuchillo para cortar el pastel y con una sonrisa dijo: “Gracias a todos, luego en la tarde les invito merienda, pidan lo que quieran”.

Siguieron vitoreos y aplausos.

“Maldita sea”, masculló Gu Ruijia mientras comía un pedazo de pastel. “¿Por qué tú tienes video de felicitación en tu cumpleaños y yo no?”

“Probablemente…”, dijo Ye Fei poniendo una expresión pensativa. Ante la mirada expectante de Gu Ruijia, finalizó con una sonrisita: “problemas de carácter”.

“¡Vete al demonio!” Gu Ruijia tiró el plato y tenedor vacíos al cesto de basura y señaló el escritorio de Ye Fei. “Tu regalo está ahí, ábrelo cuando llegues a casa”.

“¿No puedo ahora?”

“No”, respondió tajante Gu Ruijia. Enfatizó: “Acuérdate, no lo abras antes”.

Qué misterioso. A Ye Fei no le picó mucho la curiosidad, así que sólo resopló y dejó la caja a un lado por el momento.

Al llegar a casa con la caja, Yan Xiao ya lo estaba esperando en la sala, con una elegante caja que contenía un pastel sobre la mesa de centro.

“Hoy volviste muy temprano”, comentó Ye Fei mientras se agachaba para cambiarse los zapatos.

“Sí”, respondió Yan Xiao. Explicó: “Hoy es especial”.

“¿Ah, sí? ¿En qué sentido?” preguntó Ye Fei haciéndose el desentendido mientras se sentaba a su lado y comenzaba a abrir su regalo.

“Es tu cumpleaños”, dijo Yan Xiao. “Feliz cumpleaños”.

Ye Fei tiró el papel de envoltura al cesto de basura y abrió la caja de cartón. Mirando a Yan Xiao, respondió: “Ya me lo dijiste esta mañana”.

“Quería decírtelo de nuevo”, justificó Yan Xiao.

Ye Fei sonrió, estuvo a punto de seguir el juego pero se quedó callado al ver el contenido de la caja.

“Con razón no me dejaba abrirlo en la oficina”, se rió entre dientes mientras sostenía la enorme caja de condones que le regaló Gu Ruijia. “Ese hijo de puta se estaba buscando una golpiza”.

Coincidentemente, justo en ese momento sonó la llamada de Gu Ruijia. Con tono burlón, preguntó: “¿Y? ¿Te gustó mi regalito considerado?”

Ye Fei tiró los condones a un lado y respondió con indiferencia: “Ah, no los necesito”.

Sin darle chance a Gu Ruijia de replicar, continuó: “Me quedan pequeños. Los compraste según tu talla, ¿verdad? No me extraña”.

Tras una pausa significativa, remató: “No te preocupes, no le contaré a nadie tu problemita. ¿Qué tal, te gustó mi consideración?”

Gu Ruijia: “…”

Gu Ruijia colgó sin decir palabra.

“No le hagas caso, le dio otra rabieta”, dijo Ye Fei mientras dejaba el teléfono y se acercaba más a Yan Xiao. “Ayúdame con el pastel, hoy sí que estoy de suerte, dos tortas de cumpleaños”.

“¿Dos?” preguntó Yan Xiao.

“Ajá”, confirmó Ye Fei mientras retiraba la tapa. “Mis compañeros me compraron una en la oficina”.

A diferencia del pastel redondo y recargado que le trajo su asistente, el de Yan Xiao era cuadrado y simple. La mitad era de bizcocho de chocolate, con arándanos perfectamente acomodados encima. La otra mitad tenía escrito con glaseado azul “Feliz cumpleaños Ye Fei”.

Sencillo pero elegante, el distintivo estilo de Yan Xiao.

Ye Fei cortó dos rebanadas, le dio una a Yan Xiao

y dijo: “Pero me gusta más el que compraste tú”.

Yan Xiao respondió “¿En serio?”, con un tono muy neutro, como si no se hubiera alegrado realmente por el cumplido de Ye Fei, pero aun así la comisura de sus labios se curvó casi imperceptiblemente.

Después de que ambos terminaron su porción, Ye Fei se frotó la barriga con algo de pesar, el exceso de crema le estaba causando malestar. Estaba a punto de decir que ya no podía comer más, cuando Yan Xiao sacó una cajita de joyería de su bolsillo.

El corazón de Ye Fei se aceleró repentinamente. Soltó el tenedor, centrando toda su atención en Yan Xiao.

Yan Xiao lo miraba fijamente también. Abrió la caja y sacó un anillo.

“Ye Fei”, lo llamó por su nombre y dijo: “El día del cumpleaños de Gu Ruijia, vi lo feliz que estaba al recibir regalos. Quería que tú también estuvieras así de feliz”.

“Lamento haberte engañado cuando nos casamos, pero no se me ocurrió otra forma de acercarme a ti”.

“Siempre he querido decirte”, continuó Yan Xiao, “que desde la primera vez que te vi, supe que quería casarme contigo”.

Ye Fei bajó la mirada. El anillo que Yan Xiao deslizaba en su dedo anular era de platino, con las iniciales del nombre chino de Yan Xiao grabadas en letra cursiva, con un diminuto pero reluciente diamante incrustado entre las letras.

Puro y brillante, tal como el amor de Yan Xiao hacia él, constante e inmaculado. Tomó el otro anillo de la caja y lo puso en el dedo de Yan Xiao.

“Estoy muy feliz”, admitió finalmente Ye Fei sin reservas. “Si no me hubiera sentido atraído por ti desde el principio, nunca habría firmado ese contrato”.

El autor tiene algo que decir: el final mañana.

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