—¿Que… que ya está todo pagado? —Gao Tu no podía creer lo que oía.
Después del divorcio de sus padres, su madre se llevó a su hermana, que todavía era un bebé, y dejó a Gao Tu viviendo con su padre. Cuando Gao Tu tenía diecinueve años, su madre murió en un accidente, y su hermana, gravemente herida, se convirtió en una responsabilidad sobre sus hombros.
Era impensable esperar que su padre, un adicto al juego y al alcohol, se hiciera cargo de las costosas facturas médicas. Pero, por suerte, desde los catorce años, Gao Tu había aprendido a mantenerse a sí mismo con trabajos a tiempo parcial. Cuidar de una hermana solo significaba tener más trabajos.
Sin embargo, los gastos de un tratamiento a largo plazo eran más caros de lo que había imaginado, y cuidar de un paciente era mucho más duro de lo que esperaba. Si no fuera por la ayuda constante de Shen Wenlang, probablemente nunca habrían llegado al día de la cirugía.
Pero los ochocientos mil de la operación lo habían dejado en una situación económica desesperada.
Justo cuando estaba angustiado por el dinero de la cirugía de su hermana, el médico principal lo citó para hablar.
Fue a la consulta con el corazón en un puño, pensando que iban a hablar de posponer la operación. Para su sorpresa, el médico empezó a explicarle las precauciones preoperatorias.
Gao Tu pensó que el médico lo había ayudado a coordinar el pago para después de la cirugía. Sin embargo, cuando prometió “pagar el resto lo antes posible”, el médico le dijo: —Los gastos de la paciente de la cama 291 ya han sido saldados en su totalidad…
Gao Tu no había pagado ni de lejos esa cantidad de dinero. Corrió a la oficina de cobros y registro, pero allí le confirmaron que, efectivamente, alguien había pagado la totalidad de la factura de su hermana.
—¿No será que alguien se equivocó de número de cama?
La cajera, ofendida por la duda sobre su competencia, respondió con seguridad: —Imposible. Recuerdo muy bien que su hermana está en el ala para familiares de empleados del Grupo HS. El caballero que vino a pagar era un Alfa de clase S muy apuesto, e incluso le confirmé el número de cama varias veces. ¡No hay error posible!
¿Un Alfa de clase S muy apuesto?
En la mente de Gao Tu apareció de inmediato el rostro injustamente atractivo y feroz de Shen Wenlang.
—¿Dijo cómo se llamaba? ¿O dejó alguna forma de contacto?
La cajera consultó rápidamente el registro. —Sí, pero la información de pago es confidencial.
…
Sheng Shaoyou nunca contestaba llamadas de números desconocidos.
Pero ese día, mientras bebían juntos, Li Baiqiao lo vio, con sus propios ojos, aceptar sin dudar una llamada de un número sin nombre.
Li Baiqiao se acercó, estirando el cuello para intentar escuchar la conversación.
Pero la sala privada era demasiado ruidosa y no pudo oír ni una palabra.
“¿Quién es?”, le preguntó a Sheng Shaoyou con una exagerada mímica. Sheng Shaoyou lo ignoró. Li Baiqiao, consumido por la curiosidad, se pegó a él sin disimulo para enterarse de todo, pero Sheng Shaoyou lo apartó con fastidio, empujándole la cara con la mano.
—¡Qué tacaño! —refunfuñó Li Baiqiao.
Hoy había traído de acompañante a un joven Beta. Al verlo de mal humor, el chico le ofreció una copa de vino de frutas dulce para contentarlo. Li Baiqiao se bebió la copa de la mano del Beta y, mientras lo hacía, lamió sensualmente los dedos largos y pálidos que sostenían el vaso.
El acompañante de Sheng Shaoyou esta vez era una cara nueva: una joven Omega de figura esbelta y curvilínea, con un aroma a feromonas predominantemente floral.
En cuanto entraron, Li Baiqiao se burló de él.
—Vaya, por fin te acuerdas de traer a alguien. Últimamente, nuestro apuesto y elegante señor Sheng siempre venía solo a las citas y se negaba a llevarse compañía. ¡Ya estaba yo, como un “padre preocupado”, temiendo que pasaras las largas noches en vela y en soledad…!
La pandilla de herederos de Jianghu era famosa por su afición a la fiesta. Li Baiqiao era un bromista incorregible, y Sheng Shaoyou no se molestaba en hacerle caso.
En ese momento, estaba al teléfono y lo ignoraba.
Aburrido, Li Baiqiao se puso a tontear con la chica Omega sentada al lado de Sheng Shaoyou.
—Belleza, ¿cómo te llamas?
—Shuxin —respondió la Omega con una sonrisa dulce y desenvuelta.
A diferencia de su vida privada disoluta, Li Baiqiao tenía un rostro muy refinado. Al oír el nombre, sonrió: —Un rostro agradable a la vista y un nombre precioso. Verte es un placer (shu xin).
Shuxin era una estudiante de primer año de la escuela de cine y llevaba pocos días con Sheng Shaoyou. Esa mañana le habían avisado de que tenía que acompañarlo a una reunión con amigos, y llevaba todo el día emocionada, presumiendo sin parar con sus amigas, deseando anunciar al mundo entero que por fin había conquistado al súper heredero más famoso de Jianghu.
Alguien que se codeaba con Sheng Shaoyou no podía ser un cualquiera. Que el refinado y apuesto Li Baiqiao le hablara, hizo que el corazón de Shuxin se acelerara.
Mientras charlaba con ella, Li Baiqiao no dejó de prestar atención a Sheng Shaoyou. En cuanto este colgó el teléfono, se acercó y le dijo con una sonrisa pícara: —Shaoyou, has cambiado mucho últimamente.
Sheng Shaoyou parecía estar de muy buen humor. Con una sonrisa en los labios, arqueó una ceja y preguntó: —¿Ah, sí?
—¡No solo contestas llamadas de desconocidos, sino que hasta tus gustos han cambiado!
Li Baiqiao, que tenía un olfato muy fino, se acercó a Shuxin y la olió. —¿Por qué de repente te has pasado a los aromas florales? ¿No te gustaban solo los frutales?
Oler las feromonas de un Omega sin permiso era un acto de coqueteo y acoso en toda regla.
Shuxin, al ver que Li Baiqiao, a pesar de su apariencia refinada, actuaba de forma tan descarada, se sonrojó y miró a Sheng Shaoyou en busca de ayuda.
Pero Sheng Shaoyou ni siquiera la miró. Se recostó perezosamente en el sofá y escuchó a Li Baiqiao continuar con sus tonterías: —Llevo años hablándote de las maravillas de las bellezas con aroma floral, y tú siempre impasible, insistiendo en que solo te gustan los frutales. ¿Qué pasa, ahora has descubierto lo bueno de las flores, eh?
Li Baiqiao se acercaba cada vez más. Como Alfa, su nivel de feromonas tampoco era bajo.
Su comportamiento, que ignoraba por completo los límites personales, hizo que Shuxin se sintiera cohibida. El intenso olor a feromonas de Alfa que la invadió casi la hizo desmayarse.
Sheng Shaoyou, pensando en algo, se apoyó en su brazo, le sonrió a Li Baiqiao mostrando una hilera de dientes blancos y comentó: —Mmm, los aromas florales no están mal.
Increíble, esto es increíble…
Li Baiqiao conocía a Sheng Shaoyou desde hacía más de diez años, y siempre habían tenido los papeles muy claros.
Li Baiqiao se encargaba de las bromas, y Sheng Shaoyou, de observarlo con frialdad.
Hoy, Sheng Shaoyou se había dignado a seguirle el juego. Un comportamiento tan inusual dejó a Li Baiqiao con la boca abierta. Solo ha sido una llamada, ¿¡y de verdad se ha puesto de tan buen humor!?
¡Maldita sea!
La curiosidad de Li Baiqiao crecía por momentos. ¡¡¡Se moría por saber a qué ser celestial pertenecía ese número desconocido que no había podido espiar!!!
…
La primera llamada de Hua Yong fue rechazada.
Dejó el móvil y miró el número guardado como “Sheng Shaoyou” con el rostro inexpresivo. Aquel Alfa, apuesto y arrogante, ni siquiera se dignaba a coger la tarjeta de visita del secretario de un socio potencial. No era de extrañar que no contestara a números desconocidos.
Pensando en esto, Hua Yong apretó los labios y le envió un mensaje de texto a Sheng Shaoyou. Tras explicar quién era y el motivo de su llamada, volvió a intentarlo.
Esta vez, la llamada se conectó.
El lugar donde estaba Sheng Shaoyou era ruidoso. La música de fondo se mezclaba con las risas de hombres y mujeres. No era el mejor momento para hablar.
Hua Yong frunció el ceño. —Señor Sheng, si está ocupado, lo llamo más tarde.
—No estoy ocupado —dijo Sheng Shaoyou —¿Qué pasa? Dime.
Hubo un silencio al otro lado de la línea. El Omega parecía dudar. Su respiración suave, amplificada en el oído de Sheng Shaoyou, le provocó un ligero cosquilleo. Pero no dijo nada, esperando pacientemente a que esa pequeña orquídea que le debía un favor cayera en su red.
—Señor Sheng —dijo finalmente Hua Yong. Su voz era suave, nada que ver con el tono desafiante que usó al salir del ascensor, cuando dijo que no le importaba ser el objeto de su desahogo. Sonaba dócil, y preguntó con vacilación: —¿Ha sido usted quien ha pagado la cirugía?
Sheng Shaoyou escuchó con satisfacción cómo la pequeña orquídea le hablaba con esa voz suave. Como no respondía, ella continuó, con un tono amable pero apremiante: —Aunque no sé por qué lo ha hecho, se lo agradezco mucho. Le devolveré el dinero lo antes posible…
—Aparte del dinero, ¿no tienes nada más que decirme?
Hua Yong se quedó perplejo y guardó silencio, como si intentara pensar qué más podían tener en común aparte del dinero.
Justo antes de que la paciencia de Sheng Shaoyou se agotara y volviera a enfadarse, habló de nuevo con suavidad: —¿El señor Sheng tiene tiempo este sábado? Me gustaría invitarlo a cenar.
—¿El sábado? —La comisura de los labios de Sheng Shaoyou se curvó, pero su tono sonaba contrariado. —Ya tengo planes.
—Lo siento, entonces…
—He quedado con unos amigos. Ven directamente —dijo Sheng Shaoyou, adelantándose antes de que Hua Yong pudiera proponer otra fecha.
De nuevo, silencio al otro lado.
Sheng Shaoyou sabía que no quería ir y lo presionó con una sonrisa: —Si al secretario Hua no le viene bien, entonces lo dejamos.
—No, sí me viene bien. Por favor, envíeme la dirección —aceptó finalmente la pequeña orquídea.
…
En Jianghu, los fines de semana nunca faltaban fiestas, siempre animadas y elegantes, llenas de glamour, pero vacías por dentro. Esta vez, la fiesta era en el nuevo club de Li Baiqiao, ubicado en las torres gemelas, el edificio más emblemático de la ciudad.
Sheng Shaoyou y Hua Yong se encontraron en la entrada del sótano.
En el aparcamiento había una gran cantidad de coches de lujo. Conserjes y guardias de seguridad revisaban las invitaciones en la entrada.
Era una fiesta pequeña, con poco más de treinta invitados, pero probablemente el único que había llegado en taxi era Hua Yong.
El guardia de seguridad detuvo el taxi en la entrada del pasaje subterráneo. El conserje revisó la invitación de Hua Yong con cara de póquer. No llevaba su nombre, solo decía “acompañante”.
El guardia, un Alfa de clase A alto y corpulento, examinó el rostro de Hua Yong. Comprendió al instante el papel de acompañante de este hermoso Omega y le dijo, con un tono cortés pero distante: —Lo siento, señor, esto es un recinto privado, no se permite la entrada a vehículos de servicio público.
Hua Yong asintió, se bajó del coche y, al instante, vio a Sheng Shaoyou, que también acababa de bajarse del suyo.
Sheng Shaoyou llevaba una gabardina larga hasta las rodillas y, debajo, un jersey de punto con doble cuello de la última temporada. De sus muñecas asomaban los puños acanalados. Detrás de él, en una plaza de aparcamiento exclusiva para VIP, había un Rolls-Royce Phantom de un negro deslumbrante.
Era media cabeza más alto que su guardaespaldas. Se bajó del coche y se quedó de pie en la zona de entrada con las manos en los bolsillos. El personal ni siquiera necesitó comprobar su invitación. La sola presencia de este Alfa de clase S proclamaba al mundo que había nacido para pertenecer a ese lugar, que era un nativo de ese costoso mundo de fama y fortuna.
Sheng Shaoyou, obviamente, también vio a Hua Yong.
Quizás por ser fin de semana, Hua Yong no llevaba su habitual camisa y traje.
Esta orquídea, delicada pero con un toque de carácter, llevaba un jersey de cuello alto de estilo estudiantil. La mayor parte de su rostro quedaba oculta en el cuello de lana, lo que hacía que su cara pareciera más pequeña y su barbilla más afilada.
Su atuendo estaba fuera de lugar. Si hubiera sido cualquier otro acompañante, Sheng Shaoyou le habría puesto mala cara y lo habría mandado a paseo. Pero hoy, sorprendentemente, no se sintió molesto. Incluso le dijo personalmente a Hua Yong: —¿A qué esperas? Acércate.
Hua Yong se acercó de inmediato, con una expresión algo incómoda. —Lo siento —se disculpó—. Dijo que era una reunión, pensé… No sabía que era un evento tan formal. Si no es apropiado, puedo irme ahora mismo.
—¿Irte a dónde? —Sheng Shaoyou lo examinó de arriba abajo. Al ver que su pálido rostro, semioculto en el cuello del jersey, se encogía bajo su mirada, sonrió y dijo—: Está bien así. Te ves bien.
Hua Yong lo miró, con una expresión compleja en los ojos. Sheng Shaoyou interpretó esa mirada como gratitud, y su humor mejoró un poco.
A diferencia de Hua Yong, que había sido detenido solo en la entrada del aparcamiento y había tenido que bajarse del coche de forma incómoda, esta vez nadie les pidió la invitación en todo el camino. El rostro de Sheng Shaoyou parecía ser la mejor invitación. A su paso, todo eran sonrisas y halagos, un camino de rosas.
Sheng Shaoyou estaba acostumbrado, pero Hua Yong parecía encontrarlo todo fascinante, y sus hermosos ojos no paraban de mirar a su alrededor.
—¿Shen Wenlang nunca te ha traído a una fiesta? —preguntó Sheng Shaoyou.
—No —dijo Hua Yong—. Acabo de empezar a trabajar. El señor Shen suele venir con el secretario Gao.
—Ah —Sheng Shaoyou quiso reír de nuevo—. ¿Así que hoy es tu primera vez?
—Ah… sí —Hua Yong, nervioso, se acercó más a él. Como un gato que sale a pasear por primera vez con su dueño, incluso agarró inconscientemente el brazo de Sheng Shaoyou—. Señor Sheng, ¿no desentono mucho vestido así?
—¿Desentonar?
Hua Yong guardó silencio un momento. —Me refiero a si lo estoy dejando en ridículo.
Sheng Shaoyou parecía tener ganas de reír constantemente hoy. Esta orquídea le parecía de lo más interesante. No pudo evitar bromear con él. Puso cara seria y fingió estar enfadado: —Un poco.
Hua Yong, como era de esperar, se lo creyó. Su rostro se tiñó de vergüenza y, tras un momento de silencio con los labios apretados, dijo: —¿Quizás… debería irme? Lo invito a cenar otro día, solo nosotros. —Dicho esto, se detuvo, soltó el brazo de Sheng Shaoyou y retrocedió, como si quisiera huir.
Sheng Shaoyou lo sujetó por el dorso de la mano, que era tan suave y delicada como el pétalo de una orquídea.
—¿A dónde vas? —lo engatusó—. Ya que has venido… No pasa nada, tengo mucha reputación, no me importa perder un poco por ti. Tu invitación a cenar puede esperar un par de días.
—Pero…
—No hay peros. Ya me has dejado bastante en ridículo viniendo así. Si encima te vas, quedaré aún peor viniendo solo —le mintió Sheng Shaoyou—. De dos males, el menor. Pero la próxima vez que te invite a una fiesta, tienes que vestirte como es debido.
Hua Yong bajó la cabeza, lo pensó un momento y dijo con suavidad: —Mejor que no haya una próxima vez.
El semblante de Sheng Shaoyou se ensombreció al instante. Entrecerró los ojos. —¿Que no?
—Sí —dijo Hua Yong con franqueza—. No tengo ropa adecuada para estas ocasiones.
Sheng Shaoyou sintió como si un gato le hubiera arañado el corazón, un picor doloroso. Pero al oír que Hua Yong no se negaba a salir con él, sino que simplemente no tenía ropa, se sintió aliviado y sonrió. —La ropa es lo de menos. Otro día le diré a Chen Pinming que te lleve a elegir un par de trajes buenos…
Hua Yong abrió la boca como si quisiera decir algo. Pero un conocido al que no veía desde hacía tiempo le dio una palmada en el hombro a Sheng Shaoyou y se puso a charlar con él, así que no pudo decir nada más.
Una vez dentro, el asiento de Sheng Shaoyou se convirtió en un ir y venir constante de gente que se acercaba a saludarlo.
Li Baiqiao estaba sentado a su izquierda. Como anfitrión, dio una vuelta para saludar a todo el mundo antes de volver a su sitio. Le dijo a Sheng Shaoyou con una sonrisa: —Joder, organizo esta fiesta todas las semanas, y cuando tú no vienes, no hay tanto alboroto. —Levantó la vista y, al mirar casualmente hacia la derecha de Sheng Shaoyou, se quedó de piedra.
Hua Yong estaba sentado erguido a la derecha de Sheng Shaoyou. Bajo las luces del salón, su piel de tonos fríos brillaba, pálida y luminosa. Incluso con la ropa más sencilla, era imposible ocultar su deslumbrante y asombrosa belleza.
—¿Y este es…?
Al oír la pregunta de Li Baiqiao, Hua Yong levantó lentamente las pestañas y lo miró.
Fue una mirada sin emoción, pero aun así, a Li Baiqiao se le alborotaron las hormonas. Le dio un codazo a Sheng Shaoyou. —¿De dónde has sacado este tesoro?
Sheng Shaoyou sonrió. —No es de tu incumbencia.
—Oye, no es eso… —Li Baiqiao se levantó, se acercó por detrás de Hua Yong, se inclinó y lo olió. Dijo, sorprendido—: ¿Este también es de aroma floral?
La impertinencia de Li Baiqiao asustó a Hua Yong, que se levantó de golpe. Su hombro chocó con la nariz de Li Baiqiao, haciéndolo retroceder mientras se la cubría con la mano.
—¡Joder, qué genio!
—Disculpe —se disculpó Hua Yong con frialdad, pero sin rastro de arrepentimiento en el rostro. Su nariz era muy fina y afilada en la punta, lo que acentuaba su belleza directa y cortante, una daga que se clavaba en los ojos de cualquiera que lo mirara.
Li Baiqiao, desarmado por una belleza tan impactante, se rio mientras se sujetaba la nariz. —Vaya, solo quería oler un poco. No te enfades, belleza. —Quiso acercarse de nuevo, pero el claro rechazo en el rostro de Hua Yong lo detuvo. No tuvo más remedio que levantar las manos a la altura del pecho en señal de rendición—. De acuerdo, de acuerdo, pero al menos dime cómo te llamas, ¿no?
—Hua Yong —dijo, mientras miraba de reojo a Sheng Shaoyou con una mezcla de desaprobación y súplica.
Li Baiqiao, aunque había dicho que no se acercaría, volvió a hacerlo, extendiendo el brazo para rodearle el hombro.
Sheng Shaoyou disfrutó un momento de la expresión cambiante de Hua Yong, que, por respeto a él, no podía estallar. Justo cuando Li Baiqiao estaba a punto de posar la mano sobre el hombro rígido de la pequeña orquídea, se levantó, le apartó la mano de un manotazo y fingió estar enfadado: —Li Baiqiao, ¿puedes comportarte? ¡Estás acosando a mi acompañante delante de mí!
Un momento, ¿comportarme? ¿Desde cuándo no me comporto?
El dorso de la mano de Li Baiqiao se puso rojo por el fuerte golpe. La retiró, avergonzado, y pensó: ¿Acosar a los acompañantes de mis amigos no es mi modus operandi habitual?
Sheng Shaoyou nunca me había dicho nada antes. ¿Por qué reacciona así hoy?
Vaya, parece que esta vez ha pescado a un verdadero ángel. ¿Ni siquiera se le puede oler? Esta flor de piel delicada, esta belleza inalcanzable, tiene bastante mal genio. ¿Acaso se le va a caer un trozo de carne por tocarla?