Al final, Hua Yong no fue capturado y llevado a un laboratorio. Justo antes de que Sheng Shaoyou se reuniera con varios expertos en biología, recibieron una llamada de Chen Pinming. Dijo: Sheng Fang se ha despertado.
Sheng Fang llevaba mucho tiempo en coma. Antes de empezar a usar el fármaco de X Holdings, su nivel de coma había sido un preocupante grado cuatro; la comida y los medicamentos se le administraban por sonda nasogástrica. Sheng Shaoyou no se atrevía a hacerse muchas ilusiones sobre su recuperación, temiendo que cuanto mayor fuera la esperanza, mayor sería la decepción.
En el momento en que vio a Sheng Fang, medio recostado en la cama del hospital, Sheng Shaoyou se sintió desorientado por un instante y se detuvo en la entrada. Hua Yong le puso una mano en la espalda baja y le preguntó: —¿Por qué no entras?
El hermoso rostro y el tono amable de la persona a su lado le devolvieron un poco a la realidad.
Sheng Fang acababa de despertar y todavía estaba muy débil. Después de tanto tiempo encamado, estaba tan delgado que estaba irreconocible, con los pómulos marcados y los ojos hundidos en las cuencas. Sheng Shaoyou se había acostumbrado tanto a verlo postrado en la cama con los ojos cerrados que, al verlo despierto de repente, casi no lo reconoció. Tras un largo silencio, abrió la boca y lo llamó: —Papá.
Sheng Fang echó un vistazo a Hua Yong, que estaba detrás de él, no dijo nada y asintió levemente a su hijo. Su voz era ronca. —¿Has venido?
Sheng Shaoyou también estaba mucho más delgado de lo que recordaba su padre, más competente y más maduro. El joven y alto Alfa, de pie junto a la cama, hizo que Sheng Fang, que acababa de volver de las puertas de la muerte, se sintiera como si hubiera pasado una eternidad. Le resultaba familiar y extraño a la vez.
Después de ese escueto intercambio, la habitación volvió a sumirse en el silencio. La enfermera a su lado, probablemente sintiéndose incómoda también, se excusó y salió. Desde la muerte de la madre de Sheng Shaoyou, la relación entre padre e hijo no había sido muy buena. En privado, solían estar en silencio.
Al ver que Sheng Shaoyou era una tumba, Hua Yong, a quien Sheng Fang había ignorado deliberadamente, rompió el hielo. Dijo con voz suave: —Hola, tío Sheng. Es un placer conocerlo. Me llamo Hua Yong.
Sheng Fang ya se había fijado en este joven de apariencia excepcional. En ese momento, recién despertado, mareado y congestionado, no podía oler nada, pero su instinto, perfeccionado tras años de conquistas, le dijo que era un hermoso Omega.
Sheng Fang recordó que ya lo había visto no hacía mucho. En aquel entonces, sus momentos de lucidez eran muy breves. Una de esas veces, al abrir los ojos, vio a Sheng Shaoyou abrazando a alguien, besándolo frente a su cama. —¿Hua Yong? —Sheng Fang, que había sido un líder toda su vida, conservaba su aura incluso gravemente enfermo. Miró a Sheng Shaoyou—. Shaoyou, un amigo al que traes a visitarme, no debe de ser un simple amigo, ¿verdad?
Sheng Shaoyou no dijo nada, frunciendo ligeramente el ceño. Hua Yong respondió por él: —El señor Sheng y yo estamos saliendo.
—¿Saliendo? —Sheng Fang levantó ligeramente la barbilla, una pizca de arrogancia en su mirada cansada—. Entre las familias de renombre de la ciudad, no me suena ninguna con el apellido Hua. Niño, ¿cómo se llama tu padre?
Hua Yong sonrió levemente. —Tío Sheng, soy del País P, llegué a la ciudad el año pasado. Mi padre ya ha fallecido.
—¿Y tu madre?
—Mi madre también ha fallecido.
¿Huérfano?
Sheng Fang se sorprendió, pero luego pensó que ser huérfano también tenía sus ventajas: menos problemas familiares después de la boda. Solo que, con tan mala suerte con los padres, quién sabe qué tal sería su destino. No traerá mala suerte a mi hijo, ¿verdad? Observando el rostro delicado y la cintura delgada de Hua Yong, Sheng Fang pensó: Con un cuerpo tan frágil, a saber si podrá tener hijos. —¿Quién más hay en tu familia?
Hua Yong abrió la boca para responder, pero Sheng Shaoyou lo interrumpió, frunciendo el ceño. —¿Acabas de despertar y ya te pones a hacer un censo? ¿No estás cansado?
—¿Cuánto tiempo llevan saliendo?
—No mucho —respondió Sheng Shaoyou. Nunca hablaba mucho de sus asuntos con su padre. Desde pequeño, se había acostumbrado a su ausencia. Desde la muerte de su madre, en las reuniones de padres y en los eventos deportivos, el asiento de sus padres siempre estaba vacío. En todos estos años, Sheng Shaoyou había crecido solo. Ahora, con casi treinta, no veía la necesidad de fingir de repente una relación idílica.
—¿No llevan mucho y ya lo traes a conocer a la familia? —dijo Sheng Fang con severidad—. Este chico, no es muy mayor, pero tiene bastante talento.
—Me halaga, tío Sheng —dijo Hua Yong, aceptando el cumplido sin la menor modestia, como si no hubiera captado el sarcasmo—. La verdad es que sí, se me dan bien algunas cosas.
Sheng Fang se quedó sin palabras. Sheng Shaoyou soltó una carcajada. El amo de X Holdings, que mueve los hilos del poder, tan joven que con solo una patada puede hacer temblar los círculos políticos y empresariales de su país. Eso es más que “algunas cosas”. Frente a los mayores, Hua Yong es demasiado modesto.
La recuperación de su padre y su pequeña derrota pusieron a Sheng Shaoyou de un humor excelente. Su mirada hacia Hua Yong se tiñó inconscientemente de una cálida sonrisa.
Al principio, Sheng Fang había pensado que este pequeño y hermoso diablillo era del tipo que usaba su belleza para conseguir favores. Pero después de menos de media hora, descubrió con sorpresa que este Omega llamado Hua Yong no era solo una cara bonita. Sheng Shaoyou no era de los que iniciaban una conversación con su padre. Su excesivo silencio hacía que Hua Yong, sentado a su lado, respondiendo a todas las preguntas de Sheng Fang, pareciera especialmente animado. Hua Yong no hablaba poco, pero cada frase era comedida y apropiada.
Las preguntas de Sheng Fang siempre tenían doble sentido, pero Hua Yong respondía siempre con voz suave, sin ser servil ni arrogante, como una roca, sin carácter, pulida hasta la perfección, pero increíblemente dura. Se mantenía firme, pero sin ser demasiado afilado, toreando las preguntas con la gracia de una brisa primaveral, casi sin fisuras. Sheng Fang, viejo y astuto, se dio cuenta en pocos minutos de que este joven era el tipo de oponente más difícil en una negociación. Su astucia y su carácter eran tan profundos que probablemente ni Sheng Shaoyou estaba a su altura.
Y lo que más sorprendió a Sheng Fang fue la actitud de Sheng Shaoyou hacia él. Aunque apenas habló, cada vez que Hua Yong abría la boca, su mirada se posaba en él. Era el tipo de respeto que se reserva para una pareja o para un rival de igual a igual. Sheng Fang conocía a su hijo. Se dio cuenta de que no solo lo valoraba mucho, sino que hasta le tenía un poco de respeto.
Sheng Fang no entendía qué tenía de especial este joven y hermoso Omega, pero solo por su elocuencia y su aplomo frente a un mayor, era evidente que no era un joven cualquiera. Después de media hora de conversación, Sheng Fang empezó a mostrar signos de cansancio. Hua Yong, perspicaz, lo notó. —Tío Sheng, si está cansado, el señor Sheng y yo nos retiraremos.
—No estoy cansado.
Hua Yong por fin supo de quién había heredado Sheng Shaoyou su terquedad. —Chico, sal un momento. Tengo que hablar a solas con Shaoyou.
—No es necesario —intervino Sheng Shaoyou, que había permanecido en silencio—. No hay nada que él no pueda oír.
Pero Hua Yong ya se había levantado. Le puso las manos suavemente en los hombros y dijo con consideración: —Hace mucho que no hablan, deberían ponerse al día. Señor Sheng, lo espero fuera.
Sin Hua Yong, la habitación se sumió en un silencio sepulcral. Sheng Fang se aclaró la garganta y le preguntó a Sheng Shaoyou: —¿Ya te has decidido?
Sheng Shaoyou no respondió de inmediato. Le devolvió la pregunta: —¿Qué te parece?
—Es joven, pero no ingenuo. Parece que su familia no está mal. Si te gusta y quieres que entre en la familia, no me opongo.
Sheng Fang sabía que la relación de sus padres había dejado una profunda herida en Sheng Shaoyou, por lo que nunca había tenido una relación seria, y mucho menos había considerado el matrimonio. Si este Hua Yong conseguía que sentara la cabeza, no sería algo malo. Sheng Shaoyou, por una vez, no fue testarudo. Dijo con sinceridad: —Sí me gusta. Pero, aunque tú estés de acuerdo, no es seguro que él quiera.
—¡Qué tontería! —sin extraños delante, la arrogancia de Sheng Fang afloró—. Eres un Alfa de clase S, y detrás de ti tienes a todo el Grupo Shengfang. El puesto de cónyuge del patriarca de la familia Sheng es algo con lo que sueñan innumerables Omegas. ¿Qué no quiere? Sería un desagradecido.
¿Desagradecido? Sheng Shaoyou volvió a sentir ganas de reír. ¿De verdad crees que todo el mundo quiere emparentar con Shengfang Bio? Además, si de verdad se casa conmigo, habría que ver quién sale ganando.
Pensó en lo poco que le importaban los límites a Sheng Fang cuando se trataba de negocios. Si supiera que este “chico” es el misterioso líder de X Holdings, seguro que intentaría convencerlo para que se casara cuanto antes por conveniencia, para que Shengfang Bio tuviera un respaldo poderoso y fuera invencible en la región.
…
No hablaron mucho más. Sheng Fang se durmió, agotado. Sheng Shaoyou se despidió y, al salir, encontró a Hua Yong en el pasillo, mirando su móvil con una sonrisa muy tierna. —¿Qué miras?
Al verlo, los ojos de Hua Yong se iluminaron. Le enseñó el móvil. —Cuidar de un bebé tiene muchos secretos, es un poco difícil.
¿Quién iba a imaginar que el famoso “el que no debe ser nombrado”, al que todo el círculo de la alta sociedad soñaba con conocer, se pasaría el tiempo en el pasillo de un hospital viendo vídeos sobre crianza? Sheng Shaoyou se quedó sin palabras. —¿Difícil? ¿Y eso qué tiene que ver contigo?
—En el futuro me será útil —dijo Hua Yong, acercándose. Le rodeó el cuello con los brazos y le susurró al oído, a modo de sondeo: —Todo depende de cuándo quiera tenerlo el señor Sheng.
Sheng Shaoyou ya estaba acostumbrado a sus fantasías. Ni siquiera se enfadó. Dijo, divertido: —Soy un Alfa. Los sueños tienen un límite.
Hua Yong curvó los labios en una sonrisa deslumbrante. —Se me da muy bien soñar, y mejor aún hacer los sueños realidad.
—¿Algún ejemplo?
—Usted —dijo Hua Yong—. Estar con el señor Sheng es mi mayor sueño.
El pasillo era un espacio público. Aunque no había mucha gente en la planta VIP, tampoco estaba vacía. Dos Alfas abrazados en público llamaban demasiado la atención. Sheng Shaoyou le quitó los brazos del cuello y lo regañó: —El señor Hua no solo sueña, sino que también es un experto en comunicarse con la tercera edad.
Hua Yong se tomó el cumplido, sin avergonzarse. —Se me da bien hacer felices a los mayores.
Sheng Shaoyou asintió. —Sí, claro. Mi padre está encantado contigo. Seguro que ya está pensando en los nombres de nuestros hijos.
—Hua Sheng —dijo Hua Yong—. Lo pensé cuando tenía dieciséis años. El primer hijo que tengamos se llamará Hua Sheng. De apodo, “Cacahuete”¹.
—Qué ideas tiene el joven —dijo Sheng Shaoyou para desanimarlo—. Con dieciséis años debías de suspender biología, ¿no? Los Alfas no tienen útero. Si consigues que te crezca uno, Darwin tendrá que llamarte papá.
Darwin llevaba muerto varios cientos de años. Y además, aparte de los hijos que tuviera con Sheng Shaoyou, a Hua Yong no le interesaba que nadie más lo llamara papá. Pero eso no era lo importante. Lo importante era que Sheng Shaoyou había dicho que su padre estaba encantado con él. ¿Significaba eso que ya había superado la prueba del “mandato de los padres” y que solo faltaba la “palabra del casamentero”?