Capítulo 68

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

Cuando la mano de Richt, que llevaba rato blandiendo el látigo, se detuvo, Abel preguntó:

—¿Ya terminó?

Solo entonces Richt pudo recobrar la compostura.

«¿Qué he hecho…?»

Era cierto que quería vengarse, pero no había pensado llegar tan lejos. Del látigo que colgaba flojo goteaban gotas de sangre. Había tantas heridas como sangre derramada. Richt mordió con fuerza la carne blanda dentro de la boca.

No debía alterarse. Fuera cual fuera la emoción que sintiera en esta situación, no debía mostrarla. Porque él era “Richt Devine”. Él no se inmutaría por algo de este nivel. Aún le quedaba esa dosis de razón.

—…Trae el medicamento.

Primero, arrojó el látigo que tenía en la mano. Ante las palabras de Richt, Ban se movió. En el anexo había preparados diversos medicamentos y herramientas de tratamiento, así que no hacía falta ir lejos. En muchos sentidos, la consideración de Ain resultaba útil.

Richt respiró hondo.

—Las heridas no son profundas—. Ante eso, Abel habló con un tono sereno—. Los bárbaros a veces usan armas extrañas; he sufrido heridas peores.

Abel ya había dejado de usar el trato formal. Hablaba con la arrogancia de antes, y eso ayudó a que Richt recuperara la calma.

«No es lo mismo que las heridas de los bárbaros».

Richt abrió la caja que Ban había traído. Primero limpió la sangre con un paño suave y desinfectó. Al examinarlo, para haberlo azotado de ese modo, las heridas no eran profundas. Probablemente se debía a que Richt no tenía mucha fuerza.

Durante el tratamiento de las heridas, Abel no dejó escapar ni un solo gemido. Solo preguntó cuando todo terminó.

—¿Está satisfecho?

Aunque su forma de hablar fluctuaba, Richt lo entendía. Abel era alguien que casi nunca elevaba el trato; hacer algo a lo que no estaba acostumbrado debía de serle difícil.

—Quedé satisfecho.

Al decir eso, la espalda de Abel se estremeció. Se giró y agarró la muñeca de Richt. Ban, que intentó moverse al verlo, fue detenido por Richt con la palma de la mano extendida.

—No.

—¿Qué quiere decir con eso?

—¿Piensas enviarme así, sin más?

—Está herido, así que debería ir a descansar.

—Sabes que no me refiero a eso.

Sí, siendo honestos, era así. En cuanto pensó qué demonios estaba haciendo, decidió que debía enviar a Abel lejos. Y si lo enviaba, pensaba no volver a verlo nunca más.

—No puedo aceptarlo.

—Eso no te corresponde a ti decidirlo.

—Hice todo lo que pediste. Entonces, ¿por qué?

Richt le mostró a Abel un gesto de cansancio mientras decía eso.

—Ya no quiero gastar más emociones en algo como esto.

Con esto bastaba. Quería enviar a Abel lejos y volver a pasar días tranquilos junto a Ban.

—No—. Abel rechinó los dientes —dije que haría cualquier cosa ¿no?… ¿no dije eso?

—Dijiste qué harías cualquier cosa. No… ¿no lo dijo?

—¿Por qué? ¿Por qué quiere hacer todo esto?

Ante la pregunta de Richt, Abel se detuvo un instante. La vacilación cruzó fugazmente su rostro.

—Yo… —Abel bajó la cabeza y luego la levantó de nuevo. Sus ojos parecían brillar de forma inusual—. Me gustas.

Al oír eso, Richt parpadeó lentamente. ¿Qué acababa de decir? Solo después de rumiar las palabras que Abel había soltado pudo entender su significado. Esa persona… acababa de confesar que le gustaba.

—¿En qué sentido?

Al preguntarle de nuevo, Abel respondió con irritación.

—Lo suficiente como para aguantar hagas lo que hagas.

—No había dado ninguna señal de eso—. La voz se le volvió fría sin querer.

¿Qué clase de persona trata tan miserablemente a alguien que le gusta?

—Entonces era así. Pero cuando desapareciste, fue doloroso. Al principio empecé a buscarte por orgullo, pero con el tiempo… —Abel se llevó la mano al pecho— se volvió insoportable.

Era una confesión bastante apasionada, pero resultaba difícil simpatizar con ella. Después de todo lo que había hecho hasta ahora, ¿cómo iba a aceptarla solo porque confesara sus sentimientos? Al contrario, al oír esas palabras, su mente se despejó.

Definitivamente debía enviarlo lejos.

Mientras pensaba eso, Ban, que había estado fulminando a Abel con la mirada, avanzó de rodillas y dijo:

—Yo… yo lo quiero más.

—¿Qué?

«¿Por qué tú también?» Richt miró a Ban con expresión desconcertada.

Ban tomó la mano de Richt y la colocó sobre su propio corazón. Bajo su expresión desesperada, su corazón latía como loco. Esa vibración se transmitía claramente a través de la palma.

—Maestro.

—Richt.

De algún modo, terminó recibiendo confesiones de dos hombres al mismo tiempo.

—Entonces…

Primero necesitaba tiempo para pensar. Richt retiró suavemente la mano que sostenían y subió directamente al segundo piso. Necesitaba un momento a solas.

***

—¿Está usted loco? —Ban habló con ferocidad en cuanto Richt desapareció de la vista.

—Yo estoy perfectamente cuerdo.

—No. Parece que el gran duque Graham no está en sus cabales.

—¿No será usted el que no está en sus cabales? ¿Qué esclavo alberga sentimientos así hacia su amo? —dijo Abel con expresión glacial.

—¿Un esclavo? Ahora soy el comandante de la Orden de Caballeros Leviatán.

—Y yo soy el gran duque Graham.

Siendo realistas, el gran duque Graham podía ofrecer mucho más. Eso era lo que Abel le estaba diciendo a Ban.

—Richt no lo desea.

—¿O es que tú no lo deseas?

Entre ambos fluyó una atmósfera peligrosa. No se sabía cuánto tiempo pasó así, cuando Abel soltó una risa burlona y se recostó en el sofá cercano.

—Descansaré un poco.

Luego cerró los ojos con total tranquilidad. Mientras él se mantuviera así, Ban no podía hacer nada. Ban apartó la mirada de Abel y observó las escaleras que conducían al segundo piso. Si fuera por él, ya habría subido de inmediato para aferrarse a Richt, pero sintió que no debía hacerlo.

«Debe necesitar tiempo para ordenar sus pensamientos».

Ban decidió aguantar en silencio por ahora. Hasta que Richt tomara una decisión.

***

—¿Por qué…? —Sentado en el borde de la cama, Richt se sujetó la cabeza con ambas manos— ¿Qué hice yo…?

¿Por qué los dos confesaban de repente? Uno era el subordinado del villano que acabaría cayendo junto a él, y el otro era el maestro de espada del protagonista, quien cortaría la cabeza del villano. No, eso no era lo importante.

—¿Esto no se supone que es una novela de fantasía?

¿De verdad podía aparecer algo así aquí? Estaba confundido.

—¿Qué se supone que debo hacer?

Si era sincero, se sentía atraído por Ban. Hiciera lo que hiciera, le parecía adorable y bonito. En cuanto ese pensamiento cruzó su mente, sin darse cuenta, se tiró del cabello.

—¡Un hombre más grande que yo no debería verse así!

El problema parecía empezar ahí. Además, hasta ahora no había sentido un gran rechazo cuando un hombre lo tocaba. Al contrario, últimamente solía hacer esto y aquello con Ban. Le dieron ganas de gritar.

—¡Aaaah!

Tras retorcerse en agonía durante un buen rato, pensó en el siguiente problema. Entonces,

«¿Qué debía hacer ahora?».

La confesión de Abel la rechazaría, por supuesto. Aunque hoy lo había golpeado con ganas, aún quedaba resentimiento. Aunque lo hiciera rodar por el suelo mucho más tiempo, no sabía si su corazón cambiaría.

—El problema es Ban.

Lo normal sería rechazar también la confesión de Ban. Lo normal… y, aun así, ¿por qué su corazón vacilaba?

—¿Aceptar la confesión y salir juntos cambiaría algo?

Entonces harían cosas propias de una pareja. ¿Y qué hacen las parejas? Se besan con solo cruzar miradas, hablan y ríen, salen juntos, duermen juntos… ¿Pero si ya hacían todo eso?

—No, ¿por qué no pensé que esto era extraño?

Hasta ahora lo había aceptado todo con demasiada naturalidad.

—Aun así, debería rechazarlo.

Desde el principio, ese cuerpo no era realmente suyo, y no sabía cuándo ni en qué circunstancias ocurriría algo. Si el verdadero Richt regresaba algún día, era evidente qué pasaría con Ban. Así que lo correcto era rechazarlo aquí y devolver la relación a como era antes.

—Entonces… ¿ya no podré tocar a Ban?

«Después de rechazarlo, besarlo ya no estaría bien, ¿no?». Richt soltó un profundo suspiro.

Por ahora, parecía que no moriría tan fácilmente, así que debía buscar la forma de volver a la normalidad.

Pero antes, tenía que arreglar este asunto.

 

~ ◊◊◊ ♦♦ ◊◊◊ ~

Últimamente, Teodoro estaba inquieto. Daba vueltas constantemente por la habitación, y había aumentado la cantidad de errores que cometía al tramitar documentos.

—Richt…

Había recibido la noticia de Abel de que habían encontrado a Richt.

«¿Cuánto tardaría en volver hasta el palacio imperial?». Calculó el tiempo que tomaría si enviaba a alguien que conociera bien el camino.

Al saber cuántos días faltaban para su regreso, se le hizo aún más difícil aguantar. Quería salir corriendo del palacio imperial en ese mismo instante para ir a recibirlo. Pero no podía hacerlo. Porque él era el príncipe heredero.

Era la primera vez que sentía su posición tan asfixiante.

—Por favor… vuelve pronto.

Teodoro rezó una y otra vez. Quería ver a Richt cuanto antes. Pensaba que sería feliz comiendo la comida que él preparaba y comportándose de manera mimada.

—Cuando Richt regrese, debo asegurarme de que no vuelva a pasar nada como antes.

Afianzaría la posición de Richt y evitaría que otros se atrevieran a tocarlo. Quizá no estaría mal darle el puesto de tutor. En el fondo, quería pedirle que fuera su tutor, pero actualmente ese puesto lo ocupaba Abel.

—Si se convierte en mi maestro, podremos estar juntos.

Sin darse cuenta, Teodoro sonrió.

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x