—Consígueme una taza envenenada en secreto. Esa niña es débil de corazón, por lo que no va a poder rechazar mi pedido.
Cuando le dije eso hablé con confianza; el marqués que aún estaba preocupado finalmente asintió. El marqués debe de ser provocado de todos modos. Estaba alegre en mi corazón, pero no me atreví a demostrarlo.
Cuando traté de irme, el Marques me detuvo.
—¿Pero? ¿Por qué de repente estás apuntando a la princesa heredera? ¿No querías deshacerte de eso porque lo odiabas?
En toda mi vida, a veces he tenido que tener momentos en los que no solo debía de decir buenas mentiras, sino que también debía decir mentiras que eran repugnantes.
Si las decía, parecía que mi boca se caería, pero debo decir esas palabras.
Si fue una desgracia o no, la verdad es que, desde el momento que llegué aquí, no he dicho nada más que mentiras.
—¿No es esto lo que se llama tirar y jalar?
Quería empujarlo y matarlo, tirar de él y apuñalarlo con un cuchillo.
—Cuando lo pienso, puede que no sea tan malo casarse con una persona joven y poderosa para vivir cómodamente, además, ¿no es guapo?
Solo cuando dije eso, el marqués pareció sentirse aliviado.
Que se mantenga con la guardia baja. En verdad quiero que piense que soy una persona inmadura; de esa manera podré quitarle el aliento.
Poco tiempo después el Marques consiguió una taza llena de veneno.
Era una hermosa taza que fue elaborada de color dorado y blanco. La circunferencia de la copa era una suave curva, lo que hacía que se pareciera a una flor en plena floración, con el patrón grabado.
Cuando levanté la taza y la olí pude notar que no había ni una sola fragancia.
El Marques me miró mientras examinaba la taza:
—Se ve igual por fuera, pero si lo miras de cerca podrás ver que hay una ligera diferencia en el lado del mango.
Al escuchar las palabras del marqués, pude ver que una de las copas tenía cuatro pétalos en el lado del asa.
—Los cuatro pétalos son los piñones venenosos. Trata de evitar las sospechas al beber de una de las tazas que no está envenenada primero.
De acuerdo con el plan original, tanto el Emperador como la Emperatriz debían de morir envenenados. Pero deseaba que la Emperatriz tomara el veneno por su cuenta.
Incluso si la Emperatriz sobrevivía, no importaba; después de todo, ella me va a matar y eso es lo que deseaba. Yo era una mujer que entendía mejor que nadie su deseo de morir.
Tomé una de las tazas y dije:
—Gracias. ¿Dónde obtuviste estas tazas?
—No necesitas saberlo.
—¿Por qué no quieres decirme? No quiero que lo vayan a perseguir por ser la persona que la asesinó.
El Marque suspiró y me miró con una expresión patética.
—No hay nada que decir. Esto se debe a que el artesano me dijo que derritiera el veneno en el agua y lo aplicara con un cepillo. Eso puede matar a quien sea, incluso si ingiere una cantidad muy pequeña. Cuando viertas el agua caliente, el veneno se va a derretir naturalmente y va a desaparecer.
—Si es un veneno tan mortal, podría morir antes de que termine de beber el té. ¿Qué pasa si se detecta el veneno en el agua restante?
—Agarra la taza fingiendo estar sorprendida y derrama su contenido o haz lo que quieras; ¿debo de enseñarte todo?
—Bueno, eso también. Lo haré yo misma; por cierto, debe de ser muy hábil ese artesano; es inútilmente bonita.
No era un desperdicio el que fuera utilizado en el palacio imperial, a pesar de que fue algo hecho de prisa.
Gire la taza para observarla y le pregunte.
—Me gustaría pedirle al artesano una taza de té más, pero ¿se puede?
—Ya lo maté. No puedo dejar ningún cabo suelto.
Dijo el Marques sin pena. Después de todo, él es un hombre que no puede cambiar. Asentí bruscamente con la cabeza y esta vez fue mi turno de escuchar una pregunta del Marques.
—¿Cuándo vas a usar la taza?
—Hay un momento adecuado para todo. Lo usaré cuando deba de hacerlo, así que no me apresures. ¿O quieres envenenar tú mismo a Helena con esta taza?
—Eres una chica en verdad muy grosera.
—¿Sabes una cosa? El emperador dijo que tú y yo somos bastante parecidos.
Arrugué la nariz y dije esas palabras como un golpe que le arañaría las entrañas.
— Como ya no hay nada que puedas hacer, ¿por qué no regresas mejor a la finca y disfrutas de la caza? O puedes ir a cualquier villa y disfrutar de un baño en el bosque. ¡Oh, te quitaron las villas! Ya solo te queda el título de Marques, pero todos los demás poderes fueron eliminados. Creo que a excepción de la región oriental de Kendal, donde está lleno de naturaleza, no hay nada más.
Mientras picaba en el lugar que más le dolía, pude ver el rostro del Marques endurecerse terriblemente. Tengo que salir rápidamente de aquí.
Cuando traté de acostarme en la cama para descansar, la doncella me empujo a un lado de Anakin diciendo que sería bueno que tomara un paseo. Como el médico había dicho que caminar y tomar la luz del sol me ayudaría para sentirme mejor, la doncella parecía que se moriría si no hacía caso a las recomendaciones, así que me senté en el jardín esperando a Anakin.
Ayer tuve un sueño que había esperado desde tanto. Fue un sueño en donde maté al príncipe heredero. Tan pronto como me desperté del sueño, corrí hacia el baño.
Yo mate a alguien.
Todavía no me arrepiento de nada, pero incluso si se trata de una persona ficticia, incluso si trataba de lastimarme, maté a una persona. Aunque el tiempo donde sucedió eso fue eliminado, ese momento sigue estando tan vivo en mis memorias.
Me hace sentir culpable.
Cuando pensé en las posibilidades de otra opción, la respuesta fue que no había. Pero no se puede aprobar el homicidio solo porque fue algo que no se pudo evitar.
¿Habría sido diferente si hubiera podido salir de la habitación y llamar por un médico? No, todo eso fue inútil.
El príncipe que murió en mis manos ni siquiera lo puede recordar, por lo que puede respirar y dormir bien, pero aquí estoy yo volviéndome loca y siendo la única que sufre. Incluso cuando conocí a Heebris, dijo que mi alma estaba hecha trizas.
¿Cómo se verá ahora? ¿Se estará pudriendo y llena de moho? ¿O estará tan destrozada que no se puede apreciar su forma original?
Fue bastante abrumador el hecho de que por accidente haya matado al príncipe heredero y Helena… ¿Cómo me atrevería a matar a esa niña? ¿Esa niña que es tan inocente?
¿Cómo lo haré?
Pude ver a Anakin a la distancia; al verme, comenzó a correr un poco más rápido.
—¿Espero mucho tiempo?
El cielo aun continuaba nublado a pesar de que deseaba morir.
—No, no lo hice. Quiero caminar tomados de la mano.
Aún estaba nublado, así que no puede llorar, pero si caminar juntos por mucho tiempo.
Había algo que deseaba preguntarle a Anakin. ¿Lloraría el día de mi muerte? ¿Seré capaz de matarla?
Anakin y yo hemos pasado por una agradable paz por un tiempo, ya que el médico me recomendó que debía de descansar por un tiempo, por lo que me sugirieron la cabaña donde había un aire bueno. Todo porque necesitaba absolutamente estabilidad.
Teniendo en cuenta lo que estaba por pasar en el futuro, no podía dejar la capital, así que arreglé la pequeña cabaña que estaba a un lado de la mansión y viva ahí sola.
En ese lugar con solo girar la cabeza podíamos vernos.
Actuábamos como unos recién casados. No, no sé qué es lo que estaba pensando Anakin, pero por lo menos yo me sentí así.
Por la noche, Anakin cerraba los ojos tendidos en el suelo y yo acostada en la cama. Cuando los abría porque me estremecía y temblaba de manera descontrolada en mis sueños, podía ver a Anakin justo debajo de mis pies y con solo verlo, me sentía aliviada, tranquila, por lo que era capaz de cerrar los ojos de nuevo.
En ocasiones Anakin tomaba un hacha para cortar leña, y es gracias a eso que en la chimenea siempre ardía un fuego cálido. Además de calentar la cabaña, la chimenea también cumplía con algunas funciones básicas. Como poder calentar el té o la leche u hornear papas como bocadillos, y aunque no se podía cocinar de manera adecuada, las doncellas de la mansión traían todas las mañanas comida hasta nuestra puerta.
Cuando estábamos satisfechos, tomábamos una siesta bajo el cálido sol. Esa era nuestra rutina diaria: despertar, almorzar lo que nos trajeran de la mansión, jugar un poco de ajedrez, tomar una siesta, conversar, comer y cenar lo que traían los sirvientes y luego ir a dormir.
Anakin nunca antes había jugado ajedrez, pero tan pronto como le di las reglas generales, las aprendió rápidamente y se convirtió en un buen oponente.
Aprendí a tejer de él, quizás porque los puntos estaban tan estirados que Anakin constantemente tenía que desenredarlos para volver a tejerlos.
Si esto fuera aun sueño, estaría dispuesta a volver a dormir y seguir soñando. Vivir de esta manera hubiera sido suficiente para debilitar a mi corazón y convencerme de que no estaba tan mal vivir aquí.
Solo estaba pensando en eso porque me gustaba, pero ¿qué rayos estaba pensando?
No tenía forma de saber si pensaba de la misma manera y Anakin era reticente a hablar primero, por lo que solo era yo haciendo suposiciones. Sin embargo, después de que tuve ese pensamiento, ahora tenía miedo de escuchar la respuesta, una respuesta llena de amabilidad por la siempre razón de que yo era su maestra.
Si mi sueño fuera un error, deseaba quedarme con esa impresión y seguir equivocada que confirmar la verdad.
Mientras todo eso pasaba, se anunció de manera oficial la ruptura de Eris Mizerian como la princesa heredera; se supone que también había una ley que decía que debía de publicarse en el periódico, pero lo más seguro es que la familia imperial impediría que eso pasara para evitar hacer un escándalo.
No hay nada que evitar; de todos modos, el artículo que dirá que el príncipe heredero ya está de nuevo comprometido será mejor que uno que anuncie esa ruptura.
Cuando la Emperatriz me mandó un mensajero, significaba que nuestra obra de teatro casera ya había terminado. Tuve que volver al Palacio Imperial luciendo impecable.
En secreto tomé la taza que me había dado el marqués, subí al carruaje y miré a Anakin. Su rostro lleno de ansiedad.
—De acuerdo, tú estarás allí.
Quizás lo estaba diciendo más para mí que para él, pero Anakin asintió en silencio ante mis palabras.
—¿Qué debo de hacer si se vuelve insoportable para usted? Puede huir con la bruja y yo haré tiempo para usted.
Bajé la cabeza con una sonrisa ante esas palabras leales.
Cuando escuché eso, mi mente brilló; pensar en lo que le pasará a este mundo también me hace volverme loca, pero era imposible que dijera algo.
No podía decir nada.
No era solo una cuestión de los seres queridos. Aquí, en este lugar, tenía que pensar, hablar, actuar y ser como Lady Mizerian, así que poco a poco estaba olvidando cómo era en verdad.
No era capaz de hacer eso.
—No escaparé, Anakin.
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¡Gracias por la ayuda, Hikari~