Parados frente a Ning Yu en la fila había una pareja de novios, que por su acento, parecían ser de Sichuan. Por más que esperaba y esperaba, la fila para el visado seguía siendo igual de larga. Una y otra vez sacaba su teléfono para revisar, pero WeChat aún no mostraba la notificación del punto rojo de mensajes nuevos.
La pareja de adelante era muy molesta, hablaban sin importarles el volumen, lanzando montones de comida para perros directamente a la cara de Ning Yu. La chica llamaba “cerdo” al chico, y el chico le decía “cerdita” a la chica, mientras sus cuerpos se pegaban el uno al otro, en un juego de tú me pellizcas la cara, yo te abrazo el cuello. Tan pegajosos que Ning Yu deseaba cambiar de lugar con alguien de atrás.
Su mano jugueteaba en el bolsillo con una moneda de un yuan, y su mente divagaba pensando que si A-Chong se empeñaba en no venir a recogerlo ni en verlo, entonces, ¿qué iba a hacer?
La moneda en su bolsillo estaba ya desgastada por el tiempo que la había manoseado. El dinero, algo que tanta gente ha tocado y usado, quién sabe lo sucio que estaría, pero aun así Ning Yu la había guardado con sumo cuidado durante más de un año.
La sacaba para juguetear con ella cuando estaba inquieto, la sacaba cuando quería fumar, la sacaba para tomar decisiones cuando estaba indeciso. Ning Yu sufría un poco de dificultad para tomar decisiones. Cada vez que pedía la comida en un restaurante, vacilaba durante mucho tiempo. Y esta moneda le había ayudado a resolver muchos problemas. ¿El desayuno sería pan con leche o leche de soja con youtiao? Lanzaba la moneda, si salía el 1 comía pan, si salía la flor comía youtiao. Así ya no tenía que seguir dudando.
Entonces… si al lanzarla salía el número, entonces él podría ver a A-Chong. Si salía la flor, entonces no lo vería.
Ning Yu sacó la mano y abrió la palma para mirar…
El número 1.
Ning Yu miró fijamente ese número arábigo durante dos segundos, y luego cerró la mano.
Una vez más, desbloqueó la pantalla y le envió un mensaje a A-Chong.
Ning: ¿Ya dormiste? ¿Fue todo bien con lo del turista que se enfermó?
Ning: Ya llegué al aeropuerto, ¿puedo ir a verte?
Después de enviar el mensaje, Ning Yu miró su mano izquierda y pensó que, si al lanzarla salía el número, entonces A-Chong vendría a recogerlo. Si salía la flor, entonces A-Chong lo ignoraría.
—Hello?
Ning Yu alzó la cabeza. El empleado tras la ventanilla, con el ceño fruncido, lo apuro: —Passport.
Se lo entregó y luego fue a esperar atrás, solo entonces tuvo tiempo de abrir la palma de su mano y mirar.
Era el número 1.
Al mismo tiempo, su teléfono vibró.
A-Chong 0627021669: Justo vine al aeropuerto a despedir un vuelo, el grupo que traigo esta vez es de edad bastante avanzada, tengo que venir personalmente. Cuando llegues, espérame abajo en la Salida C, yo te pido un taxi.
Ning Yu, después de leer esas líneas, pensó en que anoche a las nueve dijo que estaba acompañando a un turista del grupo a ver al médico, y hoy a las tres y media de la madrugada está otra vez en el aeropuerto despidiendo un vuelo. Todo era una telaraña de mentiras, de verdad y falsedad mezcladas, quién sabe qué frase es cierta.
Pero el ánimo de Ning Yu mejoró un poco. Recibió el pasaporte y lo guardó en su bolsillo, luego miró otra vez esa moneda y pensó: —A regañadientes, te concederé que eres una moneda de la suerte.
Esperó a A-Chong durante un total de cuarenta minutos.
La batería del teléfono se estaba agotando, y su paciencia también estaba casi consumida, pero Ning Yu no se atrevía a moverse a la ligera. Permaneció quieto y sumiso junto a la Salida C, mirando a un lado y al otro, viendo cómo una oleada tras otra de personas pasaban frente a él.
Tenía algo de sueño y también un poco de hambre. Estas dos necesidades físicas hicieron que el estado de ánimo de Ning Yu se fuera hundiendo.
Tras haber llamado una sola vez a A-Chong, no volvió a intentarlo, por miedo a molestarlo. Sentía el corazón pesado como plomo, con esa opresión en el pecho de sentirse como un estúpido que se busca su propio daño, con una agridulce punzada de injusticia, con la vergüenza de anhelar algo que no podía obtener. Sentimientos revueltos y mezclados, todos amontonados. Incluso el suspiro que exhalaba sabía mayormente amargo.
Ning Yu se dio cuenta de que se había arrinconado en una posición de avanzar o retroceder, ambas imposibles, porque en esta relación, el derecho a elegir y el control habían estado en manos de A-Chong desde el principio. Él era el necesitado, el que todo el tiempo suplicaba que el otro le diera una respuesta, nada más.
Esta relación era comparable a un mercado de vendedor. Sin importar a cuánto subiera A-Chong el precio de la mercancía, Ning Yu siempre estaría dispuesto a comprar.
No fue hasta que A-Chong entró por la puerta, le dio una palmada en el hombro, que barrió por completo todas las ideas absurdas de Ning Yu.
A-Chong se veía bastante despierto. Hacía un año que no lo veía cara a cara, y Ning Yu siempre sentía que algo en A-Chong había cambiado. Aunque él seguía vistiendo de manera simple y ordinaria, Ning Yu aún podía distinguirlo de entre la multitud de un solo vistazo.
—¿En qué estás pensando?— el tono de A-Chong era casual, cuando extendió la mano para tomar su maleta. —Vamos.
Cuando se acercó, Ning Yu olió en él un leve olor a alcohol. ¿Llegando del exterior, y todavía “despidiendo un vuelo”? La verdad, ya ni siquiera quería hacer el trabajo de mantener las apariencias, incluso mentirle con un par de frases más le parecía un gasto innecesario de energía.
Durante todo el camino, Ning Yu no dijo ni una palabra, simplemente siguió tras las nalgas de A-Chong para salir del aeropuerto y tomar un taxi.
Fue A-Chong quien rompió el silencio primero: —Te reservé un hotel, te llevaré allí y me voy. Diviértete bien por tu cuenta, estos días tengo que guiar a un grupo, y no puedo acompañarte. Antes de que te vayas, comamos juntos.
Ning Yu no respondió, bajó la cabeza y, con las manos en los bolsillos, jugueteó con la moneda en su palma. A-Chong, al ver que no contestaba, simplemente dejó de hablar.
Al llegar a la esquina mientras esperaban el auto, Ning Yu, con el ánimo agitado y la respiración cortante, sacó un cigarrillo del bolsillo y le dijo a A-Chong: —Préstame fuego.
A-Chong dijo: —Fuma cuando lleguemos al hotel.
Ning Yu, conteniendo el aliento, dijo: —Pero quiero fumar ahora mismo.
A-Chong seguía luciendo tan tranquilo y dueño de sí como siempre. Sonrió y dijo: —En plena madrugada, todavía tienes fuerzas para armar un escándalo conmigo.
Al llegar la noche, las comisuras de sus ojos y las puntas de sus cejas se volvían indolentes, con un dejo de actitud canalla, despreocupado y dejado.
—No estoy armando un escándalo, solo quiero fumar un cigarro—. Cuando Ning Yu dijo esto, su expresión no era muy buena. — Lo demás que no me quieres dar, pues se acaba ahí, pero al menos déjame fumarme un cigarro.
Él era de ese tipo de personas que lleva todos sus asuntos internos escritos en la cara, especialmente cuando se trataba de A-Chong.
A un lado, A-Chong preguntó lentamente y con calma: —¿Qué es lo que no te doy? ¿Te debo algo? Explícame claramente.
Ning Yu, apretando entre los dientes ese cigarrillo Lanzhou, con el rostro alternando entre rubor y palidez un buen rato, finalmente soltó de manera directa: —Tú bien sabes que me gustas, y aun así te comportas conmigo de esta manera, ni aceptándome ni rechazándome. Yo simplemente me hice ilusiones.
—En este mundo los malentendidos son especialmente numerosos, uno más de los nuestros no hace diferencia—. A-Chong le sacó el cigarro que Ning Yu mordía. —En asuntos de sentimientos, no se puede forzar. En cuanto a lo de ni aceptar ni rechazar…
A-Chong esbozó una sonrisa y llevó a su boca el cigarrillo Lanzhou de Ning Yu: —Tú viniste a Tailandia a divertirte y conmigo es igual. Y yo contigo también es igual. Si vas a tomarte en serio el jugar y divertirte, entonces no estás siendo sensato.
En ese momento el enfado contenido de toda la noche se le subió de golpe a la cabeza. Ning Yu alzó un poco la voz: —Es cierto, no soy sensato. Yo simplemente no quiero solo jugar y ya, desde el principio hasta ahora no, nunca he querido.
A-Chong: —Entonces, ¿qué es lo que quieres?
La pregunta dejó a Ning Yu paralizado por un instante.
—Tú vives en Shanghái, yo vivo en Bangkok. Tenemos diferentes costumbres, diferentes familias, diferentes niveles educativos, nos gusta música diferente, nos gusta comida diferente, hay demasiadas diferencias —dijo A-Chong. —Como adulto, deberías considerar esto. Tendrás un futuro prometedor, conocerás a alguien mejor que yo, ¿para qué venir hasta aquí, forzándote a ti mismo y forzándome a mí también?
—… Yo no me estoy forzando.
Ning Yu sintió que su tono al decir esto debía sonar muy triste. Un día tan caluroso, y sin embargo sus manos y pies estaban fríos, su corazón como si cayera a una bodega de hielo, estremeció todo su cuerpo helado con escalofríos.
—¿No es eso?— A-Chong volvió la cabeza para mirarlo. —¿Entonces qué es? ¿Vas a decir que esto es amor, que me amas, que no puedes vivir sin mí? Déjate de eso, ¿Acaso estás actuando en un drama de idols? Qué ridículo.
Resultó que Ning Yu realmente lo miró fijamente a los ojos con seriedad. Y repitió las palabras de A-Chong: —Sí, creo que esto es amor. Te amo, no puedo vivir sin ti.
A-Chong, después de oírlo, se quedó paralizado por dos segundos, y luego adoptó una expresión natural y dijo: —… Estás completamente loco.
—Sí—. Asintió Ning Yu con los ojos enrojecidos, repitiendo como un tonto: —Cierto, me gustas, estoy completamente loco.