NARRATIVA CENTRADA EN ALECTO (ALEC)
Al principio pensó que se trataba de un truco para llamar su atención, sin embargo, solo después de escuchar la noticia de que había sido apuñalada por un matón, sospechó que no era mentira, pero como no pudo verlo en persona, se olvidó de eso.
Cuando por fin escuchó que lady Mizerian había visitado el Palacio Imperial de nuevo, Alecto se sintió feliz a primera vista y, cuando termine de hacer su saludo al Emperador, probablemente irá hacia el jardín para la hora del té. No importa cuánto la ignorara, ella no se olvidaría de ir con él cada vez.
—…Llegas más tarde de lo habitual.
—Es una tarde deslumbrante, su alteza, lady Antlebloom.
Se veía enferma y parecía estar más delgada. De alguna manera el ambiente parecía estar más tranquilo; se preguntaba si había madurado, pero cuando escuchó que naturalmente le ordenaba a Helena, como si fuera su subordinada, Alec chasqueó la lengua.
Estaba seguro que las personas no pueden cambiar fácilmente.
Estrictamente hablando, Helena no era una noble, por lo que Alec solo se limitó a mirar a Eris en silencio. Esto se debe a que Eris, al percatarse de eso, se volvía más tímida y por lo menos fingió ser amable con Helena.
—Como dijo Su Majestad, somos amigos cercanos. ¿Es ilegal pedirle una taza de té a una amiga?
Helena detuvo a Alecto antes de que él pudiera siquiera decir algún comentario descarado. Helena intervino entre los dos hablando por ellos.
Alecto no estaba satisfecho con que la trataran de esa forma, pero Helena, que se tocaba sus labios mientras se reía ligeramente, hizo que su molestia se desvaneciera.
Cuando Jason regresó después de un largo viaje, la atmósfera se volvió más amigable y, aunque al principio su encuentro fue obligatorio por la familia imperial y el de los nobles, a medida que pasaban el tiempo juntos, Alecto se dio cuenta de que el tiempo que pasaba con Jason era bastante agradable.
Eso se debe a que él no era tímido con él; tenía una personalidad dura, pero también era amable con Helena, a pesar de que ella era una plebeya.
En comparación, Eris parecía como una esquina incómoda que sobresalía.
Durante todo el tiempo que se encontraban, ella a regañadientes “soportaba a Jason, el hijo del duque Kazar, y fingía ser cercana a Helena”, que no necesitaba ser paciente y que de manera sutil siempre la trataba como la asistente del grupo.
Si se reunía de forma natural, no podía evitar sentarse alineado y eso no le gustó.
Como de costumbre, quería que su orgullo destacara, por lo que Eris no pudo evitar darle algunos “consejos” a Helena, por lo que lo provocó a Alecto. Helena abrazó a Alecto para detenerlo y cuando Eris se marchó, Jason negó con la cabeza y se burló.
—Aún sigue siendo Eris Mizerian.
—Tan arrogante como siempre.
—Debes de estar cansado después de viajar durante muchos días.
Escuchar esas palabras amables de Helena hacia Jason hizo que la mente de Alecto se agudizara. Ella es una buena niña; es como un ángel. Solía preocuparse por no ser capaz de decir nada que pudiera herir a los demás.
¿Cómo pueden odiar a una niña así? Si las brujas en verdad existieran, debíam de ser iguales a Eris Mizerian.
Alecto siempre estuvo inclinado a pensar en las dicotomías; para él, Eris siempre estuvo clasificada con las palabras mala o desagradable.
***
Lo mismo sucedió cuando Eris regresó al palacio imperial pocos días después.
Cuando el caballero escolta detuvo a la niña que siempre seguía a Helena, ella corrió sin aliento hacia él. Se inclinó y le suplicó al príncipe heredero.
—¡Su Alteza! ¡Lady Mizerian está molestando a Helena de nuevo! ¡Por favor, ayúdela!
Cuando salió por la calle que conducía la doncella a toda prisa, pudo ver cómo Eris le estaba gritando a Helena. Con su cabeza inclinada, Helena no miraba a Eris; sus ojos estaban fijados en el suelo y ella en silencio.
Se colocó frente a Helena; pudo ver que en la expresión en los ojos de Eris no había rastro de remordimientos.
—Lady Mizerian, no puede cambiar. No, cada vez se torna peor.
—Es una tarde deslumbrante. Su Majestad; para los nobles, estar en lo alto es una virtud.
Una voz sarcástica sonó en los oídos de Alecto y eso hizo que se enfureciera.
Cuanto más alto sea el estado, más será venerado por el humilde, por lo que siempre había sido normal molestar a los humildes.
Pero también estaba frente a ella una de las personas con el rango más alto de todo el país.
—¿Te atreves a discutir tu estado frente a mí ahora?
—Su Majestad, es porque soy yo que puedo decir sobre mi estado frente a Su Alteza. Usted está comprometido conmigo.
—¡Solo es un compromiso! ¿Crees que la familia imperial soportará tu actitud arrogante por un matrimonio que no se ha formalizado? ¿Cómo si ya te hubieras convertido en la princesa heredera?
Eris Mizerian siempre se había comportado como si fuera parte de la familia imperial. Si no fuera por el marqués, ella ni siquiera se habría podido sentar en ese lugar.
Pensó que Eris había llevado a Helena hasta ese lugar, por lo que se enojó aún más y cuando vio las heridas en las palmas de Helena, el príncipe heredero alcanzó su punto máximo.
La cara de Eris se giró a un lado con un fuerte ruido. Al mismo tiempo, Eris y Helena se miraron sin poder creer lo que estaba pasando.
Dijo que no le agradaba, pero fue la primera vez que le levantó la mano.
Sabía que había cometido un error, pero ya la había hecho. Alecto, en cambio, habló con más frialdad.
—Como tú lastimaste lo que es mío primero, yo también lo hare, ¿no es así?
Fue una buena excusa.
Al mismo tiempo que Alecto dijo eso tomo a Helena y se marchó del lugar lleno de vergüenza.
Eris le dijo en voz baja a Alecto.
—Es un matrimonio entre la familia imperial y el marqués. Por lo que el matrimonio se llevará a cabo, aunque no lo quieras —Dijo Eris en voz alta, pero se escuchaba cansada.
***
—¿No dijiste que me amabas y te comprometiste? ¿Eso es lo que en verdad piensas?
“Te amo, ¿sabes?” Esas fueron las palabras que un día dijo Eris Mizerian.
No lloró cuando habló, pero sus ojos estaban brillosos y sus mejillas un poco enrojecidas, aunque debió de ser por culpa del maquillaje.
—Te amé durante un tiempo —Dijo Eris.
Eris era buena mintiendo, por lo que Alecto sospechaba de ella.
—Ahora no. —Fueron las palabras que salieron de la boca de Eris.
Fue por eso que Alecto entró en pánico, ahora que ya sabía la “verdad” que salía de la boca de Eris. Esa no era la respuesta que Alecto estaba esperando.
Ella todavía debía amarlo, y gritaría diciendo que lo hacía porque aún lo amaba.
Se atrevió a pensar… en una respuesta errónea.
***
Deseaba romper el compromiso con Eris, pero cuando llegó la oportunidad, no pudo hacer nada.
Toda su cabeza se complicó cuando vio los ojos de Eris cuando fue la ceremonia de selección de caballero. Alecto concluyó la razón: “No estaba del todo seguro”.
No está seguro de poder romper, pero si decía algo, podría salir lastimado.
Su padre, Kratos, era un hombre aterrador, sin un poco de piedad corriendo por sus venas.
Alecto recordó brevemente lo que le pasó a su hermano mayor, al cual nunca conoció. Aquel hermano que había muerto en las manos de su padre, incluso en sus memorias no tenía el recuerdo de que su padre lo mirara con calidez.
No había necesidad de apresurarse; si terminaba con el compromiso con Eris y la próxima mujer a la cual eligieran como su prometida fuera como Eris, todo sería en vano.
Para poder comprometerse con Helena y no con nadie más, tenía que hacer que Helena destacara más. De esa manera nadie podrá estar en contra.
Pensando en Helena, la ceremonia terminó.
Recordó la confesión de Jason; ni siquiera podía imaginar que en verdad le agradaba Helena. Sin embargo, ver eso pudo convencer a Alecto fácilmente.
Cualquiera se podría enamorar de una niña tan amable como ella, pero cuando escuchó que Jason tomaría a Helena como su compañera en la ceremonia de mayoría de edad de Eris, Alecto palideció.
Se sentía perdido, que no tenía oportunidad, pero su madre Melpómene lo llamó.
—El primogénito de los Kazar y Helena. Parece que irán juntos a la ceremonia de la mayoría de edad.
¿Lo escucho de Helena?
—Puedes sentarte aquí sin saber nada de esa noticia, mi niño. Ella es un buen partido.
Cuando Alecto no pudo responder ante las palabras de Melpómene, sus ojos se volvieron fríos y ella susurró.
—Si hay algo que quieres, dilo sin dudarlo. Tu madre te ayudará a tenerlo.
¿Eso no me lo enseñaste? ¿Cómo puede decir eso?
—Pero…
—No hay nada imposible.
Alecto se tensó cuando Melpómene cortó sus palabras.
Al crecer sin ser amado, Alecto siempre ha tenido problemas con sus padres. Cuando Alecto bajó la cabeza, Melpómene rara vez hablaba con su hijo con una voz amable.
—Tu madre lo hará por ti. Puedes acompañar a Helena el día de la ceremonia de mayoría de edad de esa mujer. Las mujeres tardan en vestirse, así que no importa si el duque Kazar llega primero.
—En realidad, el prometido tiene que ser el compañero en la ceremonia de mayoría de edad…
Alecto estaba molesto por Eris, porque era obvio cómo sería tratado si él no aparecía junto con Eris, pero Melpómene se rio cuando vio vacilar a Alecto.
—Mi hijo, ¿estás preocupado por ella? Ella hizo algo así en el pasado; ahora debería de sufrir lo mismo. ¿No es esto una lección?
Al escuchar eso, su vacilación se esfumó.
Alecto inclinó la cabeza en silencio hacia su madre y salió de la habitación. Trato de pensar en eso como el karma. Eris hirió el corazón de otra persona, por lo que tenía que pasar por lo mismo.
Finalmente, el día de la ceremonia de mayoría de edad, Helena se paró frente a él; se veía hermosa, más que cualquier otra mujer que había conocido en su vida.
Ella sonrió con timidez; no estaba familiarizada con las capas de maquillaje o los vestidos que usaban los nobles. Pero se veía hermosa.
Cuando Alecto le dio su agradecimiento lleno de honestidad, ella le picó el costado diciendo que no mintiera.
¿Aún estaría esperando en la habitación?
Caminando a un lado de Helena, Alecto recordó a Eris, pero rápidamente borró ese pensamiento.
Fue de mala educación pensar en una mujer que no fuera Helena y más cuando había robado la pareja de Jason.
Cuando la puerta se abrió con la presentación del sirviente, este hizo contacto visual con Eris, quien estaba inexpresiva; había llegado antes.
No había tristeza o ira en su expresión lisa.
Solo tenía la señal de que todo lo que pasaba a su alrededor era aburrido y agotador.
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¡Gracias por la ayuda, Hikari~