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Guerra.
Incluso la misma palabra era cruel.
A los ojos de Zarad, la guerra sólo podía arrebatar inútilmente cosas que otros apreciaban. El actual estado relativamente pacífico de la interestelar era un asunto digno de ser celebrado por todas las razas.
Con respecto a la guerra que tuvo lugar hace más de un año en Kesou, Zarad no estaba muy claro sobre la situación real. En ese momento, ya se había retirado del ejército y aún se encontraba deprimido.
Sin embargo, Zarad recordaba que la campaña militar había sido muy corta, una auténtica guerra relámpago.
Después de que la Alianza Estelar enviara tropas para proteger la paz, la guerra había terminado en sólo tres días.
Conociendo a Morrison, Zarad pensaba que incluso si el departamento militar no hubiera enviado a las fuerzas especiales a participar en esa campaña, el otro seguramente habría pedido por su cuenta ir al campo de batalla.
Tomando la participación del otro en la guerra como un hecho, Zarad podía concluir que lo más probable era que Morrison hubiese recogido al cachorro laili en el campo de batalla de Kesou.
Zarad expresó todas sus conjeturas y, al escucharlas, las cejas de Xie Luan también se fueron frunciendo poco a poco.
El cachorro en sus brazos todavía tenía la cabeza enterrada en su pecho. Xie Luan tarareaba suavemente una canción de cuna y seguía canalizando de forma consciente su poder espiritual para calmarlo.
Si las cosas eran realmente como decía Zarad, este cachorro probablemente no le tenía miedo al trueno… sino a un sonido parecido al trueno.
Quizás explosiones.
En esta temporada había muchas tormentas. Xie Luan bajó la cabeza y miró los ojos del cachorro en sus brazos, con el corazón lleno de preocupación.
Reacción de estrés, debería haberlo notado antes… Xie Luan recordó el momento en que conoció al cachorro sirena. En ese entonces, cuando el pequeño sirena había salido del agua, había mostrado la misma expresión de miedo.
El pánico en los ojos de ambos cachorros era parecido. Gale había logrado superar ese obstáculo mental con gran dificultad. Xie Luan no sabía si el cachorro laili tendría la capacidad de hacer lo mismo.
Preocupado, Xie Luan revisó en la red estelar el pronóstico del clima para la segunda mitad del mes. Afortunadamente, a partir de mañana hasta el fin de semana haría sol.
Ese fin de semana, Morrison volvió a la sucursal Yunbao.
Había venido porque le importaba el cachorro. El propósito de su visita era claramente ver cómo se encontraba el cachorro laili. Aunque no era un padre, Xie Luan aceptó que el otro estuviera en la casa de cachorros e interactuara con él.
—Gu~ —agitando sus pequeñas aletas, el cachorro laili de inmediato empezó a caminar torpemente alrededor de las piernas de Morrison cuando este entró en la sala. El cachorro ya lo había rodeado tres veces.
Alzando la cabeza, el cachorro laili lo miró con sus ojos negros mientras daba vueltas a su alrededor.
Porque estaba mirando a la persona que le gustaba, sus ojos negros brillaban especialmente.
—Gu-Ji~ —alzando las alas a ambos lados, el cachorro levantó la cabeza y llamó con un grito muy claro a la persona frente a él. Esa acción significaba que quería que su padre lo alzara.
Teniendo en cuenta el estado del cachorro, el club debía de haberlo cuidado muy bien en estos días.
Al confirmarlo con sus propios ojos, Morrison dejó de lado sus preocupaciones y la expresión tensa de su rostro también se relajó un poco.
Finalmente lo levantó y simplemente lo sostuvo en sus brazos como de costumbre. Morrison no hizo nada para intentar calmarlo.
Aun así, solo con esto, el cachorro en sus brazos parecía muy feliz.
Un tierno y nítido llamado había estado sonando continuamente desde hacía un momento, no era difícil ver lo enérgico que estaba el cachorro.
Además de su vivacidad, se podía ver que el cachorro se sentía a gusto. Debía de ser porque obtenía una sensación de seguridad de la persona que lo sostenía. En ese momento, Xie Luan sintió que el estado mental del cachorro laili era más estable que en cualquier otro momento.
Un padre podía ser de gran ayuda para un cachorro que intentaba superar un obstáculo mental. Como Xie Luan consideraba al hombre frente a él como el padre del cachorro, una idea apareció en su mente.
—¿Alguna vez has pensado en adoptar al cachorro? —cuando Morrison terminó de visitar al cachorro, Xie Luan le hizo esta pregunta no muy lejos de los demás cachorros.
—Si no lo has hecho, sería mejor que lo pienses bien —añadió Xie Luan con sinceridad.
Morrison claramente no había esperado que Xie Luan le dijera eso. Se detuvo un momento, giró la cabeza para mirar al cachorro laili que jugaba con unas pequeñas bolitas emplumadas en la sala. Después de unos segundos, abrió la boca y respondió: —No tengo intención de adoptar a un cachorro.
La implicación era un rechazo a la sugerencia de Xie Luan.
Xie Luan no pensó que el otro rechazaría de manera tan rotunda, su tono ni siquiera dejaba espacio para negociaciones. El borrador que había preparado en su mente se le atascó en la garganta.
Por las palabras y acciones de Morrison, Xie Luan estaba 100% seguro de que le importaba y amaba mucho al cachorro laili. En cuanto a por qué no quería adoptar al cachorro, a Xie Luan no se le ocurrió ninguna razón.
Cuando Xie Luan se quedó sin palabras, Morrison parecía dispuesto a marcharse. Esta vez sólo había venido a ver al cachorro y ahora que lo había hecho, podía irse.
Xie Luan no lo detuvo. Pero cuando Morrison caminó hacia la puerta, el cachorro laili, que había estado prestándole atención desde el principio, levantó sus aletitas y fue tras él dando pasitos. El cachorro lo siguió hasta la puerta y luego se quedó allí de pie, mirando cómo el otro se marchaba antes de regresar con sensatez.
En Shilolin, el cachorro laili había hecho esto todas las mañanas.
El adulto iba al departamento militar entre semana. Todos los días, el cachorro se levantaba temprano con él y esperaba a que se fuera antes de volver a la cama.
No era nada fácil que un cachorro se levantara temprano en la mañana, aun así, el cachorro laili abría los ojos en cuanto escuchaba al adulto levantarse en la habitación.
—¿Gu? —Al regresar, el cachorro laili se acercó dando pasitos hasta Xie Luan y emitió un pequeño sonido de pregunta.
Estaba claro lo que el cachorro quería preguntar. Xie Luan se agachó para tocar la cabeza del cachorro laili y respondió: —En, él vendrá a ver a Laili la próxima semana también.
A la semana siguiente, cuando el otro vino de nuevo como se esperaba, Xie Luan intentó sonsacarle la verdad… No, en realidad, esa tarea se la dejó a Zarad.
Habiendo recibido esta tarea, Zarad pensaba en cómo abordar el tema. Al final, su primera acción fue encenderse un cigarrillo y empujar la cajetilla hacia el otro.
Para sorpresa de Zarad, vio que el otro negaba con la cabeza.
—¿Dejaste de fumar? —preguntó con naturalidad. Zarad no esperaba que el hombre frente a él no solo asintiera, sino que también respondiera con un sonido.
—En.
Morrison respondió con voz firme.
No fue fácil.
Incluso cuando todavía estaba en el departamento militar, Zarad tenía que fumar a escondidas cada pocos días. Para él, dejar el tabaco era algo que, en cualquier caso, le parecía imposible.
—Hace un año y seis meses, fuiste a Kesou, ¿cierto?
Diciendo la fecha exacta en que tuvo lugar la guerra, Zarad observó el rostro del hombre frente a él, luego continuó: —Recogiste a ese cachorro laili en el campo de batalla de Kesou, ¿no?
La conjetura precisa del otro hizo que la expresión en el rostro de Morrison cambiara levemente. Asintió para confirmar las palabras de Zarad. —Así es.
Sigues siendo el mismo. Siempre que hay una batalla, tomas la iniciativa de solicitar unirte. Incluso si lo que querías era ser un héroe, esos tipos del departamento militar te pusieron el título de “maniático del campo de batalla”… —al decir esto, Zarad sintió ganas de suspirar. Aunque la amistad entre ambos no era la más profunda, Zarad tenía que admitir que lo comprendía en cierta medida.
La razón por la que era tan fanático del campo de batalla, y seguía pidiendo ir de inmediato cada vez que surgía una guerra, era simplemente porque deseaba hacer todo lo que estuviera en su mano para terminar la guerra lo más rápido posible.
Eso era lo contrario de lo que muchos consideraban fanatismo.
—No puedo ser un héroe. Y tampoco quería serlo —respondió Morrison.
Las fuerzas especiales a veces tenían que hacer cosas que no eran aptas para hacerse públicamente. Las personas que se movían en las sombras no podían ser héroes.
Zarad, naturalmente, era consciente del tipo de cosas que tenían que hacer las fuerzas especiales, por lo que eligió cambiar de tema.
—Pero, ¿por qué llevaste al cachorro laili contigo? Según tu forma de actuar, supuse que más bien habrías buscado una sucursal de crianza en Kesou para dejar al cachorro allí.
Esta vez la respuesta de Morrison no fue tan rápida como antes. Hizo una pausa de unos tres segundos y luego pronunció lentamente una palabra: —Accidente.
Otra vez esa palabra, “accidente”… Al escucharla, el ojo de Zarad no pudo evitar temblar. Antes, cuando le había preguntado por su brazo, parecía que también había usado esa palabra para responderle.
Un momento… sumando dos y dos, Zarad no pudo evitar especular: —¿Fue en ese campo de batalla donde perdiste el brazo?
Emitiendo un sonido afirmativo, Morrison volvió a asentir en respuesta.
Con el nivel médico actual, las personas comunes que perdían o nacían sin un brazo o una pierna podían recibir una prótesis completamente unida mediante cirugía. No había diferencia en la apariencia y prácticamente no había impedimento alguno en cuanto a movimiento.
Morrison, sin embargo, había sido herido por algún tipo de arma especial. Incluso después de que la herida sanara, no se le podía colocar una prótesis. El departamento médico del ejército de la Alianza Estelar no tenía en ese momento ninguna solución para este problema.
Las heridas causadas por esa arma especial seguían irradiando dolor aun después de cicatrizar. Morrison ya estaba acostumbrado a soportarlo y por ello no mostraba señal alguna de sufrimiento.
De acuerdo con la situación en el campo de batalla en ese entonces, Morrison debería haber seguido su experiencia y elegido la acción más favorable.
Pero, frente al resultado, Morrison no se arrepentía de lo que había hecho aquel día. Porque había logrado salvar a un cachorro que se había convertido en alguien muy importante para él.