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—Gao Tu me está evitando.
—Ah.
—Encontré a su hermana. En la casa se olían sus feromonas, pero a él no lo vi por ninguna parte.
—Ah.
—Me he leído entero el Manual para padres primerizos. Dice que los Omegas durante el embarazo son especialmente frágiles y necesitan las feromonas tranquilizadoras de un Alfa. ¿Acaso Gao Tu no las necesita? … Dime, ¿crees que lo han secuestrado? … ¿Oye? ¿Oye? ¿Me oyes? ¿¡Oye!?
—Qué pesado eres —la voz de Sheng Shaoyou sonó fría al otro lado de la línea—. Shen Wenlang, ya eres un “hombre de mediana edad” de casi treinta años, no un niño de tres. ¡Deja de molestar a Hua Yong con tus asuntos personales!
—¡El que va a ser padre a una edad avanzada eres tú! —rugió Shen Wenlang—. ¡Si retrocedemos unos meses, a ver quién molestaba a quién! ¡Hua Yong! ¿¡Ya te has olvidado!? ¡Si no fuera por mi espíritu de sacrificio, ahora mismo los dos seguirian solteros! ¡No estarian los dos compinchados contra mí!
—No le hables así al señor Sheng —lo interrumpió Hua Yong, molesto—. Que el secretario Gao te evitaría, ya te lo dije hace meses. ¿De qué te sorprendes?
—¡Sabías desde el principio que Gao Tu era el Omega de aquella noche! ¿¡Por qué no me lo dijiste antes!?
—Te envié la foto, y ni te molestaste en mirarla. Si te hubiera dicho la verdad antes… —Hua Yong se burló de él—. Con esa inteligencia emocional que tienes, seguro que te habrías puesto nervioso y lo habrías invitado a jugar a la máquina de gancho.
Al otro lado de la línea se hizo el silencio. Al ver que Shen Wenlang se había desinflado, Hua Yong continuó: —Wenlang, dado que vienes de una familia extremadamente disfuncional, puedo perdonar tu tono. Pero… —sonrió—, en cuanto a familias, estamos a la par. Si te atreves a volver a hablarle así a nuestro señor Sheng, te deseo que no encuentres nunca al secretario Gao.
Shen Wenlang: …
Hua Yong activó el altavoz, sopló la leche que acababa de calentar y se la acercó a los labios de Sheng Shaoyou. Sheng Shaoyou estaba intentando leer un informe, pero entre los dos no le dejaban concentrarse. —No quiero leche —dijo, dejando el informe. Frunció el ceño—. Hua Yong, te doy dos opciones. O cuelgas el teléfono y te preparas para dormir, o coges tu móvil y te vas al estudio ahora mismo. No me molestes.
—Elijo dormir —frente a la tentación, a Hua Yong le importaba un comino la vida o la muerte de Shen Wenlang. Con el principio de no dejarse arrastrar por un idiota en el amor, colgó rápidamente el teléfono, se metió bajo las sábanas, bostezó y dijo: —Ya me voy a dormir.
A Sheng Shaoyou le hizo gracia su comportamiento infantil. Le preguntó a propósito: —¿Ya te vas a dormir, dices?
Hua Yong asintió levemente. Miró a Sheng Shaoyou con sus ojos grandes y húmedos y dijo en voz baja: —Sí, qué sueño.
—Ah —dijo Sheng Shaoyou, cerrando el informe, con una expresión de fingida decepción—. Entonces, la tarea que nos mandó el médico, la dejamos. —Miró el calendario electrónico de la mesilla—. Hoy es miércoles, y de todas formas ya has superado el objetivo, así que no… uhm.
El joven Enigma, que no necesitaba para nada tónicos revitalizantes, salió de debajo de las sábanas y selló los labios de su amado con los suyos. El aroma a orquídea de sus feromonas tranquilizadoras envolvió la fragancia a “Rama Ebria”, que también se había intensificado. Los dos aromas se entrelazaron, una mezcla de fusión y seducción. El Enigma, que había asomado la cabeza por debajo de las sábanas, era feroz. Sheng Shaoyou, besado con tal intensidad, jadeó.
El Enigma, frotándose contra él, era como un gato mimoso, de pelaje cálido y suave, que se ponía panza arriba para que lo acariciaran. Su piel, sonrosada, era de una blancura casi traslúcida. Los labios de Sheng Shaoyou, picoteados por los besos, estaban de un rojo vivo y brillante. Pero él no tenía ni idea de lo seductor que resultaba a los ojos del león que fingía ser un gato. La presa miraba desde arriba, con la actitud de un cazador. Los dedos de Sheng Shaoyou se demoraron en la barbilla afilada de Hua Yong, disfrutando de la suavidad de su piel. Sonrió levemente y, lamiéndose los labios, tomó el control. —Si quieres, pídelo.
—Lo quiero —dijo Hua Yong, abalanzándose sobre él al instante para abrazarlo. El calor de su cuerpo lo envolvió, honesto, descarado, sin el menor atisbo de vergüenza. —Señor Sheng, lo quiero.
Efectivamente, no tenía vergüenza. La timidez, la piel fina de antes, todo era una farsa.
La identidad era falsa, las lágrimas también. Lo único que no podía fingir era el amor ardiente, cargado de calor corporal. La mano de Hua Yong volvió a posarse en la cintura del Alfa, más que una caricia, un apretón. La preocupación del médico era, en realidad, excesiva. Era, sin duda, el Enigma más ansioso del mundo por cumplir con su “tarea”. Nutría a su pareja con esmero, con la excusa de que su hijo necesitaba un lecho más sólido, para dar rienda suelta a su deseo.
Probablemente molesto porque sus padres no se iban a dormir pronto y preferían pelearse en la cama, el pequeño Cacahuete se dio la vuelta, estirando sus cortas piernas. Sheng Shaoyou no pudo evitar soltar un gemido ahogado. Su expresión de éxtasis era increíblemente seductora. Su voz era ronca, su sien estaba perlada de sudor, y todos los músculos de su cuerpo estaban tensos. Sus labios, ligeramente entreabiertos, y la glándula de su nuca, desprendían un aroma embriagador. La glándula estaba caliente, palpitando, y Hua Yong, que no pudo resistirse a besarla, sintió como si estuviera lamiendo un corazón.
—Uhm…
Apretó los dientes con control, y sus colmillos blancos mordieron la glándula del Alfa, que no estaba preparada para recibir una marca. Los movimientos de Hua Yong podían considerarse tiernos, pero la dosis de feromonas que inyectó fue considerable. La oleada de feromonas de alto nivel que recorrió su sangre hizo que Sheng Shaoyou arqueara la espalda. Estaba fuertemente abrazado, la habitación impregnada de un aroma intenso. El diligente Enigma preparaba con esmero el lecho de su hijo.
La línea general del rostro de Sheng Shaoyou era dura, pero sus labios eran carnosos, de una forma exquisita que invitaba a besarlos. Y Hua Yong, que lo poseía por completo, era un hombre de acción. Así que, una vez más, estampó sus labios contra los suyos. Molestado en su sueño por los adultos revoltosos, el pequeño Cacahuete volvió a protestar, estirando sus manitas en un bostezo imperfecto. Sheng Shaoyou soltó un “uh”, pero el beso fue ineludible. Le sujetaron la cintura, y su cuerpo pareció dejar de pertenecerle. El placer, como una niebla, lo envolvió, elevando su conciencia. Su cuerpo estaba lánguido, su mente, febril. Estaba inmerso en una nube de calor dulce y aromático. Sus ojos ardían. Lágrimas fisiológicas, imposibles de contener, brotaron de sus párpados entrecerrados.
La conciencia de Sheng Shaoyou también se volvió borrosa. No supo qué tonterías dijo. Parecía que primero había insultado a Hua Yong, pidiéndole que esperara, y luego se había quejado de que era demasiado lento. Rara vez se mostraba tan incoherente. Pero Hua Yong, que recibió la reprimenda, no se enfadó en absoluto. Lo consoló en voz baja, besando sus sienes, sus labios entreabiertos.
El grande no paraba, y el pequeño tampoco. Este par, padre e hijo, eran a cada cual más terrible, a cada cual más revoltoso. El pequeño Cacahuete le hacía daño a Sheng Shaoyou. Y el grande lo dejaba tan cansado que no podía ni levantar un brazo.
El amor y ser amado eran igualmente adictivos, tan difíciles de dejar como una droga. Hua Yong, que había preocupado al viejo médico, estaba lleno de energía. En cambio, Sheng Shaoyou estaba agotado, sin aliento, casi sin poder abrir los ojos. Era como un escalador, aferrado a un acantilado escarpado, suspendido en el aire, sin poder avanzar ni retroceder. Pero cada vez que pedía que pararan, un beso ligero como una pluma caía sobre su mejilla, animándolo. Hua Yong estaba decidido a conseguir todo de él. Era como si Sheng Shaoyou fuera el último pastel del mundo, y Hua Yong tuviera que luchar con todas sus fuerzas para conseguirlo.
La crema, frágil y fina, se derritió, goteando en el suelo, dulce, rara, insaciable. El sudor le recorrió la espalda, y fue lamido, vértebra por vértebra. Aunque sus movimientos eran bruscos, los besos de Hua Yong siempre fueron muy, muy tiernos.
…
A la una de la madrugada, Sheng Shaoyou, sujetándose la cintura, se metió en la ducha con el rostro serio. Hua Yong lo siguió, llamándolo “señor Sheng” de forma melosa, pero se encontró con la puerta de cristal de la ducha cerrada en sus narices. A través del cristal transparente, no podía tocarlo, pero sus ojos no se apartaban de su posesión, conseguida con tanto esfuerzo. El agua fluía, resbalando por su cuerpo, por su cintura de líneas exquisitas. A través del cristal, Hua Yong lo miraba sin parpadear. En el baño lleno de vapor, sintió sed.
—Señor Sheng, ¿quiere que lo ayude?
Sheng Shaoyou, con los ojos cerrados bajo la ducha, el vapor enrojeciendo su apuesto rostro, fingió no oírlo. Aprovechando que tenía los ojos cerrados, Hua Yong abrió sigilosamente la puerta, se quitó el albornoz y se pegó a él, con un movimiento suave pero irrefutable. —¿No te cansas nunca?
Sheng Shaoyou le dio un codazo sin miramientos. El Enigma, con su bajo umbral del dolor, que apenas había sentido algo cuando Sheng Shaoqing le clavó el cuchillo, ahora soltó un “ssh” quejumbroso. Ese sonido funcionó. La fuerza de Sheng Shaoyou disminuyó considerablemente. Al no encontrar más resistencia, Hua Yong volvió a pegarse a él, insistente. Esta vez, Sheng Shaoyou no lo apartó. Solo frunció el ceño bajo la ducha, dejándose abrazar.
—Shaoyou.
De repente, lo llamó por su nombre, con la voz y la apariencia que más le gustaban. Sheng Shaoyou se detuvo. Intuyó que no era nada bueno. Efectivamente, Hua Yong, pegado a él, sus dedos como serpientes, su voz tan dulce como la manzana del Edén. —Hagámoslo una vez más, ¿sí?
Sheng Shaoyou quiso decir que no, pero Hua Yong, muy cerca de él, le preguntó como si le diera a elegir: —¿Sí? ¿Eh?
Sheng Shaoyou, con el corazón y las piernas ablandados por su roce, no pudo decir que no, pero tampoco que sí. Solo dudó un segundo antes de que lo besaran con firmeza.
…
Después de un buen rato en el baño, hasta la voz se le había vuelto ronca por el vapor. Con las comisuras de los ojos, la punta de la nariz y los labios enrojecidos, Sheng Shaoyou echó al “tirano” del baño y le dijo con saña: —¡Lárgate! ¡Si seguimos así, mañana no podré ir a trabajar!
—Iré yo por ti.
—¿Para qué? ¿Para hundir a Shengfang Bio y que X Holdings domine también aquí? —La mirada de Sheng Shaoyou se volvió afilada.
Hua Yong seguía pareciendo dispuesto a dejarse moldear. Dijo en voz baja: —No.
Carecía de la más mínima vergüenza. Miró a Sheng Shaoyou con ojos tiernos y, con un rostro frágil, hermoso y puro, le dijo: —No quiero hundir a Shengfang Bio, solo quiero hundirte a ti. El señor Sheng es muy cómodo de abrazar.
Sheng Shaoyou, que se consideraba a sí mismo bastante descarado, se dio cuenta de que este tipo no tenía el más mínimo pudor. Discutir con él era cavar su propia tumba. Con la cara ardiendo, se dio la vuelta, se enjuagó rápidamente, se secó y salió desnudo. Había estado tanto tiempo en la ducha que hasta la piel se le había enrojecido. Hua Yong ya se había vestido. Su cuello y su cara, sonrosados, lo miraban con una expresión de fascinación. Se acercó y le besó la marca de orquídea en la nuca.
—El señor Sheng es guapísimo.
—Tú eres un descarado.
Hua Yong sonrió, satisfecho. —Sí, lo soy. Solo te quiero a ti.
Podía prescindir de todo lo demás. Porque lo único que quería, lo que anhelaba, ya estaba en sus brazos.
FIN HISTORIA PRINCIPAL.
Necesito más 😭