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Al escuchar a las fans gritar desde la acera opuesta que habría fuegos artificiales, Ling Yi se emocionó al instante. “¿En serio? ¿Serán bonitos?”
“¡Súper bonitos!”
Entonces, los seis chicos se apresuraron a ir junto al río para ver los fuegos artificiales, pero había mucha más gente de la que esperaban. Estaba tan abarrotado que apenas tenían espacio para moverse. Apenas se detuvieron, ya estaban rodeados por una multitud.
“Si nos quedamos aquí mucho tiempo, no seremos nosotros quienes veamos los fuegos artificiales” advirtió Lu Yuan con un caramelo en la boca. “Serán ellos quienes nos vean a nosotros.”
“¿No hay ni un solo lugar con menos gente?” preguntó He Ziyan girando la cabeza.
Jiang Miao, con las manos en los bolsillos, suspiró. “Lo dudo. Mejor nos retiramos antes de que atraigamos más atención y los fans formen un alboroto.”
Ling Yi, aferrado al brazo del líder, refunfuñó. Pero Pei Tingsong observó la superficie distante del río y, rozando su hombro contra el de Fang Juexia, murmuró: “¿Quieres verlos?”
Fang Juexia, aún envuelto en capas de ropa, solo asomó sus bonitos ojos brillantes. Un par de pestañeos bastaron para que Pei Tingsong entendiera.
“Ok” dijo, apretándole brevemente el hombro. “Espérame aquí.”
Los demás se quedaron perplejos hasta que, minutos después, Pei Tingsong regresó.
“Vamos. A ver los fuegos” anunció, tirando de la manga del sudadera de Fang Juexia.
“¿Adónde?” preguntó Ling Yi desconcertado.
La respuesta fue un enorme transatlántico frente a ellos.
Lu Yuan silbó, avanzando hacia la entrada. “¿Cuánta gente hay dentro?”
“Nadie. Lo alquilé” respondió Pei Tingsong, sin soltar a Fang Juexia. “¿No querías ver los fuegos?”
He Ziyan, imitando a un veterano comunista, cruzó las manos atrás y sacudió la cabeza. “Miren este derroche capitalista.”
Ling Yi parpadeó. “¿Lo pagaste con esos 10 mil con los que chantajeaste a las fans?”
“¡JAJAJAJA!”
El río brillaba bajo la noche, pero la visión de Fang Juexia seguía difusa. Pei Tingsong lo guio, paso a paso y sin hacer ruido, por las escaleras del barco hasta la cubierta. Faltaban menos de tres minutos para el espectáculo. Los seis se alinearon junto a la barandilla, mirando hacia el cielo.
“¿Está por empezar?”
“Sí, estamos muy cerca.”
“Es cierto, cuando los enciendan, estaremos justo debajo.”
Pei Tingsong se recostó contra Fang Juexia, los dorsos de sus manos rozándose levemente. Piel que se acercaba solo para separarse de nuevo. Entre sus compañeros, bajo el manto de la noche, ocultaban con discreción corazones que ansiaban fundirse.
Escucharon la cuenta regresiva proveniente de un barco cercano, lleno de turistas.
Fang Juexia, casi por instinto, comenzó a contar con ellos en su mente: tres, dos, uno…
El cielo nocturno, hasta entonces silencioso y oscuro, se iluminó de repente cuando una llama ascendió. Con un fuerte estruendo, los fuegos artificiales explotaron ante su visión borrosa, llenando el cielo con brillantes destellos blancos, fugaces pero deslumbrantes, como meteoros cruzándose en el horizonte. Fang Juexia se dio cuenta de que ver fuegos artificiales a través de una pantalla o desde lejos no era lo mismo. Solo estando allí, viéndolos en persona, podía sentir el verdadero esplendor de su floración.
Cada fragmento de luz descendía como un río de plata líquida, como si pudieran ser parte de esa gran celebración. Pera al final, solo desvanecerse a mitad de camino.
Las llamas en el cielo eran devoradas por la noche mientras que los reflejos en el río, ahogados por las olas.
Los nuevos fuegos artificiales sustituían a los anteriores antes de que estos se desvanecieran por completo. El eco de las explosiones resonaba a través de sus cuerpos, vibrando con sus corazones, golpeando sus pechos.
Ese era el último canto de su existencia.
“¡Wow! ¡Son tan hermosos!” exclamó Ling Yi, señalando el cielo. “Miren ese, ¿no parece una espiga de trigo?”
“Hay que pedir un deseo, rápido.”
“¿Eres una niña pequeña o qué? ¿aun pidiendo deseos?”
Ling Yi no se inmutó. “¡Claro que sí! Que mis papás estén sanos y que no engorde aunque coma mucho.”
Jiang Miao se rio también. “Que Kaleido tenga más éxitos.”
“¡Sí!” añadió Ling Yi. “Y que este año ganemos suficiente dinero para irnos de vacaciones a las Maldivas.”
Pei Tingsong, mirándolo incrédulo, replicó, “¡Dios que persístete eres! De acuerdo, escúchame yo mismo te llevaré.”
He Ziyan y Lu Yuan comenzaron a molestarlo, pero Ling Yi se mostró firme. “No, quiero que la empresa me pague el viaje.”
“Como quieras.”
Ling Yi, con un aire más conforme, agregó: “Aunque… no estaría mal si me llevaras a Dubái.”
“¡Tsk, sigue soñando!”
“Juexia”, gritó Ling Yi sobre el ruido de los fuegos artificiales, “¿Tú no quieres pedir un deseo?”
“¿Yo?” Fang Juexia, fascinado por el espectáculo, vaciló un poco.
¿Un deseo…?
Cuando pensó en esa palabra, su primer pensamiento fue Pei Tingsong.
Era increíble. En lugar de un deseo para él mismo, lo primero que se le ocurrió fue uno relacionado con Pei Tingsong.
Fang Juexia sonrió. “Espero que los deseos de todos se hagan realidad.”
“¡Miren qué angelito tenemos aquí!”
Mientras sus compañeros bromeaban, la mano de Fang Juexia, oculta bajo la manga larga de su sudadera, buscó a tientas la de Pei Tingsong, siguiendo el contorno de la barandilla.
Con todos hipnotizados por los fuegos artificiales, Fang Juexia aprovechó para tomar secretamente la mano de Pei Tingsong.
Pei Tingsong, que estaba discutiendo con Ling Yi, de repente se quedó congelado. Giró la cabeza y vio los ojos de Fang Juexia, quien seguía mirando hacia el cielo, lleno de fuegos artificiales.
Pei Tingsong apretó la mano de Fang Juexia, sosteniéndola con fuerza.
Excepto por los fuegos artificiales, nadie era consciente de este amor secreto.
Cada vez más fuegos artificiales subían al cielo, iluminando la noche por completo. Fang Juexia, con el rostro levantado, se sentía como un niño, lleno de emoción. Tal vez era porque nunca había visto fuegos artificiales tan de cerca.
O tal vez, era porque nunca había visto una oscuridad tan deslumbrante.
Los fuegos artificiales, aunque formados por muchas chispas fugaces, no duraban mucho. Finalmente, la noche volvió a su calma habitual, como si esas magníficas explosiones nunca hubieran ocurrido.
Cuando todo terminó, todos se sintieron un poco melancólicos, sin ganas de irse. Así que permanecieron en el barco, navegando por el río, charlando y disfrutando de las vistas nocturnas.
Hacía mucho tiempo que no tenían una oportunidad así. Siempre atrapados entre una agenda y otra, agotados por sus rutinas, apenas tenían tiempo para hablar.
Jiang Miao contó la trama de un guion que había estado leyendo, mientras Lu Yuan hablaba de los rumores del programa de baile en el que estaba participando. Fang Juexia escuchaba en silencio, añadiendo algún comentario ocasionalmente.
La superficie del río recuperó su calma, dándole una inexplicable sensación de familiaridad. Cuando vivía en Guangzhou, había viajado varias veces en barcos similares. Se apoyó en la barandilla, cerró los ojos y dejó que la brisa húmeda acariciara su rostro, como si por un instante hubiera regresado a su tierra natal.
“¿Cansado?” la voz de Pei Tingsong lo sacó de sus pensamientos.
Fang Juexia abrió los ojos y negó con la cabeza.
“Es solo que… extraño un poco mi hogar.”
Era la primera vez que Pei Tingsong lo escuchaba hablar de añoranza. Apoyó ambas manos en la barandilla. “¿Es por el barco?”
Fang Juexia asintió.
“Y por los mercados nocturnos, los puestos callejeros, toda esa variedad de comida. Es raro. Cuando estoy en Pekín no lo siento, pero al llegar a una ciudad con tanta vida cotidiana como esta, comienzo a extrañar.” Se giró, apoyando ahora la espalda contra la barandilla. “En Guangzhou la comida es deliciosa. Cuando salía de clase con hambre, compraba fideos fritos en la calle y té de calabaza blanca. Era una tienda muy antigua; la dueña lo servía en bolsas de plástico con un sorbete.”
Mientras hablaba, gesticulaba y miraba de reojo a Pei Tingsong, como temiendo que no le creyera.
“Era realmente bueno” insistió.
“¿Sí?” Pei Tingsong frunció el ceño, fingiendo esfuerzo por imaginar. “Pero no logro saber a qué sabría.”
Fang Juexia se desanimó, culpando a su falta de elocuencia.
Hasta que Pei Tingsong añadió: “Tendrás que llevarme personalmente para que lo compruebe.” Contó con los dedos: “Y tu escuela, los puestos que te gustaban, los callejones que recorriste… Quiero verlo todo.”
Fang Juexia miró de reojo a Ling Yi y los otros, que seguían admirando el cielo, antes de responder. “Nunca dije que te llevaría”
“Lo harás” afirmó Pei Tingsong, con una seguridad absoluta, como si fuera un hecho inevitable.
Fang Juexia no pudo evitar reír. “Siempre hablas con tanta confianza, como si nunca te equivocaras.”
“No es eso. Nací confiado, pero sé que me equivoco a menudo” respondió Pei Tingsong. “Contigo, por ejemplo, he errado una y otra vez.”
Fang Juexia se quitó el cubrebocas. “¿Cómo lo de los rumores de las reglas no escritas?”
Pei Tingsong rio abiertamente. “Para ser sincero, sospeché de ese rumor desde el principio. Y, para ser honesto, realmente no me importaba.”
“Entonces, ¿por qué fuiste tan duro conmigo en ese momento?” Fang Juexia se acercó un poco más, como si lo estuviera acusando. “Siempre me atacabas con lo de las reglas no escritas.”
Pei Tingsong levantó las manos en señal de rendición. “No pretendo justificarme.” Se encogió de hombros. “Tal vez no me lo creas, pero en ese momento me molestaba más que no lucharas por aclararlo. ¿Por qué dejabas que esos rumores corrieran sin siquiera intentar explicarte? Parecías desconectado del mundo, indiferente a todo.”
Fang Juexia, de repente, lo entendió.
Al final, Pei Tingsong no estaba tan preocupado por los rumores en sí, sino por su actitud hacia ellos. Eso tenía sentido, dado que Pei Tingsong siempre fue alguien que luchaba contra las injusticias, que desafiaba todo lo que no le parecía correcto. Un chico lleno de pasión no podía entender a alguien que parecía frío y distante ante todo.
“Pero luego, cuando te conocí mejor y escuché la verdad de Liang Ruo, me di cuenta de que solo estabas tratando de proteger a alguien más.”
Pei Tingsong suspiró profundamente, sacudiendo la cabeza. “Eres más amable con los demás que contigo mismo. Aunque casi te costó tu carrera, seguías tratando de proteger la reputación de esa persona.”
Fang Juexia, sin embargo, dijo: “No lo hacía para protegerlo a él. Lo hacía para protegerme a mí mismo.”
Esa afirmación dejó a Pei Tingsong perplejo. “¿Protegerte a ti mismo?”
Fang Juexia bajó la cabeza y sonrió. “Este mundo es demasiado complicado. Desde mis días como aprendiz, sabía que la habilidad por sí sola no determina el éxito. He visto todo tipo de formas de ascender, todo tipo de transacciones. Muchas personas que no tienen lo necesario para ser cantantes o bailarines pueden debutar fácilmente, siempre que estén dispuestas a cambiar y a intercambiar una parte de sí mismos. En ese ambiente caótico, lo más difícil no es alcanzar el éxito ni debutar, sino mantenerse intacto.”
“No podía usar el asunto de Liang Ruo para limpiar mi nombre, aunque eso hubiera ayudado a mi carrera, porque él también era una víctima. Eso es algo que no podría hacer. Así que lo único que podía decir era que no había hecho esas cosas.”
De pronto, Pei Tingsong volvió a sentir lo mismo que cuando conoció a Fang Juexia por primera vez: era como una rama seca pero recta, terco y resistente, prefiriendo romperse limpia antes que doblarse.
Quizás fue porque de niño vio el mejor lado de su padre, un bailarín exitoso que amaba a su familia y la vida, y también presenció cómo el fracaso lo enloqueció hasta convertirlo en otra persona, alguien que perdió su esencia. Por eso, tal vez Fang Juexia había desarrollado esta filosofía de vida tan firme.
“Desde pequeños, recibimos todo tipo de enseñanzas. Muchos nos dicen qué debemos perseguir, qué obtener, por qué deberíamos esforzarnos. Pero casi nadie nos dice qué debemos conservar. Y yo solo quiero preservar mi esencia.”
Fang Juexia lo miró. “Antes pensaba que era fácil, pero al crecer descubrí que es más complejo y difícil de lo que imaginaba. Los humanos somos poliedros tan intrincados que cualquier cara o vértice puede ser tomado para representarnos. Así nos juzga el mundo, de forma fragmentada y unidimensional.” Negó levemente con la cabeza. “Pero sé que esa parte de mí que quiero conservar es lo único que realmente me representa.”
Sabía que había dicho cosas que a otros les parecerían extrañas, pensamientos que siempre guardó para sí. Al ver la mirada compleja de Pei Tingsong, frunció el ceño. “¿Por qué me miras así? ¿Dije algo malo?”
Pei Tingsong sonrió y comenzó a explicar: “Sé que cada quien tiene distintos referentes, así que probablemente no conozcas a este hombre del siglo XVI, un filósofo llamado Spinoza.”
“Spinoza…” Fang Juexia repitió el nombre, confirmando su desconocimiento.
“Uno de sus grandes logros fue armonizar tres clasificaciones opuestas de ética…” Al ver la expresión confusa de Fang Juexia, rectificó: “Bah, hablemos simple. En su obra ‘Ética’ escribió: ‘Cada cosa, en cuanto depende de sí misma, se esfuerza por perseverar en su ser. Este esfuerzo por perseverar en su ser no es sino la esencia misma de la cosa en cuanto se concibe como determinada a existir por una cierta duración’
Bajo la luz de la noche, Fang Juexia quedó momentáneamente perplejo.
“¿No es fascinante?” Pei Tingsong alzó una ceja. “Al escucharte, sentí como si a través del tiempo, viera el pensamiento filosófico de Spinoza encarnado en ti. Suena místico, pero lo sentí así.”
Spinoza era uno de sus filósofos favoritos, quien con calma y entereza enfrentó un destino trágico sin rendirse jamás.
“En este momento me conmueve profundamente que, sin haber leído sus obras ni estudiado su teoría, hayas llegado a vivir así por ti mismo. Pensé que las ideas realmente pueden trascender carne y tiempo, encontrándose en un plano abstracto para resonar juntas.”
Fang Juexia también era un rebelde, aunque su rebeldía, a diferencia de la de Pei Tingsong, era una defensa instintiva para protegerse a sí mismo.
Las palabras de Pei Tingsong dejaron a Fang Juexia con una sensación difícil de describir. Le parecían extrañas, pero al mismo tiempo, sentía que Pei Tingsong solo lo decía por el afecto que le tenía. Fang Juexia, que no tenía conocimientos de filosofía, se sintió curioso por la descripción de Pei Tingsong. “Entonces… ¿qué clase de persona era Spinoza?”
“¿Cómo explicarlo?” Pei Tingsong reflexionó un momento. “Era alguien que dominaba las matemáticas, por lo que casi abordaba la filosofía de una manera matemática: extremadamente racional y autocontrolado. No tienes idea de cómo vivía. Pasaba la mayor parte de su tiempo encerrado en su habitación, investigando, sin ver a nadie durante días.”
Fang Juexia preguntó con interés, “¿Y tenía ingresos?”
“Eso es aún más fascinante”, respondió Pei Tingsong, tomando la mano de Fang Juexia mientras jugueteaba con ella. “En un principio, fue profesor, pero luego se dedicó a pulir lentes. Era bastante bueno, pero no lo hacía realmente por negocio. Cada año calculaba exactamente cuántos lentes necesitaba pulir para cubrir sus gastos básicos y costos de investigación, y cada trimestre volvía a hacer cuentas. Vivía con una precisión extrema.”
Al terminar, Pei Tingsong se rio. “Realmente te pareces a él.”
Fang Juexia lo pensó un momento y lo encontró divertido. Aunque Pei Tingsong se estaba burlando, al menos lo comparaba con un gran filósofo, lo cual era todo un halago. “Cállate, no merezco tanto.”
Pero Pei Tingsong habló con total sinceridad: “Mereces todo”. Estaba feliz por haber entendido un poco más a Fang Juexia, como si se hubiera acercado un paso más a su alma. Para un bloque de hielo tan cerrado como él, esto era un gran avance.
Ling Yi regresó corriendo para presumir el dialecto que había aprendido. “¿Cómo sueno, Juexia? ¿Lo hago bien?”
Justo cuando Fang Juexia iba a asentir, Pei Tingsong se adelantó: “No se parece en nada. Todo lo que imitas termina sonando a dialecto de Chengdu.”
“¡Tú! ¿Y qué si hablo como de Chengdu? ¡Guā xīxī lei!, ni siquiera podrías imitarlo, ¡bah!”
Dicho esto, Ling Yi salió corriendo. Pei Tingsong, completamente desconcertado, miró a Fang Juexia. “¿Acaba de insultarme? Seguro que me insultó, ¿verdad?”
Fang Juexia fingió ignorancia. “¿Ah? No lo sé.”
“Seguro que sí, ese mocoso malvado.” Pei Tingsong se remangó y quiso ir tras él, pero Fang Juexia lo detuvo. “Tú te lo buscaste por decir que no lo hacía bien.”
“Pero es la verdad.” El pequeño tirano respiró hondo, exasperado. “Bueno, no voy a rebajarme a discutir con un soltero sin amor como él.”
Al oír esto, Fang Juexia inmediatamente le dio un puntapié. “Shh.”
Pei Tingsong sonrió como pidiendo clemencia, pero pronto recordó algo más. “Por cierto, nunca me has hablado en tu dialecto. Quiero escucharte hablar en cantonés.”
“¿No canté la otra vez?” Fang Juexia se ajustó la capucha de su sudadera.
“Eso no cuenta. ¿No puedes decirme aunque sea una frase?”
Fang Juexia puso como excusa que no sabía qué decir y se negó, pero Pei Tingsong siguió insistiendo, incluso fingió saltar la barandilla para amenazarlo.
“Salta, yo no puedo ver pero al menos escucharé el chapoteo”, dijo Fang Juexia sonriendo.
“Eres demasiado cruel.”
Cuando terminaron de jugar, el barco atracó y bajaron uno por uno, regresando del río a tierra firme.
Pei Tingsong y como un matón, los abrazó a todos. “¿Se divirtieron, Geges?”
“¡Sí, gracias, jefe!”
“Entonces, vuelvan y laven mi ropa por turnos.”
“¿Qué dijiste? El viento es muy fuerte, no escuchamos.”
Fang Juexia, caminando al final, sonrió y pisó sus sombras. Cuando terminaron las bromas y se dispersaron, se acercó a Pei Tingsong, que estaba a punto de irse corriendo. “Espera.”
“¿Qué pasa?” Pei Tingsong obedeció y se detuvo.
Fang Juexia, con las manos en los bolsillos, se acercó a su oído. Un idioma desconocido, una voz más suave que la noche.
“BB, hou zung yi nei ge.”
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Nota del autor:
Traducción: “Cariño, me gustas mucho.”
El término ‘bb’ en cantonés es una forma íntima y cariñosa de llamar a alguien, como un apodo entre parejas o para niños
Hablemos un poco más de Spinoza: si les interesa, pueden escuchar esta historia. ¿Por qué Pei Tingsong diría que él luchaba contra una vida desdichada? Porque Spinoza era judío. Nació en una familia de comerciantes, una familia acomodada, y creció en ese ambiente. Estudió teología e historia, y tenía un talento excepcional, lo que lo llevó poco a poco por el camino de la investigación filosófica. Debido a su trasfondo religioso, reflexionó mucho sobre cuestiones relacionadas con la filosofía de la religión, y también cuestionó algunos aspectos de la teología de la época.
A los 23 años, fue convocado por la comunidad judía para rendir cuentas. Se rumoreaba que difundía enseñanzas heréticas. Como no quiso fingir conformidad con ellos, fue excomulgado y expulsado de la comunidad. Su padre también lo echó de casa, y su hermana incluso intentó arrebatarle la pequeña herencia que le correspondía. En una ocasión, mientras caminaba por la calle, un devoto estudiante de teología casi lo apuñala con un cuchillo porque había violado los preceptos religiosos. Después, alquiló una buhardilla en las afueras de Ámsterdam, y pasó de vivir sin preocupaciones a enfrentarse a la pobreza y la soledad.
Sin embargo, muchas personas lo admiraban, e incluso hubo quien quiso dejarle toda su herencia, pero Spinoza lo rechazó.
En ese tiempo, las investigaciones de Spinoza eran extremadamente peligrosas. ¿Cuánto? Pues tuvo que escribir sus obras en secreto, sin publicarlas, porque de lo contrario su vida correría peligro. Le dio una llave al casero, pidiéndole que publicara sus libros tras su muerte.
Su vida fue bastante legendaria, así que si les interesa, pueden buscar más información~”