Capítulo 79: Sacar a la luz el pasado en público

Arco | Volúmen:

No disponible.

Estado Edición:

Editado

Ajustes de Lectura:

TAMAÑO:
FUENTE:

—¡Cállate de una vez! —Allen habló con rabia contenida. De verdad quería estrangular a He Yishu para que no volviera a tener la oportunidad de abrir la boca. Sin embargo, la realidad era que, en ese momento, aparte de golpear con furia el panel de control para desahogarse, no podía hacer absolutamente nada—. ¡Yo no me he rendido! ¡Seguro que el mecha tuvo una falla, por eso pasó esto! ¡Deja de decir tonterías!

—¿Una falla del mecha? ¿No te parece que tu idea es demasiado ingenua? —He Yishu soltó una risa burlona y, por fin, dejó de provocar a Allen para decir la verdad—. Ya que eres tan estúpido, seré magnánimo y te diré la realidad: la razón por la que ahora estás completamente inmovilizado es porque la carta rúnica que utilicé tiene una propiedad especial: puede congelar el tiempo del oponente. Así que ahora deberías entender claramente tu situación, ¿no?

Sin embargo, esa verdad era aún más difícil de aceptar para Allen que la idea de una falla del mecha. ¿Cómo podía ser un efecto de una carta rúnica? ¡Eso era simplemente imposible!

Por más que lo pensara, Allen no podía aceptar que una carta creada por He Yishu pudiera tener una propiedad tan especial.

—¡Eso es imposible! —exclamó—. Solo estás diciendo eso para humillarme a propósito. ¡Eso no puede ser verdad!

He Yishu sonrió y preguntó:

—¿Así que no me crees?

Allen rechazaba la idea de pies a cabeza:

—He Yishu, lo que dices es imposible. ¡Jamás me dejaré engañar por ti!

—Aunque en realidad no tengo la obligación de explicar tu situación actual, dado que estoy de buen humor, puedo ayudarte a aclarar tus dudas —dijo He Yishu mientras intercambiaba una mirada con Adrian y le indicaba que retrocediera unos pasos con el mecha—. ¿No dices que no me crees? Entonces te daré otra oportunidad: veamos si puedes causar siquiera un 0,1 % de daño a nuestro mecha.

Un 0,1 % de daño. Aquello era una humillación descarada. Allen estaba a punto de responder con palabras cuando, al instante siguiente, descubrió que su mecha ¡había vuelto a moverse!

¿Qué demonios estaba pasando?

Tras quedarse atónito por un instante, un pensamiento que no quería aceptar surgió en su mente: ¿acaso la pérdida de control del mecha de antes realmente tenía que ver con He Yishu?

Pero enseguida negó esa idea por completo, porque no estaba dispuesto a creer, pasara lo que pasara, que las cartas rúnicas creadas por He Yishu pudieran llegar a tal nivel.

En ese momento, si quería negar esa posibilidad, la mejor forma era eliminar directamente a He Yishu. Solo así podría disipar por completo la ira y la frustración que hervían en su interior.

Con los dientes apretados, Allen lanzó de nuevo el ataque. Esta vez no eligió el combate cuerpo a cuerpo, sino el arma de ataque a distancia más poderosa del mecha: el cañón de partículas.

Sumado a las cartas rúnicas de refuerzo de ataque del creador de cartas, si ese disparo alcanzaba el objetivo, He Yishu y Adrian serían expulsados de la competición al instante.

Con una mirada feroz, Allen disparó el cañón de partículas a corta distancia, observando con los ojos inyectados en sangre el mecha de He Yishu y Adrian, esperando verlos volar fuera del campo de batalla. Sin embargo, justo cuando el proyectil de partículas, avanzando a gran velocidad, estaba a punto de impactar contra el mecha, ¡se detuvo de repente en el aire, perdiendo por completo todo su impulso!

¡¿Qué… qué demonios?!

Allen se quedó boquiabierto ante la escena que se desarrollaba frente a sus ojos, incapaz de creer lo que veía.

Un proyectil de partículas en pleno ataque, capaz de rasgar el aire y destruir un mecha con facilidad, se había detenido silenciosamente, como si siempre hubiera estado suspendido en el aire, sin haberse movido jamás.

¡Eso era algo absolutamente imposible!

No solo Allen estaba atónito. Los espectadores de la red virtual también se encontraban en el mismo estado. Si no estuvieran seguros de que estaban viendo la retransmisión en directo del Torneo de Combate de Mechas, podrían haber pensado que se trataba de una competición falsa.

Sin embargo, tras unos segundos de shock, poco a poco empezaron a reaccionar. Al relacionar lo ocurrido con la causa, de forma extraña, comenzaron a sentir que la escena no era tan inconcebible después de todo.

Después de todo, si el gran maestro de las cartas rúnicas podía hacer que una carta de rango C mostrara efectos de rango A o incluso superiores; si podía aumentar la fuerza mental del creador a través de las cartas; si podía incrementar el número de usos y la duración de las cartas; si incluso podía invocar todo tipo de cosas extrañas mediante ellas…

Entonces, lo que estaba ocurriendo ante sus ojos ya no parecía tan impactante ni tan difícil de comprender.

O quizá lo correcto sería decir que ya estaban anestesiados por el “gran maestro de las cartas rúnicas”. Aunque sabían lo asombroso que era todo aquello, en cuanto se relacionaba con él, de alguna manera se volvía aceptable.

Con ese pensamiento, la admiración de todos hacia aquel maestro aumentó aún más. ¡De verdad nunca habían visto a un creador de cartas tan increíble!

Y ese mismo gran maestro, He Yishu, observado y venerado por tantos, volvió a lanzar su burla:

—El cañón de partículas es sin duda un arma de ataque a distancia muy poderosa. Pero por muy potente que sea un arma, si no puede afectar al oponente, ¿no se vuelve completamente inútil? ¿No te parece, Allen?

¿Qué podía pensar Allen? En ese momento estaba completamente aturdido. Ira, arrepentimiento, conmoción, incredulidad… todo se mezclaba en su mente, dejándolo incapaz de pensar con claridad.

Y, además, parecía que una vez más le habían dado una bofetada brutal en la cara.

Hace apenas un momento insistía en que eso era imposible, y la realidad le respondió con una palmada contundente, mostrándole lo ridículas que habían sido sus palabras.

La persona responsable de todo ello estaba justo frente a él, y aun así Allen no podía mover ni controlar su mecha, solo podía mirar impotente cómo aquel hombre se pavoneaba ante él, lanzando palabras sarcásticas que lo dejaban en una situación extremadamente humillante.

—Entonces, ¿ahora por fin estás dispuesto a creer mis palabras? —preguntó He Yishu de buen humor, retomando el tema anterior—. Ya te dije que en el Torneo de Combate de Mechas no podían existir fallos de ese tipo, pero no quisiste creerme. ¿Ahora ya lo entiendes? Aunque, si todavía te niegas a aceptar la realidad, no me importaría darte otra oportunidad para que lo experimentes una vez más. Solo que… ¿crees que realmente hace falta?

Allen apretó los dientes y no respondió. Su rabia y resentimiento habían llegado al límite, pero no podía desahogarse; tenía que tragárselo todo a la fuerza, una sensación que casi lo hacía explotar.

—Ya que no dices nada, lo tomaré como que ya eres consciente de tu problema —continuó He Yishu, sintiéndose ya bastante satisfecho—. Entonces, podemos pasar tranquilamente al siguiente asunto. Dime, ¿de qué manera prefieres ser eliminado? ¿Te gusta más el combate cuerpo a cuerpo o prefieres un ataque a distancia?

La fuerza destructiva de esa pregunta fue demasiado grande. Allen, que ya estaba al borde de estallar, explotó por completo:

—¡He Yishu, maldita sea, cállate! ¡No tienes derecho a humillarme así!

—¿Crees que no tengo derecho a decirte eso? —He Yishu no se enfadó; al contrario, soltó una risa baja—. Entonces, cuando fuiste tú quien vino a buscarme para proponerme formar equipo, pero en realidad solo querías usarme para humillar a Adrian, ¿te planteaste si tú tenías derecho a menospreciarme a mí?

Allen jamás esperó que He Yishu sacara a relucir ese asunto en ese momento, y su furia aumentó aún más:

—¡He Yishu, todavía tienes cara para mencionar eso! En aquel entonces yo quería sinceramente formar equipo contigo. Que me rechazaras, bien, pero ahora pretendes usar ese asunto para atacarme… ¿acaso no te queda ni un poco de conciencia?

Justo eso era lo que He Yishu estaba esperando oír. De inmediato soltó una carcajada burlona:

—Allen, ¿a estas alturas todavía piensas seguir ocultando tus cálculos? Nuestra conversación de aquel entonces quedó completamente registrada por mi ordenador óptico. Puedo reproducirla en cualquier momento. En esas circunstancias, ¿aún piensas seguir mintiendo?

En realidad, Allen ya no recordaba con claridad cómo había sido exactamente su conversación con He Yishu. Pero, aunque hubiera sido rechazado, no creía haber dicho nada excesivo. Así que, aunque se mostrara ese video, él debería seguir siendo la parte perjudicada.

Con ese pensamiento, su tono se volvió aún más firme:

—Cómo fueron realmente las cosas, tú y yo lo sabemos muy bien. Por mucho que intentes amenazarme, ¡no voy a cambiar mi postura!

—¿Ah, sí? —He Yishu ralentizó deliberadamente el tono, pronunciando cada palabra con claridad—. Entonces, ¿qué tal si te digo que, el día anterior al inicio del torneo individual mixto, escuché por casualidad una comunicación tuya con otra persona… y además grabé todo lo que oí?

He Yishu no fue del todo explícito, pero el corazón de Allen dio un salto. Gracias a esa insinuación, recordó perfectamente lo que había hecho el día anterior.

Después de haber sido aplastado una vez más por Adrian en la clase práctica, Allen no pudo evitar llamar a un amigo para desahogarse. En esa conversación, mencionó de pasada el asunto de haber buscado a He Yishu tiempo atrás.

Claramente, He Yishu se refería a eso. Lo que Allen no entendía era cómo He Yishu había podido escuchar su comunicación justo por casualidad.

Por supuesto, no había sido casualidad. Fue Adrian quien había interceptado la comunicación de Allen y luego se lo contó a He Yishu, que ahora lo usaba como arma para enfrentarse a él en la competición.

De hecho, si Adrian no le hubiera contado esto, He Yishu no habría sacado a relucir ese asunto en público. Después de todo, por la actitud que Allen mostró en aquel entonces, no se podía deducir directamente que hubiera ido a buscarlo solo para atacar a Adrian.

Pero ahora, con pruebas en la mano, ya no tenía por qué tragarse aquel agravio en silencio. Al contrario, podía desquitarse bien a gusto, algo que encajaba mucho mejor con su carácter.

—Recuerdo muy bien que ayer, en esa comunicación, dijiste con total claridad que la única razón por la que me buscaste en aquel entonces fue para engañar a Adrian. Quién iba a pensar que yo sería tan desagradecido y te rechazaría —reprodujo He Yishu con evidente buen humor las palabras que Allen había dicho—. También dijiste que yo solo tenía ojos para el dinero, que era vulgar hasta el extremo, y que solo alguien como Adrian estaría dispuesto a formar equipo conmigo, ¿verdad?

Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments

Comentar Párrafo:

Dejar un comentario:

 

0
Would love your thoughts, please comment.x
()
x