Capítulo 8

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Por qué llegó a querer a A-Chong?

Ning Yu nunca había reflexionado detenidamente sobre esa pregunta.

Li Zongsheng1 alguna vez cantó que el amor es una fiebre alta. Si le pidieran a Ning Yu que describiera lo que sentía al querer a A-Chong, él solo diría: No estoy lúcido, estoy enfermo, he contraído una fiebre muy alta, y el papel que A-Chong desempeñaba en esta enfermedad era el de todo tipo de medicamentos. A veces era aspirina, a veces era vitamina C, y otras veces era procaína. Ning Yu no aplicó el remedio adecuado a la enfermedad y con ese montón de medicamentos, solo logró que la fiebre no cediera, estando enfermo un año entero.

Poco después de conocer a A-Chong, en efecto, había tenido una fiebre baja y persistente, pero Ning Yu no le dio mucha importancia. Cuando solía tener dolores de cabeza o fiebre ligera, con beber agua, comer más verduras y aguantar una semana se le pasaba. Al fin y al cabo, los hombres no son tan delicados, así que durante esos días en Tailandia solo tomó un poco de medicina y no se lo dijo a nadie.

El segundo día con el tour, llegaron a Pattaya.

Ning Yu era un poco peculiar. A los demás, cuando salen de viaje, les gusta ver el paisaje, pero a él, su parte favorita era viajar en auto. Ya fuera en avión, en tren o en autobús, a él le encantaba.

Siempre ha pensado que el tiempo viajando en auto era el verdadero viaje. Durante ese periodo, toda la espera y la expectativa se iban gestando, mientras que él y las personas en el vehículo establecían una conexión fugaz, yendo juntos hacia un lugar desconocido. En el auto leía, o miraba el paisaje cambiante tras la ventana, siendo ese el momento más tranquilo y valioso. A Ning Yu le gustaba reflexionar sobre las cosas durante el trayecto, muchas de sus cuestiones las logró resolver viajando en auto.

Pero viajar en un tour grupal no era así.

“—… Así que, en realidad, cuando vengan a Tailandia, no se limiten solo a tomar fotos y publicarlas en sus redes sociales. Si ni siquiera llegan a conocer la cultura e historia de este lugar, podríamos decir que vinieron en vano—”. A-Chong, sosteniendo un micrófono en la parte delantera del autobús, explicaba sonriente. “—Sobre Pattaya, creo que antes de venir todos deben tener cierto conocimiento, ¿verdad? Pattaya tiene un apodo: “la capital sexual de Oriente”. Algunos dicen que Pattaya es el paraíso de los hombres, otros dicen que Pattaya no tiene nada más que sexo. Esta ciudad es abierta y libre. Cuando esta noche lleguemos al barrio rojo, verán en la calle a algunos viejos diablos extranjeros llevando de la mano a una bella chica tailandesa. Esto es lo que en Tailandia se llama “alquiler de esposas” …—”

Estaba de pie, recostado contra el respaldo del asiento del autobús, todo él se veía flojo y despreocupado .

En realidad, Ning Yu no estaba escuchando lo que decía A-Chong, le parecía ruidoso el sonido del micrófono y llevaba puestos los auriculares escuchando música. En un principio quiso leer, pero mientras leía, sus ojos se desviaban constantemente hacia el frente. Así que, prefirió no seguir leyendo y se permitió mirar a A-Chong hablar.

Mirar a A-Chong hablar.

Cuando hablaba, era como si estuviera actuando. Incluso si no se podía escuchar su voz, los gestos y expresiones de A-Chong eran por sí solos un deleite para la vista. Ning Yu no sabía de dónde había surgido ese pensamiento, pero en fin, le parecía que A-Chong era muy guapo cuando hablaba. Y, combinado con la música que sonaba en sus auriculares en ese momento, la escena frente a él comenzó a adquirir vitalidad.

A-Chong era el protagonista de esta obra muda ante sus ojos. Su boca se abría y cerraba, sus ojos se alzaban, le dijo algo a esa chica de la fila delantera, quizás una palabra de broma, y la chica se rió tapándose la boca.

A-Chong frotó suavemente el micrófono con el dedo índice. Pareció esbozar una leve mueca en la comisura de los labios, y en sus ojos apareció una sonrisa que denotaba a la vez comprensión y fastidio, como una nube de tormenta que pasara flotando.

Antes de que A-Chong volviera la mirada hacia él, Ning Yu retiró la suya.

Los otros catorce integrantes del grupo habían llegado acompañados, en su mayoría parejas. Ning Yu, por desgracia, se había quedado solo y básicamente caminaba en solitario. Lo curioso era que A-Chong, como guía, también era el que sobraba, porque la guía local, A-Feng, no los acompañaría en Pattaya; de ahí en adelante, el itinerario estaría solo a cargo de A-Chong.

Tampoco estaba claro quién se había sentado primero al lado de quién, pero el caso es que Ning Yu y A-Chong durante el resto del viaje básicamente iban juntos. Alguien del grupo bromeó con A-Chong: —¡Oye, guía! ¿Cómo es que solo le hablas a este guapo de Shanghái? ¿Es que como nosotros no somos tan guapos, ya no nos haces caso?

A-Chong se rio con un jaja y respondió: —¡Sí, me gustan los guapos!

Todos rieron a carcajadas, bromearon un poco y nadie le dio mayor importancia. El autor del comentario parecía haberlo dicho solo en broma, y el único que quizás realmente se lo tomó en serio fue Ning Yu.

La primera actividad del itinerario era tomar una lancha rápida a la isla Ko Samet. La tarifa del grupo solo incluía dar una vuelta por el mar. Cualquier otra cosa, como tour alrededor de la isla, buceo o motos acuáticas, debía pagarse aparte. Antes de subir a la isla, Ning Yu tenía pensado probar el buceo, pero apenas subió a la lancha descubrió para su decepción que se mareaba.

Él, un gran tipo que no se mareaba en avión, ni en autobús urbano, ni en autocar, y cuyo padre era representante general de una compañía automotriz, resultó ser la única persona en esa lancha rápida que se mareaba.

El paisaje de la isla Ko Samet era realmente hermoso. El azul del cielo era limpio y transparente, el azul del mar era más intenso, y las salpicaduras alzadas por las olas brillaban bajo el sol como diamantes.

Pero por muy hermoso que fuera el paisaje, Ning Yu no estaba de humor para apreciarlo. Todos los demás en la lancha reían mientras grababan videos cortos y se tomaban selfies. Solo Ning Yu, agarrado con fuerza a la barandilla, miraba fijamente el mar azul con el rostro completamente pálido y sin expresión. La estaba pasando muy mal, como si en cualquier momento fuera a vomitarle encima a A-Chong, que estaba a su lado.

A-Chong, evidentemente, estaba acostumbrado a ese entorno. Sonriendo, comentó que la selfie de la chica a su izquierda había quedado bien, e incluso con mucha amabilidad le ayudó a aplicarse más bloqueador solar en la espalda. Tras escuchar un rato sus bromas y risas, Ning Yu sintió que se mareaba cada vez más y se ponía más nervioso e inquieto, así que simplemente se levantó tambaleándose y caminó hacia la proa, para contemplar el mar desde otra perspectiva.

En la lancha, una persona la pilotaba y la otra se encargaba de repartirles los chalecos salvavidas y revisar el estado de la embarcación. Con solo verlos se notaba que eran lugareños que residían permanentemente en este mar, su piel era tostada y amarillenta, vistiendo solo unos calzoncillos para facilitar meterse al agua. Tanto en el bote como en el mar se movían con la misma soltura que si caminaran en tierra firme.

Uno de los tripulantes parecía muy joven. Agachado en la proa, comía un plátano del tamaño de una mano mientras miraba fijamente a Ning Yu con la cara llena de curiosidad.

Ning Yu le preguntó: —¿Qué edad tienes? … How old are you?

Parecía que aún no era mayor de edad, y ya estaba aquí trabajando.

Resultó que el chico le respondió en un chino algo chapurreado: —Decírtelo, 100 baht.

¿¿¿???

Ning Yu se rio: —¿Preguntarte la edad cuesta 100 baht? ¿Acaso eres Jack Ma, para valer tanto?

El chico claramente no entendió, pero podía adivinar cómo respondería Ning Yu. Le hizo una mueca burlona, mostrando unos dientes extraordinariamente blancos.

Haber caminado un poco, sentir la brisa marina y haber sido distraído por este tonto gracioso le hizo sentirse algo mejor a Ning Yu. Justo cuando se daba la vuelta para ir a beber un poco de agua, la voz de A-Chong llegó desde un lado:

—¿Para qué preguntarle a él? Pregúntame a mí.

Ning Yu guardó silencio un momento antes de decir: —…¿Para qué preguntarte a ti? Si no siento curiosidad. Para pagar 100 baht por una pregunta, mejor me compro cualquier otra cosa.

La lancha iba a gran velocidad, y los cuerpos se sacudían balanceándose de un lado a otro, era difícil mantenerse en pie.

A-Chong se colocó al lado de Ning Yu, sacó algo de su mochila, pero sin dejar que Ning Yu lo viera.

—Entonces yo te preguntaré—. A-Chong se subió las gafas de sol, dejando ver sus ojos. —Pero los guías también somos muy pobres, cien baht por una pregunta es muy caro. Yo te hago una pregunta, tú respondes, y yo pongo algo como pago—. Dicho esto, agitó su mano cerrada.

¿Otra vez? ¿De nuevo? ¿Otra función de magia?

¿O acaso tienes un nuevo truco?

Ning Yu miró la mano de A-Chong y, tras un buen rato, dijo: —Pregúntame.

—¿Cuántos años tienes?— La entonación al final de la frase de A-Chong se elevó, entrando en el oído de Ning Yu con la brisa marina, muy suave, pero muy clara. —How old are you?

Hablaba el inglés con un sonido bastante agradable.

Ning Yu: —… 22.

A-Chong sonrió: —Entonces tienes que llamarme Chong-ge—. Dicho esto, abrió la palma de su mano. Dentro había una cosa blanca.

Ning Yu, perplejo: —¿Qué es eso, un caramelo?

—El pago por comprar tu respuesta, es medicina para el mareo—. Dijo A-Chong. —Es de producción local tailandesa, es muy efectiva tanto para mareos en barco como en auto. Se vende en las tiendas libres de impuestos, pero si la consigues conmigo sale más barata. Si te hace buen efecto, puedes comprármela a mí.

Ning Yu se quedó sin palabras un par de segundos: —… De verdad que sabes hacer negocios—. Ni por un momento dejaba de pensar en ganar dinero.

—Cuando vendo cosas, es siempre a quien lo necesita. Cada uno obtiene lo que busca, es mutuo y voluntario, tú mismo lo dijiste —dijo A-Chong. —Si no lo necesitas, tampoco te obligaré a comprarlo.

Al terminar de hablar, A-Chong extendió directamente la mano hacia él, simulando que se la daría en la boca. Era claramente un gesto poco apropiado, pero Ning Yu, por reflejo condicionado, abrió la boca y se tragó la pastilla para el mareo.

Si el sabor de esa pastilla era amargo o no, Ning Yu lo olvidó. Solo recordaba que cuando la yema del dedo de A-Chong tocó su labio inferior, volvió a percibir débilmente ese extraño olor a lavanda.

A-Chong parecía querer decir algo más, pero la jovencita del grupo que siempre se asustaba por cualquier cosa gritó de repente: —¡Oye, guía guapo, ven a ver! ¡Parece que a mi móvil le entró agua!

A-Chong se volvió para ayudar a la chica con su móvil. Ning Yu lo oyó decirle con paciencia: —Se lo dije antes de subir al barco, que no compraran las fundas impermeables de la orilla porque no lo son. No me hicieron caso. No lo enciendas todavía, luego voy a pedir prestado un secador de pelo para ti…

Ning Yu se quedó parado en el sitio y, de manera neurótica, alzó la mano para frotarse los labios. Pensaba si en la mano de A-Chong habría quedado pegado algo, porque los labios que él había tocado se habían vuelto calientes.

Provocar y luego huir.

En el barco el olor a gasolina era muy fuerte, pero el aroma de A-Chong, en cambio, se arraigaba en su cerebro volviéndose cada vez más intenso. Absorto en sus pensamientos, al siguiente segundo Ning Yu estornudó de repente con fuerza, y acompañado del balanceo del barco, casi se cayó.

¿Acaso cuando llegan este tipo de cosas, es también tan repentino e inesperado como un estornudo?

El joven tailandés que comía plátano frente a él agitó la cáscara hacia Ning Yu y de pronto, abrió la boca y dijo una frase en inglés.

Ning Yu seguía aturdido, no había oído bien, así que le preguntó al chico una vez más.

El joven, señalándolo con una sonrisa de oreja a oreja, le gritó fuerte a Ning Yu: —¡You look like a fool!

Notas del Traductor

  1. Li Zongsheng (李宗盛) es un cantante, compositor y productor musical extremadamente influyente e importante de Taiwán, ampliamente reconocido como uno de los padres del folk rock y la música popular en chino mandarín.
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