No disponible.
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No podré dejarte ir.
Aquellas palabras, aunque dichas suavemente, son como alcohol derramado sobre fuego ardiente, provocando que todo el ser de Tang Heng se encienda. Después de un momento de silencio, mordiéndose los labios y como si se hubiera armado de gran valor, le pregunta:
—¿De verdad?
Si de verdad no puede dejarlo ir, entonces ellos… Tang Heng piensa confusamente: después de nueve días, si de verdad no puede dejarlo ir, ¿existe alguna otra posibilidad para ellos? No, eso no está bien. Li Yuechi y la familia Tang tienen un profundo rencor, un odio irreconciliable; él apuñaló a su tío con un cuchillo, destruyéndose a sí mismo en el proceso, ¿cómo podría haber otra posibilidad para ellos? Pero, pero si acaso…
—¿En qué estás pensando? —Li Yuechi esboza una sonrisa y dice con ligereza—: Ya llevo dos años fuera, si de verdad no pudiera dejarte ir, habría ido a buscarte hace mucho tiempo.
Ah.
Eso tiene sentido.
Tang Heng siente que su cuerpo se congela por un instante, y ese instante es como… ¿cómo qué? Como cuando viajó a Finlandia y vio a un pastor local apagar una hoguera, recogiendo un cubo de agua helada del río y arrojándolo sobre las llamas; con un «¡sash!», el fuego se extinguió.
—No te preocupes, cuando llegue el momento no me aferraré a ti. —Li Yuechi, mostrando una rara expresión de sinceridad, le asegura—: Cuando termine el trabajo volverás a Macao, ¿verdad? Alguien como yo, con antecedentes penales, probablemente ni siquiera pueda conseguir un permiso de viaje a Hong Kong y Macao[1], ¿cómo podría acosarte?
—No me refería a eso —dice Tang Heng.
Pero Li Yuechi se limita a darle unas palmaditas en el hombro.
—No pasa nada.
Pero si ese es el caso, ¿por qué quería que estuvieran juntos durante nueve días?
Li Yuechi se da la vuelta y avanza. Tang Heng no tiene más remedio que seguirlo. Las gallinas continúan cacareando de vez en cuando en la distancia, pero aparte de eso, el sendero de la montaña está tranquilo y vacío. Es como si fueran los únicos que quedaran en el mundo.
—La bomba de agua está más adelante —anuncia Li Yuechi—. La construyeron el año pasado. Ahora, todos los hogares tienen agua corriente.
—¿Antes no tenían agua corriente?
—Por aquí usábamos agua de pozo. El año pasado, cuando vino el grupo de trabajo para el alivio de la pobreza a arreglar los caminos, aprovecharon para instalar las tuberías. Así fue como conseguimos agua corriente.
—Ah…, qué bueno. —Tang Heng se queda algo desconcertado, esforzándose por procesar las palabras de Li Yuechi: esta aldea apenas consiguió agua corriente el año pasado. Entonces, ¿cómo era antes? Segundos después se da cuenta de que simplemente no puede imaginarlo.
—No me contaste de esto antes —murmura Tang Heng.
—¿Antes?
—Hace seis años.
—Ah —responde Li Yuechi con voz serena—, era muy joven entonces, y es fácil sentir vergüenza, ¿sabes?
Pero ahora habla de ello con tanta facilidad, con tal naturalidad que parece estar hablando de la vida de otra persona. ¿Ya no siente vergüenza, o quizá simplemente ya no le importa nada de lo que pasó hace seis años?
Tang Heng pregunta con un nudo en la garganta:
—¿Tu familia está en la lista? —El tiempo es limitado, así que han seleccionado los hogares a visitar mediante sorteo.
—No.
—¿Puedo hacer una visita?
—Profesor Tang. —Li Yuechi por fin se da la vuelta, mostrando de nuevo esa mirada que parece una mezcla de sonrisa y burla—. ¿Crees que, con la relación que tenemos ahora, sería apropiado que fueras a mi casa?
Su mirada roza suavemente el rostro de Tang Heng, como si pudiera tocarlo, entre sugerente y expectante. Allí está otra vez esa sensación de impulsividad. Tang Heng quiere aferrarse a él, teme que se desvanezca como el viento en un parpadeo, pero ¿y después de atraparlo? Nervioso, responde:
—No lo decía con esa intención, solo quería… ir a ver.
—Mi casa está algo lejos de aquí —dice Li Yuechi apartando la mirada y adoptando un tono serio—. Además, no tiene nada de especial. En estos dos años, con la renovación de las casas en mal estado de la aldea, todas quedaron más o menos iguales.
Tang Heng contempla una casa de dos plantas en medio de las montañas a lo lejos.
—¿En serio?
La luz del sol la baña por completo, cubriéndola con una capa de miel dorada.
Li Yuechi mira también y asiente suavemente.
—Sí, pero mi casa es una casa de ladrillo de una sola planta.
Tang Heng piensa en cómo la mayoría de las casas a lo largo del camino son de madera. Después de todo, hay árboles por toda la montaña. Construir una casa de madera es barato y práctico. Como la familia de Li Yuechi puede tener una casa de ladrillo, entonces deben vivir bien.
Por alguna razón, se siente mucho mejor por dentro.
—¿Vives normalmente en la ciudad del condado, pero tus padres siguen en la aldea? —Y al recordar que tiene un hermano menor, añade—: ¿Tu hermano ya está por entrar a la universidad?
—Mi padre ya no está, mi madre vive sola en la aldea.
—… Lo siento.
—No pasa nada, hace muchos años que se fue. —Li Yuechi sonríe levemente y continua con voz suave—: Mi hermano estudia la preparatoria en Tong’ren, el próximo año tiene los exámenes de ingreso a la universidad.
—Si pudo ir a estudiar a la ciudad, debe ser muy buen estudiante. —Después de todo, siendo el hermano de Li Yuechi, seguramente no es tonto.
—No está mal.
Tang Heng piensa que eso significa que es excelente.
Parece que la vida de Li Yuechi es bastante buena. Estuvo en la cárcel, pero ahora tiene un pequeño negocio y los ingresos parecen considerables. Su familia construyó una casa de ladrillo y su hermano menor estudia en la ciudad y saca buenas calificaciones. Pensando en esto, Tang Heng deja escapar un suspiro. Las emociones inefables que se le habían acumulado en el pecho se disipan un poco.
No logra describir lo que siente… Algo parecido a la culpa, pero ¿qué es, exactamente?
Fue Li Yuechi quien le mintió. Fue Li Yuechi quien apuñaló a su tío. Fue Li Yuechi quien dijo que lo odiaba.
¿De qué tendría que sentirse culpable? Pero ellos habían tenido una relación sumamente íntima. Sabía bien qué clase de persona era Li Yuechi: a los diecisiete años salió de las montañas y aprobó el examen que lo llevó a Wuhan; para ahorrar dinero, eligió estudiar en la universidad pública con beca estatal para futuros maestros[2]; al graduarse en cuarto año, ya había ahorrado todo el dinero necesario para romper el contrato; y gracias a que fue el número uno de su promoción, quedó exento del examen y fue aceptado como alumno de máster en otra especialidad, convirtiéndose en alumno de su tío… Tang Heng conoció a muchas personas inteligentes y trabajadoras después, pero sólo Li Yuechi es inteligente, trabajador y, además, absolutamente fascinante.
«Si este tipo de persona tuviera una vida demasiado horrible… —piensa Tang Heng—, si su vida fuera demasiado horrible o humilde, ¿quién no se sentiría culpable o resentido en su nombre?». Por no hablar del hecho de que lo había amado.
Li Yuechi guia a Tang Heng por el grupo de la presa, caminando y deteniéndose de a ratos, cruzan varias laderas, ven la estación de bombeo, la cooperativa y los arrozales en terrazas. Pronto ya son más de la una de la tarde. El sol brilla de lleno; el cielo es de un azul puro. Todas las casas por las que pasan los invitan a comer. Tang Heng recibe una llamada de Sun Jihao.
—Shidi, ¿dónde estás?
—Todavía en el grupo de la presa.
—Ah, nosotros ya volvimos al comité del pueblo. ¿Qué tal por allá?
—Los estudiantes dicen que solo queda una casa.
—¡Ok, ok! Entonces los esperamos para comer. ¡Después de eso ya podemos regresar!
—Está bien.
Tang Heng cuelga y luego envía un mensaje por WeChat a los estudiantes. Le responden que podrán terminar en unos diez minutos.
—¿Y después volverán al hotel? —pregunta Li Yuechi.
—Sí, después de comer.
Li Yuechi asiente y no habla más. Los dos se sientan junto al pozo, al pie de la montaña. Hay una casa a unos diez metros, también de madera, con un pequeño jardín enfrente. A un lado hay unos cuantos naranjos. Una vaca está atada al tronco, comiendo hierba con la cabeza gacha.
Cansado, Tang Heng cierra los ojos. No tarda en oler la fragancia de los pimientos en aceite. Recuerda aquel verano entre su tercer y cuarto año de universidad. Li Yuechi ya se había licenciado en ese entonces, pero aún no podía mudarse a su residencia como estudiante de máster, por lo que tuvo que alquilar un apartamento cerca del Lago del Este. Era un edificio muy pequeño y deteriorado, que apestaba a un constante olor a moho. La primera vez que Tang Heng lo visitó, frunció el ceño todo el tiempo que estuvo allí, preguntándose cómo Li Yuechi podía soportarlo. La segunda vez, había comprado un difusor de fragancias en la Ciudad Creativa de Yintal. La tercera vez, Li Yuechi se había agachado en un rincón para cocinar. Tang Heng lo vio cortar los pimientos rojos, poner jamón barato y espolvorear pimienta de Sichuan. Luego conectó la estufa, vertió aceite en la sartén, esperó a que se calentara y lo vertió sobre los fideos. El picante intenso y sofocante estalló con un silbido, llenando la habitación. En ese momento, Tang Heng pensó que eso funcionaba mucho mejor que los difusores.
En la cuarta visita, besó a Li Yuechi. Ambos habían estado tan inmersos que casi vuelcan el tarro de pimienta en grano que había sobre la mesa.
—Tang Heng, ¿es tu estudiante?
Tang Heng abre los ojos de golpe y ve a lo lejos a dos chicas haciéndole señas. Se levanta y le envía un mensaje a una de ellas.
[Vayan a buscar al conductor. Comeremos en el comité de la aldea.]
Las dos chicas se alejan. Tang Heng sale de sus pensamientos antes de atreverse a mirar a Li Yuechi.
—Volvamos también.
—Puedes irte. Yo comeré en casa.
Tang Heng se detiene.
—Entonces, ¿volverás a la ciudad con nosotros?
—Volveré mañana. —Li Yuechi hace una pausa—. No se te permite beber alcohol, ¿entendido?
—¿Por qué…?
—Porque no me gusta. Además, tampoco puedes fumar.
Tang Heng se queda mirándolo.
—Si cumples —susurra Li Yuechi—, llegaremos al siguiente paso mañana.
Cuando Tang Heng regresa al comité de la aldea, Sun Jihao, el jefe de la aldea y el secretario del partido ya lo están esperando en la mesa del comedor. Sun Jihao y él se sientan, otra vez, en los asientos de los anfitriones. Los utensilios ya están preparados, con una pequeña taza de baijiu frente a cada uno.
—Yo no bebo —dice Tang Heng.
—Profesor Tang, beba un poco para aliviar su fatiga. —El jefe de la aldea parece serio—. Ha sido un día duro, ¿verdad? Los caminos son un desafío aquí.
—Los caminos de su aldea no están mal. —Sun Jihao levanta su taza y toma un sorbo—. Las carreteras están todas asfaltadas, las viviendas bien pavimentadas, todo está muy bien hecho.
El jefe de la aldea se ríe entre dientes.
—Todo gracias a las buenas políticas. Macao también nos asignó fondos especiales para la construcción de infraestructura… Profesor Sun, profesor Tang, les ofrezco un brindis por todo el esfuerzo que hicieron al venir hasta aquí, ha sido un gran sacrificio.
—Todos hemos trabajado duro. Ustedes también tuvieron que recibirnos, eso también debe haber sido cansado, ¿verdad? —Sun Jihao levanta su copa hacia la del jefe de la aldea.
—Profesor Tang, usted…
—Shidi, sólo bebe un poco. ¡Se acabó el trabajo! —dice Sun Jihao, medio en broma—. No tienes que preocuparte por las reglas ahora.
—Sí, profesor Tang. Nosotros mismos elaboramos este vino. No tiene mucho alcohol.
Tang Heng guarda silencio unos segundos, luego niega con la cabeza.
—Me mareo más fácilmente si bebo. Yo paso.
Pasadas las cuatro de la tarde, el grupo regresa a Shijiang. Los estudiantes están agotados y corren a sus habitaciones en cuanto llegan al hotel. Detrás de ellos, Sun Jihao les grita:
—¡Acuérdense de cenar en el restaurante! ¡No quedará nada después de las ocho! —Luego se estira y le dice, un poco resignado, a Tang Heng—: ¡Esos chicos ni siquiera están tan en forma como yo! Pero hoy ha sido un buen día. Banxi lo hizo bastante bien. Nada salió mal.
—¿Salió algo mal el año pasado? —pregunta Tang Heng.
—Oh, es una larga historia. —Sun Jihao le da una palmada en el hombro y le entrega una botella de leche—. Pruébala, leche de búfalo de agua, la especialidad de aquí. Tú también estás cansado, ¿verdad? Lu Yue y yo organizaremos los datos. Puedes descansar.
Tang Heng vuelve a su habitación y le envía un mensaje a Li Yuechi:
[Estoy de vuelta en el hotel.]
Se ducha y espera veinte minutos, pero el otro sigue sin contestar.
Tang Heng deja el teléfono en la mesita de noche y, después de pensarlo un momento, lo pone en modo silencioso, pero manteniendo la vibración.
Quizás está realmente cansado, porque duerme profundamente, sin siquiera soñar. Cuando Tang Heng vuelve a abrir los ojos, el cielo fuera de la ventana ya está completamente oscuro, y la habitación también está en penumbra, solo con la pequeña luz verde encendida del aire acondicionado.
Tang Heng se queda unos segundos aturdido, hasta que finalmente reacciona y se da cuenta de dónde se encuentra.
¿Ni siquiera lo despertó la vibración del teléfono? Agarra el teléfono y presiona un botón, pero no hay respuesta; entonces se da cuenta de que está apagado.
Tang Heng conecta el teléfono al cargador y lo enciende. Son las nueve treinta y dos de la noche; ha dormido casi cinco horas de un tirón y se perdió la cena.
El teléfono comienza a vibrar sin parar, un mensaje tras otro aparece en la pantalla.
Pasadas las cinco de la tarde, el director Xu escribió en el grupo:
[¡Buen trabajo a todos, asegúrense de comer bien esta noche!]
Después de las siete de la noche, Sun Jihao le envió un mensaje por WeChat:
[¿Shidi, vas a cenar?]
Veinte minutos después, envió otro:
[Bueno, ya no queda nada..]
A las ocho y veintisiete, Li Yuechi respondió a su mensaje con solo una palabra:
[Ok.]
Tang Heng aprieta su teléfono y se da cuenta de que no tiene hambre; no solo no tiene hambre, sino que incluso siente náuseas y mareos, probablemente por haber dormido demasiado.
Justo cuando se dispone a abrir la ventana para que entre aire fresco, el teléfono vuelve a vibrar.
Zita:
[Buenas noches, profesor Tang… Soy Lu Meining, estudiante de cuarto año de la Facultad de Sociología, hoy estuve investigando en la aldea Banxi con el profesor Sun y los demás… ¿Está libre ahora?]
Tang Heng:
[¿Qué pasa?]
Zita:
[¿Podría salir un momento? Estoy en la terraza del cuarto piso.]
Tang Heng:
[Espera un momento.]
Zita:
[Por favor, venga solo, no le diga a nadie.]
La cuarta planta del hotel tiene una terraza mirador. Cuando Tang Heng abre la puerta, ve a dos estudiantes sentados juntos: la chica está hablando por teléfono rápidamente en cantonés, mientras el chico está sentado a su lado con el ceño fruncido.
«Son ellos», piensa. Ese chico es el mismo que esta mañana le pidió a Sun Jihao que lo pusiera en el mismo grupo que A-Ning. Resulta que el nombre completo de A-Ning es Lu Meining.
—Profesor Tang. —A-Ning cuelga el teléfono y se muerde el labio.
Tang Heng se sienta frente a ellos.
—¿Qué sucede?
—Yo… Nosotros tenemos algo… —balbucea ella—, es que…
—Oh, yo lo diré. —El chico palmea el dorso de la mano de A-Ning y continúa en voz baja—: No estamos muy seguros, así que tenemos que preguntarle.
—Mn.
—Es que, hoy durante nuestras visitas… una abuelita nos dijo que antes de que llegáramos, la aldea había enviado lejos a varias personas. Uno que se lesionó trabajando y perdió la parte inferior de la pierna; una persona ciega; uno que había sido adicto a las drogas; y otro que tenía problemas mentales. Le contamos esto al profesor Sun, y él dijo que lo había verificado con el jefe del de la aldea, que la abuelita estaba inventando…, pero nosotros dos sentimos que la abuelita, ella, no parecía estar mintiendo.
—Incluso grabamos lo que dijo… —A-Ning le pasa un auricular a Tang Heng y pregunta en voz baja—: ¿Podría escucharlo?
Tang Heng se pone el auricular y dice con calma:
—Puedes reproducirlo.
Está sorprendido, pero no tanto. El director Xu ya le había mencionado cosas similares. Los líderes de las aldeas no querían que vieran a ciertos grupos: personas discapacitadas, enfermos graves y otros grupos vulnerables. Pero en realidad, su investigación se centra principalmente en el desarrollo de infraestructuras y el ingreso per cápita; los grupos vulnerables ni siquiera están dentro del alcance de la investigación.
Sin embargo, los líderes de las aldeas no entienden esta lógica y solo quieren esconder todo lo que consideran «malo».
A través de los auriculares se escucha la voz de la anciana, con un fuerte acento local.
—Fue a trabajar, se rompió la pierna, y desde entonces está sin hacer nada en casa… También está la hija de la familia Gong, no puede ver… Ah, y el segundo hijo de la familia Li. Los Li son los más desgraciados, el mayor fue a la cárcel y el menor es un tonto…
[1] Los residentes de China continental deben pedir permisos especiales para viajar a Hong Kong y Macao. Hay una entrada en Wikipedia con más información al respecto.
[2] Es básicamente una beca completa que el gobierno chino da para que más personas estudien una carrera docente, esto con el fin de formar profesores que puedan ir a enseñar a zonas rurales. Hay seis universidades en todo el país que entran en este programa. Por lo que entiendo, Li Yuechi, al haber estudiado la uni con esa beca, tenía que ir a enseñar después de graduarse (o tomar una especialización relacionada a su carrera), pero al no hacerlo tuvo que pagar una multa y regresar el dinero de manutención y matrícula. [Fuentes: 1 y 2].