Capítulo 82: Una nueva relación. Extra. Fin.

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Capítulo 82: Una nueva relación 

Un fin de semana, varios días después.

Lu Kongyun se levantó, se duchó y, con una taza de café, se dirigió a su estudio. Encendió el ordenador y empezó a trabajar.

Desde que le dijo a Yu Xiaowen que se lo pensara bien antes de responder, no había vuelto a preguntar ni a contactar con él. Tampoco había recibido noticias suyas. Ya habían pasado varios días. Abrió el móvil para revisar los mensajes. La conversación seguía en el mismo punto, con el mensaje que él había enviado:  [ Cuando lo tengas claro, me respondes ].

Empezó a sentirse incómodo. Esa sensación de que el otro había desaparecido de repente volvía a invadirlo, como si sufriera un ataque de TEPT.

Pero sabía que no debería sentirse así en ese momento. Quizás la otra persona solo necesitaba tiempo para pensar.

Empezó a preguntarse si se lo había dicho demasiado pronto. Tal vez solo él quería avanzar, y el otro no tenía intención de ir más allá. Yu Xiaowen siempre había sido así.

Cogió la taza de café, pero no bebió. Mordió el borde de la taza y empezó a arrepentirse.

No debería haber tenido tanta prisa en sacar el tema.

La solicitud para hacer el traslado de trabajo también seguía en el aire, sin saber si debía seguir adelante con ella.

Hacía mucho que no se sentía tan inquieto.

Sobre las diez de la mañana, el estado de ánimo de Lu Kongyun ya era pésimo.

A mediodía, tomó una decisión: iría a casa de Yu Xiaowen a verlo personalmente. No era necesario que le diera una respuesta concreta.

Quizás solo quería ver, después de tantos días pensando, qué reacción tenía Yu Xiaowen al respecto. Si creía que no era el momento adecuado, tampoco era necesario precipitarse. Con ese pensamiento, actuó con rapidez: se vistió, cogió las llaves del coche y salió de casa.

La lluvia otoñal caía fina y persistente. Lu Kongyun llegó al callejón Lianwu, bajó del coche, abrió el paraguas y caminó rápidamente hacia el edificio de apartamentos donde vivía Yu Xiaowen. Si no tenía un servicio urgente, ese día Yu Xiaowen debería estar libre. 

Pero siendo policía, nunca se sabía cuándo podía surgir un caso, nadie podía asegurar cuándo estaría en casa.

Lu Kongyun pensó que quizás había sido imprudente presentarse así, sin avisar. Entró en el portal, cerró el paraguas y subió las escaleras a grandes zancadas.

Cuando llegó a la puerta de Yu Xiaowen, levantó la mano para llamar. Pero en cuanto sus dedos tocaron la puerta, esta se abrió lentamente.

Ni siquiera estaba cerrada con llave.

Lu Kongyun se quedó paralizado un momento y, acto seguido, empujó la puerta para abrirla de par en par.

Dentro del apartamento no había luz, y con el día lluvioso, la estancia estaba aún más oscura. Y en esa penumbra, parecía haber algo diferente. Aquella estrecha habitación se veía, de algún modo, vacía. Al recorrerla con la mirada con más detenimiento, se daba cuenta de que los muebles seguían, pero las cosas ya no estaban. Incluyendo la taza de las flores de frambuesa, los marcos de fotos, o… Lu Kongyun dio un paso más adentro y siguió mirando.

El cisne de cristal tampoco estaba.

Llegó a la puerta del dormitorio, donde la luz era algo mejor. La situación era la misma: casi parecía una habitación vacía en alquiler, sin nada más que los muebles.

Se quedó allí, mirando.

Inmóvil, sin percibir el paso del tiempo. Sin oír la lluvia que caía en el balcón vacío.

Sus manos empezaron a temblar.

… En su casa, había un sótano.

Tenía un sótano.

Tenía un…

—Cariño.

Lu Kongyun se giró y, de repente, vio esos ojos claros que aparecían a menudo en esa escena. Entre la realidad y la ilusión.

Llevaban tiempo diciendo que iban a derribar las casas del callejón Lianwu donde vivía Yu Xiaowen; ya lo decían cuando él se puso enfermo, y ahora por fin empezaban las obras. Últimamente muchos se habían mudado, y él tampoco quería retrasarlo. Primero buscó un piso pequeño, llevó allí las cosas importantes y, respecto a los muebles pequeños, los que no valían nada se los vendió al chatarrero.

Yu Xiaowen acababa de hablar con el señor de la chatarrería. Se secó las gotas de agua de la cabeza mientras subía las escaleras de tres en tres. Al llegar al rellano, se sorprendió al ver la puerta de su casa abierta de par en par.

… ¿Habían entrado a robar?

En fin de semana y a plena luz del día no podía ser. Con esa duda en la cabeza, entró. Entonces vio la silueta de una persona de espaldas. Aunque la luz era escasa, por la altura y el tipo de cuerpo, sin duda era la espalda de su doctor Lu. No hacía falta ni verlo bien. Así que Yu Xiaowen encendió la luz, se acercó y lo llamó.

—Cariño, ¿cómo es que has venido sin avi…

Yu Xiaowen se detuvo a su lado, y solo entonces el otro pareció reaccionar, volviéndose hacia él.

Yu Xiaowen vio que sus ojos brillaban, llenos de un fulgor cristalino que, justo en ese momento, al girar la cabeza, no pudo contener y resbaló desde el centro del borde inferior del ojo.

—…

Yu Xiaowen se quedó sin habla, conmocionado.

Lu Kongyun veía a menudo sus lágrimas. Si no recordaba mal… esta era la primera vez que veía las lágrimas del otro.

Aunque solo fuera una gota, fue suficiente para que Yu Xiaowen se alterara al instante:

—¿Qué, qué te pasa? ¿Eh?

Al momento, levantó la mano para acariciarle la mejilla y secar suavemente el rastro de la lágrima.

Lu Kongyun, al verlo, abrió mucho los ojos y se quedó mirándolo fijamente.

Yu Xiaowen desvió la mirada del rostro de Lu Kongyun hacia la habitación vacía que él estaba contemplando.

Algo pareció pasar por la cabeza de Yu Xiaowen, y enseguida volvió a mirar el rostro de Lu Kongyun, como buscando algún indicio en él.

Tomó aire:

—¿Has creído que yo…?

—Estoy bien —dijo Lu Kongyun. Luego retiró la mano que Yu Xiaowen tenía en su mejilla y salió de la habitación a grandes pasos.

Yu Xiaowen se quedó paralizado un par de segundos, la mente llena de esa única lágrima. Miró la habitación vacía y el calor de esa lágrima empezó a ascenderle en el pecho hasta que el ardor le causó un dolor punzante. Solo entonces reaccionó. Fue hasta la puerta, cogió el paraguas que Lu Kongyun había dejado allí y salió corriendo.

—¡Lu Kongyun!

Corrió rápido y lo alcanzó en la esquina del edificio. Sostuvo el paraguas sobre las cabezas de ambos.

Lu Kongyun se detuvo y se volvió a mirarlo.

Yu Xiaowen se colocó justo enfrente, recuperando el aliento. Se miraron un rato. Luego se acercó un poco más y le explicó:

—Te había dicho lo de la demolición de mi casa, ¿verdad? Muchos ya se han mudado, yo también estoy en eso. Encontré un piso estos días. No tengo muchas cosas; las pequeñas las llevé yo mismo en el coche de una vez. Tú…

Tú, si venías y no me veías, podías haberme mandado un mensaje. Eso era lo que Yu Xiaowen iba a decir, pero de repente recordó que él mismo, cuando desapareció, ni por mensaje lo podían encontrar. Así que no lo dijo.

Lu Kongyun también lo miraba, en silencio.

—… Estos días he estado pensando en lo que me dijiste —dijo Yu Xiaowen—. Tenía pensado ponerme en contacto contigo en cuanto terminara con lo de aquí.

—Lo he pensado, y creo —dijo tras reflexionar un momento—, de verdad creo, que no tengo la confianza de poder hacerte feliz para siempre.

Los ojos de Lu Kongyun, que ya estaban apagados, se volvieron aún más sombríos. Seguía sin hablar.

Yu Xiaowen miró esos ojos; ya habían recuperado su claridad habitual. Pero en su mente, ese rostro seguía llevando aquella lágrima. El ardor en su pecho empezó a extenderse por todo el cuerpo. Pero también empezó a doler menos, transformándose en una energía cálida, en una temperatura que le daba más fuerzas.

—Yo —consiguió articular una palabra con voz ronca.

Luego respiró hondo y soltó el aire.

—No estoy seguro de poder hacerte feliz para siempre. Pero de verdad no quiero que te cases con nadie más. Así que intentaré hacerlo lo mejor posible.

Lu Kongyun lo miró fijamente a los ojos. La oscuridad se desvaneció, dejando paso a la luz.

Yu Xiaowen se rascó el dorso de la mano con la que sujetaba el paraguas, algo avergonzado por tener que pronunciar todas las palabras de esa frase. Tras un buen rato de contenerse, dijo:

—… Así que…

Lu Kongyun dijo en voz baja:

—¿Quieres casarte?

—…

¡El otro lo había dicho!

Yu Xiaowen sintió al instante que el ardor le subía a la cara. Se mordió el labio y dijo, en un susurro como el de un mosquito:

—Ah. Sí.

Lu Kongyun lo abrazó. Fue un abrazo tan fuerte que le cortaba la respiración.

—Sin arrepentimientos.

—No, no me arrepiento —dijo Yu Xiaowen.

Lü Kongyun:

—Ahora no tartamudees.

—…

Yu Xiaowen contuvo la acidez en la nariz que le provocaron esas tres palabras después de pronunciarlas, y con serenidad, gravedad y una dicción clara, respondió de nuevo al otro:

—Lo he decidido. No me arrepentiré.

Un fin de semana, una semana después. Una mañana soleada.

Lu Kongyun, vestido con su uniforme militar, impecable y casi radiante, estaba sentado frente a la mesa, mirando fijamente la pantalla apagada de su móvil.

El móvil vibró de repente.

Lo cogió antes de que dejara de vibrar. Leyó.

[ Ya llegué. Te espero fuera de tu urbanización. [Cara con sonrisa y dientes] Pero no te preocupes, tómate tu tiempo para arreglarte ].

[ ¿Por qué no vienes con el uniforme? Ese es más formal ].

Yu Xiaowen había llegado por la mañana temprano, pero se había estado paseando bajo los árboles. No fue hasta que el sol de la mañana ya estaba alto que reunió el valor para enviar el mensaje. Ahora estaba esperando. El corazón le latía con fuerza, le costaba respirar, pero se mantuvo digno con el botón del cuello de su uniforme de policía abrochado. Le dolían las piernas de tanto esperar, pero no se agachó para descansar, porque no quería que le salieran arrugas en el pantalón. Se había levantado a las cinco de la mañana y había planchado el uniforme varias veces; no podía tener ni una sola arruga.

Una figura salió de la urbanización.

Había hecho caso a sus palabras y llevaba el uniforme militar.

En cuanto esa persona apareció, todo lo demás a su alrededor se volvió borroso. Yu Xiaowen corrió a su encuentro.

Cuando se paró frente a él, descubrió que el rostro de Lu Kongyun, ya de por sí increíblemente hermoso, hoy parecía tener un brillo sutilmente más intenso, casi radiante. Por ejemplo, aunque su peinado parecía similar al de siempre, si se fijaba bien, cada cabello estaba perfectamente colocado, como si hubiera sido peinado por el método más estricto. Eso hacía que su propio cabello, lavado por la mañana y secado con secador, pero con una técnica tosca y demasiado pomposo, pareciera ridículamente llamativo.

Yu Xiaowen sintió ganas de echarse atrás.

Se lo impidió con todas sus fuerzas. Endureció el cuello, apoyó una pierna en el bordillo de la acera y, con una mano, se abrió el cuello de la camisa para que entrara el aire, y dijo con el tono de un matón:

—¡Qué guapo estás!

Lu Kongyun no respondió a su cumplido. No le dijo “tú también”. Eso hizo que Yu Xiaowen se sintiera un poco molesto.

Lu Kongyun volvió a ver esos ojos claros.

Esa persona que había entrado en su vida bajo la apariencia de un chantajista. No era un verdadero extorsionador.

Había recibido muchas condecoraciones, había resuelto muchos casos importantes. Era un policía valiente y extraordinario.

Era alguien que, en secreto, me había dado mucho cariño.

El sol era muy fuerte, las sombras de los árboles proyectaban manchas moteadas. Su uniforme de policía estaba impecable, y a pesar del calor, no se había desabrochado ni un botón, seguramente por orden de sus superiores. Estaba allí de pie, erguido, esbelto, con la mano en la frente para protegerse del sol, mientras una hoja de frambuesa caía entre la brisa cálida.

Me miró. Su mirada se detuvo, el viento también se detuvo. La flor de frambuesa que llevaba en la boca dejó de rodar, resbaló por la solapa y cayó al suelo.

Él entornó esos ojos, como un tahúr indómito.

Volvió a alzar esos ojos, como un creyente cauteloso.

… Se acercó.

Cuando me ve aparecer, sus ojos se iluminan, esperándome, acercándose a mí.

Agacha la cabeza, se toca el parche inhibidor rojo en la nuca, y al ver que está bien pegado, enseguida se crece, y con una expresión astuta y experimentada, vuelve a darse aires de autoridad.

Se paró delante de mí, dijo algo. 

Los ojos claros parpadearon de nuevo. Luego, dando un paso, otro paso, rodeó mi espalda.

… ¿Qué haces? Otra vez quieres gastarme una broma. Yu Xiaowen.

Tú…

Eres una persona valiente, adorable, llena de vida, extraordinaria.

Alguien a quien echo de verdad de menos y no puedo olvidar.

Tengo muchas ganas de abrazarte bajo el sol.

En muchos de sus sueños, cuando Lu Kongyun se giraba hacia la otra persona, la brillante luz dorada del sol le daba en la cara, y entonces se despertaba con la visión borrosa y húmeda.

—Te lo digo —dijo Yu Xiaowen, rodeándolo para examinar su impecable uniforme militar, con un tono de envidia—, con la tela de sus uniformes no hace falta plancharlos, quedan tiesos. Qué putada. No como los nuestros de policías…

Pero Lu Kongyun se giró de repente para mirarlo, con una sonrisa radiante y perfecta.

Yu Xiaowen lo miró, atónito, sin entender de dónde venía esa sonrisa.

—Tú eres más guapo que yo —respondió por fin Lu Kongyun.

Yu Xiaowen, avergonzado, se alisó el pelo, que parecía demasiado esponjoso. 

—Lo he mirado. Dicen que en toda la ciudad de Manjing, en el registro de la calle Funan es donde hacen las mejores fotos.

Lu Kongyun se acercó y lo abrazó.

—De acuerdo.

Hoy, la interminable temporada de lluvias de Manjing dio la bienvenida a un raro y resplandeciente sol.

El extorsionador y la víctima están a punto de cumplir su último deseo y poner fin a su relación de extorsión.

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Weibo · Especial de Qixi · 29/8

Yu Xiaowen (leyendo el guion):
—Justo cuando termina coincide con Qixi… ¿no somos una pareja destinada? Antes estuve al borde de la muerte nueve veces, y ahora somos perfectos en todos los sentidos…

Lu Kongyun:
—¿Qué es eso que tienes en la mano?

Yu Xiaowen baja el guion, con expresión incómoda:
—Eh… bueno, la verdad es que ya no puedo escribir más escenitas para Qixi. Dijeron que improvisara, que dijera cualquier cosa. Total, a todos les va a gustar escucharlo. Así que primero escribí un guion… ¿Qué te parece?

Lu Kongyun:
—Está especialmente bien. Creo que tiene un ritmo muy equilibrado, incluso mejor que la prosa del cronista.

Yu Xiaowen se rasca la cabeza:
—Je, je. ¿De verdad, cariño?

Lu Kongyun:
—Sí.

—Con que digas eso, ya me quedo mucho más tranquilo.
Así que Yu Xiaowen continuó, alternando entre largos momentos de reflexión y escribiendo frenéticamente.

Lu Kongyun también se giró y, en la primera línea de una hoja de papel rosa, escribió los tres caracteres: 

“Yu Xiaowen”.

Frunció el ceño y tardó en seguir escribiendo.

Pero pensó que, al final, lo escribiría.

FIN

 

♡〜٩( ˃▿˂ )۶〜♡    ( ˶°ㅁ°) !!

Nota de la traductora: Junto con  la editora les damos las gracias por llegar hasta aquí. Esperamos les haya gustado la historia y hayan podido disfrutar de esa extraña relación entre los personajes.

Quedamos a la orden para cualquier comentario, crítica o sugerencia que quieran hacer. Gracias por estar ahí.

ヾ(。✪ω✪。)シ 

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