Parecía estremecerse en cuanto me vio; su rostro se distorsionó, pero pronto volvió a tener una expresión facial compuesta.
Ignoré todas sus visitas una y otra vez porque era consciente de que nunca más nos volveríamos a ver; aun así, fijé mis ojos en el rostro de Alecto para no demostrarlo.
Alecto le preguntó a Heebris.
—¿Son todos los sumos sacerdotes capaces de ver el alma de una persona? ¿Son todas iguales?
—Sí, su alteza.
El príncipe me miró y habló en voz baja.
—Mi exprometida afirma que ella no es Eris Mizerian. ¿Es verdad lo que dice? ¿O en verdad se ha vuelto loca?
Heebris me miró cuando escuchó las palabras de Alecto.
Para el sumo sacerdote, el color del alma simplemente sería visto, por lo que no necesitaba hacer nada en especial.
Cuanto más se tomaba su tiempo, más ansiosa me estaba poniendo. De ninguna manera…
No creo que pueda saber lo que estoy pensando; deseaba que me estuviera equivocando.
—Lamento mucho escuchar eso…
Después de que por fin habló, la voz de Heebris quedó completamente sumergida.
La profunda sombra en su rostro lo hacía parecer un extraño y habló con una voz baja y melancólica.
—La persona frente a mí es Lady Mizerian.
—¡Loco bastardo! ¡No mientas!
No sabía que saldría así después de atrapar a la gente. No importa cuánto me haya dicho que me salvaría, eso me volvería loca. Yo, que estaba al lado de la cama, salté como un resorte y agarré el cuello de Heebris.
El príncipe tiró de mi cintura y me hizo caer para alejarme de su santidad; yo traté de alejarme del príncipe, pero era muy fuerte.
Yo, que estaba tratando de maldecir al Sumo Sacerdote, me tapó la boca con la palma de su mano y le preguntó. Pude sentir los numerosos callos de la palma de su mano.
—¿Puedes jurar por Dios que tus palabras no son mentiras?
—Sí, puedo jurarlo.
¡Ah, sí!… Olvidé por completo que Heebris había dicho que me amaba… ¿Esto es lo que llama venganza?
Cuando miré ferozmente a Heebris, él simplemente bajó los ojos como si estuviera tratando a una joven de una familia noble. Mi cuerpo tembló a causa de la traición.
No podía ser así, esto no debe ser de esa forma.
—Puedo sonar presuntuoso, pero para una persona que se ha vuelto loca, el tratamiento debe de ser prioridad sobre el castigo; por favor, le pido que tenga compasión.
—Gracias, Sumo Sacerdote. Tendré en cuenta su opinión.
Sobre el tema de que estaba mintiendo, ya no pude decir nada. Heebris me miró un poco cuando le estaba dando su opinión al príncipe.
Esto fue terrible. Si no tengo mejor suerte, la situación será peor de la que pensé.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
El príncipe heredero y Heebris salieron de la habitación y la puerta se cerró de nuevo. Estaba tan enojada que mis dientes rechinaban, pero luego escuché pasos nuevamente.
No sabía si se trataba de Anakin, así que me acerqué a la puerta, pero no era la cara que quería ver.
—¿Por qué regresaste? ¿Quieres volverme loca para que me veas en ese estado? ¿Por qué le mentiste a pesar de que lo sabes todo? ¿Vas a vengarte de esta manera porque rechacé tu corazón?
—En ese momento, ¿no dijiste que eras “Lady Mizerian”? Recuerdo que esa fue tu respuesta, así que yo solo estoy respondiendo lo mismo.
—Ya veo.
Los ojos de Heebris, que finalmente me encontraron con los míos, eran oscuros y sin brillo, como si estuvieran muertos; mis palabras se detuvieron a causa del terror.
Heebris me susurró de manera sombría.
—Desde el día en que usted me rechazó, busqué por el templo todo el material y, como le dije antes, no hay forma de salir con vida de este mundo.
—¿Qué?
—Pero lo que sí leí es que, si un forastero muere de forma natural en este mundo, el forastero va a reencarnar en este mundo.
Cuando di un paso atrás, horrorizada, Heebris sonrió alegremente.
Me sentí tan asustada.
—En esta vida no se puede; me dijiste que estás atrapada en ese cuerpo que es mi media hermana, ¿verdad? Entonces estaré más que feliz de esperar a nuestra próxima vida.
—¿Vas a reencarnar y me buscarás? ¿Cómo vas a hacerlo?
Esto es ridículo.
Cuando vuelva a nacer de nuevo, ni siquiera seré capaz de recordar cómo era y, ¿cómo es que podría esperar?
Heebris susurró.
—…El poder divino suele estar estrechamente relacionado con la vida anterior. Esto se debe a que el poder divino no está en un reino físico, sino en el reino de las almas. Está cerca de ser un recipiente llamado alma humana. La razón por la cual el poder divino es finito, a diferencia del poder mágico, es porque si excede el límite, el contenedor del alma se romperá por completo.
—¿Romper?
—Si se rompe, no podrás renacer de nuevo. Es una muerte completa… Lo mismo ocurre con las brujas. Se parecen más a los monstruos que a los humanos porque se desvían por completo de la órbita de la vida, por lo que no pueden envejecer, morir o renacer.
Heebris cerró la boca por un momento; parece que estaba organizando sus pensamientos antes de continuar.
—Incluso si se cambia el propietario del recipiente llamado alma, la persona puede cambiar incluso su propósito. En otras palabras, y lo que quiero decir, es que podré ver el color de tu alma en tu próxima vida.
—¡Estás mintiendo! Si yo vuelvo a nacer y reencarnar en este lugar, ya no seré una forastera.
—El color del alma no cambia fácilmente. Es más profundo que la memoria; aun quedarán algunos tonos de ese color morado.
¿Fue porque aprendí todos los hechos que no sabía de una vez? ¿O es porque no quiero creerlo?
Fue terriblemente confuso.
No quiero oírlo más, pero Heebris siguió hablando sin parar.
—“Érase una vez una princesa. Esta princesa tenía que salvar el mundo y, aunque conocía el camino, lamentablemente esto era algo que nunca podría lograr en esta vida. ¿Cómo crees que la princesa, que ni siquiera había predicho cuándo reencarnaría, dejó un camino? Tanto el papel como la piedra no pueden desgastarse ni destruirse”.
—No sé de qué hablas, lárgate.
—Estoy pensando en crear una leyenda. Usted y yo saliendo. Luego dejaré que las personas lo transmitan de boca en boca. Busca a tu amor que tiene un alma de color morado. Puedo dejar esos detalles, todo eso para que el yo que reencarne lo sepa, aunque sea un poco y aunque haya un poco de distorsión en las cosas. ¿No siempre pasa así?
Estaba completamente fuera de mí.
No era capaz de pensar en otras palabras para expresar lo que estaba pasando; pensé que todo eso era una mierda, pero la verdad es que él estaba loco.
Ya estaba cansada de todo esto, así que negué con la cabeza antes de susurrar.
—Estás loco.
—Tú eres la que hizo que me volviera loco.
—¿¡Cómo puedes decir eso!? ¡No te atrevas a culparme de tus cosas! ¿Tus repugnantes sentimientos son mi culpa? Solo necesitabas alguien con quien pudieras simpatizar y tratar de salvar.
Mientras miraba hacia arriba con ojos llenos de odio, Heebris me miró en silencio con ojos inyectados en sangre. Pero pronto se alejó de mí sin decir nada y desapareció.
Solo después de haber confirmado que se había ido por completo, pude hundirme en el suelo.
¿Qué debo hacer?
Estoy luchando, pero si no soy ejecutada, en verdad podría llegar a esa edad, envejecer y morir de forma natural.
Cuando traté de girar la cabeza, no pude pensar en nada más; rechiné los dientes, pero esta vez fue a causa del miedo.
Seguí dando vueltas por la habitación y luchando por pensar en una contramedida con lo que dijo Heebris. En la novela original, él regresó para así poder salvar a Helena, a la que había matado, y para mi ejecución. Sin embargo, viendo cómo ahora Heebris se había obsesionado conmigo, pensé que tal vez Helena no podría ser salvada.
Todavía no hacía calor, pero el cuerpo de Helena podría pudrirse. Cuando mis pensamientos llegaron allí, mi respiración comenzó a desplomarse.
No. No puedo. ¿Cómo pasó esto? ¿En qué me equivoqué?
Tiempo… Esto ya no se podía alargar más. Necesitaba que algo grande pasara para poder arrastrarme con esto… de repente recordé a la Emperatriz.
Ahora que lo pienso, se suponía que el Emperador y la Emperatriz morirían por las tazas de té que el Marqués había enviado. Mis manos están sudorosas. No importa lo loco que estés, no puedes mantener con vida a la hija del traidor.
Para hacer eso, tuve que encontrarme con la Emperatriz, pero como estoy encerrada, no había forma de encontrarme con ella.
Si Anakin estuviera aquí en ese momento, habría hablado a través de él.
¿Debería preguntarle a Medea? Pero sentí que ella diría que no.
Estuve demasiado tiempo mimándome en usarla como una llave universal.
Cuando giré la cabeza después de escuchar el sonido del traqueteo, noté a un joven asistente.
Tal vez vino a dejar mi comida, pero ese rostro se me hacía familiar, por lo que intenté recordar en dónde lo había visto. ¿Dónde lo vi?
—¡Espera! ¡Detente!
—¿Eh? ¿Sí?
Agarre al niño que estaba a punto de darse la vuelta. Ese asistente… era uno de los que trabajaba en el palacio de la Emperatriz.
No había ninguna razón para que un asistente de la emperatriz viniera a esta torre tan remota. Estaba claro que la emperatriz me lo envió. El asistente miró a su alrededor por un momento y volvió a mí después de una pausa.
—¿Tiene algo que decirme?
—¿Tu maestra te envió aquí?
—No sé de qué me estás hablando…
Pero el niño se había acercado a la puerta y a mí. Cuando le entregué mi mano, él lentamente escribió en la palma de esta y dijo con voz aterrorizada.
—¡Déjame ir!
—“Hay oídos que nos están escuchando”.
—“De ahora en adelante, escriba en mi palma, para que pueda responderle a la dama de manera correcta”.
—Vamos, ¿no puedes decirlo de forma correcta?
Bueno, no puedo extenderme mucho, así que iré al grano:
—Dile a su alteza que use lo que le entregue”.
—¡Por favor, perdóneme, Lady Mizerian!
—“Sí, se lo diré”.
Al final, el asistente fue empujado por la puerta como si yo lo hubiera hecho y salió corriendo como si no pudiera soportar más el miedo.
Por fin fui capaz de respirar.
Le di la vuelta con esto: ¿cuándo llevará a cabo la emperatriz su plan? Ni siquiera le di un tiempo estimado, pero ahora no tenía más remedio que creerle.
¿El marqués no podía o no quería venir aquí? Incluso traje a la Emperatriz para que atrapara al Marqués, pero hubiera sido muy difícil si notara una indirecta y huyera al extranjero.
Pensé que la emperatriz estaría monitoreando por su cuenta incluso si no le decía nada.
Estaba terriblemente cansada, tanto física como mentalmente, pero de alguna manera no podía conciliar el sueño.
Incluso si deseaba dormir y tenía que obligarme a hacerlo.
Esto se debe a que el tiempo pasaba demasiado lento si no lo hacía.
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¡Gracias por la ayuda, Hikari~