« Capítulo 84: La Disolución del Capullo en el Corazón »

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Fang Juexia jamás imaginó que su reencuentro con su padre sería tan desastroso. Aunque su corazón siempre había estado frío hacia él, no podía evitar haber fantaseado con otras posibilidades.

Había imaginado que, en medio de su ajetreada vida, recibiría una llamada de su madre anunciándole: “Tu padre ha vuelto. Por fin lo he encontrado” Por eso, cada vez que su teléfono sonaba, su corazón se encogía en una mezcla de esperanza y temor.

También había soñado que quizás, en algún concierto futuro, él estaría escondido entre el público. Aunque Fang Juexia no pudiera distinguir su rostro, tal vez estaría allí, escuchándolo cantar, viéndolo bailar.

Y entonces, Fang Juexia pensaría para sus adentros: Mira, papá. No soy un fracaso. Aunque no vea bien, aunque lleve esta marca en el rostro, también puedo conquistar el escenario.

Todos esos sueños se hacían añicos ahora.

Ni en sus peores pesadillas habría imaginado un reencuentro tan miserable.

El que lo había estado acechando todos estos días no era un sasaeng, ni un reportero sensacionalista, ni siquiera su antigua compañía tramando su caída.

Era su padre.

Su gran padre, el mismo que conocía de su padecimiento con la ceguera nocturna, lo había atacado en un oscuro estacionamiento subterráneo, blandiendo una barra de metal, descargándola contra su espalda.

El dolor sordo en la cintura le nublaba el pensamiento.

En silencio, contempló ese rostro irreconocible frente a él. Finalmente, volvió la cabeza con indiferencia y dijo al guardaespaldas: “Proceda como Pei Tingsong considere adecuado.

“Entendido.” El guardaespaldas, con un profesionalismo impecable, no dijo nada más y se preparó para llevarse al hombre. Sin embargo, el padre de Fang Juexia, un hombre de mediana edad de aspecto delgado estalló en un acto de desesperación. Forcejeando violentamente mientras gritaba: “¡Maldito desagradecido! ¡Ni siquiera reconoces a tu propio padre!”

Insultaba sin parar, arrojando una avalancha de improperios, palabras sin sentido y llenas de odio, casi como un loco. Fang Juexia no quería oír nada de eso. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de irse, escuchó que su padre insultaba también a su madre.

Se detuvo de golpe, su espalda rígida por un segundo. Caminó hacia adelante hasta donde había caído la barra de metal, la levantó y luego se giró para caminar hacia el hombre.

Al llegar frente a él, Fang Juexia sacó su teléfono del bolsillo y encendió la linterna, iluminando el rostro envejecido de su padre.

“Fang Ping, ¿estás drogado, verdad?” Aunque formuló una pregunta, su tono era firme, como si estuviera afirmando un hecho.

El hombre frente a él pareció congelarse por un momento, pero no pudo controlar sus emociones; sus músculos faciales se contraían de manera extraña.

Fang Juexia asintió, confirmando su propio pensamiento. “Tienes el síndrome de abstinencia.”

Cuando Fang Ping cayó en las drogas por primera vez, Fang Juexia había pensado que había esperanza, creyendo en lo que la televisión decía, que la gente podía enmendar sus errores. Él realmente lo creyó.

Incluso cuando Fang Ping intentó desaparecer de sus vidas, Fang Juexia había soñado con que algún día su padre se rehabilitaría.

Pero con el paso del tiempo, mientras Fang Juexia se volvía más racional, entendió que el arrepentimiento genuino era un fenómeno raro. La mayoría de las personas solo seguían cometiendo los mismos errores, sin aprender de ellos. Los adictos eran personas peligrosas, dispuestas a cualquier cosa.

Ahora, parado frente a Fang Ping, Fang Juexia se dio cuenta de que era más alto que su padre. Los años en los que lo había abandonado lo habían obligado a crecer rápidamente. Al verlo ahora, Fang Juexia solo podía ver a un hombre derrotado y vacío, un cascarón sin vida.

Alzó la barra de metal, y en ese instante, vio cómo el cuerpo de Fang Ping temblaba.

Soltó una risa fría. “¿Era esto lo que querías hacerme antes?”

Su mirada se dirigió a la pierna coja de Fang Ping. Bajó la barra y la golpeó suavemente contra la pierna dañada, preguntando sin emoción, “¿O querías romperme una pierna, como a ti te pasó?”

“¡No, no lo hice!” Fang Ping temblaba incontrolablemente, y cada palabra que salía de su boca parecía tropezar con la siguiente. “No quería hacerte daño, solo quería dejarte inconsciente…”

“Dejarme inconsciente,” repitió Fang Juexia, su voz plana. “¿Y luego qué? ¿Secuestrarme? ¿Extorsionarme? ¿Conseguir mucho dinero para comprar tus drogas?”

Fang Ping no respondió. Parecía incapaz de hablar, con las piernas temblorosas, apenas capaz de mantenerse en pie, solo sostenido por el guardaespaldas.

El guardaespaldas habló entonces: “Señor Fang, el joven maestro Pei ha preparado un lugar y me pidió que, si atrapábamos al culpable, lo llevara allí para esperar su regreso.” Miró el estado de Fang Ping y añadió: “Quizás sería mejor llevarlo ahora. Usted debería descansar.”

Era obvio que Pei Tingsong había pensado en todo.

“No le digas a Pei Tingsong,” Fang Juexia dijo con una sonrisa amarga. “Ya tiene suficiente en qué preocuparse.”

Ambos estaban lejos de estar bien.

Fang Ping, medio inconsciente por el síndrome de abstinencia, fue llevado por el guardaespaldas. Fang Juexia decidió acompañarlos; quería interrogarlo nuevamente cuando recuperara la conciencia. Necesitaba saber toda la verdad.

La barra de metal en su mano pesaba demasiado. Miró hacia ella, tan larga y pesada. Si hubiera caído sobre su cabeza, probablemente no solo lo habría dejado inconsciente.

Podía imaginarse el dolor sordo.

Arrojó la barra al maletero y, dándose cuenta de que no estaba en condiciones de conducir, se sentó en el coche del guardaespaldas, dejándose llevar lejos del oscuro estacionamiento subterráneo.

En el camino, mientras estaba sentado en el asiento del pasajero, medio aturdido, escuchaba los gritos de su padre en la parte trasera del auto. Todo se sentía irreal, como una trágica y grotesca obra de teatro, dolorosa de presenciar.

Su frente estaba herida y la sangre corría, escurriéndose por su párpado. Levantó la mano para limpiarla con el dorso, mirando al frente. Aunque creía haber endurecido su corazón con los años, resultaba que incluso una piedra puede sentir dolor.

El guardaespaldas lo llevó a un pequeño apartamento, donde arrojó a Fang Ping en una habitación, atado a una cama como si fuera un animal.

“Señor Fang, si necesita algo, estaré afuera. Vigilaré al prisionero.”

Fang Juexia, sintiéndose como un autómata, solo pudo murmurar, “Gracias.” Su único deseo era un vaso de agua.

Sosteniendo el vaso de agua con firmeza, Fang Juexia se negó a descansar y decidió ir a la habitación donde Fang Ping estaba retenido. Se sentó en una mesa, a menos de tres metros de distancia, y se quedó observándolo en silencio.

Su garganta estaba seca y le picaba, pero solo encendió una lámpara de mesa porque no quería ver todo con claridad.

Pasó toda la noche escuchando los gritos y alaridos de su padre, como un espectador sin emociones. La escena frente a él era grotesca: Fang Ping, bajo el control de las drogas, luchaba violentamente, retorciéndose en la cama, rompiendo las sábanas con sus movimientos descontrolados y echando espuma por la boca. La escena se volvía borrosa para Fang Juexia debido a su ceguera nocturna, como si estuviera presenciando una persona siendo consumida por las llamas de sus propios errores, convirtiéndose en carbón, en cenizas, en un charco de agua sucia y maloliente.

El reencuentro después de tantos años de separación se había convertido en una pesadilla.

Mientras miraba a su padre, imágenes de él hace años, en el escenario, comenzaron a cruzar su mente. Fang Ping, joven y lleno de vida, interpretando «The Ballad of a Hero» y «Flowers on the Sea» con una postura majestuosa y encantadora. Cada vez que levantaba una pierna, los pies estirados reflejaban el orgullo que sentía.

Fang Juexia, siendo apenas un niño pequeño, siempre lo observaba desde la audiencia, sin atreverse a pestañear por miedo a perderse uno de los momentos gloriosos de su padre.

Fang Ping era un apasionado del baile, solo cuando bailaba se sentía vivo. En aquellos tiempos, cuando podía bailar, era una persona tan bondadosa, tan llena de amor y ternura que Fang Juexia se alimentaba de ese afecto. Ese amor paternal le dio la calidez que necesitaba y alimentó sus fantasías sobre el escenario.

Con apenas cuatro o cinco años, Fang Juexia escuchaba a su padre hacer promesas llenas de ambición desde la sala de ensayo.

“Papá será la estrella más brillante del escenario algún día. En ese momento, podrás encontrarme con solo una mirada.”

Ese fue el primer hombre que le enseñó lo que significaba tener un sueño.

Ahora, mirando al hombre frente a él, que había sido devorado por las drogas, Fang Juexia se sintió abrumado por una sensación de asco. Intentó vomitar, pero no salió nada. Siguió bebiendo agua, pero todo su cuerpo temblaba de frío.

El cielo se fue aclarando poco a poco, la noche negra se tornó en un azul profundo antes de desaparecer por completo. Fang Ping, tras superar brevemente el síndrome de abstinencia, cayó en un estado de inconsciencia. Fang Juexia se puso de pie junto a la ventana, observando las calles que comenzaban a despertar, con gente caminando por las aceras como hormigas insignificantes.

Las hormigas son fáciles de aplastar, y sus sueños lo son aún más.

Su teléfono vibró varias veces; era un mensaje de Ling Yi preguntando por qué no había vuelto al apartamento. Fang Juexia respondió lentamente, sin estar muy seguro de lo que había escrito.

Desde atrás, volvió a escuchar la voz de su padre, ahora ronca y entrecortada, rogándole que lo liberara. Fang Ping parecía sinceramente arrepentido, derramando lágrimas mientras suplicaba.

“Me equivoqué, hijo. De verdad, no quería hacerte daño, solo quería hablar contigo, pero no pude controlarme…”

“En serio, papá está sufriendo, estoy a punto de morir, ¿lo sabes?”

“Papá sabe que has triunfado, sabe que lo has logrado, puedes ayudar a tu padre, ¿verdad?”

“Han pasado tantos años, papá también te extraña mucho.”

“Papá”…

Esa palabra se sentía tan lejana, tan vacía.

Dentro de Fang Juexia, sus emociones y su razón luchaban. Sentía asco y compasión por él, pero su mente seguía desentrañando las mentiras en sus palabras.

“No quería hacerte daño,” decía, pero había venido con una barra de metal para golpearlo.

“Te extrañé,” afirmaba, pero en todos esos años nunca había regresado, hasta ahora que Fang Juexia había alcanzado la fama.

Con la mirada fija en la ventana, Fang Juexia, con la espalda recta como un árbol, respondió fríamente, más como un interrogador que como un hijo.

“¿Cuándo comenzaste a seguirme? ¿Hay alguien más que sepa que has regresado?”

Fang Ping, con la voz rota, se apresuró a responder la segunda pregunta. “No, realmente no.”

“Contesta: ¿Cuándo empezaste a seguirme?” Fang Juexia repitió la pregunta con frialdad.

“F-finales de abril… Vine a Pekín con mis últimos ahorros para verte. Iba a volver a Guangzhou, pero quería verte, hijo, yo…”

“¿Qué drogas consumiste antes de venir?” Fang Juexia se sintió aliviado al saber que su padre no había vuelto a Guangzhou, pero cortó en seco su intento de manipulación emocional. “¿Qué pensabas hacerme? ¿Qué querías conseguir de mí?”

Fang Ping respiraba con dificultad, su voz sonaba vacía, como si estuviera gravemente enfermo. “No… no lo recuerdo, Juexia…”

“Claro que lo recuerdas,” lo interrumpió Fang Juexia, irritado por escuchar su nombre en sus labios. “Dime, ¿qué planeabas hacerme?”

Su voz era tan fría que helaba el ambiente.

“Solo quería dejarte inconsciente. No he podido encontrar un momento para hablar a solas contigo. Solo quería hablar, pedirte ayuda. Soy tu padre, ¿no puedes ayudarme?”

Fang Juexia soltó una risa amarga.

“No mientas. ¿Te has visto en un espejo desde que te drogaste? ¿Sabes lo que eres? Si hubieras usado esa barra en mi cabeza, tal vez ni siquiera podría estar aquí de pie. ¿Ayudarte? ¿Cómo te ayudaría si estuviera muerto?”

Las palabras de Fang Juexia salían disparadas como balas.

“¿Contactaste a mi empresa o a mi representante? ¿O a alguna otra compañía? ¿Con quién más te has comunicado? ¡Responde!”

Fang Ping, ahora tartamudeando y temblando, no podía seguir el ritmo de las preguntas.

Su síndrome de abstinencia volvió a arremeter, y su breve momento de claridad desapareció. Su cuerpo se retorcía nuevamente, sus nervios se sentían como si estuvieran siendo devorados por gusanos. Decía cualquier cosa que se le viniera a la mente, insultando a quien tuviera enfrente.

Mientras Fang Juexia lo miraba, no estaba seguro de quién era el verdadero Fang Ping ¿el hombre bajo el efecto de las drogas o el que estaba sobrio?

Fang Ping volvió a insultarlo, y los recuerdos de su infancia inundaron la mente de Fang Juexia: los días en los que temía que su padre llegara a casa borracho, las veces que esquivaba botellas de cerveza volando por el aire o cómo no lograba evitar que un cenicero lo golpeara en el pie, haciéndolo sangrar.

Recuerdos que siempre atribuía a ser su propia culpa.

¿Por qué las experiencias humanas no podían anularse mutuamente?

Los hermosos recuerdos de la infancia, seguidos por la destrucción de esos momentos de felicidad… Si se sumaran y restaran, tal vez el resultado sería cero, como si nunca hubieran existido. Pero la realidad era que cada pérdida duplicaba el dolor.

Fang Ping cayó de nuevo en un estado de calma, pero Fang Juexia sabía que pronto volvería a explotar. Era un ciclo interminable: gritos de rabia seguidos de un silencio aterrador.

Fang Juexia se sentía como una tapa de piano recién pulida, que se ensuciaba lentamente con el polvo, la suciedad y las huellas dactilares.

El dolor en su espalda era insoportable. Apenas podía mantenerse de pie, y terminó sentándose en el suelo, abrazando sus rodillas mientras seguía mirando por la ventana. El guardaespaldas, siguiendo órdenes de Pei Tingsong, entraba de vez en cuando para traerle comida o agua, pero Fang Juexia ya ni siquiera tenía fuerzas para agradecer.

No podía permitirse cerrar los ojos. Si lo hacía, volvería a ver al antiguo Fang Ping, el que era brillante y amable. Temía que, si lo hacía, su corazón se ablandaría.

El cielo cambió de color, nubes grises se acumularon y pronto un trueno resonó en el aire, seguido de una fuerte lluvia. El olor a tierra mojada llenó la habitación, haciéndolo sentir mareado nuevamente. Se levantó con dificultad y fue al baño, donde intentó vomitar, pero no logró expulsar nada. Era como si su cuerpo intentara deshacerse de todo, pero no tuviera nada que soltar.

Cuando se miró en el espejo, vio su frente amoratada y la piel rota que ya había empezado a formar una costra. Por un momento, agradeció no tener trabajo próximamente; no sabría cómo pararse frente a una cámara con ese aspecto. Pero tan pronto como ese pensamiento cruzó su mente, Fang Juexia se asustó.

Había pasado años asegurándose de que la marca de nacimiento en su rostro no lo definiera, convenciéndose de que no era un defecto. Sin embargo, la presencia de su padre había reactivado esos viejos miedos.

Las semillas de la duda, plantadas por su propio padre, solo habían estado dormidas.

Fang Juexia dejó de mirarse en el espejo. Intentó usar la lógica para expulsar esos pensamientos negativos, pero su cuerpo seguía temblando ligeramente. Necesitaba resolver un sudoku, necesitaba pensar. Eso lo ayudaría a calmarse. Si lograba que su cerebro funcionara, todo estaría bien.

La ansiedad estaba creciendo en su pecho, y Fang Juexia se sentía perdido.

Cuando salió del baño, escuchó el sonido de una puerta abriéndose. Alzó la mirada, siguiendo el ruido, y vio a alguien mojado por la lluvia.

¿Era una ilusión?

¿Por qué parece que es Pei Tingsong?

Pei Tingsong miro a Fang Juexia y sintió un fuerte dolor en el pecho. Fang Juexia estaba tan pálido como una flor marchita, manteniendo tercamente su forma original, pero parecía que con un solo toque se desmoronaría en polvo. Sus ojos apagados, sin brillo, ni siquiera parecían reconocerlo.

Pei Tingsong se apresuró hacia él, llamándolo: “Juexia”, con la intención de abrazarlo, pero justo antes de llegar, vio cómo los ojos de Fang Juexia se desvanecían y se detenía. Parecía temer que ese abrazo apresurado podría alterar aún más las emociones frágiles de Fang Juexia.

Entonces, Pei Tingsong dudó. Quiso extender la mano, pero la retiró.

Fang Juexia levantó lentamente su mano, tocando el pecho de Pei Tingsong. Estaba caliente, y pudo sentir sus agitados latidos.

“Has vuelto” dijo finalmente, confirmando que no era una ilusión. Fue como si simplemente estuviera esperando que su amado volviera a casa, sin que nada hubiera sucedido.

Incluso intentó decir más cosas que había preparado de antemano, con la voz calmada y controlada: “¿Cómo fue todo por allá? ¿Tu madre ya se dio por vencida?”

Pei Tingsong sostuvo su mano, mirándolo a la cara herida, lleno de ira y tristeza, con el corazón apretado. No respondió a su pregunta: “Me enteré de lo que pasó y volví de inmediato.”

“¿Él te golpeó, verdad? Hoy le voy a…”

Fang Juexia sacudió la cabeza, débilmente “No lo logró” dijo para calmar su preocupación, repitiendo “Estoy bien, de verdad.”

Pei Tingsong no le creyó ni por un segundo.

Ya sabía por el guardaespaldas que Fang Juexia no había dormido en toda la noche, viendo cómo Fang Ping perdía la cabeza. No podía ni imaginar lo que Fang Juexia estaba sintiendo en ese momento, solo quería llevárselo lejos de ese hombre despreciable.

“Juexia, ¿por qué no vienes conmigo?” dijo suavemente, acariciando su mejilla. “Descansemos un poco, duerme. Yo me encargaré de todo aquí, no te preocupes por nada.

“¿Dormir?” repitió Fang Juexia, pareciendo solo captar algunas palabras, con la mirada perdida. Sacudió la cabeza “No quiero dormir aquí, este lugar está sucio.”

“Lo sé” Pei Tingsong le apretó la mano. “Vamos a mi lugar, ¿de acuerdo?”

Fang Juexia asintió ligeramente.

Había sido en un lujoso apartamento el que Pei Tingsong había alquilado, planeado como un lugar para interrogar, ahora volver allí era sencillo, pero consolar a Fang Juexia sería complicado.

La mente de Fang Juexia estaba nublada, se sentía terriblemente incómodo. Al entrar en el apartamento, caminó automáticamente hacia la sala de estar vacía. El olor a lluvia, penetrando en su nariz, atascaba su respiración y pensamiento, haciéndolo sentir sofocado, incapaz de pensar con claridad. Incluso la voz de Pei Tingsong le parecía distante, amortiguada por el sonido de la lluvia.

Sintió que lo tomaban de la mano, llevándolo a la habitación. Se sentía tan sensible y a la vez distante.

Dijo que quería bañarse. Aunque Pei Tingsong no estaba tranquilo, cedió y preparó un baño de agua caliente. Fang Juexia, de espaldas, se quitó la camisa, revelando un hematoma en su espalda baja.

Los puños de Pei Tingsong se apretaron.

El agua caliente lo salvó, derritiendo lentamente el hielo que se había formado en su cuerpo. Fang Juexia se reclinó contra un lado de la bañera, mirando el techo, mientras Pei Tingsong le limpiaba con cuidado la herida en la frente. Durante todo el baño, Fang Juexia no dijo una palabra, parecía estar pensando en algo o simplemente mirando al vacío.

Lo único que dijo fue que quería bañarse solo, y aunque Pei Tingsong no quería dejarlo, accedió, dejándole ropa limpia y quedándose afuera, con el corazón en la garganta.

Se arrepentía de haber vuelto a Estados Unidos en ese momento, de no haber estado con Fang Juexia cuando más lo necesitaba. Pero sabía, en el fondo, que aunque hubiera estado, poco podría haber hecho.

Solo habría sido un testigo de la repetición de su pesadilla.

Este era el hombre que había superado tantos obstáculos para estar con él. Le había costado mucho convencerlo de intentarlo, de dejar atrás la sombra de su padre y la desconfianza en el amor para estar en sus brazos.

Y ahora, ¿se arrepentiría?

La puerta del baño se abrió, y Fang Juexia salió descalzo, vestido con el pijama de Pei Tingsong, su cuerpo aún emanando el calor del agua. Se dirigió directamente a la cama, sin que Pei Tingsong tuviera que insistir.

“Descansa” Pei Tingsong lo arropó con cuidado, hablando en un tono bajo. “Si necesitas algo, solo llámame.”

Cuando estaba a punto de irse, Fang Juexia se sentó y agarró su mano, con los ojos rojos.

“Has vuelto, pero aún no me has abrazado.”

Al escuchar esto, Pei Tingsong se dio cuenta de lo tonto que había sido. Decía que lo amaba, pero no había confiado en él lo suficiente.

Había sido demasiado inseguro, tan frágil que parecía que con un solo “no” de Fang Juexia, se derrumbaría.

Pei Tingsong lo envolvió en un abrazo, con la nariz ardiendo mientras contenía las lágrimas “Lo siento.”

Fang Juexia no entendía su disculpa, así que no respondió, simplemente levantó la mano para abrazarlo de vuelta, hablando suavemente “Aún no me has respondido. ¿Qué pasó allá?”

Pei Tingsong sacudió la cabeza, acariciando su nuca y besando la cima de su cabeza “Ya está todo bien.”

“Eso es bueno” murmuró Fang Juexia, acurrucándose en sus brazos y cerrando los ojos.

Eran como dos animales heridos, que mientras se desangraban, perdían su calidez. Así que, sin más opciones, se abrazaban, compartiendo ese calor restante para sobrevivir.

Fang Juexia estaba acostumbrado a gestionar sus emociones, a someter la sensibilidad a la razón, lo que le impedía tener un estallido emocional. Sus emociones, crudas y sangrantes, siempre se quedaban tras una barrera de vidrio esmerilado, incompletas, distantes.

“¿Sabes?” empezó a decir con voz suave. “A veces siento que tengo un lado oscuro. Cuando supe que la persona que me atacó en el estacionamiento era él, ¿sabes cuál fue mi primera reacción?”

Con una voz cuidadosamente controlada, continuó “Pensé en traer a mi madre aquí de inmediato, para que viera con sus propios ojos a la persona que ha estado esperando todos estos años.”

Pei Tingsong podía sentir la desesperación en su voz.

“Estuve vigilándolo toda la noche, escuchando sus insultos hacia mí y mi madre. Y cada cierto tiempo, se me ocurría la idea de grabarlo, de tomarle fotos sosteniendo la barra de metal que intentó usar para golpearme, y enviárselas a mi madre. Para que despertara, para que dejara de soñar.”

Su dolor se desbordaba, finalmente alcanzando un punto de ruptura. Pero cada vez que pensaba en hacerlo, me venía a la mente la imagen de mi madre sentada en la mesa, mirando hacia la puerta con esa expresión de esperanza en su rostro, como si…

Como si estuviera esperando que llegara la primavera una vez más.

Fang Juexia no sabía qué sucedería si le revelara la verdad. ¿Cómo podría continuar esperando cuando la primavera nunca más llegaría?

Con ese pensamiento, finalmente comenzó a llorar, grandes lágrimas rodando por sus mejillas como piedras que caían de una montaña de hielo, incapaces de contenerse.

Esta era la primera vez que Pei Tingsong lo veía llorar de verdad. No estaba llorando por él mismo, sino por el amor de su madre. Una historia que alguna vez había sido hermosa, se había convertido en una cadena, en una sentencia suspendida de por vida.

Pero incluso si era una sentencia, Fang Juexia no podía romper las ilusiones de su madre.

Una condena, pensaba, siempre es mejor que una ejecución inmediata.

Pei Tingsong acarició su rostro, besando suavemente sus lágrimas.

Fang Juexia lo miró, con una expresión rota “¿Tú crees? ¿Dejarla seguir esperando a un amor que ya no existe, no es… no es tan cruel?”

“No se lo diremos” Pei Tingsong presionó su frente contra la de él. “Lo enviaré donde debe ir, no permitiré que vuelva a aparecer frente a ti, ni que te lastime nunca más.

Por primera vez, Pei Tingsong sabía lo que significaba amar a alguien por completo. Por primera vez, sentía dolor en su alma por el dolor de otro. Pero, si hubiera tenido la opción, habría preferido no pasar por esto, solo para que Fang Juexia se sintiera bien otra vez.

“No siempre fue así. Alguna vez, él también me protegió” dijo Fang Juexia, temblando en sus brazos. “Cuando era pequeño, solía cargarme en sus brazos, me llevaba a la sala de práctica para que lo viera bailar. Mi madre decía que cuando yo era bebé, lloraba mucho. Solo podía dormir si alguien me sostenía, así que él pasaba las noches en vela, meciéndome y cantándome las canciones que bailaba. Incluso me dijo que yo era el niño más hermoso del mundo, y que se quedaba conmigo toda la noche cuando tenía fiebre. Y en un barco sobre el río Zhujiang, me sentaba en sus hombros para disfrutar de la brisa.

Nada de eso era mentira. También había experimentado el amor paternal.

“Antes de que se cayera, antes de que supiera que tenía ceguera nocturna, me dijo…”

Fang Juexia respiró hondo “Me dijo que mi madre y yo éramos las personas que más amaba en el mundo, y que yo era su mayor orgullo.”

“Pero al final, en comparación con su propio orgullo, yo no era nada, ¿verdad?”

“No es verdad” respondió Pei Tingsong, acariciándole el cabello. “Fang Juexia, eres la persona más valiosa y maravillosa del mundo.”

“Tienes que recordar que el fracaso, el alcohol y las drogas lo corrompieron. Ya no es una persona normal. No importa qué cosas malas te haya dicho, están equivocadas. No lo escuches.”

Fang Juexia repitió esas palabras en su mente, tal como Pei Tingsong le había dicho.

Ya no es una persona normal. Las palabras de añoranza que dijo eran falsas.

Después de años de separación, lo único que Fang Ping le había dejado eran moretones y cicatrices.

Fang Juexia se recostó, apoyado en el abrazo de Pei Tingsong, sintiendo sus manos recorriendo su cabello y su espalda.

Pei Tingsong podía sentir el conflicto en su interior. Algo profundo y difícil de explicar, pero ahí estaba. Sabía que Fang Juexia había sufrido durante muchos años para llegar a una decisión sobre este hombre. Ahora, cada vez que se encontraba con su padre, cada vez que era insultado por él, volvía a hundirse en la agonía.

“Aún estás dividido por dentro, ¿no? Entre el padre que conocías cuando eras niño, y el hombre que has encontrado ahora.”

Fang Juexia no podía negar eso.

Siempre trataba de convencerse, como trataba de convencer a su madre, de que el hombre que ahora veía no era el que había sido. Dejarlo ir, dejarlo solo, era la mejor opción. Pero seguía doliendo. Y cada vez que soñaba con su infancia, soñaba con su padre llevándolo a ver su primer espectáculo de danza, sosteniéndolo en sus brazos.

Y siempre, se despertaba con lágrimas en los ojos.

Pei Tingsong entendió su silencio “Todo el mundo cambia constantemente. Por las circunstancias, por el entorno. Incluso si aceptamos esos cambios, es difícil decir si la persona que tenemos frente a nosotros sigue siendo la misma que conocimos.”

Al decir esto, acarició suavemente la mejilla de Fang Juexia, y le hizo una pregunta en voz baja “¿Has oído hablar de la paradoja del barco de Teseo?”

Fang Juexia negó con la cabeza, tratando de contener sus emociones “¿Otra paradoja filosófica?”

“Exactamente” Pei Tingsong sonrió mientras le tomaba la mano. “Es un experimento mental muy antiguo. Imagina un barco que puede navegar indefinidamente siempre que las partes deterioradas sean reemplazadas. Si cada tablón podrido es reemplazado, cada vela rota es sustituida, tras siglos de reparaciones, el barco de Teseo ya no tendría ninguna de sus partes originales. Entonces, ¿seguiría siendo el mismo barco?

Fang Juexia reflexionó sobre eso, con dos respuestas debatiendo en su mente. Si todas las partes habían sido reemplazadas, entonces, ya no sería el barco original. Había perdido todo lo que había sido.

Pero el cambio había sido gradual, y no había sido reemplazado de una sola vez. Aún se llamaba Teseo, y seguía navegando.

Después de pensarlo seriamente, Fang Juexia finalmente respondió, intentando encontrar una respuesta “Supongo que todo depende de cómo definamos el barco, ¿no?”

Pei Tingsong asintió, acercándose más a él, con sus narices rozándose “Juexia, ya has dado una definición antes, ¿recuerdas?”

“Dijiste que la esencia de una persona es lo que trata de preservar de sí mismo.”

Fang Juexia asintió, con lágrimas en los ojos, dándose cuenta de algo tras su dolorosa lucha interna.

Fang Ping ya había perdido esa esencia que una vez trató de preservar.

Finalmente, Fang Juexia articuló su conclusión, aunque le dolía “Entonces… él ya no es el hombre que era antes.”

Ni el padre que alguna vez lo había amado de verdad.

Pei Tingsong sabía lo difícil que era aceptar algo así, porque él también había pasado por ello. Reconocer que tus padres ya no te amaban era devastador, pero aferrarse a una ilusión solo hacía más daño.

“Guarda ese barco en tu corazón” dijo Pei Tingsong. “No tiene una forma física, pero estará ahí para siempre, inmutable.”

Las lágrimas que Fang Juexia había contenido volvieron a caer. Finalmente, había aceptado que su padre ya no existía. Desde el momento en que su padre cayó del escenario, incapaz de volver a levantarse, había dejado de ser el hombre que amaba.

Aquella caída había destrozado la esencia que no pudo preservar.

Aceptar que ya no era amado por su padre había sido extremadamente doloroso. Había pasado tantos años evitando enfrentar esa verdad. Y como resultado, la imagen de su padre pasado y el hombre perturbado que veía ahora se superponían, oscureciendo su vida, llenándolo de miedo.

Miedo de perder el control, miedo de ser devorado por esa sombra. Así que usaba todos los medios a su disposición para mantener la lógica y la razón, en todo momento. Ese miedo le había hecho rechazar el amor, rechazar amar.

Porque no quería fabricar más pesadillas para sí mismo.

La cara de Pei Tingsong estaba tan cerca. Se frotaban uno contra el otro. Fang Juexia finalmente salió de ese obsesivo ‘despertar’, para despertar de verdad.

Reconoció que se había equivocado.

Cuando había estado rodeado de malicia, pensó que lo que necesitaba era su cuaderno de sudoku, una distracción lógica que pudiera sacarlo de su angustia. Pero ahora se daba cuenta de cuán ineficaz había sido ese mecanismo de autocontrol.

El abrazo de Pei Tingsong había arrancado su máscara de fortaleza.

Todo lo que necesitaba era amor.

Fang Juexia nunca había imaginado que el capullo de dolor que había tejido durante tantos años pudiera deshacerse con tanta facilidad en manos de Pei Tingsong. De hecho, momentos antes, había estado a punto de rechazar a Pei Tingsong, convencido de que podía manejar la situación por sí mismo.

De repente, recordó la mirada de Pei Tingsong al acostarse, tan abatido, como si quisiera darle espacio para estar solo.

Fang Juexia se dio cuenta: Pei Tingsong probablemente temía que, después de presenciar la caída de Fang Ping, él se arrepintiera de haberse entregado al amor.

En el pasado, tal vez lo habría hecho. El miedo lo había consumido por tanto tiempo.

“Tingsong.” Fang Juexia pronunció su nombre con suavidad, “Gracias.”

Pei Tingsong sonrió, sintiendo cómo el dolor en su corazón se aliviaba un poco. En realidad, era él quien debía agradecerle a Fang Juexia. Después de todo, había sido él quien lo salvó.

“Sé que hay muchos, muchos casos de fracaso en este mundo” Fang Juexia alzó la mano y la posó con delicadeza en la mejilla de Pei Tingsong. Afuera, la lluvia parecía amainar, su sonido volviéndose más tenue.

“Pero nunca he dudado de la inevitabilidad del amor verdadero” Sus ojos brillaban con determinación, y hasta arqueó ligeramente una ceja, como diciendo: “Mira, Fang Juexia otra vez con esa ‘inevitabilidad’ que tanto te molesta.”

Y, en efecto, el corazón de Pei Tingsong se estremeció al escuchar esa palabra.

“Además, yo también estoy cambiando. Ahora mismo, estoy intentando calcular la probabilidad del éxito, de verdad” Sabía que sus pensamientos estaban algo revueltos, pero quería que Pei Tingsong entendiera su corazón. “Así que no temas que me rinda. No soy un cobarde.”

“Mmm, sé que eres valiente” Pei Tingsong besó la punta de su nariz, con una ternura que lo envolvía. “Soy yo quien ha empezado a temer perderte. He cambiado.”

El Pei Tingsong del pasado enfrentaba todo con una seguridad inquebrantable, como si no hubiera lugar en el mundo que no pudiera alcanzar, ni obstáculo que no pudiera superar. Podía adentrarse en cualquier bosque, vivir cualquier vida que deseara. Era libre, y no temía a nada.

Hasta que se enamoró de Fang Juexia.

La ferocidad en su carácter quedó envuelta en la suavidad de Fang Juexia, y por fin comprendió lo que era temer perder a alguien. Ahora ya no podía simplemente arriesgarse por una posibilidad de éxito; había empezado a considerar las consecuencias del fracaso.

Pei Tingsong temía profundamente que, un día, Fang Juexia le dijera: “Este punto está mal elegido. Sigues siendo un número irracional.”

A pesar de haber llorado hace apenas un momento, Fang Juexia no pudo evitar sonreír al ver la expresión melancólica de Pei Tingsong. Era la primera vez que sonreía desde que vio a Fang Ping.

“Nos parecemos cada vez más. Qué extraño.”

Mirarlo era como mirarse a sí mismo, opuestos y unidad coexistiendo en un mismo espejo.

Pei Tingsong lo abrazó con fuerza, besando su cuello.

“No es extraño. Somos dos barcos de Teseo navegando en el océano, que se encontraron por accidente y temen separarse. Así que tú me das tus piezas, y yo te doy las mías. Ya no somos quienes éramos antes.”

“Nos hemos convertido en el uno para el otro.”

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