Qian Duoduo regresó lleno de entusiasmo para preparar la casa de subastas. Esta vez insistiría en supervisarlo todo personalmente, y se aseguraría de que el Venerable Nanyou quedara satisfecho.
Qian Duoduo se fue, dejando atrás a un Lin Hao que empezaba a cuestionarse la vida.
¿Todos los fans tienen una capacidad de auto-idealización tan poderosa?
Un escalofrío recorrió a Lin Hao. Sin querer seguir pensando en eso, retomó su tarea diaria. Ya había perdido demasiado tiempo; si no se daba prisa, ni siquiera terminaría las tres cuartas partes.
Qian Duoduo demostró ser digno de ser el joven maestro de la Barca Feihua: se movía rápido. En solo unos días, medio mundo de la cultivación sabía que una espada forjada con Yanghuo Xingyun sería subastada.
Familias con jóvenes que necesitaban una espada de fuego como arma de vida, así como ancianos de los grandes clanes y sectas, comenzaron a reunir piedras espirituales, decididos a conseguir esa espada espiritual de calidad baja para sus descendientes.
Pero mientras todos estaban emocionados reuniendo riquezas, había uno que no estaba nada contento.
Lie Yan, mirando la invitación recién llegada, la sujetaba con tanta fuerza que temblaba. El papel ya había perdido su forma, y aun así se contenía para no romperlo: necesitaba entrar a la subasta para ver con sus propios ojos si realmente era la espada que él había forjado hacía poco.
Pero… Yanghuo Xingyun… Forjada personalmente por el maestro de la Puerta Xuanling…
¡Maldita sea! ¡¿Para qué iba a ir?! ¡Si esa era exactamente la espada que forjó para el discípulo de ese maldito Nanyou!
¡Boom! La mesa de té frente a él no resistió su ira y se pulverizó.
¡Demonios! ¡Aquel perro! ¿No le había dicho que sería para su discípulo? ¿Cómo podía venderla así como así?
Había pasado meses forjando esa espada con dedicación extrema.
¡Nunca había visto a alguien tan perro como Nanyou!
Por más que Lie Yan pataleara de rabia, Chang Ziqing no recibía ni una señal de ello.
Él seguía esperando la subasta con entusiasmo. Tenía que admitir que el joven maestro de la Barca Feihua no le decepcionó: su eficiencia lo tenía maravillado.
Cada vez que Qian Duoduo entregaba una invitación a familias con jóvenes compatibles con la espada, enfatizaba especialmente sus virtudes.
Esta vez, seguramente ganarían una buena cantidad.
—¿Subasta? ¿Una espada espiritual? —La voz áspera y sombría provenía de un rincón discreto de una taberna.
Un hombre cubierto por una capa negra, con capucha y solo algunas hebras de pelo blanco visibles, escuchaba las conversaciones a su alrededor. Su cuerpo flaco parecía aún más delgado bajo aquella ropa. Era el cultivador Xuéli.
Llevaba dos meses buscando en Chiyan y no encontraba rastro del artefacto divino que buscaba.
“¿Será que ya salió de la ciudad? Buscaré unos días más. Si no lo encuentro, tendré que regresar…”
Tomó su bastón de madera y salió tambaleándose de la taberna, pareciendo un anciano común y corriente, sin que nadie sospechara su nivel de Refinación del Vacío.
Llegó el día de la subasta. Todos los invitados entraban felices junto a sus jóvenes promesas.
Todos menos uno.
El rostro oscuro de Lie Yan destacaba entre la alegría general. No quería venir, pero su terquedad lo empujaba a confirmar por sí mismo si era realmente esa espada.
Apenas se acercaba a la entrada cuando vio una figura que le hizo crujir los dientes:
—¡¡¡Chang! ¡Zi! ¡Qing! —exclamó, sin molestarse en bajar la voz.
Chang Ziqing reconoció que lo llamaban por su nombre real, no por su título. Giró curioso y vio a Lie Yan avanzando entre la multitud con el rostro negro como carbón.
La expresión de Lie Yan, como si quisiera arrancarle la piel, hizo que Chang Ziqing se pusiera nervioso… y huyera por reflejo.
Lie Yan lo persiguió de inmediato.
Ambos atravesaron media ciudad. Chang Ziqing no podía evitar admirar la persistencia del otro.
Por un descuido, casi fue atrapado. Aceleró, recuperando distancia, hasta que llegó a un callejón vacío. Ya no quería seguir a ese ritmo absurdo.
—Si lo hubiera sabido habría entrado directo a la subasta… —pensó de repente, para luego corregirse—. No, con el temperamento de Lie Yan… quizá habría causado un desastre…
El maestro trataba sus armas como si fueran sus propios hijos. Chang Ziqing sudó frío. Menos mal habían huido.
Si Lie Yan armaba un escándalo delante de todos, ambos serían el chiste del mundo de cultivación durante años.
Habría sido mejor vendérsela a él directamente, se lamentó. Total, los de la Puerta Xuanling tenían dinero de sobra…
Lie Yan lo alcanzó y se remangó:
—¿¡Y por qué dejaste de correr, ah!?
Chang Ziqing negó con la cabeza. Lie Yan pensó que estaba cediendo y aflojó un poco el puño. Siempre podía perdonarlo si se disculpaba.
Pero el siguiente movimiento de Chang Ziqing casi lo mató del coraje.
Chang Ziqing señaló al sol:
—La subasta debe estar por empezar. Quiero ver cuánto se vende esa espada.
—¡¡¡CHANG!!! ¡¡¡ZI!!! ¡¡¡QING!!!
La furia que había empezado a disiparse volvió con fuerza. Lie Yan lanzó un puñetazo directo. Chang Ziqing lo esquivó.
—Si sigues así, nos la vamos a perder —advirtió él.
Lie Yan ya no razonaba; siguió lanzando golpes. El eco de su rabia llenó el callejón.
—¡No me importa! ¡Que se pierda, da igual!
Un puño pasó a un pelo del rostro de Chang Ziqing. Este sudó frío.
—¡Claro que importa! ¡Piensa! ¿Y si la compra algún hijo mimado inútil? ¿Ah? ¡Esa espada es como tu hijo!
Eso sí funcionó.
El puño de Lie Yan se detuvo en el aire. Solo de imaginar a su “hijo” cayendo en manos de un bueno para nada, su rostro se deformó del horror.
Chang Ziqing suspiró aliviado. Había acertado con la estrategia.
—¿Ya comenzó la subasta? —gruñó Lie Yan, conteniendo su furia a duras penas.
Chang Ziqing miró al sol.
—Debe haber comenzado ya.
Las venas de Lie Yan se marcaron en su frente. Agarró a Chang Ziqing y lo arrastró hacia la subasta.
—¡Pues mueve los pies! ¡Chang Ziqing! ¡Si mi hijo termina en manos de un inútil, te juro que los lanzó a ambos dentro del volcán Zhísōng!