Historia principal
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Locke siguió la mirada de Yunhang y vio a un tritón.
Llevaba la ropa nueva que se había probado. Su cabello negro caía sobre los hombros, sus aletas auriculares plateadas. Aunque era más alto que un humano, entre los tritones su complexión no era nada destacable, quizás por desnutrición.
Debería haber sido un tritón excepcionalmente hermoso, pero su rostro lo arruinaba por completo.
Locke no pudo contener una carcajada “Oye Yunhang, que no puedas acoger a nadie no significa que debas rendirte así. ¿Qué es esta… cosa?”
Cang Yue, al oír la conversación, pareció darse cuenta de que hablaban de él y miró hacia ellos con expresión confusa.
Lejos de sentirse provocado, Yunhang sonrió satisfecho “¿Y qué? Es muy obediente”.
Locke lo miró desconcertado y le recordó “¡Es un tritón feo! ¡Un tritón horrible que ni siquiera tiene los dones básicos!”
Pronunció la última frase con especial énfasis.
Pero Yunhang seguía sin darle importancia “Hay tantas razas no humanas hermosas. Que sea un poco feo no es malo”.
Luego, como recordando algo, echó un vistazo al gato plateado en brazos de Locke y añadió con frialdad “Y así no hay que preocuparse de que otros lo codicien”.
Locke se quedó sin palabras. Miró a Yunhang como si no lo reconociera.
Algo no cuadra.
Yunhang no es él mismo.
Este joven maestro Yun no era tan paciente. Ya he llegado a este extremo, ¿cómo es que aún aguanta?
¿Estará fingiendo solo para no quedar en ridículo delante de mí?
Yunhang es tan susceptible… quién sabe hasta qué punto estará conteniéndose.
Locke lo pensó un momento. Eso lo explicaría.
Esbozó una sonrisa fría, soltó al gato plateado y se inclinó para susurrarle algo al oído.
El hermoso joven abrió los ojos desmesuradamente, sus pupilas felinas plateadas llenas de duda, pero no podía rechazar una orden de su dueño.
Al otro lado, Yunhang examinó a Cang Yue de arriba abajo y asintió satisfecho “Queda bien. No te cambies, quédate con este”.
Cang Yue lo miró con los ojos brillantes. Dio una vuelta sobre sí mismo, para que pudiera verlo mejor.
Increíblemente dócil.
Yunhang estaba a punto de pedirle a la señorita conejo que pasara la cuenta, cuando una sombra se interpuso a su lado.
El joven gato plateado se plantó frente a él mirándolo fijamente, como si quisiera decir algo pero no se atreviera.
Yunhang “¿Pasa algo?”
El joven gato plateado parecía sumamente indeciso. Finalmente, reuniendo un valor enorme, murmuró “¿Podría… llevarme con usted?”
Yunhang parpadeó, tardando en reaccionar “… ¿Eh?”
Instintivamente, buscó a Locke con la mirada y lo vio al otro lado de la tienda, eligiendo productos, sin prestar atención a ellos.
“Quiero irme con usted”. La voz del joven gato plateado era baja. Echó un vistazo rápido a Locke, no muy lejos, y habló apresurado “Locke no me trata bien. Quiero cambiar de dueño… Los gatos plateados somos diferentes a otras razas no humanas. Tenemos derecho a romper la relación con nuestro empleador. Solo tiene que llevarme”
Yunhang sonrió: “Entonces rompe la relación. A los gatos plateados no les falta quién los acoja. ¿Por qué recurrir a mí?”
“En realidad, hace tiempo que quería irme con usted. Pero en aquel entonces la situación fue tan tensa que no pude pedírselo. Si pudiera elegir de nuevo, sin duda lo elegiría a usted”. El joven gato plateado estaba muy alterado. Se acercó y tiró del dobladillo de la camisa de Yunhang “Por favor, créame…”
De repente, una ráfaga de viento, cargada de humedad y olor salobre, surgió de la nada. Casi al instante, una sensación de peligro abrumadora llegó a su espalda, cargada de una furia colosal.
Al gato plateado se le erizó el pelo.
Por instinto racial, esquivó el peligro con agilidad, saltando varios metros atrás. Pero antes de que pudiera recuperar el aliento, una oleada de aura asesina le rozó el rostro. ¡Su garganta se cerró de golpe!
¡BOOM!
¡La estantería de accesorios se vino abajo con un estruendo ensordecedor en la tienda!
Nadie logró comprender qué había pasado. Solo podían ver al joven gato plateado, con la garganta apresada por Cang Yue, clavado contra los restos. Sus pies colgaban en el aire mientras forcejeaba con violencia y la pared de vidrio a sus espaldas hecha añicos.
Nadie sabía cómo lo había logrado, ¡pero lo que tenía agarrado era un gato plateado, orgulloso de sus dones de “agilidad” y “perspicacia”!
En la penumbra, inadvertida por todos, la piel del tritón comenzó a mostrar escamas plateadas que rápidamente se tornaron rosadas, reflejando un brillo plateado.
El aire estaba cargado de un silencio peligroso.
Solo se oía el quejido ahogado y agonizante del joven gato plateado.
“¡Anuo!” Locke fue el primero en reponerse. Corrió hacia ellos e intentó aferrar el brazo de Cang Yue para separarlo del cuello del gato plateado.
“¡Bastardo! ¡Suelta a Anuo! ¡Ah-!”
Cang Yue agitó ligeramente su otra mano libre. Sin siquiera tocar a Locke, este fue repelido por una fuerza invisible, estrellándose contra el suelo y deslizándose varios metros.
Los guardias de la entrada intentaron intervenir, pero era como si pisaran una zona distorsionada, podían moverse, pero no avanzar ni un centímetro de ese pequeño espacio.
Este fenómeno extraño nunca visto hizo que todos los presentes, con la piel de gallina, contuvieran la respiración,.
Locke yacía en el suelo, incapaz de levantarse. Los guardias, atrapados. La señorita conejo había huido, sin saberse dónde.
Los dedos de Cang Yue se cerraban con más fuerza alrededor del cuello de Anuo. Las pupilas del joven gato plateado empezaban a blanquearse, sus convulsiones cada vez más débiles.
El rostro de Cang Yue era impasible, sus ojos negros como la tinta, más aterradores que el abismo.
Nada a su alrededor parecía afectarlo.
“Cang Yue”. Una voz familiar sonó en sus oídos, y luego una mano tomó su muñeca.
“Suéltalo, Cang Yue”.
Las orejas del tritón se movieron.
Era Yunhang.
Instintivamente, murmuró “Hanghang”.
“Soy yo”. Yunhang repitió suavemente “Suéltalo”.
El joven delgado parecía tener un poder mágico. El brazo que Locke no había podido inmutar cedió, liberando al gato plateado.
¡PUM!
Anuo cayó al suelo.
Las escamas del tritón se replegaron bajo su piel. En un instante el campo de fuerza se rompió.
Locke se levantó rápidamente, tomó en brazos a Anuo y se alejó. Los guardias ya libres entraron y los protegieron.
No se acercaron más, limitándose a escoltar con cautela a Locke y Anuo hacia la salida.
“Cang Yue”. Yunhang tomó su mano, entrelazó sus dedos y unió sus palmas, como queriendo transmitirle calma.
Cang Yue reaccionó por fin. Al reconocer a la persona frente a él, su expresión gélida se suavizó, aunque seguía cabizbajo, visiblemente disgustado.
El corazón de Yunhang latía con fuerza. Nadie noto que su otra mano temblaba de nerviosismo, con la palma empapada en sudor.
Ese era el verdadero poder de Cang Yue y ni siquiera había usado la décima parte… no, ni la centésima parte.
Yunhang no podía imaginar qué aterradora sería su presencia una vez completamente recuperado.
Quizás nadie en todo el Continente Marino podría escapar de su control y mucho menos él, un humano sin dones.
Que el tritón, siempre dócil, mostrara de repente este lado rebelde dejó a Yunhang desconcertado.
Cang Yue apretaba su mano con una fuerza que parecía querer romperle los huesos, pero Yunhang no se atrevía a quejarse.
La gente se agolpaba alrededor. Yunhang sacó a Cang Yue de la tienda.
Al cruzar la puerta, se encontraron con Locke. Cang Yue giró la cabeza de repente y le mostró los colmillos con un gruñido. Locke aterrado cayó al suelo con las piernas flojas.
Yunhang no tuvo ánimos para burlarse.
Solo le advirtió “No vuelvas a usar tretas tan bajas para probarme. De verdad no me interesa tu gato plateado”.
El rostro de Locke era una mezcla de miedo y rabia.
El coche se alejó del centro comercial. Durante todo el trayecto a casa, ninguno de los dos pronunció una palabra.
A mitad de camino, Yunhang miró por la ventana y vio la Estrella Guía flotando en el cielo, cumpliendo su deber de señalar a la humanidad el lugar donde surgirían los dominios marinos.
Era la Ciudad del Desecho, el lugar donde Cang Yue había aparecido por primera vez.
El coche se detuvo frente a la villa. Bajaron y el tío Zhang, que estaba arreglando el jardín, los vio con sorpresa “¿Ya ha vuelto, pequeño señor?”
Yunhang respondió evasivamente sin ánimos para conversar.
Al ver su expresión sombría, el tío Zhang frunció el ceño preocupado. Pero antes de que pudiera preguntar ambos ya habían subido las escaleras.
Dejó las tijeras de podar y se dirigió hacia los guardaespaldas.
…
Yunhang llevó a Cang Yue a su habitación, lo convenció de que se acostara y le dijo que descansara.
Su mente era un caos; necesitaba estar solo un rato.
Pero Cang Yue no lo dejaba ir. Lo miraba suplicante, y su mano, que antes lo apretaba, empezó a tirar de él, haciéndolo caer sentado en la cama.
“Cang Yue”.
Yunhang intentó decir algo, pero las palabras no llegaron.
Cang Yue lo abrazó con fuerza.
Una fuerza descomunal, mayor incluso que cuando le había agarrado la mano antes.
Yunhang intentó empujarlo, pero no cedió ni un centímetro.
Su resistencia provocó un fuerte descontento en el tritón, que emitió un gruñido de advertencia.
Yunhang “…”
No se atrevió a moverse ni un milímetro.
El tritón seguía enfadado. Enterró la cabeza en su cuello, su aliento caliente contra la piel. Yunhang incluso tuvo la ilusión de que en cualquier momento podría morderle el cuello.
Con la voz temblorosa Yunhang dijo “Cang Yue”.
Al instante, la nariz se colocó cerca de su arteria, en un gesto de peligro y a la vez contenido.
Era cauteloso, casi suplicante, lleno de una petición humilde.
Se había dado cuenta, Yunhang le tenía miedo.
Pero no quería que se fuera.
No aflojó en lo más mínimo el abrazo. Al contrario, se inclinó, empujando a Yunhang contra la cama y se colocó sobre él.
“E-espera”. Yunhang estaba completamente desconcertado por la situación. Cang Yue se restregaba contra él sin control “Si tienes algo que decir, dilo. Deja de restregarte… que haces cosquillas… ¡Para!”
Cuanto más se resistía, más se disgustaba Cang Yue. Finalmente, le inmovilizó los brazos y enredó sus piernas alrededor de su cuerpo, dejando a Yunhang completamente atrapado.
Solo cuando dejó de forcejear, Cang Yue se calmó un poco. Lo miró desde arriba, sus pupilas brillando con un tenue brillo rojizo de excitación.
“…” Yunhang se rindió. Su instinto le decía que si se movía otra vez lo que lo inmovilizaría no serían piernas, sino una cola de sirena.
Su docilidad animó a Cang Yue, que bajó aún más su cuerpo hasta que estuvieron pegados, separados solo por la fina tela de la ropa.
“Abrazo”
“Un abrazo está bien”. Yunhang aprovechó para plantear la pregunta “Pero debes decirme por qué estabas enfadado”
El cambio de humor de Cang Yue había sido demasiado brusco. Yunhang ni siquiera había identificado el detonante.
“El gato plateado. No te lo lleves. No lo toques”.
Yunhang se quedó paralizado un instante. No esperaba que Cang Yue, desde tan lejos, hubiera oído su conversación y se hubiera enfadado tanto.
Aquel gato plateado casi pierde la vida.
A Cang Yue no le importaba si el gato plateado vivía o moría. Él seguía enfadado. Al notar que Yunhang se distraía, apretó los brazos como si descargara su frustración.
“Abrazo”.
Yunhang sintió el dolor. Comprendiendo que Cang Yue no quería su vida, la tensión lo abandonó de repente, reemplazada por un alivio profundo, como el de quien escapa de la muerte.
Puso la mano que podía mover sobre la cintura de Cang Yue y lo consoló “Está bien, está bien, un abrazo”.
Cang Yue se puso contento. Sus aletas auriculares se agitaron y restregó la cabeza contra Yunhang sin parar, sin soltar las piernas que lo mantenían atrapado.
Por casualidad, su nariz rozó la comisura de los labios de Yunhang, quien, avergonzado, abrió los ojos “¡Ahí no!”
Estas palabras, sin embargo, despertaron la curiosidad de Cang Yue, que alzó la vista para mirar.
Húmedos. Suaves. Quería morderlos.
Sus colmillos se asomaron ligeramente. Pero su subconsciente le decía que no podía. Hanghang se enfadaría.
El tritón rechinó los colmillos un par de veces y al final se contuvo.
Su cuerpo estaba inquieto, no sabía qué hacer, así que siguió apretándose contra Yunhang. Finalmente, enterró el rostro en su cuello, con la nariz contra la piel tibia, aspirando su aroma humano y pronto se durmió.