Capítulo 9. El pulmón es un órgano muy importante

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Tang Heng sale del ascensor y se encuentra de frente con alguien: es precisamente el gerente Qi.

Parece que ya ha terminado su turno, pues en lugar de su habitual traje, viste una gabardina común y jeans. Al ver a Tang Heng, muestra su característico entusiasmo.

—¡Profesor Tang! ¿Acaba de terminar su trabajo? ¡Cuánto esfuerzo, cuánto esfuerzo!

—¿Viene a buscar al profesor Sun?

—Así es, me dijo que tiene problemas con el aire acondicionado de su habitación, vengo a revisarlo.

—Yo también lo busco —dice Tang Heng.

El gerente Qi llama a la puerta, que se abre casi de inmediato. Sun Jihao, envuelto en el albornoz del hotel, habla temblando un poco:

—¡Xiao Qi, ven rápido a ver qué está pasando! Lo tengo a veintiséis grados y estoy congelándome… ¡Shidi! ¿También se te dañó el aire acondicionado de tu habitación?

—No. —Tang Heng mira a Sun Jihao a la cara—. Shixiong, tengo algo de lo que necesito hablar. ¿Estás libre?

—No hay problema. Xiao Qi, échale un vistazo. —Sun Jihao va a buscar su tarjeta de habitación y se pone otra chaqueta sobre su albornoz—. Vamos, shidi. Hablemos fuera.

De nuevo llega a la terraza del cuarto piso.

Shixiong, ¿terminaste de cargar los datos de hoy? —le pregunta Tang Heng. Para las visitas han usado encuestas y tienen que cargar los datos en el sistema cada noche.

—Sí. Te dormiste de inmediato, mientras tanto, yo trabajé durante dos horas enteras. El wifi del hotel es horrible.

—¿Pasó algo?

—Nada malo con la aldea. Es el jefe de la aldea. —Sun Jihao mira hacia la puerta y baja la voz—. Antes de que volvieras para comer, quería hacerme un regalo.

—¿Qué regalo?

—Morilla ruborizada[1]. Dijo que es su especialidad local…

—¿Te diste cuenta? —lo interrumpe Tang Heng—. No hay personas con discapacidades o enfermas en la aldea.

Sun Jihao se sorprende. Luego suelta una risita.

—¿Te lo ha dicho Lu Meining? Esos dos chicos son bastante responsables.

—Un lugareño dijo que el comité sacó a algunas personas antes de que llegáramos.

—Ah, no podía explicarles demasiado a los niños. —Sun Jihao le palmea el hombro—. Esa vieja abuelita… Bueno, su hijo era el antiguo jefe de la aldea, ¿entiendes? Obviamente, a ella no le gustan los nuevos representantes y a veces causa problemas. La visité. Está un poco confundida.

—… Ella dijo que el hermano de Li Yuechi tiene problemas cognitivos.

—Entonces pregúntale a Xiao Li, ¿no? —Sun Jihao parece desconcertado—. ¿No son viejos compañeros de clase?

«Viejos compañeros de clase mi culo».

Diez y media de la noche, Tang Heng sostiene un cigarrillo encendido, haciendo todo lo posible por reprimir el impulso de destrozar su teléfono. Ya ha enviado cinco solicitudes de llamada de voz a Li Yuechi, pero nadie le ha contestado. ¿Así son los antiguos compañeros de clase? Ni siquiera tiene el número de Li Yuechi. No puede encontrarlo. Sabe que Li Yuechi está en Shijiang, pero simplemente no puede encontrarlo.

Cada mensaje y cada llamada de voz parecen arrojarse a la ilimitada oscuridad. La última vez que ocurrió esto fue hace cinco años. Tang Heng había estado haciendo su máster en el Reino Unido. Una clara tarde de verano, empezó a llamar como loco al número de Li Yuechi, quien ya había sido detenido en aquel momento, pero él no era capaz de recordarlo del todo. Le envió mensajes de Wechat, textos, comentarios en QQ. Le preguntó: «¿Estás ahí? Li Yuechi, ¿estás ahí? No me ignores, regresaré ahora mismo, compré el boleto de avión, volaré a Shanghai mañana al mediodía, espero que no se retrase. Li Yuechi, ¿estás ahí?».

No puede recordar lo que pasó después. Es como si le hubieran borrado la memoria. Cuando recobró la cordura, estaba tumbado en una tranquila sala de pacientes. Fuera de la ventana estaba el cielo nocturno de Londres.

Tang Heng repite las palabras de Sun Jihao en su mente. Sun Jihao le dijo: «¿No te responde en Wechat? Es normal. No hay wifi en la aldea… Todos duermen temprano allí. Probablemente esté durmiendo y no ha revisado su teléfono… Shidi, pregúntale en persona mañana».

Además, hace seis años nunca oyó a Li Yuechi mencionar a su hermano. Cuando Li Yuechi llamaba a su casa por aquel entonces, de vez en cuando preguntaba: «¿Cómo le va a mi hermano en la escuela?». Eso no suena en absoluto como alguien que estuviera hablando de un hermano con problemas cognitivos, ¿verdad?

Su teléfono vibra.

Zita:

[Profesor Tang, siento molestarlo… ¿Tiene actualizaciones?]

Tang Heng:

[Todavía tenemos que verificar las palabras de la anciana. No tienen que preocuparse por ello.]

Zita:

[Ah, vale… Siento haberlo molestado.]

Tang Heng:

[No hay problema. Descansen un poco.]

¿No son así realmente las cosas? La madre del ex jefe de la aldea está enfadada con el comité de la aldea y, debido a su edad, no es tan lúcida, así que se inventó algunas cosas a propósito o sin querer cuando los estudiantes la visitaron. Sí, es así.

No puede ser incapaz de hacer análisis racionales sólo porque se trata de Li Yuechi. Ya tiene veintisiete años. No puede ser así.

Once y media de la noche, Tang Heng está sentado en una motocicleta que va a toda velocidad.

Está completamente oscuro en las montañas, salvo por el pequeño cuadrado de carretera iluminado por el faro naranja de la motocicleta. Es rápida y el viento helado de la noche le apuñala la cara. Tang Heng no tiene más remedio que entrecerrar los ojos.

—Señor, ¿cuánto falta?

—¡Alrededor de media hora! —responde el conductor—. ¡Ya vamos bastante rápido! La carretera está tranquila porque hoy no llovió.

Primero había parado un taxi, pero el conductor lo rechazó cuando se enteró de que iba a la aldea Banxi.

—Está demasiado lejos y la carretera es difícil, pero puedo llevarte si vas a Tong’ren.

—Puedo pagarte más —había dicho Tang Heng—. Dame un precio, ¿sí?

—El problema no es el dinero, señor. Tengo que entregar el coche mañana por la mañana. Si te llevo y vuelvo, ¡ya serán las cinco o las seis! ¡No me da tiempo!

—¿Tienes algún otro compañero de trabajo? —insistió—. Cualquiera que esté dispuesto a ir a la aldea Banxi. Puedo pagar lo que sea.

—¡Nadie irá, ya es muy tarde!

En ese momento, Tang Heng prácticamente se había preguntado si, en lugar de ir a la aldea Banxi, debería ir al hospital. ¿Había sufrido una recaída?

—Oh, espera —el conductor detuvo a Tang Heng y dudó unos segundos—. Hay alguien… Déjame preguntarle por ti.

Y así es como Tang Heng ha acabado ahora mismo en una motocicleta camino a la aldea Banxi.

Lao Ren vive en Banxi y cultiva té. Ahora es la temporada en que las hojas de té de primavera entran al mercado, así que va de Banxi a Shijiang tres o cuatro veces por semana.

—El té no está mal este año —dice Lao Ren con una sonrisa—. El precio es un poco más alto que el año pasado.

—¿Todos en la aldea plantan hojas de té?

—No, no. Algunos se han ido a trabajar fuera, y otros que no están bien de salud no pueden hacer nada.

—¿Los Li lo cultivan?

—¿Cuáles Li? ¡Tenemos tantas familias Li!

—La de Li Yuechi. El hijo mayor se llama Li Yuechi.

—Oh, ¿lo buscas a él? Nadie en su familia planta té.

—Soy su ex compañero de clase… Oí que lo liberaron.

—¡Oh! —suspira Lao Ren—. Su familia es tan lamentable.

—¿Cómo les ha ido en estos últimos años?

—¡Cómo les va a ir! Piénsalo, su padre estuvo enfermo durante tantos años, su hermano tiene problemas de la cabeza, ¿y él? ¡Él estuvo en la cárcel! Gracias a los cielos que ya salió. ¡Su familia estaba peor hace unos años!

—… ¿Qué le pasa a su hermano?

—Es tonto. Nació así.

—Él no me había mencionado nada al respecto.

—¿Cuándo fuiste su compañero de clase?

—En la universidad.

—Lo suponía, tu acento no parece ser de por aquí.

—Sí. —Tang Heng levanta la mirada hacia el cielo nocturno, su voz casi inaudible—. Vine a buscarlo.

Es más de medianoche cuando la motocicleta entra en la aldea Banxi. Diez horas antes, Tang Heng se había ido de aquí con las ranas croando, los perros ladrando, el cielo de un azul límpido y la vida vibrando en cada rincón. Pero ahora, la aldea y las montañas circundantes están sumidas en la oscuridad. Todo está inquietantemente en calma.

La motocicleta disminuye la velocidad y Lao Ren dice:

—Mi casa está adelante. ¿Le llamaste a Li Yuechi para que te recogiera?

Tang Heng no puede responder. No tiene idea de cómo explicar que Li Yuechi no sabe que ha venido.

—Pero si él está haciendo negocios en Shijiang —murmura Lao Ren—, ¿por qué no vas a buscarlo a su tienda?

—Es que nosotros… —De repente, su teléfono en el bolsillo comienza a sonar. El entorno es tan silencioso que hace que el sonido parezca un trueno. Tang Heng saca el teléfono a toda prisa. La pantalla muestra la llamada entrante de Li Yuechi.

—… ¿Li Yuechi? —pronuncia Tang Heng, confundido.

—¿Qué pasa? —su voz suena tranquila—. La señal en mi casa es mala, no puedo conectarme a la 4G.

—¿Estás en casa?

—Sí.

—Li Yuechi —dice Tang Heng, aturdido.

—¿Puedes…? —Su garganta está áspera, y tose—. ¿Puedes venir a recogerme?

Li Yuechi guarda silencio por unos segundos antes de preguntar:

—¿Dónde estás?

—En casa de Ren Dongqiang.

Li Yuechi guarda silencio unos segundos más.

Finalmente dice:

—Espérame.

Tang Heng le ofrece doscientos yuanes a Lao Ren, pero este agita las manos una y otra vez.

—¡No hace falta tanto! ¡Te traje de camino!

—Por favor, acéptelos —dice Tang Heng—. Muchas gracias por su ayuda. —De lo contrario, ¿qué habría hecho esta noche? Ni él mismo lo sabe.

—¡Pero no es tanto! Cincuenta, ¡con cincuenta basta!

—No tengo cincuenta yuanes de cambio.

—Aiya. —Lao Ren toma un billete de cien yuanes de la mano de Tang Heng—. ¡Se nota que tú no eres alguien que ande corto de dinero! La familia Li de verdad lo ha tenido difícil… Solo digo esto de más, pero si ustedes se llevan bien, ayúdalo un poco más, ¿sí?

—Sí, lo haré —responde Tang Heng con seriedad.

—Es un buen chico y sus padres son buenas personas. Por aquel entonces, yo quería trabajar en la mina, pero su padre me dijo que no fuera. Es malo para el cuerpo. —Lao Ren se apoya en su moto y suspira—. Entonces su padre enfermó. Qué… Qué mala suerte.

—¿De qué se enfermó?

—Pulmón negro, ya sabes. A muchos de los que trabajan en las minas les pasa.

—¿El padre de Li Yuechi enfermó de pulmón negro?

—Sí, hace muchos años. Sufrió mucho.

Tang Heng se queda en silencio.

Un pequeño punto de luz aparece en la distancia y se acerca rápidamente. El sonido del motor también se hace más claro. Li Yuechi se detiene frente a la casa de Lao Ren y grita:

—Tío Ren, gracias por las molestias.

Lao Ren se acerca a él.

—¡No hay problema! Tu compañero de clase es el que ha trabajado duro viniendo tan tarde.

Los dos hablan un poco más, mientras Tang Heng permanece en su sitio sin acercarse. Mira a Li Yuechi, fijándose en su camiseta de un color poco claro. Parece que se la puso a toda prisa. Es una noche tan fría, pero él sólo lleva una camisa. Sin una chaqueta que lo cubra, Tang Heng por fin se da cuenta de que está mucho más delgado que hace seis años. Las mangas y la parte inferior de la prenda se agitan con el viento nocturno.

Lao Ren se da la vuelta y entra en su casa. Tang Heng no se mueve, sigue mirando fijamente a Li Yuechi.

Li Yuechi también lo mira en silencio. Después de un rato, dice:

—Tang Heng, ven aquí.

Tang Heng se acerca, poniéndose ante él.

—¿Por qué has venido?

—Para encontrarte.

—¿No quedamos en vernos mañana?

—¿Por qué me mentiste?

Li Yuechi deja de hablar. Tang Heng le agarra la muñeca. La siente muy fría.

—Sube —dice Li Yuechi.

Tang Heng se sube al asiento trasero de la moto, su frente apoyada en la espalda de Li Yuechi. Li Yuechi está demasiado delgado, tan delgado que su columna vertebral se alza en leves protuberancias, marcando la frente de Tang Heng como un grillete. Cierra los ojos y escucha el silbido del viento en sus oídos. La imagen de Li Yuechi caminando hacia atrás, hacia el acantilado, aparece en su mente. De pronto se da cuenta de que tal vez Li Yuechi ha tenido esos pensamientos antes, que incluso lo ha intentado.

—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunta Tang Heng, con voz ronca.

—¿Decirte qué? —se burla Li Yuechi con desdén—. ¿Decirte que mi vida es una mierda después de que me liberaron, decirte que soy un pobre diablo, decirte que esta es mi puta vida ahora y que la acepto… y luego pedirte prestado dinero? ¿Qué sentido tiene?

—No… me refiero a eso…

—¿Entonces a qué te refieres?

Tang Heng no dice nada, solo lo abraza con fuerza por la cintura, enterrando el rostro en su camiseta. Sus labios tiemblan y su pecho se agita rápidamente. Se pregunta por qué no contactó a Li Yuechi, por qué no lo buscó. Por qué, hace seis años, cuando vino a Guizhou, al final no fue a Shijing. Y también, ¿por qué… por qué cuando Li Yuechi escribió «Eres el agua del lago que se metió en mis pulmones», se lo tomó tan a la ligera? Él le había preguntado: ¿Por qué no en tu corazón? Li Yuechi sonrió y respondió: Porque los pulmones son un órgano muy importante. Bien. Ahora lo entiende. Los pulmones son un órgano muy importante. Y él fue como el agua del lago que se metió en sus pulmones.

La motocicleta se detiene y Li Yuechi apaga las luces. Quedan sumidos en la oscuridad absoluta.

—¿Por qué lloras? —murmura Li Yuechi.


[1] Un tipo de hongo MUY caro.

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