Aunque ese volcán no podía herirlo, la temperatura abrasadora de allí era tan intensa que incluso el siempre inmune al frío y al calor, Chang Ziqing, podía sentirla.
Sólo de pensar en el calor extremo del Volcán Fusión Ígnea, Chang Ziqing sintió que no quería experimentarlo ni por un segundo.
Ambos eran cultivadores en etapa de Unión, así que, aunque estaban lejos de la casa de subastas, pudieron regresar rápidamente.
Cuando entraron en el palco, la subasta ya estaba ofreciendo el segundo lote.
Chang Ziqing y Lie Yan intentaron actuar como si nada hubiera pasado, mientras Lin Hao, sentado desde hacía rato, aún estaba confundido.
Su maestro había venido con él, pero en el momento en que Lin Hao fue a buscar a Qian Duoduo… al volver, ya no estaba.
Suprimió la duda en su corazón y se levantó para inclinarse:
—Maestro.
Luego miró con perplejidad al hombre a su lado, sin saber cómo debía dirigirse a él.
Chang Ziqing lo presentó:
—Este es el Señor del Clan Xuanling, el Venerable Huo Yang.
Al escuchar la explicación, Lin Hao se inclinó:
—He visto al Venerable Huo Yang.
—¿Sabes que tu maestro vendió tu espada natal? —soltó Lie Yan de repente.
Lin Hao: —¿???—
¿Qué demonios?
¿El maestro quería vender la Espada Hongmeng de Fuego Primordial?
Al ver la expresión llena de signos de interrogación de Lin Hao, Lie Yan creyó que realmente no sabía que Chang Ziqing planeaba vender la espada natal recién forjada para él.
Lie Yan suspiró para sí.
¡Pobre niño, con un maestro así, qué destino el suyo!
—Llámame Tío-Maestro Lie. Pequeño, sufrir con Nanyou debe ser duro.
Lie Yan le dio unas palmaditas en el hombro y lo miró con pena.
Lin Hao: —…
Sí, su maestro podía ser un perro, pero tampoco como para sufrir tanto.
—¿Y por qué mi discípulo estaría sufriendo conmigo? —intervino Chang Ziqing molesto.
—Le vendiste la espada natal, ¿y preguntas por qué? —dijo Lie Yan rechinando los dientes. Si no fuera porque quería ver quién compraba su espada, hace rato habría golpeado a Chang Ziqing.
Lin Hao sintió claramente su espada natal dentro del dantian y se quedó en silencio.
La Espada Hongmeng de Fuego Primordial estaba ahí perfectamente, ¿no?
—¡No inventes! Yo no vendí la espada natal de mi discípulo —aclaró rápidamente Chang Ziqing. No era tan perro.
Lie Yan: —¿?
Chang Ziqing recién recordó que no le había explicado nada.
—Mi discípulo consiguió otra espada hace un tiempo. Por eso puedo vender ésta. ¿Crees que soy alguien que vendería la espada natal de su discípulo?
Lie Yan: —…— Eso era debatible.
De pronto, recordó el revuelo de hace un tiempo sobre un artefacto divino salido del Reino Secreto Tianyuan. Todos los grandes clanes habían regresado con las manos vacías: el artefacto desapareció tras salir del secreto.
El pequeño discípulo de Chang Ziqing había contratado un artefacto natal justo por esas fechas…
¿Será que…?
Lie Yan lo observó seriamente y preguntó:
—Se dijo que del Reino Secreto Tianyuan salió un artefacto divino. ¿Han escuchado eso?
—Algo. No sé quién habrá sido tan afortunado —respondió Lin Hao con ojos llenos de anhelo, actuando como si nada pasara. Ni una pista de que él era quien había obtenido el artefacto.
Chang Ziqing le dio un aprobado mental a la actuación de su discípulo.
—¿Sospechas que mi discípulo tiene un artefacto divino? Tus ideas están totalmente fuera de lugar. ¿No será que simplemente estás resentido porque preferí la espada que él obtuvo?
Lie Yan, viendo su reacción, pensó que había imaginado demasiado.
—Sólo digo que la espada que obtuvo en el secreto le quedaba mejor. No era para que me echaras tanta agua sucia encima.
Chang Ziqing resopló.
—Cof, cof… La siguiente pieza es esa espada, ¿no? Veamos quién la compra —dijo Lie Yan cambiando rápidamente de tema.
—No te preocupes —respondió Chang Ziqing con orgullo mientras se sentaba a su lado—. Yo sé cómo eres. Cuando envié las invitaciones, le pedí a Feihuafang que filtrara bien. Aquí no entró ningún joven heredero problemático.
Lie Yan mostró la primera sonrisa del día.
Ese desgraciado al menos hizo algo bien.
—Toc toc.
Golpearon la puerta. Lin Hao abrió y encontró a Qian Duoduo.
—¿Terminaste todo?
—Por fin —dijo entrando—. Sólo quería descansar un poco.
Al ver a Lie Yan y Chang Ziqing, se volvió serio y saludó:
—He visto al Venerable Nanyou, he visto al Venerable Huo Yang.
Ellos sólo asintieron. Abajo ya empezaba la puja por la espada.
Qian Duoduo se sentó. Miró la subasta en pleno auge y le picaron las manos.
Después de todo, ¡era una espada hecha con un fragmento de meteorito solar recolectado por su ídolo! Quería coleccionarla…
Y así lo hizo.
—¡Diez mil piedras espirituales superiores!
El salón se quedó un segundo en silencio, luego estalló en revuelo.
Mientras otros pujaban de a mil, el del palco había subido cinco veces de golpe.
—¿Duoduo no eres cultivador de magia? ¿Para qué quieres una espada? —preguntó Lin Hao, intentando detenerlo. Había escuchado la conversación de su maestro con Lie Yan: esto podía terminar mal.
—¡Para coleccionar! —respondió Qian Duoduo, como si fuera obvio.
Con esa actitud despreocupada… era literalmente un joven heredero derrochador.
Chang Ziqing y Lie Yan se miraron.
Lie Yan: ¿No dijiste que no habría ni un heredero malcriado?
Chang Ziqing (frotándose la cara): Es su territorio, yo no controlo eso.
Lie Yan: Si ese heredero compra mi espada, te juro que te daré caza.
Viendo la intención asesina en sus ojos, Chang Ziqing le palmeó el hombro.
—Tranquilo, puedes hacer como si ese “hijo” no existiera.
Lie Yan: ¡CHANG ZIQING, TE VOY A MATAR!
No podía confiar en él ni diez minutos.
Entonces, del palco vecino:
—¡Once mil piedras espirituales superiores!
Lie Yan les agradeció mentalmente. A este punto, no le importaba quién la comprara, con tal de que no fuera ese heredero inútil.
Pero Qian Duoduo no estaba dispuesto a perder:
—¡Veinte mil piedras espirituales superiores!
La misma fórmula de siempre.
Lin Hao suspiró. Después de ocho años, Qian Duoduo seguía igual de exagerado: todos subían de mil en mil, él siempre en números redondos.
Del otro palco:
—¡Treinta mil piedras espirituales!
Qian Duoduo arqueó una ceja. Alguien quería intimidar con un precio alto.
Pero Qian Duoduo jamás temió a quien lo desafiara con dinero.
Justo iba a pujar cuando Lie Yan lo interrumpió:
—¿No te parece demasiado gastar tanto en algo que ni siquiera puedes usar?
Pero Qian Duoduo, muy generoso, respondió:
—No importa, mi familia tiene dinero. Caro o no, me gusta.
¡Cincuenta mil piedras espirituales superiores!
Lie Yan: —…—
Definitivamente un heredero malcriado.