Capítulo 93: La lucha

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Tercer Volumen: Vientos y Nubes en Ascenso

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—El terreno en Jiangnan es llano, y básicamente no hay peligros de los que desconfiar en la defensa de la región de Huainan. Realizar un servicio meritorio con esta campaña sería pan comido. —El Cuarto Príncipe caminaba de un lado a otro en el Palacio Fengyi. —Madre, debo conseguir el puesto de comandante para la campaña contra Huainan.

La Emperatriz asintió. Ahora que Jing Yu estaba a punto de alcanzar la mayoría de edad, era urgente que obtuviera méritos militares para que pudiera ser investido como príncipe a tiempo: —Si hubiéramos sabido que el sureste sería tan fácil de conquistar, deberíamos haberte enviado a ti. —Según lo que el Emperador Hongzheng mencionó, el Rey del Sureste tuvo mala suerte y fue asesinado por su concubina; Jing Shao no tuvo que hacer el menor esfuerzo para tomar el sureste.

Mientras los dos en el Palacio Fengyi se agitaban, temiendo que alguien más se les adelantara en la gloria, en la residencia del Marqués de Beiwei la atmósfera también era tensa.

—¿Cómo está la situación? —Mu Hanzhang se apresuró a entrar y preguntó a su padre, que estaba sentado a un lado.

El Marqués de Beiwei tenía el ceño fruncido, pero sus ojos no podían ocultar su esperanza y expectación. —Quizá pronto.

Mu Hanzhang observaba a las sirvientas entrando y saliendo nerviosas, escuchaba los gritos de dolor que ocasionalmente escapaban de la habitación interior, y juntaba las manos sin saber qué más podía hacer.

—No tengas miedo, —dijo Jing Shao, que le había seguido al interior. Al ver que su Wangfei estaba así de nervioso, se apresuró a acercarse y abrazarlo. —He oído que el segundo embarazo siempre va bastante bien. Cuando la madre imperial me dio a luz, no necesitó gastar mucho esfuerzo.

Mu Hanzhang lo miró. —¿Cómo lo sabes?

—Todos en el palacio lo dicen. Según cuentan, la partera y el médico imperial acababan de entrar, y en menos de un cuarto de hora se escuchó mi llanto, —dijo Jing Shao con orgullo.

—Entonces Wangye debió de estar muy delgado de pequeño. —comentó la Tercera Dama, quien se había acercado a curiosear, no pudiendo evitar intervenir.

Mu Hanzhang miró a su tía, que sonreía con actitud aduladora, y luego a Jing Shao.

Jing Shao no pareció escuchar las palabras de la Tercera Dama en absoluto, y continuó bromeando con su Wangfei. —Así que el padre imperial dijo que yo era una estrella de la suerte, y que definitivamente crearía un futuro favorable para Dachen.

«Llamado así por el movimiento final de las famosas Melodías Armoniosas de Flauta: el Fénix Aparece; quizás cuando Jing Shao era joven, el Emperador Hongzheng realmente quería mucho a este hijo». Distraído, Mu Hanzhang reflexionó; era difícil imaginar a Jing Shao delgado y pequeño de niño. —¿Qué aspecto tenías cuando eras un niño?

—De pequeño era bastante regordete. —Jing Shao hinchó las mejillas y trató de demostrarlo, como si todavía estuviera gordo.

—Ja, ja… —Mu Hanzhang se divirtió finalmente hasta reírse. Alargó la mano y pinchó la cara de Jing Shao, y la pesada tensión que había sentido durante toda esa hora se desvaneció.

La Tercera Dama, dejada de lado con incomodidad, volvió a sentarse en silencio.

Después de esperar ansiosamente durante mucho tiempo, Jing Shao temió que su Wangfei se cansara de estar de pie durante tanto tiempo, así que lo cogió en brazos y lo hizo apoyarse en él. Por primera vez, Mu Hanzhang no se negó a intimar delante de los demás. Aunque no estaba tan nervioso como antes, seguía teniendo miedo en su corazón. Las mujeres siempre estaban a las puertas de la muerte cuando se ponían de parto; no se atrevía a imaginar lo que ocurriría si una desgracia inesperada golpeaba a su madre. Los firmes brazos alrededor de su cintura y el cálido pecho contra su espalda le infundieron un gran valor, como sí aunque el cielo se derrumbara, no tuviera que preocuparse.

—Guahh, guahh… —Un grito agudo y claro rompió el silencio de la habitación. El Marqués de Beiwei se levantó de su asiento, pero como no podía entrar, se puso a caminar de un lado a otro frente a la puerta de la habitación interior.

La partera salió con el rostro lleno de alegría: —¡Felicitaciones, Señor Marqués, es un niño!

—¿De verdad? —Mu Jin pareció rejuvenecer varios años de golpe, su rostro normalmente sereno mostraba una sonrisa que no podía contener.

Jing Shao acarició a la persona extremadamente emocionada en sus brazos y preguntó: —¿Cómo está la segunda esposa?

—Furen está completamente sana y salva, —dijo afanosamente la comadrona. —Gracias a los meticulosos cuidados de este último año, Furen goza de muy buena salud.

Mu Hanzhang suspiró, aliviado, y sólo ahora sonrió. Jing Shao aprovechó cuando los demás no prestaban atención para depositar rápidamente un beso en la comisura de los labios curvados de Mu Hanzhang.

Poco después, la partera entró y salió con el bebé, ya limpio y envuelto. Mu Jin, muy emocionado, tomó el suave bulto, y la pareja se acercó curiosamente a mirar. La carita pequeña y arrugada, la piel rojiza, los ojos cerrados; era difícil ver algún parecido. La Tercera Dama, sin embargo, exclamó en voz alta: —¡Qué guapo es! ¡Es igual que Hanzhang cuando era pequeño!

La esposa del Marqués de Beiwei había puesto cara sombría al oír que era un niño, y al escuchar las palabras de la Tercera Dama, su expresión se ensombreció aún más.

Jing Shao se quedó mirando a su cuñado recién nacido durante mucho tiempo, pero no fue capaz de ver qué parte se parecía a su Wangfei. Todo arrugado, se parecía a la cara de bollo al vapor de Duo Fu, pero no se atrevió a decirlo.

Mu Hanzhang, viendo que la esposa del Marqués aún no daba órdenes de recompensar a los sirvientes, dijo sonriendo: —Padre, aún no le ha puesto nombre a mi hermano menor.

—¡Se llamará Longlin! Ja, ja, ja… —Mu Jin levantó a su hijo pequeño para mirarlo mejor, y cuanto más lo veía, más satisfecho estaba.

El último de los Nueve Armas Tesoros, “Una espada espiritual, llamada Long Lin (Escama de Dragón)”. 

Mu Hanzhang asintió. Cuando creciera, podría tomar los caracteres “Ling Mo” como nombre de cortesía, que eran elegantes y sonaban bien. Aunque “Longlin” (Escama de Dragón) era un poco duro, en el futuro podrían llamarlo cariñosamente “Lin’er”.

Al oír esto, los sirvientes reaccionaron y se apresuraron a felicitar. El Marqués de Beiwei, contento, declaró: —¡Recompensa! ¡Cinco taels de plata para cada uno!

—¡Gracias por su recompensa, marqués! —Los sirvientes inmediatamente se llenaron de alegría. Normalmente, cuando había un nuevo nacimiento en la residencia, las niñas recibían un tael y los niños dos. Efectivamente, el pequeño joven maestro. era el más favorecido.

La esposa del Marqués de Beiwei, al escuchar esto, casi rompió el pañuelo que tenía en las manos. Ella había retrasado intencionalmente el momento para que los sirvientes vieran claramente quién era la verdadera ama de la casa. No esperaba que el Marqués hablara primero, ¡y los hombres de la familia Mu simplemente no sabían cuál era la distribución usual de las recompensas en estos casos!

Mu Hanzhang miró discretamente a la esposa del Marqués y pensó que, cuando fuera a Jiangnan en unos días, tendría que dejar a Ge Ruoyi allí para que siguiera cuidando a Lin’er.

En el camino de regreso, el rostro de Mu Hanzhang mantuvo una sonrisa.

—Si no quieres que Lin’er herede el título de Marqués de Beiwei, puedes dejar que herede tu título. —Jing Shao lo vio tan feliz, y también comenzó a sonreír.

—¿Cómo podemos hacer eso? El marqués de Wenyuan no es un título hereditario. —Mu Hanzhang negó con la cabeza. Su hermano menor acaba de nacer. Era demasiado pronto para decir ahora qué camino tomaría en el futuro; era bueno mientras pudiera crecer con seguridad.

La alegría de la residencia del Marqués de Beiwei claramente no podía extenderse a la corte imperial. Al día siguiente, durante la audiencia, Mu Hanzhang, al cruzar las puertas del palacio, inmediatamente ocultó su sonrisa y entró con una serenidad inquebrantable.

—¡Padre, Er Chen está dispuesto a ir! 1Cuando se planteó el asunto de atacar Jiangnan, el cuarto príncipe se adelantó con impaciencia.

—Aunque Huainan no es tan extenso como el suroeste, es mejor por sus tierras fértiles, —dijo el Ministro de Guerra con el ceño fruncido. —El rey de Huainan ha acumulado generaciones de riqueza y está bien equipado. Chen teme que sea difícil de enfrentar.

—Entonces, según el Ministro Sun, ¿a quién hay que enviar? —La expresión del emperador Hongzheng era profunda; no se podía ver lo que estaba pensando.

—Chen siente que el feudo de Huainan es extremadamente importante, y en aras de la seguridad, Cheng Wang debería ser enviado, —dijo francamente el Ministro de Guerra.

—Chen considera que, aunque el cuarto príncipe es joven, es tranquilo y decidido, y digno de una gran responsabilidad. No sería impropio enviar al cuarto príncipe, —dijo el Ministro de Justicia.

Mu Hanzhang miró discretamente a Jing Chen y continuó con la mirada baja, sin decir nada.

—El Cuarto Príncipe está a punto de alcanzar la mayoría de edad y debe ganar experiencia. En mi opinión, la rebelión de Huainan es una buena oportunidad para ello. —El Conde Yongchang, que solía hablar mucho, había sido enviado a Dianzang. El Duque de Maoguo tuvo que hablar personalmente; dada su posición, sus palabras no parecieron fuera de lugar.

Durante un tiempo, la corte discutió sin cesar. El emperador Hongzheng permaneció en silencio y no habló. Cuando la hora estaba a punto de terminar, se levantó y dijo: —Demos por terminado el día. Discutiremos este asunto mañana. —Dicho esto, se fue agitando las mangas.

La multitud no podía adivinar las intenciones del Emperador. Habían pasado varios días desde que llegaron las noticias de Jiangnan, y aún no se había levantado el arresto domiciliario de Cheng Wang. Por eso, muchos especulaban que esta vez no pensaban usar a Cheng Wang. Pero la situación de hoy parecía indicar que tampoco planeaban enviar al Cuarto Príncipe.

—¿Está esperando el emperador a que Cheng Wang admita su error? —susurró un funcionario a otro fuera de la sala.

—¿Qué error ha cometido Cheng Wang? —El otro frunció el ceño.

—He oído que fue testarudo y contradijo las palabras del emperador. —El orador miró a su alrededor. —En mi opinión, el Emperador aún favorece a Cheng Wang. Hoy el Cuarto Príncipe llegó a ese punto, y aún así no obtuvo una respuesta clara.

El Cuarto Príncipe, que pasaba por la plataforma alta, escuchó los comentarios y apretó los puños. Luego se dirigió hacia el Palacio Fengyi.

Mu Hanzhang y Jing Chen se miraron y, con un entendimiento mutuo tácito, se dieron la vuelta para marcharse.

—Hanzhang, ¿quieres volver con padre a ver a tu hermano menor? —El Marqués de Beiwei seguía inmerso en la alegría de conseguir un bebé milagroso a su avanzada edad.

—Padre. —Mu Hanzhang le saludó y le dirigió una mirada significativa.

El Marqués de Beiwei se dio cuenta de que había olvidado dónde estaba, y rápidamente contuvo su sonrisa. —¿Cuáles son las intenciones de Wangye con respecto a esta campaña de ataque a Huainan?

Mu Hanzhang suspiró. —Wangye ha estado preocupándose por esto durante mucho tiempo en su palacio. Espera que esto sea una oportunidad para levantar su arresto domiciliario.

Tras escuchar esto, varios funcionarios que pasaban por allí se miraron entre sí. Cuando el Marqués de Beiwei levantó la cabeza para mirarlos, rápidamente inclinaron la cabeza y se fueron.

Esa noche, el Emperador Hongzheng se quedó en el Palacio Fengyi.

—Su Majestad, Yu’er está a punto de alcanzar la mayoría de edad y aún no ha logrado ningún mérito. Sus dos hermanos mayores ya han sido investidos como Wang; es hora de darle también a él una oportunidad para ganar experiencia, —dijo la Emperatriz  con cautela mientras ayudaba al Emperador a quitarse la ropa exterior. Al recordar la frustración de su hijo ese día, no pudo evitar fruncir levemente el ceño. Jing Yu le daba demasiada importancia a este asunto; quizás el Emperador no estaba dispuesto a ceder precisamente por su actitud impaciente.

—¿Investirlo como príncipe? —El Emperador Hongzheng miró a la Emperatriz —¿No está Jing Rong sin título también? ¿Cuál es la prisa?

«¿Acaso es lo mismo?» La Emperatriz apretó los dientes en silencio, manteniendo una sonrisa suave en su rostro. —Después de todo, Jing Yu es un hijo legítimo. Aunque hay un orden según la edad, también existe la diferencia entre legítimo e ilegítimo.

Al oír esto, la expresión del Emperador Hongzheng se enfrió instantáneamente. —¿Hay diferencia entre el hijo de una esposa oficial y el de una concubina?

La Emperatriz se asustó. ¿Había dicho algo incorrecto? De repente, un pensamiento cruzó su mente y un sudor frío la recorrió. —En la familia imperial, naturalmente no se da importancia a eso. Esta humilde consorte ha hablado fuera de lugar.

El propio emperador Hongzheng no había nacido de la emperatriz. Odiaba a quienes les gustaba insistir en la diferencia entre ambos. Dirigió una mirada fría a la emperatriz, que bajó la cabeza. Cuando la emperatriz Yuan estaba viva, todos sus hijos eran tratados por igual, sin importar su estatus.

—Esta humilde consorte solo piensa que Cheng Wang, tras derrotar a dos feudos, se ha vuelto algo engreído. Ahora incluso se atreve a contradecir a Su Majestad. Si lo liberan solo porque hay una guerra que librar, temo que… —La Emperatriz miró cautelosamente la expresión del Emperador Hongzheng y no terminó la frase, pero su significado era claro para cualquiera.

Esta vez, el Emperador Hongzheng no dijo nada, solo miró fijamente a la Emperatriz durante unos instantes antes de dirigirse hacia la cama. —Si Jing Yu quiere ir a la guerra, que venga a decírselo a Zhen en persona mañana por la mañana.

Los ojos de la Emperatriz brillaron. Asintió y rápidamente envió a alguien a informar al Cuarto Príncipe que debía presentarse en el Palacio Fengyi antes del amanecer, y ordenó al eunuco jefe que le abriera la puerta lateral.


—Escuché que anoche enviaron un mensaje al palacio, pidiendo al Cuarto Príncipe que fuera al Palacio Fengyi antes del amanecer, —dijo Mu Hanzhang mientras se abrochaba la túnica interior. Al volverse y mirar a Jing Shao, su rostro se enrojeció al instante. —Tú… al menos ponte algo de ropa.

El tiempo se había vuelto caluroso. Jing Shao se levantó de la cama para ayudar a su Wangfei a vestirse. No había nadie cerca, así que se acercó con confianza, completamente desnudo y con el pene fuera. Al ver que el apuesto rostro de Jun Qing enrojecía, no pudo evitar decir: —¿Por qué eres tímido? No es que no lo hayas visto antes.

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