Tercer Volumen: Vientos y Nubes en Ascenso
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Gu Huaiqing se encontraba en lo alto de la muralla, observando al arrogante Cuarto Príncipe, y lentamente esbozó una sonrisa en sus labios.
—¡Wangye! ¡Permita ir a este subordinado, seguramente haré que ese mocoso salga huyendo con el rabo entre las piernas! —Los generales a su lado se frotaban las manos con ansias, mirando al Cuarto Príncipe como una jauría de lobos ante una presa suculenta, inquietos y excitados.
—Shh. —Gu Huaiqing levantó su delgado dedo índice y se lo llevó a sus pálidos labios. —Se trata de un príncipe. No puedes decir palabras tan vulgares.
—Wangye, ¿entonces qué debemos decir? —El general parpadeó.
Gu Huaiqing lo miró de reojo y le dio una palmada en la cabeza. —¿Decir qué? Si no ganas, esta noche no habrá comida.
—¡Sí! —El general recibió alegremente la bofetada e inmediatamente salió corriendo.
Las noticias de la batalla en el sur aún no habían llegado a la capital, y la corte estaba ocupada estos días discutiendo el asunto del comercio marítimo.
—El comercio marítimo existe desde hace mucho tiempo. La dinastía anterior promulgó prohibiciones marítimas, pero nunca pudieron erradicarlo por completo, simplemente porque los comerciantes buscan ganancias, y el comercio marítimo ofrece grandes beneficios, hasta el punto de arriesgar sus vidas, —Mu Hanzhang, de pie en el centro del gran salón, hablaba con una voz no muy alta, pero cada palabra era clara, pausada y tranquila. En la silenciosa corte, donde se podía escuchar caer un alfiler, sus palabras llegaban nítidamente a los oídos de todos. —Este humilde ministro cree que es mejor guiar que bloquear.
El plan del Marqués de Wenyuan ya había sido copiado en varias versiones, y los altos funcionarios de la corte lo habían revisado. En él se detallaban exhaustivamente los precios relativos de las monedas extranjeras y los productos de Dachen, pero lo más atractivo era sin duda el establecimiento de impuestos al comercio marítimo. Con ganancias tan sustanciales, el gobierno solo necesitaría establecer puertos y mantener el orden para recaudar impuestos considerables. De esta manera, los ingresos fiscales anuales del erario imperial podrían aumentar al menos en un diez por ciento.
—Este funcionario cree que este método es factible. —El Ministro de Hacienda fue el primero en presentarse y responder. Como persona que administraba el tesoro del estado, naturalmente sabía el beneficio que esto supondría para la dinastía Chen. —Después de los últimos diez años, el Tesoro necesita urgentemente ser repuesto; el impuesto marítimo resolvería perfectamente este problema urgente.
El Ministro de Guerra no estuvo de acuerdo. —El establecimiento de un puerto está destinado a atraer las miradas indiscretas de algunas personas; también será largo y laborioso aumentar la fuerza militar para proteger a los comerciantes marítimos a lo largo de la costa. Este funcionario cree que hay que seguir discutiendo este asunto.
—Si se permite el comercio marítimo, definitivamente deben establecerse leyes correspondientes. Esto también se menciona en el plan del Marqués de Wenyuan, pero este humilde ministro cree que aún no es lo suficientemente detallado, —intervino el Ministro de Justicia.
—Si queremos abrir puertos, debemos establecer las oficinas gubernamentales correspondientes, y hay que fijar los rangos oficiales y los salarios de los funcionarios. —El Ministro de Nombramientos no dijo si estaba en contra o a favor de la cuestión, y se limitó a plantear la pregunta correspondiente en relación con sus propias responsabilidades.
Sólo el Ministro de Ritos, que era el menos relevante en la conversación, no interrumpió y permaneció en silencio.
Mu Hanzhang escuchaba los comentarios de todos, manteniendo una expresión serena, sin mostrar ninguna intención de retroceder ante las numerosas objeciones.
Tras escuchar en silencio, el emperador Hongzheng se dirigió a los dos príncipes restantes. —Jing Rong, ¿qué opinas?
La salud del Gran Príncipe ya se había recuperado por completo. En ese momento, sus ojos brillaban intensamente, esperando la oportunidad de hablar. Al escuchar la pregunta, salió inmediatamente de la fila y dijo: —Este humilde hijo también ha estudiado detenidamente el plan del Marqués de Wenyuan. Creo que el Marqués, siendo un simple estudioso, hablar de estos métodos comerciales no es más que teoría en el papel. La dinastía anterior tenía sus razones para prohibir el comercio marítimo. Abrir puertos de manera imprudente podría provocar desastres.
Mu Hanzhang escuchó estas palabras y frunció el ceño. Que el príncipe mayor dijera esto mostraba que obviamente estaba en contra, y muchos viejos funcionarios de la corte seguramente también tenían este tipo de pensamiento. Incluso podría decirse que se había ganado el corazón de bastantes viejos funcionarios con estas palabras.
Sin duda, después del discurso del príncipe mayor, muchos altos funcionarios conservadores se adelantaron para hablar.
El emperador Hongzheng no dijo nada y pidió la opinión de Rui Wang.
Jing Chen salió de la fila, hizo una pausa por un momento y dijo: —Este humilde hijo cree que, si este método es viable, sería algo muy beneficioso para nuestro gran Dachen. Sin embargo, lo que se obtiene en el papel siempre parece superficial. Sería mejor redactar un plan provisional con los puntos planteados por los distintos dignatarios, y probar primero abriendo un puerto. Si no funciona, simplemente se puede prohibir de nuevo.
Este asunto había sido debatido en la corte durante varios días. Las palabras de Jing Chen satisfacían en cierta medida a ambas partes: los que creían viable el plan esperarían con anticipación, y los que no, esperarían para ver el fracaso, para reírse y decir: “Te lo dije.”
—Las palabras del segundo hermano imperial son muy acertadas. Sin embargo, la persona a cargo de administrar el puerto debe registrar detalladamente. Este humilde hijo cree que debe asignarse a alguien con el mayor conocimiento sobre este asunto, —dijo el Gran Príncipe con la cabeza gacha, pero su mirada de reojo se dirigía hacia Mu Hanzhang.
Mu Hanzhang no dijo nada, permaneciendo en silencio. Naturalmente entendía lo que el Gran Príncipe quería decir, y en realidad coincidía con su intención, pero todavía no era el momento adecuado.
Efectivamente, el Emperador Hongzheng tampoco respondió a las palabras del Gran Príncipe: —Lo que dice Jing Chen tiene sentido. Cada ministerio debe presentar a Zhen un borrador de plan dentro de siete días, según lo que han expuesto.
Después de la corte, Mu Hanzhang no habló mucho con los demás, sino que directamente tomó un carruaje de vuelta a la residencia de Cheng Wang.
—Wangye. —El marqués de Dingnan se adelantó rápidamente unos pasos para alcanzar a Jing Chen, que iba vestido con el uniforme de la corte blanco como la luna para los príncipes.
—Marqués, —respondió amablemente Jing Chen.
Al ver que Jing Chen mantenía su apariencia profunda y serena, con una expresión impasible y sin el menor entusiasmo, el Marqués de Dingnan aumentó aún más su propia cordialidad: —He oído que Wangfei no se ha sentido bien últimamente. Su madre está muy preocupada y quiere ir a la residencia a verla, así que me insistió en preguntar a Wangye cuándo tendría tiempo disponible Wangfei.
Normalmente, las visitas entre mujeres no requerían tanta formalidad, pero el Marqués de Dingnan sabía que su hija estaba bajo arresto domiciliario por orden de Rui Wang, por lo que esta era una forma indirecta y cortés de plantearlo.
Pensando en la consorte Xiao, Jing Chen resistió el impulso de fruncir el ceño y dijo: —Hoy está bien. Wangfei ha estado pensando demasiado últimamente. Por favor, haz que tu esposa venga a consolarla.
El Marqués de Dingnan escuchó esto e inmediatamente sonrió. —Por supuesto.
Mu Hanzhang no tenía buen semblante. La noche anterior, Jing Shao lo había cansado bastante, y la audiencia matutina de hoy se había prolongado mucho, estando de pie casi dos horas. Sentía dolor y fatiga por todo el cuerpo. Apenas entró en el carruaje, un par de manos fuertes lo rodearon con firmeza.
Dentro del carruaje, con las cortinas corridas, estaba bastante oscuro. Mu Hanzhang se sobresaltó, pero luego, al ser abrazado por un pecho cálido y familiar, se relajó gradualmente: —¿Cómo es que estás aquí?
Jing Shao lo abrazó con fuerza, le dijo al cochero que se pusiera en marcha y le dio a Mu Hanzhang un beso en su rostro agotado. —Vi que no volvías después de mucho tiempo, así que supuse que la corte se alargó esta mañana. Temía que estuvieras cansado, así que vine a recogerte.
Mu Hanzhang se movió, encontró un lugar cómodo en sus brazos y bostezó. —Sabes que estaría cansado, así que deberías haberte contenido anoche.
Jing Shao extendió la mano para masajearle la cintura adolorida y refunfuñó: —Eso no es mi culpa. ¿Quién te manda a mirarme con esos ojos? Claramente estabas pidiéndo a tu esposo que lo hiciéra otra vez. —Recordar cómo, anoche, Jun Qing había sido “acosado” hasta tener los ojos llorosos, le provocaba de nuevo sequedad en la boca y agitación en el corazón.
—Tú… —Mu Hanzhang intentó alzar la cabeza para fulminarlo con la mirada, pero en la penumbra del carruaje el efecto era nulo. Optó por ignorarlo, girándose para enterrar su rostro en el pecho de Jing Shao, con la intención de dormir un rato, pensando que “ojos que no ven corazón que no siente”.
Jing Shao continuó amasando y frotando cada lugar al que podía llegar, comiendo tofu durante el masaje. —Hoy llegó una carta de Lu Niao, diciendo que la residencia en Pingjiang ha sido comprada.
—En, —Mu Hanzhang respondió vagamente.
—Apenas llegó, Jing Yu recibió una buena paliza de Gu Huaiqing. Lo que no sé es cómo redactará su informe de batalla. —Pensar en el tono alegre y burlón con que Lu Zhanpeng escribía en la carta hacía que Jing Shao no pudiera evitar sonreír. —¿Y qué tal lo del comercio marítimo?
—El hermano ya lo ha planteado. El padre imperial hizo que todos los ministerios redactaran algunas regulaciones. No está claro cuánto se ha establecido en piedra todavía. —Mu Hanzhang tenía tanto sueño que no podía mantener los ojos abiertos. Él respondió de una manera clara y ordenada, a continuación, se frotó contra el pecho de Jing Shao inconscientemente.
El corazón de Jing Shao sintió cosquillas por el roce, pero se contuvo y no se movió. Sabiendo que Jun Qing tenía demasiado sueño, dejó de hablar y dejó que la persona en sus brazos durmiera plácidamente durante un rato.
—Cheng Wang ya no puede ascender al trono. Atraerlo hacia nuestro lado sería una gran ayuda para Wangye. ¿Por qué empeñarse en antagonizarlo? —La esposa del Marqués de Dingnan, mirando a la pálida Rui Wangfei que yacía en la cama, suspiró. Estas eran las palabras que el Marqués le había encargado transmitir. Ella no era la madre biológica de la Wangfei, sino una madrastra que se casó después, por lo que muchas cosas no le convenía decirlas directamente, pero las palabras que el Marqués le encomendó debía pronunciarlas.
—El hijo ilegítimo se fue a vivir a la residencia secundaria, pero mi Xiao Si aún así murió. —Al llegar a esto, los ojos de Rui Wangfei se llenaron de lágrimas nuevamente. —El Gran Maestro hizo cálculos: aparte de ese bastardo… de ese hijo ilegítimo, ¡la única persona que podría haber contenido el espíritu de Xiao Si, es Cheng Wang! —Mientras decía esto, en sus ojos ya asomaba un poco de odio. Había oído que cuando el niño aún no tenía un mes, Cheng Wang lo había cargado. Él, acostumbrado a años de matanzas en el campo de batalla, estaba lleno de almas en pena y energía maligna. Un niño tan débil, al entrar en contacto con eso, ¿cómo no iba a tener una vida corta?
—¡Aiyo! —La esposa del Marqués de Dingnan exclamó sorprendida, miró a ambos lados, se levantó para alejar aún más a las sirvientas que estaban fuera de la puerta, y luego regresó a sentarse. —Esas palabras no se pueden decir a la ligera. Ten cuidado de que Rui Wang las oiga.